lunes, 24 de septiembre de 2012

Mensajes







La mente humana, simbólica y todo eso, se anticipa a la realidad y representa por su cuenta escenas que luego pueden ser así o no. En este proceso, no es necesario decirlo, la imaginación tiene un papel protagonista. Esta mañana he leído el siguiente titular:

UN MENSAJE EN UNA BOTELLA… DE HACE 98 AÑOS.

Tienes que ser de otro planeta para no lanzarte en picado sobre la noticia y descubrir qué ponía en el mensaje. Pero, y aquí está lo más interesante,  antes de hacerlo tu mente ya se ha imaginado uno por su cuenta. Uno o varios. En mi caso, antes de leer la primera línea yo ya había supuesto tres posibles escenarios: 

1.- Que se trataba (lo obvio) de un náufrago que desesperadamente lanza la botella con su mensaje de auxilio indicando su situación, probablemente una pequeña isla rodeada de tiburones. 
2.- Un individuo secuestrado a bordo de un barco pirata rumbo a la Conchinchina. 
3.- Una carta de amor imposible, arrojada desde lo alto de un acantilado segundos antes de hacerlo el propio amante cuyo corazón dejó de latir antes de escribir su legajo.

Un mensaje de hace 98 años puede incluso revelar secretos históricos, confesiones de asesinos que nunca fueron descubiertos, proyectos de alguna invasión (alemana) que no llegó a producirse,… mil cosas diferentes y sugestivas,  pero la realidad, una vez más, decepciona.

La botella de hace 98 años, encontrada por un pescador escocés, después de estar casi un siglo a la deriva recorriendo los mares (la botella, no el pescador), resulta que forma parte de un lote de otras dos mil botellas diseñadas para hacer un estudio de las corrientes marinas. ¿Dónde está el romanticismo en intentar averiguar si el flujo de agua alrededor de una isla escocesa gira así, o lo hace asao? Y el mensaje que aparecía en el interior de la botella no podía tener menos encanto: por favor, indique dónde y cuándo encontró esta carta y llévela a la oficina de correos más cercana. Luego los agradecimientos de la Escuela Escocesa de Navegación y ahí se acabó todo el misterio y la magia. Pues vaya. Y para quitarle todo el valor que pudiera quedarle, la botella estaba numerada.

Pero ahí no ha acabado todo. A continuación puse en la tele el canal Al Jazeera buscando noticias remotas (dentro de lo que cabe, pues con la globalización todos hablamos de lo mismo), y me encuentro con Artur Mas españoleando (muy a su pesar) desde los confines de Catar. ¿Por qué una emisora de Oriente Medio, tan lejos, incluye entre sus noticias a este señor exponiendo sus razones independentistas y la serie innumerable de problemas que ha planteado, principalmente a los propios catalanes?

Pues eso, otra vez la realidad decepcionando. La segunda vez en el día. Si lo se ni me levanto.





lunes, 17 de septiembre de 2012

Las máquinas del tiempo






He de reconocer que muchos sábados, después de comer, la molicie me vence y, ahí, semisentado (esparrancado, vamos) en mi sofá, puedo quedarme frito en un decir jesús. Precisamente me pasó ayer. Estaba viendo la tele y leyendo un artículo científico al mismo tiempo. En la tele ponían una peli de nazis y el artículo hablaba del teletransporte. Teletransporte no material, pero sí de información. La cosa es así: en virtud de un fenómeno que lo llaman entrelazamiento, un fotón puede conocer el estado cuántico de otro que está en un lugar muy distante. Es decir, que tengo un fotón en mi casa, y si hay otro que está “entrelazado” con el mío en Boston, los dos adoptan el mismo estado cuántico, que es tanto como decir, que se ponen idénticos. Lo que hace uno, lo replica el otro como dos monitos de repetición. Esto sin duda tiene muchas aplicaciones que ya habrá tiempo de pensar, pero de momento se les ha ocurrido que puede servir para que la información llegue de mi casa a Boston instantáneamente, por seguir con el mismo ejemplo de antes. Si esto lo hacemos con muchos fotones “entrelazados”, podré teletransportar más información que si tengo escuetamente uno, es obvio. Y yo no se qué tienen las cosas obvias que me dan sueño, y por eso, presa de la molicie a la que hacía referencia al principio me quedé frito.
Durante media hora estuve flotando en el mundo de los sueños y cuando volví al real, ya estaban con el juicio de Nüremberg en la peli de nazis, y como la quería ver, cogí el mando y di marcha atrás hasta situarla en el punto en que me quedé dormido. Entonces me acordé de mi fotón entrelazado con el de Boston y me di cuenta de que mientras ellos se pasaban información instantáneamente, yo también había hecho lo mío, pues estaba en el mismo punto de la peli que media hora antes. Me sentí bastante fotón y miré a mi tele comprendiendo que estábamos entrelazados. Éramos una bonita pareja de fotones entrelazados en la misma cuerda, pero lo nuestro tenía trampa, pues realmente sí había pasado media hora. Treinta minutos que no existían en ningún sitio, y que nadie, salvo yo, tenía constancia de que hubieran transcurrido, pero el caso es que ahí estaban. Mejor dicho, ya no estaban. Cosas del tiempo.
Heráclito de Éfeso, decía que no te puedes bañar dos veces en el mismo río y si viviera ahora, diría que no puedes leer dos veces el mismo periódico en Internet. En cuanto lo terminas, la portada ya ha cambiado. Y el resto también, claro. Es terrorífico, resulta imposible leerlo entero, enseguida unas noticias reemplazan a otras (salvo que sea el mes de agosto) y puedes estar poniéndote al día durante todo el día, lo cual es un disparate en si mismo.
Pero donde más se nota el valor del tiempo es en las llamadas operaciones de alta frecuencia en bolsa. Resulta que hay un programa informático que permite realizar transacciones en milisegundos (MILISEGUNDOS) y beneficiarse de los desfases de los precios. Si antes me parecía que debería estar prohibido comprar, y vender al rato siguiente, como medida obvia para acabar con la especulación improductiva, ahora que el rato son milisegundos, ni te cuento. ¿Qué ventaja económica sale de estas operaciones, salvo para el que las realiza? ¿Dónde está el beneficio para las empresas o para la sociedad que las nutre comprando sus productos?
Y mientras tanto, casi todos los gobiernos se oponen a la Tasa Tobin. Pues qué bien, que viva la pepa, y al  mismo tiempo, que viva el tiempo, que cada vez más, está claro que es oro.




lunes, 10 de septiembre de 2012

Volver




Hay verbos que nada más verlos dan miedo, como hendir o heder, y es porque nadie sabe cómo se conjugan. Pero esos no son los peores, hay otros, que están chupados en todos sus tiempos y personas, y sin embargo se te encoge el alma en cuanto aparecen. Ese es el caso de volver. Es un verbo que no admite matices: o vuelves o no vuelves. Tienes que decidir. Casi siempre, volver representa un desengaño, pese a lo cual es la opción más elegida. Por otro lado, volver implica que hay un punto en el que estás parado, que dejas de moverte, y eso nunca es bueno. La forma más gráfica de ver esto, para quien necesite ver esto de una forma gráfica, es lanzar una piedra hacia arriba: llega un momento en que la fuerza de la gravedad supera al impulso inicial y la piedra vuelve hacia el suelo, pero justo, en el momento en que invierte su trayectoria, hay un instante en que la piedra está detenida. Su velocidad es cero.
Casi todos los verbos tienen su contrario (no lo he pensado en profundidad, pero yo creo que todos lo merecen) y el opuesto a volver, es avanzar.
Hay quienes eligen, cuando se presenta la encrucijada, por avanzar y los hay que no esperan siquiera a que surja la disyuntiva y hacen todo lo posible para volver, mejor dicho, para que todo vuelva. No les basta con ser ellos los que vuelven, quieren que todos les acompañemos y volvamos todos juntos, así, en unión. Gallardón quiere que vuelva el orden natural de todo y que los matrimonios homosexuales dejen de ser una opción legal y aceptada socialmente. También quiere que la ley del aborto vuelva a sus inicios más restrictivos. Esperanza Aguirre quiere que volvamos a emponzoñarnos los pulmones los unos a los otros en bares y restaurantes. De momento va a pujar para que al menos se pueda fumar en los nuevos casinos que finalmente se construirán en su Taifa. Por cierto, digo yo, que entonces también se podrá fumar en los casinos ya existentes, ¿no?, ¿o a esos, como no forman parte del lote Sheldon, no les queda más remedio que acatar la ley? Ya veremos, pero volvamos, volvamos hacia atrás (quiero decir a lo que estaba diciendo, que nadie vea en esta expresión un intento de jugar con los conceptos). El ministro Wert quiere que volvamos a estar los niños con los niños y las niñas con las niñas y Rajoy que las fábricas y empresas vuelvan a ser los amos indiscutidos de los que allí van a trabajar.
No voy a poner más ejemplos, que luego me llaman ateo. Yo creo que está claro lo que quería decir al principio con que volver es un verbo terrible, pero para terminar, solo voy a hacer una especial mención que resume todo lo anterior: han vuelto los toros a televisión española. Sí. Precisamente ahora que la tele había dejado de ser la caja tonta para convertirse en todo lo contrario, una caja de lo más lista, con conexión a Internet, la posibilidad de ver programas que emitieron hace una semana, charlar mientras ves un partido de fútbol con tu primo que está en las chimbambas y otra serie de jolgorios tecnológicos, van y vuelven los toros. Vuelven los toros después de seis años de ausencia. Y lo hacen en horario de protección infantil, pero claro, eso qué más da, lo importante es recuperar la tradición de la peineta y la mantilla. Vuelven los toros, sí, por la puerta grande: vulnerando la ley. Exactamente el artículo 7 de Ley General de la Comunicación Audiovisual.
Como decía el tango, volver con la frente marchita. Snif.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Mi gato



Había un filósofo que establecía tres niveles de conversación. En el más bajo, el que no aporta nada interesante para nadie, es cuando hablamos de nosotros mismos. Cada intervención suele empezar siempre de la misma manera: a mí lo que me pasa… lo que a mí me gusta,… yo no soporto,… Es una conversación en la que por riguroso turno cada participante cuenta asuntos intrascendentales para el resto, pero que todos escuchan porque saben que es la única manera de asegurar que luego van a ser escuchados. Ninguno presta atención, por supuesto, pero eso es lo de menos, lo que importa es tener la oportunidad de hablar de uno mismo.
En el segundo nivel de conversación, hablamos de los demás, y aunque eso tiene mucha más gracia, sobre todo si desvelamos algo que debería permanecer oculto, sigue siendo una conversación de bajas exigencias intelectuales.
Finalmente, decía el filósofo, está el nivel más alto de conversación posible y es cuando hablamos de las ideas. Cada cual ha de argumentar, documentar, ilustrar su particular punto de vista de forma que resulte interesante, convincente y siempre de forma amena. Total nada. Por eso yo siempre prefiero quedarme en el primer nivel y hablar solo de mí, y eso es lo que voy a hacer ahora mismo. Es que me pasa cada cosa que no es para menos.
Tengo un gato al que me unen muchas cosas, pero nunca sospeché que también íbamos a compartir la trivalente felina, una vacuna, como casi su propio nombre indica, que entre otras cosas, previene contra la panleucopenia, o eso creo yo.
El caso es que llevé a Renato, que así se llama mi gato,  para que le pusieran la inyección y lo primero que me hizo pensar que las cosas no iban bien, es que una vez dentro de la consulta, el veterinario me pidió que me remangara la camisa. Yo, aún ignoro por qué, le hice caso. Después me puso la gomita elástica, me pidió que abriera y cerrara el puño un par de veces y sin preguntar si tenía algún síntoma del retrovirus de la panleucopenia, me puso la vacuna tan ricamente. Renato me miraba entre fascinado y satisfecho dentro de su jaula. El veterinario se apartó con profesionalidad y según tiraba a la papelera la inyección desechable, me comentó ufano:
    -Tiene usted unas venas que son una delicia. Tan salientes, tan localizables, tan fáciles de ver,… ojalá todos mis gatos fueran como usted.
    -Ya, pero es que yo no soy un gato –protesté.
    -Va, va, tonterías. No se puede imaginar el trabajo que da poner una inyección a un bicho de esos. No hay quién les pille la vena, con tanto pelo. Y luego se ponen hechos unas auténticas fieras. Ande, tómese usted estas pastillas después de cada latita por si le hace reacción, y vuelva por aquí dentro de cuatro meses que le toca la antirrábica.
Yo, guardé las pastillas en un bolsillo, cogí a Renato y nos fuimos de la clínica veterinaria, bastante desconcertados los dos. Hasta dentro de cuatro meses.


lunes, 27 de agosto de 2012

Frontera D





Hoy encontraréis mi artiblog (artículo para blog) en otra dirección.

La culpa es de mi amigo Félix (que de vez en cuando se deja ver por estos pagos) colaborador habitual de la revista digital Frontera D, y que me propuso mandar un artículo que respondiera a la pregunta de la sección QUÉ HACER. Dado que en ese momento no tenía otra cosa que hacer, pues lo hice.

Espero que os guste. Está en fronterad.com y la sección se encuentra arriba a la derecha.
Para los que quieren ir al grano, basta con que pinchen aquí


jueves, 23 de agosto de 2012

Banco malo


A mí, esto del banco malo me lo tienen que explicar mejor. En primer lugar, ¿seguro que es un banco? Estoy convencido de que lo llaman así porque no han encontrado otra forma para denominar ese invento, pero de banco nada. Vamos a ver, todos sabemos qué es un banco, y que buenos buenos, no hay ninguno, pero ¿quién va a ser tan imbécil que vaya a guardar sus ahorros, domiciliar su nómina, suscribir un plan de pensiones  o simplemente buscar sartenes en un banco que de momento, todo el mundo está de acuerdo en que es un banco malo, hasta sus fundadores? Es que habría que estar loco.
Yo tengo un primo que es dentista, bastante malo, de esos que te hacen una escabechina irreparable por no menos de 3.000 €, y nunca se le ha ocurrido decir: tengo una clínica mala, o mi consulta es bastante birria. Es más, yo lo veo orgulloso y satisfecho de tenerla y no lo creo capaz de poner en entredicho su profesionalidad. Porque esa es otra, el banco malo estará atendido por cajeros malos, y en el consejo de administración se sentarán malísimos consejeros. Digo yo. Nadie podrá decir, fulanito de tal es un crack de las finanzas, imagínate, ¡es el presidente del banco malo, que va de culo! Por cierto, ¿tendrá una sucursal en cada provincia, como cualquier otro banco, o de puro malo, solo estará la central y gracias?.
Resulta muy confuso llamarlo banco, es evidente, porque además, no debe de ser tan malo cuando hay un montón de gente interesada en él, incluso muy interesada. Muchísimas empresas que están sufriendo de lo lindo por el estancamiento inmobiliario contemplan al banco malo como su única salvación. Una auténtica bendición del cielo, vamos, y nadie del sector (ladrillo) quiere dejar pasar la oportunidad. Todo el mundo está postulando para que el banco malo cuente con él para lo que sea. Los promotores inmobiliarios reclaman su participación y las tasadoras, por supuesto, y las consultoras, y las auditoras y los promotores inmobiliarios. Y lo más llamativo de todo es que los grandes brokers internacionales también quieren entrar a formar parte del negocio, para salvar a España de la hecatombe, obviamente. Algunos presumen de su experienca demostrable en Irlanda. Hasta las cajas de ahorros, que muchas han sido los centros de generación del espanto, quieren entrar a su manera.
No, si al final, el banco malo va a ser un chollazo. Esto no hay quien lo entienda.
Si esto va bien (o mal, qué lío), podíamos trasladar el concepto a otros sectores. Por ejemplo, una fábrica de lavadoras mala, una cadena de supermercados mala, o una central eléctrica mala. Lo que está bien para un banco, no veo porqué no lo va a estar para otro tipo de empresa.
La idea puede extenderse hasta el infinito, verás la que liamos.

lunes, 20 de agosto de 2012

Energía potencial


Recuerdo al profesor de física explicando en qué consistía la energía potencial. Yo estaba en el colegio, que es el sitio donde se debe aprender qué es la energía potencial pues nosotros mismos representamos el mejor ejemplo de lo que eso significa. Imaginaos un arco, decía mi profesor, antes de disparar la flecha. Ese arco puede dar a una manzana, a un árbol, a una gacela en movimiento… hay una infinidad de dianas a su alcance. Tiene energía potencial. Una vez que se ha disparado la flecha, ya no tiene nada. Lo normal es que sea simplemente un intento fallido.
Creo que así explicado, todo el mundo entiende qué es la energía potencial. Por ejemplo, yo, cada vez que juego a la loteria soy potencialmente millonario, aunque la verdad es que no me sirve para nada. Pero me gusta. Tanto, que alargo todo lo que puedo el momento de mirar la lista de los premios, pues así, me siento rico (potencialmente) durante más tiempo. Pues bien, ese mismo profesor, o uno muy parecido, lo debió de tener mi amigo Matías, al que fui a ver el jueves pasado por un asunto que no viene al caso. Era la primera vez que lo visitaba en su domicilio, por lo que cumpliendo con un protocolo del que yo nunca he sido partícipe, me enseñó cada una de las habitaciones de la casa, como si fuera la presentación de los miembros de su familia: aquí está el comedor y eso de ahí, es un aparador que me regaló mi abuela, ahora pasamos al salón donde podrás ver un muble-bar de estilo modernista que compré en un anticuario hace tres o cuatro años en Barcelona. Síguéme por aquí que te voy a enseñar mi despacho,… total, que el bueno de Matías me hizo un recorrido por toda la casa y dejó para el final, lo que el consideraba su objeto de mayor valor.
    -Y este es el paquete –me dijo orgulloso señalando un paquete.
Yo lo miré sin descubrir nada que lo convirtiera en algo extraordinario, por lo que no tuve más remedio que poner cara de pez. Matías descubrió mi perplejidad, y lejos de aliviarla, la intensificó, acercándose el paquete a la cara como si fuera a olerlo y tras acariciarlo, lo depositó sobre la mesa con exagerada suavidad.
    -Lo tengo desde hace un par de años.
   -Fíjate –dije yo, por decir algo, pues no sabía qué decir.
    -¿Sabes qué contiene?
Mi gesto fue elocuente.
   -Yo tampoco –me dijo entusiasmado-.  Es un regalo que todavía no he abierto, ¿no es fantástico? –luego se arrellanó en el sillón y me habló como si fuera mi antiguo profesor de física-. Un paquete sin abrir contiene el mayor tesoro del mundo. Está lleno de magia, de sorpresa y mientras siga cerrado, contendrá lo que tú quieras imaginar. Una vez que le quitas el envoltorio descubres que solo contenía una realidad, casi siempre decepcionante y triste. Se acabó la maravilla.
     -¿Cuándo es tu cumpleaños?
Le hice esa pregunta porque repentinamente me imaginé el regalo perfecto para mi amigo, algo que le haría feliz por mucho tiempo. Se me ocurrió que le regalaría un paquete, sí, pero dentro, pondría otro paquete. Así, aunque lo abriera, seguiría siendo feliz con su contenido.
    -El dos de enero -me dijo. Yo tomé nota.





lunes, 13 de agosto de 2012

Autoridades


El otro día estaba viendo el final de una prueba de los Juegos Olímpicos, y tan final era, que solo llegué a la entrega de las medallas, pero fue revelador. Hasta entonces ese momento me había pasado bastante desapercibido y no había reparado en un hecho que es de suma importancia: ¿quién es el encargado de poner el trofeo a los vencedores? ¿Hay especialistas en poner medallas, de la misma forma que los hay en los cien metros vallas? Pues parece ser que sí, el otro día, ya digo, el misterio me fue desvelado. Después de sonar el himno nacional del merecedor del oro, el comentarista, con tono adecuado a las circunstancias, anunció que las autoridades iban a colocar las medallas a los campeones. Ya está, misterio resuelto, los encargados de colocar las preseas, como les ha dado por decir este año, son las autoridades. Pero ¿las autoridades en qué? ¿Autoridades en física cuántica, en matemáticas? Porque uno es una autoridad en algo, no así, en general. No me imagino a la madre de una autoridad diciéndole a una vecina a la que se ha encontrado en la escalera: 
    -Pues sí hija, el mayor ya ha terminado derecho, la pequeña ha empezado medicina y luego está Pablito que es una autoridad.
O Bien, que Pablito va a estudiar para ser una autoridad. O al mismo Pablito, cuando alguien le pregunta en qué trabaja, que diga:
    -¿Yo?, soy una autoridad.
Luego, me olvido de los JJOO y rebuscando en mi memoria, aparece la imagen repetida en las noticias, desde la época del NODO, en la que siempre, de alguna manera, “las autoridades” hacían acto de presencia. También me acuerdo de que cuando hay un acto público, y vemos una parcela vacía y espaciosa separada con un cordón rojo, generalmente de terciopelo, resulta que está reservada “para las autoridades”. Y digo yo, ¿por qué no llamar las cosas por su nombre y poner directamente, espacio reservado para los políticos?  Porque eso, político, sí se puede ser de forma general, de la misma forma que uno puede ser de forma general cualquier otra cosa a la que se dedique. Pablito es político, y ya está. No hay necesidad de apabullar a nadie. Se es político como se es asesor financiero, no hace falta ir presumiendo de que es una autoridad, título que nadie, salvo ellos mismos, les ha otorgado. Luego, eso sí,  la historia los pone en su sitio, y hablan de don fulano de tal, gran político y pensador de principios de siglo, olvidando por completo el tratamiento de autoridad, que hasta da un poco de miedo. O menganito, político y jurista en el reinado de Alfonso XII. A nadie se le ocurre decir, don fulano, autoridad en el gobierno de zutano, destacó por su nulidad (que a su vez, Zutano sería otra autoridad, claro).
Entonces quedamos, que para evitar que se les suban los humos (solo les faltaba esto), vamos a poner, espacio reservado a los políticos, donde hasta ahora ponía reservado para las autoridades, o mucho mejor, como pone en otros lugares, espacio restringido a personal de obra. A fin de cuentas no paran de repetir lo mucho que trabajan.




lunes, 6 de agosto de 2012

f(x) = senx


Agosto en Madrid, otro agosto en Madrid. Digo, esta vez va a ser diferente, pero sé que no, que por mucho que me empeñe, será como otros agostos anteriores. Entonces me fijo en que esto es una norma universal, y que no sólo me afecta a mí, sino a todo el mundo, y no sólo al mes de agosto sino a cualquier partición convenida del tiempo. Los seres humanos despiezamos el tiempo como quien parte una tarta, y todos los trozos nos salen cuidadosamente iguales, si no, fijaos en que todos los lunes son idénticos. También, un sábado es igual a otro sábado, pero un domingo no tiene nada que ver con un martes. Los días se repiten con disciplinado orden, de la misma forma que las estaciones. Incluso las horas: las 9 de la noche de un miércoles es igual a las nueve de la noche de otro miércoles pero diferente a las nueve de la noche de un viernes, o las doce del medio día del mismo miércoles. Por supuesto, esto es más notorio en fechas señaladas, a nadie se le escapa que entre un día de Navidad y el siguiente y el anterior, no existe ninguna diferencia. Podemos decir que nuestras vidas siguen funciones trigonométricas, son ondas que se propagan siguiendo una pauta cíclica. Un máximo, un punto de inflexión, un mínimo, un máximo, un punto de inflexión, un mínimo,…
Esto es así y tenemos que aceptarlo, diréis todos, pero resulta que no, que se puede hacer algo para conseguir que  cada vez que nos levantemos no sepamos ni donde estamos ni qué va a ser de nosotros. ¿Cómo?, pues la cosa no es nada fácil, la verdad, además entraña sus riesgos, y la cooperación de todos. La idea consiste básicamente, en ir cambiándonos unos por otros, de modo que, por ejemplo,  yo tomo el lunes de otra persona y le cedo el mío, y así sucesivamente. Es decir, un día salgo de casa y entro como siempre a desayunar en la cafetería de la esquina, me siento a una mesa y después de tomarme un café con porras, me levanto y atiendo la mesa de al lado. Entonces, Matías, el camarero, se quita el delantal y acude a mi oficina. Yo después de despachar un par de mesas, me voy con una señorita ejecutiva de una multinacional que ha pedido un cruasán a la plancha y dejo a su acompañante atendiendo la barra que a esas horas se pone imposible. Asisto a una reunión en la que mantengo firme mi postura de no aceptar el plan de marketing presentado, y salgo a la calle, cojo un taxi, pero nada de pasajero como siempre, sino de taxista, y llevo a un señor a Manuel Becerra y ahí lo dejo, con el taxi. Yo subo a su casa, me siento en un sillón comodísimo, tras apartar a un perro de lanas, y su mujer me ofrece una cerveza con unas peladillas que yo acepto encantado.
A la mañana siguiente, ya veremos.

lunes, 30 de julio de 2012

El hombre que estaba delante de la ventana



El hombre estaba sentado en su sillón preferido. No leía, sólo pensaba. Miró hacia la ventana y vio una borla  erizada de sol jugando en el cristal. El viento, suave pero insistente, creaba una coreografía haciendo que pequeñas cosas que nunca había visto se movieran levemente. También la cortina bailaba a su son inaudible. Entonces el hombre se fijó en algo que había sobre la mesa; era una caja de madera de sándalo, o quizá de cedro, abierta, mostrando su interior vacío a excepción de una pequeña figurita de porcelana que apenas era visible. Representaba a un pato, hecho en barro y coloreado de forma admirable para el tamaño que tenía. No sabía quien podía ser el propietario de la caja, nunca la había visto ahí. Entonces se le ocurrió que podía ser de un ángel. A fin de cuentas, nunca se había oído que los ángeles no pudieran tener cajas de sándalo o de cedro.
El hombre, que jamás había sentido plenamente la felicidad, tan solo estremecedores momentos, casi eléctricos, y siempre muy distantes entre sí, supo, en cuanto vio la caja con la figurita en su interior, que ahí podía guardar uno de esos instantes y conservarlo para siempre. De esta forma, cuando quisiera sentirse feliz, bastaría con abrir la tapa y elegir el momento que quisiera. 
Entonces se abríó una gran zanja delante de él. Si saltaba al otro lado sin caerse ... podría alcanzar la caja. Midió sus fuerzas y se levanto de su sillón preferido con decisión.

Afuera, el sol seguía en el cielo en compañía del viento. El ángel miraba pero no hacía nada más.





lunes, 23 de julio de 2012

Too much


Parece mentira que todos los seres vivos procedamos del alga azul, me dijo mi gran amigo invisible con el que aún tengo interminables charlas. No sé qué decirte, le contesté. Entonces, añadió, déjame que te diga yo:
    -Verás, como sabes, todos los seres vivos hemos evolucionado de otras formas de vida anteriores hasta llegar a ser lo que somos y todos hemos partido del mismo bichejo inicial. A partir de ese inicio común, cada cual ha ido desarrollando lo que necesitaba para sobrevivir en su entorno, siempre muy competitivo y en el que tan solo los más capacitados y adaptados conseguían transmitir sus genes, es decir, reproducirse y establecerse. Ni qué decir tiene que en el camino se han quedado intentos malogrados, algunos, después de haber sido probadamente exitosos durante muchísimo tiempo, hasta millones de años. Fíjate si no en los dinosaurios.
Yo me fijé en los dinosaurios, mentalmente, claro, y le di la razón a mi amigo invisible que siguió con su discurso.
    -Las estrategias elegidas por cada especie son infinitas y opuestas. Algunas consiguen sobrevivir por ser grandes y otras por todo lo contrario, siendo minúsculas. Unos desarrollan siete filas de dientes, y otros se hacen chupóteros y no tienen ninguno,…
    -Ya, ya, -interrumpí a mi amigo invisible-  todo eso lo sé, es más, todo lo que tú puedas saber, antes lo he sabido yo, recuerda que tú eres un invento mío, mi amigo invisible de toda la vida, así que no trates de impresionarme.
No vi su gesto pero apuesto a que fue de fastidio.
    -Claro, pero yo arrojo luz sobre un lado que para ti está oculto. También, siempre ha sido así, es mi papel.
No tuve más remedio que darle la razón y con un gesto le invité a que siguiera con el rollo que me estaba soltando.
    -A donde quiero ir a parar es que los seres humanos estamos equivocados si pensamos que nuestra estrategia es la mejor, y además definitiva. Pensamos que nuestra gran inteligencia nos garantiza la permanencia en el planeta, y estamos convencidos de que hemos evolucionado de la mejor manera posible al desarrollar el pensamiento complejo, creyendo que ese es el mejor sistema de supervivencia. Un diseño ganador, nos hemos llega a autodenominar. Gran error.
    -¿Qué me dices? –pregunté incrédulo.
    -Te digo dos cosas, la primera, que para sobrevivir en este planeta no es preciso ser tan inteligentes. Hemos adquirido una inteligencia excesiva… nos sobra para mantenernos con vida en este mundo hostil. Y no es bueno tener algo que no es necesario, esa es la cuestión.
Me quedé mirando a mi amigo invisible, lo cual en si mismo es una pérdida de tiempo, y reconocí que podía tener razón: las cosas innecesarias son un estorbo. Alcé los hombros para indicar que estaba listo para escuchar su segunda observación.
     -Lo segundo, es consecuencia de lo primero: ese exceso de inteligencia es la razón por la cual despareceremos como especie.
Pensé en bombas nucleares, virus artificiales, primas de riesgo, guerra química,… y se me puso la piel de dinosaurio.
Luego mi amigo invisible me recordó que el tigre dientes de sable, precisamente se extinguió porque la característica que  en un principio le sirvió para sobrevivir, cuando creció desmesuradamente, le sirvió para desaparecer. 
Miré con envidia a un pequeño mono invisible que estaba al lado de mi amigo invisible. Se le veía, es un decir, feliz.






lunes, 16 de julio de 2012

Hierro y seda


Hierro y seda, una estrategia que no falla. Claro que hay que saber aplicarla. Los grandes campeones de motociclismo suelen tenerla muy en cuenta, tanto que llegan a grabar cada una de estas dos ideas en las manetas del freno y del embrague. Martillo y mantequilla, aparece en la moto de Joge Lorenzo. Perfecto. Rajoy también emplea esta estrategia. Se recortan las prestaciones por desempleo, y la amnistía fiscal libera de las obligaciones tributarias a los que han burlado la ley. Hierro y seda. Mientras trata de proteger a los responsables de engaños descomunales como el caso Bankia, se quita de encima a todos los mineros, que no paran de molestar. Se perdonan y se ocultan casos de corrupción infames (sí, Gürtel), pero ven normal y perfecto que al juez que trataba de poner un poco de orden en tan maloliente asunto sea inhabilitado. Se elimina la paga de navidad a los funcionarios y no se hace nada para evitar jubilaciones millonarias a los consejeros de entidades financieras que han necesitado dinero público para seguir funcionando. Se sube el IBI, las tasas de basura, los catastros, los trasportes públicos, pero la Iglesia mantiene su estatus divino, sin apechugar con el terrenal. Hierro y seda.

Se disminuyen prestaciones sociales básicas y no básicas, se aumenta la edad de jubilación, se reduce el tiempo de la prestación por desempleo (para evitar la molicie y hacer que los parados se tomen más en serio que tienen que buscar trabajo), se ajusta la ley de la dependencia a los nuevos momentos de crisis buscando la comprensión de todos los que se dejan su tiempo y su vida cuidando de personas que no se pueden valer por si mismas, se establece el requetepago de los medicamentos, se anulan convocatorias para opositar a maestro, se reduce el profesorado y se les exige más horas, los gastos (inversiones, los llamaría yo) en investigación y ciencia se reducen a niveles cuartomundistas, se reduce el número de médicos, … y sigue, y tras anunciar Rajoy mayores sacrificios absolutamente necesarios “porque no se puede hacer otra cosa”, toda la bancada del PP se deja las manos rojas (perdón, encarnadas) de aplaudir. Incluso, una entusiasmada parlamentaria, Andrea Fabra, llevada por la comprensible pasión del momento, se atrevió a gritar un clamoroso “que se jodan” según batía palmas. De casta le viene al galgo. Mientras a su padre no para de tocarle la lotería con una suerte verdaderamente envidiable, su retoña, disfruta de lo lindo con los recortes de Rajoy. Luego se mostró indignadísima por la torticera interpretación que hizo el PSOE del grito que le salió del alma. Me refería a un miembro del partido, aclaró visiblemente ofendida, pero sin decir a qué miembro se refería, no fuera a contestarla, aunque primero declaró que el “que se jodan” iba dirigido a todos los parlamentarios socialistas. Ya, pero es que los que se joden, no son los parlamentarios socialistas, sino todos los que nos veremos afectados por los recortes anunciados por lo que no hay correspondencia entre estímulo y respuesta. Pero no nos dejemos llevar por pequeñas incoherencias, y admitamos que era un “que se jodan” dirigido exclusivamente a los socialistas, dijera lo que dijera previamente su líder. Lo que ocurre es que la casualidad es perversa y coincidió justo cuando anunció la ruina del país. Qué gracia. Nadie de su partido ha recriminado el grito, fuera dirigido a quien fuera. Hierro y seda.
Rajoy aplica a rajatabla la estrategia de mano de hierro y mano de seda. Como los grandes campeones. Sólo que le falta el pequeño detalle de acertar. 
Mientras tanto, el IVA de los funerales ha subido 13 puntos, por lo que ya, hasta morirse va a ser un lujo.


viernes, 13 de julio de 2012

Hoy hace un año


Al final, agachado, hundido, harto, con la barbilla clavada en el esternón. Antes fue vitalidad, energía, un desafío permanente. Es mi padrino. Decía palabrotas, muchas y siempre empleadas de tal modo que no ofendían. Era de otra época y aún así resultaba moderno. De derechas y comprendía a las izquierdas. Viejo y con la mente despierta y joven. Una continua contradicción. Era buena persona y muchos le tenían por enemigo y otros le temieron. Ya ves.
Le gustaba recordar momentos en que alguien quedaba en buen lugar y sus anécdotas siempre guardaban un rastro de cariño hacia los personajes que en ellas aparecían. Era amigo de la infancia de mi padre y estuvo siempre en la mía. Mi padrino ha formado parte de mi vida de una forma discreta , sin llamar la atención, casi desapercibida, pero siempre presente, siempre ahí. Entrañable. Él era el adulto y yo el niño, y con su muerte he perdido parte de mi infancia y de mi adolescencia y mi juventud. Cuando tenía ocasión me recordaba que me quería y estoy convencido de que es así. Ha sido el padrino, no solo el mío, era el padrino universal, era el padrino de la familia, hasta de mis amigos y eso le gustaba, era un papel perfecto para él: ser el padrino. 
Como siempre que se mira una fotografía de alguien que ya ha desaparecido, ahora me entra la duda de si realmente yo estuve a la altura y si no podía haber estado más pendiente de él, sobre todo en sus últimos días en que ya se sabía acabado. 
Su carácter le ayudó a morir pues rechazó ser agujereado por última vez y no permitió que le abrieran la vía necesaria para suministrar remedios que él ya sabía inútiles. Al final le dolía el cuerpo, le dolía estar vivo y era consciente de que no iba a mejorar su situación por tanto para qué luchar por algo que no merecía la pena. No le gustaba estar rodeado de viejos sin futuro pues en ellos se veía cruelmente reflejado. Si al menos jugaran al mus o al dominó, esto sería otra cosa, pero ya ves, me dijo la última vez que lo vi, y exactamente al día siguiente se murió. 
Qué cabronada, no me dio tiempo a llevarle los cigarrillos  que me pidió. Qué putada, joder.


(DE MI ÁLBUM DE FOTOS)





lunes, 9 de julio de 2012

Ánimo y camisetas


Todos nosotros, y cuando digo nosotros incluyo a más de dosmil millones de personas, cuando nos levantamos por la mañana y elegimos la camisa que nos vamos a poner, tenemos diferentes opciones. De los pantalones no hablo, pues es más normal repetir los del día anterior. Centrémonos en la camisa, y tampoco hagamos caso de los calcetines, ropa interior y otras prendas que no vienen al caso. Como media, cada uno de nosotros (ahora voy a ser más restrictivo en el conjunto formado por nosotros y lo voy a reducir a bastante menos de la mitad), tiene veinte posibilidades para escoger, entre camisa, polo o camiseta, que también cuenta. Pues bien, ¿por qué seleccionamos una prenda determinada y dejamos las otras diecinueve colgadas sin titubear? Es que ni lo dudamos. Muy sencillo, porque no depende de nosotros sino de nuestro estado de ánimo. Elegimos al dictado de nuestro humor. No voy a poner ejemplos, porque no son necesarios. Tanto es así lo que digo, que se ha creado un protocolo social para vestirse de determinada manera según sea el acontecimiento al que nos veamos obligados asistir y que presupone un estado de ánimo muy concreto que hay que seguir y no tratar de mostrar otro diferente. Ahora sí voy a poner un ejemplo aunque sigue sin ser necesario: a nadie se le ocurre ir a un entierro con bermudas, chanclas y camisa hawaiana. ¿Acaso porque al difunto no le gustaban las mencionadas prendas, lo cual sería muy comprensible? No, sencillamente porque todo el mundo da por hecho que estás abatido por su desaparición y sin que nadie te lo imponga, tu estado de ánimo te ha obligado por la mañana a vestirte de una forma acorde con la tristeza. Te has levantado deprimido (se supone) y si te levantas deprimido no te pones una camisa hawaiana. De hecho, nadie debería ponerse una camisa hawaiana en ningún caso, pero ese es otro asunto.
Pues bien, de la misma forma que nuestro estado de ánimo determina qué camisa nos vamos a poner, determina otra infinidad de cosas de las que no somos conscientes. En un mal día, no cantamos en la ducha (o si cantamos buscamos una melodía triste), no nos mostramos muy habladores y cuando hablamos lo hacemos de forma monocorde y sin elevar la voz, reír es una posibilidad bastante lejana,… Esto es obvio, me diréis. Pues sí, es obvio, pero todavía no he terminado.
El fenómeno estriba en algo que no resulta evidente para todo el mundo: resulta que es un proceso reversible. Es decir, podemos alterar nuestro estado de ánimo haciendo cosas que haríamos con un estado de ánimo diferente. Este hecho ofrece un mundo infinito de posibilidades. Basta con ponerte una camisa hawaiana, cantar a voz en grito y reír como un energúmeno, para pasar inmediatamente de un estado de abatimiento a otro de euforia y alegría tremendas. Esto significa que de la misma manera que elegimos una camisa para pasar el día, podemos elegir un estado de ánimo. Se trata de invertir el proceso causa efecto, y seleccionar primero el estado de ánimo que nos apetece llevar y en consecuencia buscar algo a juego. Es más, si por la mañana hemos “sacado” un estado de ánimo nostálgico, porque en ese momento es lo que nos apetecía, nada nos impide a media tarde ir a casa a cambiarnos por otro de desbordante entusiasmo, si tenemos un compromiso social que exija estar radiante.
Ser consciente de esta realidad comprobable, puede cambiar la vida a mucha gente que se resigna a estar varios días usando el mismo humor, que por otro lado, no deja de ser una tremenda falta de higiene mental.
Por hacer la prueba no se pierde nada. Bueno, sí, que alguien te vea con una camisa hawaiana. 

lunes, 2 de julio de 2012

Mimosa atristaba el borloro




Mimosa atristaba el borloro, lo cual no le impedía contemplar el espejo con cierta cautela pues algo había en él que le avisaba de extraños poderes. Acertada intuición pues repentinamente se vio al otro lado, aún con el borloro entre sus brazos. Pronto aparecerá un conejo gigante, se dijo, un gato o quizá cosas peores por lo que mejor será no perder la calma.
Era joven, casi una niña, todo lo que tenía que hacer era buscar un anciano venerable que le diera un buen consejo, así que sin perder más tiempo se encaminó en su búsqueda. Atravesó un bosque que parecía encantado, subió a las montañas más altas desde donde se podía contemplar el inicio del universo y bajó a profundos valles donde había aldeas cubiertas de nieve que se acumulaba en las esquinas de las calles, formando remolinos cada vez que soplaba el viento. Un búho desde lo alto de una rama se fijaba en todo lo que sucedía más abajo. Miró a la joven con interés hasta que decidió que era preferible emprender el vuelo. Sonó como una manta que se sacudiera desde un balcón cuando se elevó por encima de las copas de los árboles. La niña no se sobresaltó pues había otras cosas más inquietantes aún que acaparaban su capacidad para atemorizarse. 
Sin que hubiera ninguna posibilidad de justificar su presencia apareció ante ella, Kandal, un guerrero de estirpe de héroes, que era cazador, juez y sacerdote. El jefe de la tribu, el espíritu que camina en la noche con luz propia. Llegó a su silbido un brioso caballo alazán de patas livianas y grupa redondeada que abría los ollares buscando todo el oxigeno posible para la carrera que sabía que iba a emprender. Pronto se convirtió en un punto en la lejanía seguido de una nube de polvo. Kandal ya era historia.
El venerable anciano que daba sabios consejos a los jóvenes, además de sabio era bondadoso, por eso, además de consejos, también daba otras cosas. A su edad no había otra opción  que la generosidad si quería sobrevivir más tiempo. Incluso, esa estrategia no garantizaba el éxito.
Pronto apareció el inconfundible penacho de humo de la vieja locomotora. Un tren al que estaba obligado a subir para hacer el último viaje. El maquinista era la Gran Dama, tan negro su manto como el carbón que alimentaba la caldera. La vida es un río que desemboca en el mar que representa la muerte, así ha sido y así será a pesar de los intentos de Anton Limat, el científico loco, tan loco que pensó que podía encontrar remedio para aquello que no lo tenía. Toda su vida estudiando para no conseguir nada. Para eso, podía haberse ahorrado el esfuerzo y ser como Daniel, el cabrero del pueblo, que era solitario, casi olvidado, callado observador y que jamás hizo algo distinto que flautas talladas en madera o en los huesos de las ovejas despeñadas. Al menos su obra perduraría más tiempo.
Los sótanos estaban llenos de esqueletos, un marinero harto de ron llevaba sobre su hombro un monito vestido de bandolero español. La pequeña damita seguía tocando el piano y el joven petimetre la adoraba sin atreverse o mover un músculo no se fuera a descomponer su porte.
Otro marinero, también borracho, cruzó navajas con el del monito. Los tres perecieron.
El perro salvó a su dueño y el delfín devolvió a la playa a los náufragos, mientras los esclavos se hacinaban en la bodega del barco que crujía a cada embate del mar.

¡No podía ser! Ahora entraba en un capítulo donde un dragón alicatado con escamas de turmalina tenía prisionera a una gentil princesa.
Devolvió, cansado, el volumen a la librería de roble y buscó otro libro pero sabía que todas las historias estaban ya escritas y que jamás encontraría una que fuera significativamente diferente a las ya leídas.
La noche extendió su manto y dentro crepitaba la leña en la chimenea, mientras el hombre más viejo del mundo dejaba de ser feliz en la biblioteca de Babel.



lunes, 25 de junio de 2012

Fotones, neutrinos y yo


La luz es mucho más rápida que cualquier cosa que te puedas imaginar. Ya nadie lo pone en duda después del chasco de los famosos neutrinos a los que, por un momento, se les supuso más veloces, pero que luego se demostró que de eso nada monada. Resulta que calcularon mal su velocidad por culpa de un enchufe que estaba un poco pelado. Anda que también. El caso es que Einstein sigue teniendo razón. Sin embargo, yo, no solo lo pongo en duda sino que puedo demostrar que es rotundamente falso y que existe algo cuya velocidad es superior a la de la luz. ¿De qué se trata? Precisamente de su gran antagonista, la oscuridad. Por muy rápido que vaya la luz, siempre llega a lugares donde la oscuridad llegó antes.
Pues bien, esto que le sucede a la luz, también me pasa a mí continuamente, y no es que quiera ir de iluminado, pero es así. El otro día por ejemplo, se me ocurrió una idea buenísima para ponerla en práctica en Internet (y forrarme), y resulta que esa página web ya existía. Había llegado antes otro individuo, que sin ser consciente de que la idea no era suya, mejor dicho, de que también era mía, la había puesto en marcha sin contar conmigo (y efectivamente se estaba forrando). Pero esto que me pasó con Internet me ha pasado un montón de veces con otras cosas de variadísima naturaleza. Hace un par de años empecé a escribir un libro de poemas, dividido en capítulos, y lo titulé, Les fleurs du mal. En francés, por supuesto. Pues, bien, resulta que ya lo había escrito Baudelaire. Menos mal que me di cuenta a tiempo y no lo terminé, pues el trabajo se las trae. Llegué hasta Chanson D’apres-midi, es decir, que casi me escribo la mitad.
Antes, cuando mi trabajo como creativo publicitario, digamos que hervía en un fuego más vivo (qué tiempos), me sucedía con mayor frecuencia, las cosas como son, y siempre tenía que preguntar a mi director de arte, ¿oye, esto no estará ya hecho verdad?. Y a veces sí, y a veces no. Anda que no habré pasado yo tardes mirando reeles de anuncios, más que buscando inspiración, comprobando que mi idea no se la había apropiado antes otro.
Pero es que esto que me pasa con los demás (o a los demás conmigo, pues es cosa de todos), también me ocurre conmigo mismo. Muchas veces se me ocurre algo que ya se me ha ocurrido anteriormente. En estos casos me importa menos, claro, pues soy yo mismo el que se aprovecha de mis propias ideas. De hecho hay veces que hago la vista gorda y me copio sin ninguna clase de remordimientos. Es más, tengo la insidiosa sensación de que esto que acabo de escribir, ya lo he escrito yo anteriormente.
No sé, no me atrevo a mirar en mis archivos por si acaso.

lunes, 18 de junio de 2012

Asociaciones


Últimamente no paro de darle vueltas a un asunto vital. Bueno, más que vital, mortal, porque se trata de la muerte. La conclusión a la que he llegado es que no sabemos cómo actuar ante este hecho universal e inevitable y mantenemos una actitud completamente equivocada. En lugar de aceptación, hay rebeldía (lo cual es absurdo) y nos aferramos a la vida desesperadamente ignorando que esa disposición solo conduce al sufrimiento. Yo creo, que después de tantos años de evolución, podíamos haber avanzado algo en la comprensión de nuestra finitud, pero nada.
Edward Hopper, sí lo entendió, y en el último cuadro que salió de su estudio aparecen dos cómicos sobre un escenario, cogidos de la mano, despidiéndose de su público. Son él mismo y su mujer (su eterno modelo) que morirían poco más tarde.
¿Os imagináis a un actor que al final de la representación se niegue a dejar el escenario, abriendo desesperadamente de nuevo las cortinas para que la función continue aún sabiendo lo inutil y patético de sus esfuerzos?. Pues eso es justo lo que hacemos.

    -Vale, me parece fenomenal, pero tú nos ibas a hablar de asociaciones, o al menos ese es el título de este… como lo quieras llamar.
    -Es verdad, tienes razón, y de eso es precisamente de lo que voy a hablar, de asociaciones, pero antes quería crear el contexto apropiado.
    -Bueno, pues ya está creado, ¿ahora qué nos cuentas?

Ya sabemos que el hombre es un animal social y esta circunstancia le lleva a buscar vínculos con otras personas. Al hombre le gustan las asociaciones. Así, buscando congéneres con los que sentirnos unidos por aficiones comunes, hemos llegado a crear la asociación de comedores de hamburguesas gigantes, el círculo de seguidores del Señor de los Anillos, el club de lanzadores de guisantes o cualquier otra cosa que se nos ocurra por disparatada que sea.
Yo no soy proclive a pertenecer a ningún club, pero comprendo la existencia de su gran variedad, los respeto, siempre que no sean ilegales, y sobre todo: me traen sin cuidado. Bueno, me traen sin cuidado hasta cierto puento, pues como en todo hay excepciones y la naturaleza de ciertas asociaciones puede llegar a preocuparme, además de dejarme bastante desconcertado. Y este es el punto al que yo quería llegar. Por fin.
Resulta que existe una asociación de médicos católicos, incluso una federación internacional de asociaciones médicas católicas. Mi primera pregunta es, ¿por qué y para qué se asocian los médicos de una determinada religión? ¿Habrá también una asociación de médicos budistas? Este tipo de asociación ya no me resulta indiferente, porque me imagino por donde van los tiros; está claro que no es la medicina lo que les une, sino su práctica bajo el sometimiento a  unas normas católicas que no comparto en absoluto. Dentro de las causas por las que yo puedo necesitar un médico se encuentran muchísimas que llevan o pueden llevar implícito un dolor, y hay galenos que comparten la idea de que el sufrimiento final es algo con lo que debemos contar (además santifica), justo lo contrario de lo que yo pienso.
Hace poco escuché en la radio un debate sobre los cuidados paliativos y  la eutanasia, donde un sacerdote decía que eso de la muerte digna sin dolor era una solemne memez, pues Jesucristo murió en la cruz en medio de enormes sufrimientos y no existe un mejor ejemplo de muerte digna que el suyo. Claro, ese tipo de gente está muy bien en un púlpito (o no) dirigiéndose a sus seguidores, pero se te pone la piel de gallina pensar que su opinión va a ser la que determine cómo pasarás tus últimos momentos de vida (sobre todo si te ponen como ejemplo a un hombre torturado), y supongo que esa es la opinión que prevalece en las asociaciones antes aludidas.  Asociaciones que, insisto, me resultan poco tranquilizadoras por su posible aplicación sobre mi indefensa persona, no porque sean católicas o lo que quieran ser. Por ejemplo, si existiera una asociación de ingenieros de caminos católicos, o de físicos termonucleares católicos, no me preocuparía lo más mínimo, aunque no sabría para que se asocian. En el caso de lo médicos sí lo sé y eso es lo que me preocupa.




lunes, 11 de junio de 2012

Lo que somos


Somos lo que comemos. Esta frase, dicha así, hasta da un poquito de asco, pero es más acertada de lo que parece. Para demostrarlo ahí están esas ranitas de colorines chillones que son extremadamente venenosas, conocidas como ranas de dardo o ranas punta de flecha. Resulta que todos los alcaloides venenosos que acumulan en su piel no los sintetizan ellas, sino que los obtienen de lo que se llevan a la andorga. Se inflan a insectos venenosos y como ellas son inmunes no las pasa nada, pero almacenan todas las toxinas en la piel de la misma forma que una vecina mía, las patatas con chorizo en las caderas. Todos conocemos a alguien que tiene cara de acelga, y visto lo que les pasa a las ranitas y a mi vecina, es fácil suponer que su cara se debe a que comen demasiadas acelgas. En este mismo orden de cosas, tenemos a los flamencos, que tienen ese color rosáceo debido a los carotenoides que hay en su dieta compuesta de crustáceos enanos, diademas, moluscos  y otras porquerías que filtran del agua. Me refiero, por si no ha quedado claro, a los flamencos aves (¿cuál es la diferencia entre aves y pájaros? Ni idea).
Cuando yo era pequeño se decía, de lo que se come se cría, lo cual resulta bastante confuso. Según esto, los criadores de chinchillas, previamente se las tienen que comer. Es mucho más claro decir, somos lo que comemos, y esta es la idea que no se me quita de la cabeza. ¿Por qué? Sencillamente porque me resulta excesivamente obvia, y sin embargo, se la trata como si fuera un descubrimiento genial, hasta se han escrito libros de antropología basándose en algo tan simple. También es cierto que antes, cuando vivíamos en las cavernas, era mucho más evidente, pues la dieta era lo más importante que nos sucedía a lo largo de la vida, sobre todo porque a veces la dieta éramos nosotros.
A mí me parecería mucho más interesante postular, somos lo que come nuestro jefe, y es igual de exacto, incluso mucho más. Si nuestro jefe está satisfecho nos hará la vida menos imposible que si está a dieta. Un jefe con cara de acelga es siempre un jefe peligroso. Si tiene aspecto de lomo embuchado o de jamón 5 jotas, será más condescendiente a la hora de darnos una tarde libre, estoy convencido. Pero aún así, me sigue pareciendo todo muy obvio. Somos lo que comemos (o lo que come nuestro jefe) resulta aburrido y evidente.
Actualmente yo diría que somos lo que leemos. Solo tenemos que fijarnos en lo que le pasó a El Quijote. Ya sé que puede parecer tan obvio como decir somos lo que comemos (la lectura es el alimento del alma y cosas así), pero es mucho más divertido de observar. Por ejemplo, ahora se da mucho el caso de personas a las que les falta algo, una oreja, un brazo, la nariz,… eso les pasa porque solo leen SMS escritos en método abreviado, y aunque sea más rápido, tiene su coste. Son los mismos que en lugar de tener una cara, tienen una kara, y un kulo y son incapaces de dar un beso que dure más de treinta segundos. Enseguida lo acortan y acaban dando bss, que para eso, yo ni me molesto.
También hay gente que va por la vida como si fuera una errata y con toda seguridad es debido a que solo leen la fe de erratas de los libros. Este caso es peor. O los que no consiguen llegar a lo mollar de la discusión y se quedan siempre en lo periférico. Sin duda es porque se tragan enteritos los prólogos de los libros pero luego no acaban ninguno.
Claro, que según esta teoría, los que no leen nada, no serían nadie y sin embargo conozco muchísimos casos de prohombres que lo son sin haber leído un solo libro en su vida. Es decir, que la cosa falla por algún lado, por lo que más nos vale que sigamos con la propuesta de que somos lo que comemos, que eso siempre ha sido así y no admite dudas. O lo que comen los jefes.
Pues eso.