domingo, 1 de enero de 2023

Feliz año usado

 




Según dicen, el año que acaba de empezar va a ser peor que su predecesor, es decir, va a ser una mierda de año. Entonces, visto como va a ser el próximo, es mejor desear feliz año usado que feliz año nuevo. 

Yo os deseo a todos un feliz 2016. Así, al azar, he cogido el 2016 como podía haber elegido el 2018, ya que cualquiera fue mejor que el que será. Si lo hubiera pensado, os hubiera deseado un feliz 2008. En ese año se descubrió la reprogramación celular, que según la revista Science es uno de los descubrimientos más importantes del S XXI. Y no estamos hablando de cualquier siglo, el que vivimos es el más fructífero en cuanto a avances tecnológicos se refiere desde que existe la humanidad. Será conocido como el inicio de la Edad de la información, gracias a la digitalización de todo lo que se mueve. 

Antes, las edades se referían a los materiales que marcaron un importante avance para la humanidad: Edad de Piedra, Edad de Bronce, Edad de Hierro y Edad de Plástico, sin embargo ahora la denominación va a cambiar por algo menos tangible y más conceptual. Dejamos la materia pare entrar en las ideas. 

La Edad de la Información es tanto como decir, la Edad de la información que nos quieren dar. Quien controla la información, tiene el poder, y el poder es lo que siempre se ha buscado, con la piedra, con el bronce, con el hierro y con el plástico. Lo de ahora va a ser definitivo, es mucho más efectiva la información que cualquiera de los materiales que hemos utilizado hasta ahora para controlar a los demás.

Lo curioso, es que el poder de la información, no sólo radica en controlarla, también en recibirla. Los que no tengan acceso a la información, aunque se trate de una información falsa y manipulada, llevan las de perder. Es como antes, solo que antes, cuando hablábamos de información, asumíamos que era verídica, que correspondía a la verdad. Ahora no. Ahora, cuando hablamos de información, asumimos que puede ser cierta, o no, y casi siempre es no. En cualquier caso, aún con la sospecha de que se trata de una manipulación, todos los días nos informamos de lo que pasa. O de lo que nos dicen que pasa.

Sí, el próximo año 2023, va a ser una mierda, pero no importa, tenemos que conseguir que nos parezca un año excelente. Basta con que nos digamos unos a otros que va a ser estupendo. 

Así que: demos la bienvenida al próspero y venturoso año 2023.


lunes, 26 de diciembre de 2022

El cuento que no he escrito yo

El año pasado dije que ya no volvería a escribir más cuentos de Navidad y cumplí mi palabra, no lo escribí. Este año, siguiendo mi promesa, tampoco lo he hecho. Doy por terminada, de forma definitiva, la costumbre de escribir un cuento navideño que inicié en el año 2000. 

Sin embargo, este año, alguien o algo, ha escrito el cuento por mí. Por curiosidad, le he pedido a un programa de inteligencia artificial que escriba un cuento navideño, y lo ha hecho en treinta segundos. Todo lo que yo le he indicado es que fuera corto y que los protagonistas del cuento fueran dos personas enfrentadas, dos enemigos de toda la vida. Esa ha sido toda mi aportación.

Os paso a continuación el resultado. No he cambiado ni una coma, lo transcribo tal cual lo ha escrito el programa.

Espero que os guste como si lo hubiera escrito yo mismo, que sé que me tenéis un razonable y merecido cariño.


(NO TIENE TÍTULO)

Era Navidad en plena guerra y dos soldados enemigos, uno de ellos llamado Juan y el otro llamado Pedro, se encontraban en la trinchera enfrente de cada uno. A pesar de estar en medio de una batalla, ambos sentían la magia del espíritu navideño y se preguntaban cómo sería celebrar la Navidad en sus hogares lejanos.

De repente, una granada cayó cerca de ellos y ambos soldados comenzaron a correr en direcciones opuestas. Cuando se detuvieron a tomar aliento, se encontraron cara a cara en un claro en medio del bosque. Sin pensarlo dos veces, sacaron sus armas y se prepararon para el combate.

Pero entonces, algo extraño sucedió. Juan comenzó a tararear una canción navideña y Pedro se unió a él. A pesar de ser enemigos, se dieron cuenta de que tenían más cosas en común de lo que habían pensado. Después de cantar juntos durante un rato, ambos soldados decidieron llamar un alto al fuego por un día y celebrar juntos la Navidad.

Juan y Pedro encontraron un árbol de Navidad cerca y lo decoraron con lo que encontraron en el bosque. Luego, compartieron una pequeña cena y se contaron historias sobre sus hogares y familias. Al final de la noche, se dieron la mano y se desearon felices fiestas.

A la mañana siguiente, ambos soldados regresaron a la guerra, pero la experiencia que compartieron juntos durante la Navidad nunca se les olvidaría. A pesar de las diferencias que los separaban, se dieron cuenta de que todos tenemos más en común de lo que pensamos y que la Navidad es una oportunidad para unirnos y celebrar la paz y el amor.


Vale, no es gran cosa, pero ¿quién escribiría algo así en treinta segundos. Da un poquito de miedo, y esto, en conjunto, es mi cuento de Navidad, un cuento de terror.



sábado, 17 de diciembre de 2022

Mi propósito para el nuevo año


He decidido que este año que viene me voy a hacer viejo. En primer lugar porque creo que los propósitos que nos propongamos han de ser fáciles de cumplir, y en segundo lugar porque empecé a ser joven hace mucho. Ya va siendo hora. 

Por supuesto que podría seguir siendo insolentemente joven todo el tiempo que me dé la gana, experiencia no me falta. De hecho tengo mucho más conocimiento de lo que significa la juventud que cualquiera de veinte y  pocos años. 

Además, he observado que no todo el mundo vale para ser joven. Parece algo sencillo, pero no lo es, incluso muchos jóvenes, por edad, no tienen la menor idea de cómo serlo. No, no basta con tener pocos años, ni con ser atrevido, irreverente y descarado.

El otro día escuché a alguien decir de un tercero, en tono casi de desprecio, que ya tenía treinta y muchos años. ¿Como que treinta y muchos? por muchos que le pongas a los treinta, no llega a cuarenta, y eso, queridos, es una mierda, no es nada. En mi lugar querría ver yo a ese añoso de treinta y muchos.

Estoy harto de oír hablar de la juventud como si fuera el resultado de un gran esfuerzo. Esta idea persistente y machacona aparece sobre todo en publicidad. Mensajes como  "Tú te lo has ganado" "Para gente como tú", "Porque no aceptas las normas", etcétera, nos llegan continuamente identificando juventud con sólo una de sus características.  Pero vamos a ver: "¿Tú te lo has ganado?"¿Pero ganado qué  y por qué? 

Es necesario ser joven con muchísimos años a las espaldas para darse cuenta del engaño.

Tenía un amigo de la infancia, que ya he recordado en otras ocasiones en este blog, que con apenas doce años, decía que estaba deseando ser viejo. ¿Para qué?, le preguntábamos intrigados sus amigos. Entonces,  mientras agitaba un bastón ficticio delante de él  con el que espantaba a imaginarios niños,  respondía con voz impostada: para poder decir "a ver, niñitos, apartad, apartad".

Pues eso, el próximo año, haré lo que mi amigo de la infancia, pero con un bastón real. También buscaré niñitos de verdad, pero me temo que ya no juegan en la calle, como entonces.

Maldita sea, voy a tener complicado esto de ser viejo. La única solución es sustituir a los niñitos por viejos como yo, incluso menos que yo.


Leoncio López Álvarez






viernes, 18 de noviembre de 2022

Muchas gracias, oiga


Quiero dar las gracias. De momento no sé a quién, pero declaro públicamente mi gratitud. 

Sabemos que para encontrar el bienestar, son más importantes las emociones que las razones, y estar agradecido es una de las emociones que nos hace más humanos. O menos, porque lo cierto es que se prodiga muy poco. Quizá yo sea la excepción. Bueno, soy la excepción ahora que he tomado la decisión de agradecer lo que sea a quién sea. Antes era como los demás, un soso. 

Las personas agradecidas son personas felices. Ejemplo que lo explica la mar de bien: imagina estar en una situación terrible, de esas que dices, madre mía la depresión que me va a entrar. Y efectivamente, va y te entra. Con motivos, no es una manía. Vale, pues ahora imagina que viene alguien y te soluciona el problema. Alguien o algo, puede ser una circunstancia, pura suerte, eso da igual. Pues bien, justo en ese momento, en el instante en que ves la luz, la emoción que domina en tu sistema límbico es la gratitud. ¿Y cómo te sientes? Feeeeeliz, te sientes feliz. La felicidad es simultánea con la gratitud. Siempre.

Dicho de otro modo, el sentimiento de gratitud es incompatible con la infelicidad. 

¿Cómo me he dado cuenta de esta realidad incuestionable? Pues muy fácil, observando a la gente infeliz. He mirado, analizado más bien, qué les pasa a los que están amargados todo el día, a los que se quejan por todo, quienes protestan, los que se indignan a la mínima, los que odian... y mi conclusión es que ninguno de ellos está agradecido a nada ni a nadie. Son gente sin este sentimiento fundamental: la gratitud. Ya les puedes hacer lo que se te ocurra para ayudarlos, jamás te darán las gracias. La terrible consecuencia es que pasados los primeros momentos, seguirán siendo infelices.

Haced como yo, buscad a alguien a quién agradecerle algo, y os encontraréis mucho mejor. Un amigo, vuestra pareja, tu colega... sirve hasta un cuñado. 

En este mundo hace falta más gente feliz, o lo que es lo mismo más gente agradecida. El mero hecho de haber nacido en España, por ejemplo, ya es un buen motivo. Aunque muchas veces no lo parezca.


Leoncio López Álvarez

viernes, 21 de octubre de 2022

Paseando a lo loco



Me gusta andar y me gusta andar fantaseando, pensando en mis cosas. Curiosamente, de la misma forma que la ropa y calzado que me pongo para andar por el campo difieren del que utilizo para mis promenades por la ciudad, mis fantasías también son bien distintas. 

Cuando estoy en la montaña, pienso en ideas más abstractas, quizá porque al sentirme al aire libre, mi mente, ilusionada por todo el espacio que se extiende frente a mí, se escapa sin que yo pueda hacer nada. Es como un perro que lleva mucho tiempo encerrado en una casa. 

Sin embargo, cuando ando por la calle, mis pensamientos son más disciplinados, siguen una trayectoria clarísima y obedecen a mis requerimientos. ¿Qué quiero pensar en el punto de ebullición del agua y el calor latente necesario para el cambio de fase? Pues nada, en un periquete me tienes recordando conocimientos oxidados pero imprescindibles a la hora de preparar un te correctamente. 

Esto es un ejemplo, que en honor a la verdad nunca se ha producido, pero ilustra perfectamente hasta qué punto, en mis paseos urbanos, mi mente me obedece, algo que jamás ocurre en el campo.

Últimamente, me estoy dedicando más a las excursiones por las calles de Madrid que por el monte, lo que son las cosas, y para darle emoción, voy a barrios que no conozco, o conozco muy poco. Cojo mi moto, y me voy, por ejemplo a la Vaguada. Aparco dónde se me ocurra y a partir de ahí, empiezo a recorrer calles por las que jamás he estado. Me interno en las zonas menos concurridas o las de mayor tráfico de personas, tanto me da, el caso es caminar por lugares ignotos para mí. O poco gnotos, como he dicho antes. Mucho más estimulante que andar por la Castellana, o Cea Bermudez, lugares pateados hasta la saciedad. 

En estas calles desconocidas, camino imaginando que soy un vecino más de ellas, y si por ejemplo paso por delante del portal número cinco, me dirijo al número treinta y cuatro con decisión, como si yo viviera allí. A ver qué me encuentro.

Pienso en como sería mi vida si realmente residiera en el número treinta y cuatro de la calle Melchor Fernández Almagro, pongo por caso. Me fijo en todo,  a qué restaurantes iría, cuál sería mi papelería preferida, bares... busco si hay algún gimnasio cerca donde acudiría de vez en cuando, de la misma forma que siempre he hecho en cada barrio en los que he vivido. También miro si hay librerías cerca, centros de salud... estudio cada detalle sin que se me pase por alto nada.

Por supuesto, parte de la experiencia, consiste en entrar en algún bar, observar a los parroquianos, lo que consumen, de qué hablan, si hay tragaperras, o televisión... toda información es valiosa para mi cuaderno de campo. He llegado a meterme en algún portal que se encontraba abierto, para respirar el olor de la escalera. Todas las casas tienen un olor especial, y si el portal es pequeño, más especial aún. Un olor que lleva años allí instalado, un olor privado; es un vecino más que vive en todo el edificio. 

Una vez, fui sorprendido por una vecina que sudaba como una cafetera, tratando de subir un carrito de la compra los cuatro escalones que tenía el portal en el que me había metido subrepticiamente. Me preguntó de malos modos, quién era. Por un instante sentí un pánico atroz pero me sobrepuse y con desparpajo le dije que había venido a visitar a un amigo. Me miró sin saber qué decir a continuación y yo me apresuré a ofrecer mi ayuda para subir su carrito y así cortar cualquier iniciativa de hacer otra pregunta. Me lo agradeció a su manera y yo me fui despidiéndome con cortesía.

He vuelto varias veces a ese mismo portal, pero nunca me he atrevido a traspasarlo de nuevo, pero si veo a la señora del carrito, la saludaré como un vecino más.


Leoncio López Álvarez

domingo, 11 de septiembre de 2022

Todo tiene explicación

 



Voy a empezar por las patatas, luego pasaré a las naranjas y terminaré con los ajos. El kilo de patatas se paga a los productores a diez y ocho céntimos y el consumidor, por ese mismo kilo, ya manoseado, paga un euro con cuarenta céntimos. Las naranjas, pasan de quince céntimos a un euro con cincuenta, que ya es exprimir al agricultor, y finalmente, los ajos, llegan al supermercado con un incremento del ochocientos por ciento (800%). Son sólo tres ejemplos, y si pongo más, el resultado es que la cesta de la compra ha subido más de un quince por ciento en lo que va de año, según la OCU. Y no me digan que las patatas, las naranjas o los ajos los traemos de Ucrania, porque no cuela.

Todos estamos de cuerdo en que esto es un disparate, tanto si podemos asumir la subida como si no, más de acuerdo están los que no. También, todos estamos de acuerdo en que alguienes, plural de alguien, se está forrando a base de bien con el rollo de la crisis, la guerra, que si patatín que si patatán y que el Pisuerga pasa por Valladolid. Hasta aquí, todos de acuerdo, supongo. Ahora viene lo bueno.

A yolanda Díaz, se le ha ocurrido, al ver que muchas familias lo tienen crudo a la hora de hacer la compra, poner un tope al forramiento de esos alguienes, al menos en los alimentos básicos (leche, huevos, pan, fruta...). El tope a los precios, ha dejado bien claro la vice, jamás sería impuesto por el gobierno, sino que sería el resultado de reuniones y consecuentes acuerdos, entre las grandes distribuidoras y los consumidores. Simplemente eso: un acuerdo, no se trata de la toma del palacio de invierno y nada tienen que temer los empresarios españoles, todos honradísimos y sobre los que no cae ninguna sospecha de aprovechamiento. Esto sólo va dirigido, y las razones son evidentes, a esos cinco o seis grandes distribuidoras que concentran el 50% del mercado.

La idea, aunque parezca original, no lo es. Ya se ha hecho en Francia. Y se ha hecho con los mismos preceptos anunciados en España: dentro de lo razonable y sobre todo, dentro de la ley. Tampoco tiene nada de original la idea, incluso, dentro de nuestro propio país, pues esto ya se hizo con el precio de las mascarillas (no quiero pensar lo que hubiera pasado si no se le hubiera puesto un límite), y también con la bombona de butano.

Vale, pues, ahora viene lo bueno, ¿preparados?

El sesenta y cinco por ciento de los españoles, estamos a favor de limitar los precios de los productos básicos. ¿Sólo el sesenta y cinco por ciento?, nos preguntamos alarmados muchos de nosotros. Pues sí, porque resulta que el ochenta y seis por ciento de los votantes de Vox están en contra (86%), a los que hay que sumar el sesenta y cinco por ciento de los votantes del PP (65%), y también un reducido cinco por ciento de votantes del PSOE (5%). 

Esta negativa por parte de los votantes de Vox y PP generalizada, sólo se explica si todos son propietarios de las cinco grandes distribuidoras de este país, en cuyo caso entendería perfectamente su oposición y nada que decir, o bien... joder, no se me ocurre otra razón.

Pues nada, felicidades a esos votantes de Vox y PP que además son todos  dueños y accionistas de los "oligopolios", y que sepan que los entiendo perfectamente. Cada uno tiene que defender los suyo.


Leoncio López Álvarez