lunes, 31 de agosto de 2026

Fantasmas, fantasmones y fantoches.

     



    No hay nada más actual que hablar del pasado. Nos encanta. Para poder hacerlo es imprescindible tener eso, un pasado, algo que está al alcance de todo el mundo, niños incluidos. Sin embargo, antes, el pasado tenías que ganártelo, solo lo tenían las personas que habían vivido muchos años, es decir, los viejos, no como ahora que cualquier joven ya tiene tres  o cuatro pasados. 

    El presente cada vez dura menos, todo se desvanece en un decir Jesús, sin darnos cuenta. No estoy exagerando, mira tu teléfono móvil, ese chisme que tienes a tu lado desde que te levantas como si formara parte de tu cuerpo. ¿Lo ves? Ya es antiguo.

    Cuando yo era joven, el tiempo duraba muchísimo más, dónde va a parar. Nos daba tiempo a saborear la  última tendencia, las modas duraban lo suficiente para que todo el mundo se enterara de qué era lo que estaba pitando, no como ahora, que hay modas que nadie se entera de que ya han pasado. Hoy, los que "farmean" auras, mañana lo verán en Tik Tok y se verán ridículos. Lógico, yo los veo ridículos sin esperar a mañana. Nada que ver con lo de antes, yo me tiré diez años diciendo "demasié composé", que también era ridículo, por cierto.

    Hoy, mi amigo, el pintor Marcos Carrascome ha mandado una foto de un kiosco precioso que se ha encontrado paseando por su barrio. Abandonado, por supuesto. Pertenece a ese estilo fernandino que se puso de moda en Madrid en su mobiliario urbano en los ochenta: farolas, chismes muy voluminosos redondos dónde colocaban publicidad, kioscos, bancos,... ahora, todo aquello apenas se ve y cuando se ve, se ve que son fantasmas.

     El kiosco, sea fernandino o como sea, ya es un fantasma. Un fantasma de los de antes, de los que han vivido durante mucho tiempo y ahora vagan arrastrando sus cadenas poniendo todo perdido de ectoplasma, no como los fantasmas de ahora, que ni arrastran cadenas ni tienen ectoplasma ni han vivido muchos años. Son fantasmas que no asustan a nadie, fantasmas que no tienen vida, si me permitís el pleonasmo.

   Ahora tenemos fantasmillas sin ninguna personalidad. Son los llamados fantoches de toda la vida. Una mierda.


    Os pongo un enlace de Instantes Narrativos, el canal de YouTube que manteníamos mi amigo Marcos y yo, donde los protagonistas son los quioscos ya cadáveres. Entonces escribí quiosco con "Q" y ahora con "K". Qué más les da a ellos si ya no existen. Pobres.




Y este es el quiosco, ya fantasma, que se encontró el otro día Marcos. ¿Da pena o no? Pues eso.







domingo, 16 de agosto de 2026

Yo sigo con el eclipse

    



Muchas veces me he preguntado qué nos hace diferentes a las personas. No me refiero al aspecto físico, eso es obvio, sino a lo que somos independientemente del cuerpo. ¿Por qué a mí me parece que bombardear un hospital es intolerable, y mi vecino lo justifica porque... ¡yo qué sé, pero le parece estupendo! ?

    La diferencia está en cómo pensamos sobre lo que nos rodea, esa es la diferencia y por eso somos diferentes mi vecino y yo. Las personas nos diferenciamos por los pensamientos que tenemos.

    El ser humano tiene, como promedio, 86.000 millones de neuronas, que se dice pronto. Todo el mundo sabe, incluso los que tienen muchas menos, que el pensamiento se produce gracias a esas células de aspecto absurdo. ¿Cómo se realiza el fenómeno? De la manera más sencilla: recibimos un estímulo y varias zonas del cerebro procesan esa información y a continuación, ¡zas! se produce un pensamiento. Ese estímulo puede ser simplemente escuchar una palabra, o contemplar... una estrella.

    Atención, porque ahora viene lo bueno. Si dos personas piensan EXACTAMENTE lo mismo durante una fracción de segundo, podemos decir que durante esa fracción de segundo no hay diferencia entre esas dos personas, ya que tienen el mismo pensamiento, y por tanto son IDÉNTICAS. Es poco tiempo, vale, pero es innegable que en ese momento, dos, o más personas, se han convertido en solo una. Han pasado de ser, quizá multitud, a formar un único ser independiente. 

    Estoy convencido de que el pasado 12 de agosto, durante unas fracciones de segundo, muchos de los humanos que contemplamos el eclipse, fuimos el mismo individuo. Muchos de nosotros, a través de nuestras neuronas, cada uno las suyas, procesamos la información que recibíamos, con el resultado de obtener todos el mismo pensamiento. Entonces, justo en ese momento, no había diferencia entre nosotros, éramos el mismo tipo, neurona por neurona. 

    Pues ahí no acaba la cosa. Recuerdo que cuando yo tenía 16 años, mi novia y yo decidimos, la primera vez que nos separamos por vacaciones, mirar a una estrella a las once en punto de la noche. Albergábamos la romántica idea de que esa estrella fuera la misma. No nos habíamos planteado nada de lo que acabo de decir, pero ahora veo claro que lo que deseábamos  inconscientemente, era ser la misma persona durante unos segundos. 

    Qué bonito es el amor, ¡qué bonito!





viernes, 31 de julio de 2026

No hay despedida sin dolor



    Últimamente estoy empezando a obsesionarme, y eso no es nada bueno. Uno no se obsesiona en general, claro, sino que se obsesiona con algo concreto. En mi caso me estoy obsesionando con el paso del tiempo y lo que eso significa para los que estamos vivos. 

    El hombre siempre ha tratado de encontrar la gran diferencia que le separa del resto de animales en una clara demostración de su convencimiento de superioridad, y todo lo que ha encontrado es que nosotros sí somos conscientes de que nos vamos a morir. Por lo visto, los demás seres vivos ignoran este dato, lo que les evita obsesionarse, como me estoy obsesionando yo. Tiene narices, la gran diferencia entre un chihuahua y yo, juega en mi contra, y mientras él es feliz hasta que estira la pata, yo me paso los últimos años en un sinvivir. Y luego decimos que somos superiores, hay que fastidiarse.

    Como pasa con cualquier obsesión, me veo impulsado a reservar cierto tiempo al día para pensar sobre la mía. Yo me tomo muy en serio esto de las obsesiones, quizá porque solo tengo una, y procuro dedicar, por lo menos, media hora diaria a darle vueltas al paso del tiempo. 

    En mi sesión de ayer llegué a la siguiente conclusión, que me parece que se va a convertir en otra obsesión. Pensé, que cuando me muera y me vaya al infierno (la otra opción queda  descartada por inconfesables motivos) voy a echar mucho de menos a mis vivos y eso me va a matar de pena. Porque se habla mucho de todo lo que los vivos lloramos cuando se nos muere un ser querido, pero nadie dice nada de lo mucho que llorará el muerto por el mismo motivo. El sentimiento de pérdida es recíproco. 

    En otras palabras, si yo me muero, me echarán de menos media docena de personas, pongamos por caso, pero quién sale perdiendo con la separación soy yo que echaré de menos, no a una persona, sino a seis. 

    La conclusión es que los muertos lloran a sus vivos lo mismo que los vivos a sus muertos, pero como cada muerto tiene más vivos que añorar, el sufrimiento será mayor. 

    Prefiero lo del chichuahua.






lunes, 27 de julio de 2026

Quicretor



    

El idioma español es, por lo visto, uno de os más complicados de aprender para un angloparlante por la dificultad que encierra la conjugación de sus verbos. Tenemos tres terminaciones, en ar, er e ir, y las tenemos como herencia fatigosa del latín que ya las tenía. En realidad, en latín hay cuatro, pues la terminación en er, se desdobla en er abierta y er cerrada. Más lío.

    Es curioso observar que la terminación más operativa de las tres, es la correspondiente a la primera conjugación: ar. De hecho, es siempre la que utilizamos cuando introducimos un neologismo verbal: googlear, tuitear, chatear... También recurrimos a ella cuando nos inventamos un nuevo verbo: podcastear, o lo que estoy haciendo yo ahora, bloguear. Parece lo mismo, pero hay una sutil diferencia: el primer caso, el de los neologismos, cuenta con la bendición académica, mientras que el segundo caso aún no ha pasado por ese tramite y es lo que nos sale de nuestro natural. Y de forma unánime. A nadie se le ocurre decir, ayer fui a tardeir con mi amiga Salomé.

    Esta situación es de una injusticia atroz detectable para cualquiera que tenga un mínimo sentido de la justicia. La justicia debe llegar a todos los rincones, no solo a los concernientes al comportamiento humano y ha de aplicarse también en asuntos semánticos, lexicológicos, y ya puestos, morfológicos. Por eso, propongo dejar de utilizar siempre la primera conjugación para acuñar verbos que los nuevos tiempos demandan. Y voy más lejos (total, no me cuesta ningún trabajo), propongo la formación de una nueva conjugación, la cuarta, para estos nuevos verbos, y hacerlos terminar en or.

    Esta propuesta no tendría ningún sentido si no la aplico a un caso en concreto y es lo que voy a hacer inmediatamente para eliminar cualquier sospecha de falta de fe en el proyecto.

    Atención,  el primer verbo en español, o castellano, no voy a entrar en esa polémica, de la cuarta conjugación, es...

QUICRETOR   

    Se conjugará siguiendo las normas de la primera conjugación para simplificar, de modo que diremos: Fulanito quicretea de lo lindo, o, menganito siempre está quicreteando. Este verbo, además de hacer justicia con su terminación innovadora, es de una utilidad inimaginable a día de hoy. Podemos decir sin riesgo a equivocarnos que la totalidad de la población no para de quicretor. Siempre se ha quicreteado bastante, las cosas como son, pero actualmente, con las redes sociales, que más bien son marañas, no se para de quicretor. La mayor parte de las veces de quicretea con tal pasión que la gente se vuelve idiota.

    Ahora, igual que cuando se descubre la placa en una inauguración, viene el momento más emotivo, desvelar el significado del nuevo verbo que sin duda gozará de una vida muy larga.

    Quicretor, atención, significa estar dispuesto a creerse todo lo que te digan y refuerce lo que ya pensabas antes de leer nada. Es la síntesis, correctamente formada de QUIero CREer TOdo. Quicretor. Está clarísimo. 

    Pues eso, espero y os deseo que no quicretéis.







sábado, 18 de julio de 2026

El gran partido


  

    Antes de que se juegue el gran partido que va a enfrentar a España contra Argentina, quiero remarcar precisamente eso: que se trata de España contra Argentina. Ya no es simplemente un deporte, un juego, es una batalla dónde habrá un país vencedor y un país vencido. Así es el fútbol, un remedo del enfrentamiento entres dos bandos: Barcelona contra Madrid, Canarias contra Valladolid, Inglaterra contra Escocia.... y en el campeonato mundial, es... la mundial.

    Yo soy un gran aficionado al tenis, y jamás he visto que cuando se enfrentaba Nadal contra Federer los espectadores nos tomáramos el partido como una contienda entre España y Suiza, pero con el fútbol eso sí pasa. El fútbol, por lo que yo puedo observar, apela al sentimiento de tribu de una forma apasionada, por eso es tan apasionado. Sus seguidores realmente sufren cuando pierde su equipo y lo celebran hasta el paroxismo cuando gana. Los más forofos llegan a llorar con la derrota y con la victoria se vuelven locos como si a ellos les afectara realmente en algo. Ese es el secreto del enorme éxito que tiene este deporte (supongo), que trasciende al espectáculo y toca la fibra del honor tribal que hay que defender. Rajoy, no ha podido dejarlo más claro con su racista comentario sobre los jugadores de la selección francesa.

Admitámoslo, un partido de fútbol, o te empapas de ese fervor, o resulta tedioso. Eso sí, como lo sientas como algo tuyo... nada va a resultar tan emocionante.

    Según he escuchado esta tarde, para la final de mañana la entrada tiene un precio que oscila entre los 7.125 € y los 83.639. La exactitud del precio también me ha sorprendido a mí, pero es lo que aparece en la web de Radio Televisión Española (creo que se debe a que el precio no es fijo sino que varía según la demanda. Anda que no son listos). Viendo las dimensiones del estadio dónde se va a celebrar la final, cabe esperar que desde la localidad de 7.125 €, si el espectador quiere ver el partido en detalle, más vale que se lleve una televisión portátil o lo siga por su teléfono móvil. Y ya no quedan entradas, se han agotado todas. 

    Otro dato interesante: según Bloomberg Intelligence, la FIFA obtendrá 9.000 millones de dólares en ingresos por esta copa de fútbol, lo que representa un incremento superior al 40% respecto al récord anterior de 6.300 millones registrado en el mundial de Qatar de 2.022.

    El fútbol cada vez  mueve más pasta. Sus organizadores y empresarios saben que el aficionado está dispuesto a todo porque la pasión es lo que tiene, que no entiende de razones, y van a seguir explotando esa mina con variadas estrategias. 

    Por ejemplo, esas pausas de hidratación, innovación de este mundial, que nos parecen tan humanas para evitar que los deportistas no se mueran en mitad del campo, están pensadas únicamente para poner anuncios de televisión que se pagan a precio de oro. 

     La presión que hay en los medios con noticias de fútbol hoy día llega a ser abrumadora; los que disfrutan con el fútbol no lo notan, pero yo siento que alguien está intentando por todos los medios que yo me sienta interesado por el fútbol. Me levanto con noticas de fútbol y sigo así todo el día, machacado por radio, televisión y prensa, hasta que por la noche me meto en la cama y ahí siguen, intentado que me aficione.  Los que hayan leído Trampa 22 de Joseph Heller me entenderán cuando digo que me siento como su protagonista, Yosariam, que está convencido de que  lo único que quieren los alemanes es matarlo a él. Y no le falta razón, eso es exactamente lo que querían los alemanes, matarlo a él y a todos los pilotos de bombarderos, pero claro, él veía el fenómeno desde su única perspectiva.

    En fin, estoy seguro de que mañana veré el partido y eso de que gane el mejor, nada: espero de corazón que  gane España y si es por goleada, mejor. Disfrutad del partido.











lunes, 6 de julio de 2026

Golazo por todo lo alto.

     



Voy a ser muy breve, sobre todo porque no tengo ni la menor idea de fútbol y una vez que diga lo que quiero decir, que lo toca de rebote, me quedo fuera de juego.

    Esta mañana he escuchado en la radio y luego lo he leído en dos periódicos, una noticia que a todos, espero, nos ha llenado de estupor. Se trata de lo siguiente: un jugador es sancionado durante un partido con la tarjeta roja, lo que por lo visto, le inhabilita para seguir participando en los torneos de la Copa del Mundo, peeeeeero, tras la pertinente llamada de Trum a la FIFA, se le retira la sanción por lo que podrá seguir jugando el siguiente partido. Como si la cosa no fuera con él. 

    Y así es: la cosa no va con él porque él es el jugador estrella de la selección de USA, y si Trump se salta las leyes internacionales que hablan de derechos humanos, y también se salta las propias que protegen a sus ciudadanos, como cualquiera puede entender, saltarse ahora las leyes del fútbol es una chorrada.

    Ya he dicho que el fútbol no me interesa pero es imposible no enterarse de noticias sobre este deporte, y me suena que la FIFA ya hizo el imbécil antes de empezar la Copa del Mundo, regalándole a Trump una medalla: la medalla de la FIFA de la paz, un sucedáneo chungo del Nobel, recién inventada este año para Trump. 

    Se levanta la veda al juego sucio. Joder, es que no se cansan...






Catástrofe natural

 Pues eso:


AQUÍ, EN NUEVA TRIBUNA


lunes, 29 de junio de 2026

Catástrofe natural


    

   

    No hay alivio para el dolor. Ya sé que la noticia no es de ahora, que va con retraso, pero bajo esos escombros el tiempo se ha detenido, ya no cuenta. Hubo un momento en que aún se podían salvar vidas, quedaba la lejana posibilidad de escuchar alguna señal que animara a escarbar hasta con las manos, pero ahora eso ya no es posible, no hay ni esperanza. 

    Igual que este edificio hay cientos, imposible conocer la cantidad exacta. Lo que sí se conoce es que muchos de sus moradores están muertos. Niños (siempre ponemos a los niños en primer lugar, porque la injusticia es mayor con ellos), ancianos, jóvenes, mujeres que atienden, atendían a sus familias, profesionales que iban a sus trabajos, comerciantes a sus negocios... todos han perdido sus casas, nadie está a salvo del horror.

    Donde hubo barrios llenos de vida, ahora es una montaña de edificios muertos y parece que la suerte, la mala, se ha cebado con los hospitales: el 92% está destruido. El panorama no puede ser más desolador: sin agua, sin electricidad, sin servicios de limpieza, sin policía, sin bomberos, sin profesores porque ya no hay colegios, sin comida, sin casas dónde vivir ni hospitales dónde morir ni siquiera cementerios dónde ser enterrados,... y lo peor de todo ¡sin ayuda!

    Nadie ha acudido a echar una mano porque no dejaban entrar a nadie, tan solo podía pasar el ejército más moral del mundo. Muchos lo han intentado y sus coches han sido bombardeados.

    Van más de 73.000 muertos y Netanyahu sigue matando con toda naturalidad. Es lo que tienen las catástrofes naturales.