domingo, 25 de enero de 2026

Con ese tumbao que tienen los guapos al caminar

    


    Lo de ser guapo tiene que estar muy bien. Uno no se hace guapo a base de esfuerzo y dedicación, sino que le sale sin querer. Nace ya hermoso, como un bebé de esos que aparecen en los botes de leche maternizada, y esa hermosura le dura toda la vida. Así, sin tener que mover ni un dedo, ¡plas! nazco y a continuación soy guapo. Un regalo de los dioses.

    Los guapos tienen sus propios gestos que comparten sin tener que aprenderlos, y que nos están vedados a los del montón. La sonrisa cautivadora les sale sin pensárselo, como esa caída de ojos, siempre arrebatadora, con la que consiguen ablandar el corazón más duro. Yo intento hacer uno de sus gestos y es para partirse de risa. ¿Cómo lo harán los malditos?  Arquean las cejas y en lugar de ponérseles cara de sorpresa, como a todo el mundo, parece que a continuación van a dar la fórmula de la vacuna contra el dengue. 

    Los guapos ya tienen bastante con ser guapos, pero es que además no se les pone cara de idiota nunca. Esto sí que es una gran ventaja. Todos tenemos algún amigo muy inteligente que en algún momento le hemos pillado con cara de no tener ni idea de qué pasa a su alrededor.  Esto es algo que jamás le va a pasar a un guapo. 

    No sé cómo se las apañan, pero siempre adoptan gestos la mar de interesantes. Tienen control en cada uno de los músculos de la cara y saben cómo elevar una ceja dejando la otra imperturbable y que el conjunto, añadiendo brillo, vete a saber cómo, a sus ojos verdes, resulte convincente. Si a continuación dicen: "yo tengo la solución", da igual lo que diga, todo el mundo le prestará atención. 

     Quiero resaltar que he utilizado todo el tiempo el adjetivo "guapo", no como genérico que engloba también a las guapas, sino como restrictivo a los hombres. Curiosa y lamentablemente, las guapas se quedan en guapas, guapísimas, bellezones... sin más. Incluso muchos, y muchas, tratarán de encontrar alguna conexión de la guapa con la triste frase de "no se puede ser guapa y lista a la vez".

    Pues no está bien.









martes, 13 de enero de 2026

El día entre paréntesis



    


    Todos los días hay que leer una poesía o dos. Lo recomendable es una por la mañana, antes del desayuno, y otra por la noche, justo antes de ir a dormir. Sientan fenomenal. 

    Se trata de un tratamiento, valga la redundancia, de comprobada eficacia para combatir, entre otras cosas, la vulgaridad. También viene muy bien para mantener la mente despierta y la imaginación activa. Estimula el apetito por la lectura y tiene la enorme ventaja, aunque suene a perjuicio, de crear dependencia. No se conocen contraindicaciones y su uso prolongado alarga la vida. Bueno, esto último de que alarga la vida, es una exageración que me he sacado de la manga.

    Puedo enumerar más ventajas sin necesidad de inventármelas, que conste. Por ejemplo, no necesita receta y se  puede y debe administrar también a niños, aunque actualmente no hay mucha oferta en el mercado. Gloria Fuertes detuvo su producción hace tiempo y se nota ese vacío. 

    Y ahora que cito a Gloria Fuertes me vais a permitir una reflexión: en España tenemos magníficos escritores de literatura infantil y juvenil, pero ya no tenemos magníficos poetas que dirijan sus rimas, sus asonancias o sus versos libres a niños y jóvenes. Seguro que ganas no faltan, pero claro, morirse de hambre no es un incentivo que atraiga a muchos talentos.

    Precisamente, hoy he estado en una libraría en la sección infantil buscando El perro que dijo miau (extremadamente recomendable también para niños) y me ha llamado la atención que entre esos magníficos escritores de literatura infantil, hay legión que escriben sobre el fútbol. Nada que objetar, Dios me libre, pero me ha llamado la atención, eso es todo.

    Que conste que cuando he empezado hablando de poesía, no tenía ni idea de que la cosa iba a acabar en fútbol. Como los telediarios y como casi todo. 



viernes, 2 de enero de 2026

Me voy a ir yendo


    

Me voy a ir yendo. El español, me refiero al idioma, merece la pena hablarlo solo por poder decir, me voy a ir yendo y que todo el mundo te entienda. Una expresión con cinco palabras, tres son el mismo verbo conjugado en tiempos diferentes, que tiene un significado único. Único y preciso, la frase no admite interpretaciones ni ambigüedades; imposible ser más claro.

    No conozco una forma más elegante para anunciar la inminente partida tratando de que nadie sienta demasiado la ausencia. Cualquier despedida conlleva un abandono, pero dicho así, va a ser un abandono sin dolor.  Es como dejar de fumar de forma gradual, pausada, mucho menos traumático que hacerlo de golpe. 

    Me voy a ir yendo... da la sensación de que me voy pero que al mismo tiempo me quedo. Me voy pero sin querer, poco a poco, de forma que tú, ni te vas a dar cuenta. Así da gusto irse; nadie va a echar de menos a nadie.

    A Galileo Galilei, ya saben, el de "eppur si muove", le preguntaron, ya añoso, cuántos años tenía y contestó que unos doce más o menos. Luego explicó, que da la misma forma que si te preguntan cuántas monedas tienes, no contestas con las que te has gastado sino las que te quedan en el bolsillo, él se refería a los años que estimaba que aún tenía por delante. Digna respuesta de un matemático.

    Hoy es mi cumpleaños y la sensación que he tenido durante todo el día es la que encierra esa frase de inicio. Una sensación de me voy a ir yendo. Se puede referir a mí mismo, no lo sé, o quizá, ese me voy a ir yendo, es la frase que subconscientemente escucho en mi interior. No la digo yo, la dicen un montón de cosas que hasta ahora me han acompañado obstinadamente durante toda mi vida. Hoy, por fin, algunas han empezado a decirme: me voy a ir yendo. Tomo nota.








    


viernes, 26 de diciembre de 2025

Parvitas hominis


     


  La humanidad ha sufrido dos grandes ultrajes a lo largo de su historia. El primero fue cuando la física renacentista demostró que la Tierra no era el centro del universo, ni siquiera el centro del sistema solar. Después llegó Darwin y puso al hombre en su sitio, al lado del mandril y de la zarigüeya: un producto más de la evolución animal.

    Pero ahí no acabaron los disgustos para el pobre Hombre. Luego llegó Sigmund Freud y asestó otro golpe a los que aún, convencidos de su superioridad emanada de ser la criatura elegida por Dios, esgrimían su libertad como bien inigualable. Pues... tampoco. 

    Resulta que el psicoanálisis dejó al descubierto que ni siquiera somos dueños de nosotros mismos. Freud descubrió el subconsciente y la consecuencia de tenerlo, que significa que de libres, nada monada, ya que por encima, o por debajo, o por detrás de la voluntad del consciente, se esconden los condicionantes que impone el subconsciente. 

    La mayor parte de las veces actuamos movidos por fuerzas que ni siquiera sospechamos que tenemos y que además son determinantes. Hay fuerzas inconscientes y. subconscientes que escapan de nuestro dominio. Muchas se han formado en la niñez, cuando nadie miraba, pero ahí quedan. 

    Esta tontería que tenía el Hombre con ser perfecto, es comprensible. ¿Cómo no iba a ser superior si había sido creado por Dios a su imagen y semejanza? Una vez más, la realidad se impone, incluso a Dios bendito. 

    Casandro le recordaba a Alejandro Magno que era mortal, y que después de sus hazañas y conquistas moriría como todos. Para dejar las cosas claras, según algunas teorías,  se lo cargó. Este desenlace no es unánime, pero de que murió no queda ninguna duda.

    ¿A qué viene todo este rollo? Pues no sé, puede ser que la Navidad es un buen momento para la humildad, y este año me veo yo muy navideño. Hasta he comprado turrón, algo que no había hecho jamás.







domingo, 21 de diciembre de 2025

Magia potagia


     


El mayor topicazo de las navidades, es, precisamente, hablar de todos los tópicos que acompañan a estas fiestas. Es una especie de metatópico. Podemos leer una noticia sobre un concurso de belenes, y en la página siguiente, un artículo que expresa el hartazgo de belenes, villancicos y turrones, aunque luego, todos acabamos comiendo roscón de reyes. Y uvas, con el consabido arranque de ingenio alegrándonos de que no sean melones o cocos. Es imposible escapar de los tópicos y también de quienes insisten en señalar amargamente su empacho por volver a sufrirlos, cayendo ellos mismos en otro tópico igual de coñazo.

    Pero... hay algo que flota por encima de toda esa salsa en la que chapoteamos, queramos o no chapotear, cuando llega la Navidad. Inatacable, irreprochable, fuera de toda crítica, respetada por todos y desapercibida por casi todos.

    Voy a dejaros unos segundos para que busquéis  en vuestros pensamientos y en todas las sensaciones que os provocan las navidades, para ver si coincidimos en qué puede ser eso que está por encima de la mera celebración de una determinada fecha.

    Obviamente no tenemos por qué estar de acuerdo, se trata de una  percepción y las percepciones pasan por diferentes filtros que cada uno pone antes de que el estímulo llegue a su consciente y saque sus conclusiones.

    En mi caso, ese algo supranavideño,  es la ilusión que mantienen los niños, discretamente durante todo el tiempo que duran las celebraciones, y explosivamente en momentos puntuales. Y solo por eso merecen la pena.

    Esta mañana hemos estado un grupo de magos haciendo magia solo para niños en una parroquia de la Vaguada, y según iban entrando los niños, ante la vista de la decoración, los dulces, las mesas donde estábamos sentados los magos... desprendían una nube invisible de felicidad de la que era imposible mantenerse ajeno. 

    Si no estáis de acuerdo, no pasa nada y si coincidís, ¡felices fiestas! y que la ilusión os siga acompañando siempre.





miércoles, 17 de diciembre de 2025

Silencio, se ruega

     




  Hay preguntas que no tienen respuesta; por ejemplo, por qué la FIFA se ha inventado un premio, el Premio de la Paz, para dárselo a Trump. Se lo ha entregado en el sorteo de grupos para el Mundial del 2026. Todo de una lógica sin fisuras.

    Sobre este personaje, Trump, hay muchísimas preguntas sin respuesta y la mayoría de las veces es porque quienes podrían responder, prefieren callar. El silencio es la prueba más sonora del sometimiento. Los empleados atemorizados por las injusticias del malévolo jefe, callan, igual que las mujeres sumisas ante la agresiva actitud de sus maridos maltratadores. Hasta que un día, hartas, y hartos, deciden alzar la voz y entonces... lo pagan caro.

    Es terrible que esto le ocurra a un padre de familia cuyo sustento depende de su trabajo, o a una mujer que se juega la vida si alza la voz, pero terrible, además de incomprensible, es que lo mismo le ocurra a un continente, y aún más, a un planeta. 

    Cuando alguien se pregunta cómo es posible tanta pasividad, tanta callada sumisión, tanto oneroso silencio, se encuentra con que no hay respuesta y sin respuestas no hay razones.

    Edmund Burke fue un escritor, político y filósofo irlandés, conservador liberal del siglo XVIII, que es conocido por su acertada frase que más tarde inspiró a Martin Luther King, y ya de paso, también a mí. Burke dijo: "para que el mal triunfe solo se necesita que los buenos no hagan nada". Luther King dijo:"no me estremece la maldad de los malos sino la indiferencia de los buenos". Y finalmente yo digo: "¿qué cojones tiene que hacer Trump para que Europa, la OTAN o el sursuncorda, le diga que se está pasando y que ni una más?

    Lo malo, es que al amparo de la impunidad de Trump, actúa una legión de segundones animados por su éxito.  

    Y el silencio de los corderos ahí sigue, extendiéndose como el culantrillo sin que nadie diga ni mú.



    

martes, 16 de diciembre de 2025

DE PAÑUELOS Y DE MOCOS

     




    Todos hemos dicho alguna vez "el mundo es un pañuelo", y es una verdad científicamente comprobable. Está respaldada por la teoría de los Seis Grados de Separación, que postula que cualquier persona del mundo puede estar conectada con cualquier otra a través de una cadena de no más de cinco intermediarios (es decir, seis enlaces en total).    

    Si no te lo crees, echa cuentas: si de media cada persona conoce a unas cien personas, la red crece exponencialmente, 100 X 100 = 10.000, y así sucesivamente, hasta que en seis enlaces se supera la población mundial.

    Esta teoría quedó confirmada por el psicólogo Stanley Lilgram a través de un experimento que podéis ver en Internet y así me ahorro explicarlo. A lo que voy, es a otra cosa.

    Esto significa que en seis pasos, como mucho, podemos conectar con Trump, con Putin o con la madre que los parió. ¿No es maravilloso?

    Animo a que todos mandemos un mensaje, cada cual a quién considere más oportuno, poniéndolo a parir. Pronto, según esta teoría, llegará a sus oídos. 

    Por supuesto, el mensaje también puede ser de felicitación, la teoría de los Seis Grados de Separación se cumple independientemente de lo que queramos decir, pero hombre... yo creo que tiene mucha más gracias aprovechar la ciencia para ciscarnos en un capullo que para darle palmaditas en la espalda. Para eso ya tiene a sus cien contactos directos.