sábado, 31 de enero de 2015

Libros que hay que tener




LIBROS QUE HAY QUE TENER (que los leas es indiferente, pero tenlos)


Este blog nació con una tímida intención literaria y hasta cierto punto se ha mantenido esa idea original, pues la única cosa que se puede hacer aquí es leer. Ciertamente no hay críticas sobre libros, ni información de novedades ni siquiera recomendaciones de lecturas que al administrador de este espacio le hayan parecido, si no imprescindibles, al menos aconsejables por cualquiera de los múltiples motivos que un libro lo puede ser.

Bien, esto ha así ha sido hasta hoy pero en esta ocasión va a ser diferente y os voy a recomendar, no un libro sino dos. Dos libros por el precio de dos.

El primero es El Ladrón de Nubes que salió el año pasado (podéis leer la crítica que hizo César Mallorquí, Premio Nacional de Literatura Juvenil entre otras cosas, aquí), y aún quedan ejemplares (varias toneladas) que se pueden pedir directamente a la editorial, pinchando aquí o en la portada del libro que aparece arriba a la derecha.


El segundo libro que os voy a recomendar es El astrofísico que era poeta y otras cosas peores. Se trata de una colección de relatos bastante surrealistas, donde los dos protagonistas son amigos de toda la vida y se reúnen en un bar único para contarse unas historias que no hay quién se las crea. Salvo uno de ellos que se cree todo.







Supongo que debe de estar bien, porque si no, el editor me lo habría dicho. La presentación del libro, por cierto, es el viernes 27 de febrero en el bar Río Tormes de Madrid, en Zurbano 84, casi esquina con José Abascal, a las 7 de la tarde, pero no os preocupéis porque lo repetiré de nuevo unas cuantas veces. Quizá cien o doscientas.

Estos dos libros tienen en común al autor, que, aunque los más sagaces ya saben de quién se trata, conviene dejarlo claro: soy yo.

Todo esto lo digo con ánimo de lucro, pues quiero lucrarme, y si me puedo lucrar a lo bestia mejor.

Seguiréis teniendo noticias de esta nueva sección de mi blog, que la podemos llamar, libros que hay que tener, en venideras apariciones que os adelanto serán apasionantes.

Por cierto, los dos libros de los que os he hablado hoy, volverán a ser los protagonistas en esta misma sección hasta que se hayan vendido medio millón de ejemplares de cada uno, así que vosotros veréis qué hacemos.











miércoles, 28 de enero de 2015

Homo sapiens





El Homo sapines, es decir, nosotros, es el único ejemplar que queda de humano. Hubo un tiempo en que llegaron a convivir varias especies de humanos, y aquí conviene hacer una aclaración muy necesaria, pues tenemos la convicción de haber sido siempre únicos pero lo cierto es que hace nada más que cien mil años, había al menos seis especies diferentes de humanos sobre la tierra. Homo es el género y sapiens es la especie, de la misma forma que león es una especie dentro del género panthera (los géneros a su vez se agrupan en familias, y en el ejemplo anterior, el león pertenece a la familia de los félidos. Nuestra familia es la de los grandes simios, por si alguien está interesado en escribir a algún pariente). Pues bien, como decía, hubo un tiempo en que convivían varias especies de humanos, pero desaparecieron para siempre; la más conocida es el homo neandertalensis, y la que más tiempo estuvo sobre la tierra antes de extinguirse es el homo erectus, y estuvo tanto tiempo que se pensó que eran antepasados nuestros, cuando la realidad es que constituyen una especie de humanos diferente, como ya he dicho.
El homo erectus habitó la tierra nada menos que durante dos millones de años, y que se sepa, no iban fardando de lo fenomenales que eran, ni lo bien que les sentaba andar erguidos; no como nosotros que no paramos de decir lo inteligentes y simpáticos que somos, cuando la realidad es que a pesar de nuestra gran inteligencia se estima que no duraremos otros mil años más. En cualquier caso estamos muy lejos de alcanzar la permanencia del erectus, y eso que él no consiguió ni pisar la luna ni dividir el átomo en cachitos, ni siquiera escribir “mi mamá me mima”.
Yo tengo mi teoría para explicar el fracaso que se nos avecina inevitablemente. Para mí, después de darle bastantes vueltas al asunto, lo que nos pasa es que vamos a morir de éxito. Los avances tecnológicos se suceden con excesiva rapidez y eso no puede ser bueno, y nos está sucediendo desde hace muy poco tiempo, exactamente desde que se inauguró la etapa digital. Desde entonces, es que no paramos. No se puede estar en un mundo donde tu teléfono móvil queda anticuado en cuestión de meses y esperar que eso no traiga consecuencias fatales. Te compras el último modelo de lo que sea que funcione con coltán, y a las pocas semanas ya estás recibiendo el mensaje de que te descargues la nueva versión del chirifú que lo hace funcionar. Yo estoy tan harto de descargarme cosas (tengo la impresión de que no hago otra cosa en todo el día), que he renunciado a tener la última versión de cada invento, ¿y cuales son las consecuencias de mi decisión, sabia en apariencia y previsible conociendo mi carácter? Pues que la mitad de las “aplicaciones” han dejado de funcionar. Cojonudo. Tengo un teléfono que me costó 600 euros y ya no me sirve para pagar el ticket del aparcamiento, lo cual me parecía una idea estupenda. E-Park, que así se llama la aplicación, solo funciona con la última versión de iOS, que supongo debe andar ya cerca de la número tresmil…, yo qué sé.
Pero eso es un simple ejemplo, tengo más, pero me deprime hablar de lo que supone sin ninguna duda el principio del final de la humanidad, y no olvidemos que con nosotros, desaparecerá no solo una especie, sino un género entero.

Todo por culpa de los sistema operativos.



martes, 20 de enero de 2015

Descubrimientos chorras








La curiosidad del hombre es insaciable, y esa es una virtud que nos salva de otros muchos defectos. Sin curiosidad no hay progreso, esto lo sabe hasta el último de la clase, pero de la misma forma que la curiosidad nos lleva a conocer lugares fantásticos, impredecibles y sorprendentes, también nos puede llevar a otros bastante decepcionantes, o directamente ridículos e inútiles.
Aunque parezca increíble, hay investigaciones en marcha, tomadas muy en serio, sobre el efecto de la ópera en los ratones, pero ojo, no en cualquier ratón, no, solo en los ratones que han sido sometidos a una operación de trasplante de corazón. Angelitos, primero les arrancan el corazón, les colocan en su lugar vete a saber qué, y luego, para terminar, les ponen Madame Butterfly a ver qué pasa.
También hay otros científicos con la curiosidad tan insaciable como malamente dirigida, que se devanan las meninges para encontrar la manera de que las cebollas no hagan llorar. Pero vamos a ver criatura, qué más te da, ¿tan importante es para la humanidad conseguir hacer un sofrito sin que se irriten un poquitín esos lindos ojos? Además, ¿qué hacemos con el ajo? A mi me lloran los ojos con el ajo, ¿es que nadie va a hacer nada en ese sentido?
Estos ejemplos son reales, no me los he inventado, como también es real que por fin, tras años de infructuosos esfuerzos, se ha abierto el camino para demostrar de una vez por todas que los escarabajos peloteros utilizan la vía láctea para guiarse. Importantísimo para entender el carácter ensimismado y romántico del escarabajo, como cualquiera con un poco de sensibilidad puede entender.
Pero hay investigaciones que van mucho más lejos, o al menos lo intentan, como la que han llevado a cabo un grupo de científicos de la Universidad de Milán sobre cómo se puede atravesar un lago corriendo por su superficie sin hundirse. Fundamental, según donde vivas.
Todo esto, dentro de lo que es, resulta inocuo, pero no todas las investigaciones, digamos, chorras, te dejan indiferente. Ayer leí una noticia que me produjo un efecto devastador en el ánimo: según estudios desarrollados en la universidad de Cardiff por el  experto en motivación Cliff Arnal, existe un día en el año que unánimemente es el más triste de los 365, y mira tú, resulta que fue precisamente ayer. Naturalmente, cuando leí la noticia de que estábamos en el Blue Monday, que así se llama el día, me deprimí tanto que aún no he conseguido salir del pozo (es que soy muy influenciable). No me quedan ni ganas de explicar cuales son los parámetros utilizados para determinar el peor día del año; el hecho de pensar en cada uno de ellos me sume de nuevo en la depre, y para empeorar las cosas, resulta que se han archivado las diligencias contra Esperanza Aguirre por su huida de la policía municipal, con atropello de moto, y negación a entregar los papeles. Desobediencia a la autoridad, creo que se llama cuando no se trata de la lideresa.


Si Cliff Arnal hubiera tenido en cuenta esta  desvergüenza estaríamos hablando del Blue Tuesday, en lugar del Blue Monday.





lunes, 12 de enero de 2015

Manifa






Cada vez que sucede algo que conmociona al mundo entero, me escandalizo como cualquier persona decente, pero no me gusta ver que mi indignación la comparten personas de cuyos sentimientos desconfío. Tampoco me gustan las reacciones exageradas, pues la exageración nunca es sincera y siempre es sobreactuación. Pero sobre todo, lo que peor llevo es ver que se utilizan los sentimientos de la mayoría para quedar bien y exhibir una sensibilidad que en ninguna otra circunstancia se ha demostrado tener.


Ayer vimos en París una manifestación impresionante contra el terrorismo yihadista. Perfecto, me sumo, pero no estoy conforme con que la cabeza de la manifestación estuviera formada por todos los líderes políticos apretujados unos contra otros para caber todos en la primera fila. Resultaba patético ver cómo se daban pequeños empujoncitos para salir en la foto, y desde luego, sus esfuerzos por evidenciar su apoyo a la misma causa por la que yo estaría en esa misma manifestación, a mi no me convencieron lo más mínimo.





Especial extrañeza me produjo ver a Rajoy, con lo poco que le gusta que se manifieste la gente, en las calles de París sacando pecho en defensa de la libertad de expresión. Puede engañar a Merkel, a Sarkozy (que no creo) o a cualquiera de sus compañeros de manifa, pero no puede engañar a los españoles que hemos visto como se ha sacado de la manga la ley mordaza, por la que nos pueden caer 30.000 euracos de multa por hacer lo que estaba haciendo él en París. ¿Cómo se puede tener tanta hipocresía y tanta cara dura?

Pero no me quiero centrar solo en Rajoy, que bastante tiene el pobre con Podemos. En general, ¿qué pinta un político encabezando una manifestación? No es lo suyo; me resulta una visión contranatura. No me siento cómodo y no me siento cómodo porque veo fraude, engaño, manipulación y escaqueo. Se supone que las manifestaciones se hacen para protestar. Es la forma de mostrar un malestar unánime debido a que existe  un problema, y precisamente se sale a la calle para exigir soluciones. Soluciones que, mira tú, tienen que aportar los políticos. Entonces, ayer, ¿a quién exigía soluciones la cabecera de la manifestación? ¿A si mismos? ¡Vaya tontería!

Todos esos líderes, en lugar de estar perdiendo el tiempo en la calle demostrando lo cerca que están del pueblo y lo mucho que lo comprenden, deberían reunirse en una cumbre, o como lo quieran llamar, para ponerse de acuerdo en actuaciones conjuntas buscando soluciones eficaces que funcionen, y dejar de hacer el tonto cogidos del brazo bajo el lema “Je suis Charlie”. ¿Pero quién se va a creer que ellos son Charlie?

Otra cuestión, y esto ya es tema aparte, aunque en realidad tiene mucho que ver con la hipocresía, y no solo de los políticos, sino de todos, es por qué no nos indignamos de la misma forma y con la misma intensidad con otras barbaridades que se están cometiendo continuamente. No quiero poner el ejemplo de los palestinos, o la elegante forma que tenemos de ignorar todo lo que sucede en África, pero hay para montar manifestaciones todos los días en París, Roma, Londres… los pobres políticos no darían abasto para acudir a todas.





jueves, 8 de enero de 2015

Imbéciles, sí, y también cabronazos.


Cuando la indignación supera ciertos límites, bloquea los conductos por donde salen las palabras. 
A mí me pasa, al menos. 




sábado, 20 de diciembre de 2014

Cuento navideño, como el pavo.










Este año voy a hacer una excepción en los últimos… ¿quince?, y no voy a escribir un cuento de navidad. Son muchas las razones por las que me voy a abstener y me temo que ninguna interesante, así que os ahorro el trance de tener que aguantar alguna.

Eso sí, que yo no escriba un cuento, no significa que no encontréis uno en este blog, pues me consta que muchos lo esperan, lo cual es muy de agradecer, y lo que yo espero es que no les importe que este año el cuento sea mucho mejor de lo que esperaban. Y con tanta espera, la introducción ya es infinitamente más larga que el propio cuento.


El cuento de navidad que os ofrezco es de Juan Villoro y la ilustración, eso sí, es mía.

Como veréis es un cuento super-mega-ultracorto, lo cual demuestra que con muy pocas palabras se puede hacer algo grande.

Y sin más dilaciones, ahí va el cuento navideño:


En una cena de Navidad la familia reza con devoción y pide por los que han sufrido. Dios se conmueve y resucita al pavo.



Espero que os haya gustado. Feliz navidad para todos, amigos.








domingo, 14 de diciembre de 2014

Una ley necesaria, conveniente y oportuna






Dentro de poco va a salir un libro mío de relatos. Se trata de una serie de historias surrealistas y disparatadas que uno de los protagonistas le cuenta a su mejor amigo entre cerveza y cerveza. Son historias inverosímiles pero que el amigo se las cree a pies juntillas. Quizá por efecto de las múltiples cervezas, o quizá porque sea un imbécil.
No se me había ocurrido incluir entre esas historias el posible diálogo que pudieron tener nuestros gobernantes cuando empezaron a pensar en cómo garantizar la seguridad ciudadana. Aún estoy a tiempo y me permito recrear ahora tal como yo me  imagino que sucedió todo.

-Nuestra obligación es proteger la seguridad ciudadana. Es obvio que para que los ciudadanos de este país se sientan más seguros de lo que ya se sentían hasta ahora, tenemos que hacer una nueva ley y una reforma del código penal.
-Muy cierto. La reforma es necesaria, conveniente y oportuna.
-Sobre todo oportuna, ya verás, ya verás todo lo que se me ha ocurrido lo oportuno que es.
-Trabajas demasiado.
-Mira, lo primero que me viene a la cabeza para garantizar la seguridad ciudadana es que a todo el que pillemos haciendo fotos o grabando a la policía, le pongamos una multa … ¿qué te parecen 30.000 eurípides? De 600 a 30.000, que luego nos dice el de justicia que siempre hay que poner un escalado en las sanciones dependiendo de… y yo qué sé.
-Perfect. Cifras redondas,
-Luego, como medida imprescindible, queda totalmente prohibido manifestarse en los alrededores del Congreso, bajo multa de …. Otros 30.000 euritos.
-Eres un genio.
-Lo sé. Luego para evitar que los ciudadanos se sientan amenazados por la chusma, queda terminantemente prohibido obstaculizar los desahucios.
-Genial. ¿Otros 30.000?
-Por supuesto. De 600 a 30.000 eurípides. Y otros tantos por desobediencia a la autoridad.
-¿Aunque sea desobediencia pacífica?
-Sí señor, aunque sea desobediencia pacífica.
-Eres un crack. Oye, ¿no hacemos nada a los que traten de ocupar una sucursal bancaria? Tenemos que garantizar la seguridad de los ciudadanos que van a los bancos a lo que hay que ir, no a protestar.
-Claro que sí. Lo mismo: de 600 a 30.000. Además he pensado que las listas negras serán legítimas y legales y además será obligatorio identificarse cuando a un agente le parezca oportuno, aunque no haya motivo. Hay que recuperar cosas del pasado.
-Muy cierto, muy cierto, nada como los clásicos. Franco, ese sí que sabía mantener la seguridad ciudadana.
-Pues claro, ¿en quién te crees que me he inspirado?
-La luz, es la luz que nos ilumina.
-No lo dudes Mariano, no lo dudes.
-No, si no lo dudo.
-Pues eso, manos a la obra.
-Por cierto, ¿no te parece un poco surrealista que a esto le llamemos ley de protección de la seguridad ciudadana?
-Mmmmm, vale, entonces también incluimos que está prohibido apuntar con un rayo láser a los ojos de los pilotos de los aviones comerciales.

-Lo dicho: eres un crack.





miércoles, 10 de diciembre de 2014

Falsificación





Mi vecino, del que hace mucho tiempo que no hablo, no se conforma con tener figuras hechas en plástico, de chinos mandarines inclinadas hacia un lado, como si estuvieran talladas en la época Ming en el curvo colmillo de un elefante, y cuadros con escenas de caza memorables en la boiserie, además se declara hombre feliz. No hay derecho, es lo que yo le digo. Cómo puedes ser feliz teniendo esos objetos en el salón de tu casa. Hombre, es que si fueran auténticos, sería mucho más feliz, me dice ufano mientras  su mujer, mi vecina, coge con indolencia antes de salir de casa un bolso de plástico en el que pone por todos los lados LV . No entiendo como las mujeres se matan por llevar un bolso con publicidad de su fabricante en los cuatro costados, le digo, ¿acaso Louis Vuitton le paga por pasear su marca? No, claro que no, me responde, cómo iba a pagar si además es una falsificación. Ya claro, otra falsificación. 
Por supuesto el reloj que lleva mi vecino es un trolex que se compró en el Chinatown de Nueva York hace mucho tiempo. Me lo enseña con orgullo sin tratar de engañarme pues confiesa abiertamente que le costó quince dólares. Observo que entre las agujas hay algo que no forma parte del reloj, un objeto minúsculo que no debería estar ahí y que si no fuera porque se apoya en la manecilla de los minutos, estaría descansando en las seis y media. ¿Qué es eso?, le pregunto. Entonces mi vecino me contesta que se trata de una miga de pan. Se ve, me explica, que el chino se estaba comiendo un bocadillo cuando montó el reloj. Al principio también había restos de pastrami, dice, pero supongo que se lo han comido los ácaros. Pongo un poco cara de asco y en ese momento llega Borja, su hijo pequeño, del cole. Trae una expresión de adulta preocupación para demostrar a su progenitor que el día ha sido duro y deja caer su cartera, es un decir porque tiene rueditas, según entra, justo a mi lado. Yo me fijo, que entre otros libros lleva El Quijote, pero no el QuijoteQuijote, sino una versión firmada por Arturo Pérez Reverte. Otra falsificación, me digo yo mismo, ¿Pero es que en casa de mi vecino todo son falsificaciones?

Mi vecino que otra cosa no tendrá, pero observador es un rato, se da cuenta de mi estupor y me explica que se trata de una versión para niños de El Quijote. Mi expresión no mejora gran cosa y me dice, para tranquilizarme, que la edición está sancionada y tutelada por La Real Academia de la Lengua. Ah vale, digo yo, entonces sí. Se me ocurre que la Fundación Amigos Museo del Prado, podía sacar versiones para niños de, por ejemplo, cuadros de Goya. La Carga de los Mamelucos, con ese nombre, seguro que en su edición infantil, sería un exitazo. O la ópera Madame Batterfly, o ya puestos, La Máquina de Follar de Bukowski. Hagamos versiones infantiles de todo, y como seguro que traen dibujos, serán mucho más divertidas que los originales por lo que podremos prescindir de ellos. Podemos vivir todos en un mundo que sea una falsificación del mundo real, es decir, una falsificación de si mismo, seguro que si la falsificación es buena, nos sale más barato y ni nos damos cuenta de la diferencia.






lunes, 1 de diciembre de 2014

Tiempo acuático






Últimamente soy plenamente consciente del carácter acuático (acuático, no cuántico) del tiempo y eso es algo que llevo muy mal. Me molaba más cuando el tiempo era un bloque, para mí era un bloque por decirlo así, inconmensurable, pero a medida que he ido avanzando por esa montaña enorme, se ha ido desmoronando hasta convertirse en arena. En estos momentos, y sé que esto no ha hecho nada más que empezar, si intento atraparlo en mis manos, que es la mejor manera que conozco para atrapar cosas, sobre todo las que más me gustan, se me escapa entre los dedos  como si fuera agua. Ahora todo dura poquísimo. Una semana, por ejemplo, me la liquido en tres o cuatro días como mucho. Antes, si se me daba bien, podía llegar a durar unos diez días y a veces me acercaba a la quincena.
Me acuerdo de que, no hace tanto, las cosas eran bien distintas. Pero vamos a ver, si yo he llegado a aburrirme del verano, incluso he tenido años en que se me ha hecho eterno el invierno. ¿Ahora?, ahora, ni me entero de que hemos pasado el mes de agosto. Dentro de poco, como esto siga así, voy a tener recuerdos de lo que voy a hacer al día siguiente.
Me he leído de nuevo la Historia del Tiempo de Hawking para ver si me daba alguna pista (siempre he mantenido la esperanza de encontrar la solución a mis problemas en lo que se le ha ocurrido a otro) pero lo único que he conseguido es aumentar mi confusión. Yo, por mucho que unifique la gravedad con la mecánica cuántica, con el tiempo me sigue pasando lo mismo. Y mira que lo intento, de verdad.

He llegado a la conclusión de que el tiempo es algo personal, como las corbatas que uno elige o la forma de arreglarse la barba, de modo que no existe un modelo único. Es decir, que el tiempo, como no, también es algo que cada cual tiene el suyo. Esto está muy bien, lo malo, es la forma que tiene de cambiar sin consultar. Volviendo al ejemplo anterior, es como si yo, que tengo barba muy recortada, me despertara un día con unas barbas (en plural  ya no puede ser recortada) que me llegaran hasta el pecho, y además, partida, pongo por caso, como los rabinos. Pues me produciría una sensación igual de incómoda que la que siento ahora con mi tiempo subjetivo. De repente he perdido el control sobre él. Espero que no vaya a más.



lunes, 24 de noviembre de 2014

Perdón








Últimamente cada vez que pongo las noticias veo a alguien pidiendo perdón, generalmente un político. De repente, en este país, los chorizos y sus amparadores han dejado paso a los penitentes en las cabeceras de las noticias.
Podíamos organizar partidos de fútbol la mar de vistosos: chorizos contra penitentes. La recaudación obtenida serviría para ayudar a las personas desahuciadas por culpa de un sistema legal que permite la existencia de prestamistas particulares con intereses de usura. Unas leyes que dan por bueno que se acepte como aval (de un préstamo al 25% de interés) la vivienda habitual, lo cual es una barbaridad, más si se trata de la vivienda habitual de una anciana; es el caso de Carmen Martínez Ayuso. Sin embargo ese mismo sistema para dejar clara su eficacia como garante del cumplimiento de las leyes, castiga al bombero que se negó a colaborar en el desahucio de la anciana Aurelia Rey, en la Coruña. El bombero, entre otras cosas, ha tenido que pagar una multa de 600 € más las costas del juicio.
Pero volvamos a los pedidores de perdón. Ayer, el último arrepentimiento que se ha dado por la tele, venía además escenificado de maravilla; todos vimos nada menos que al arzobispo de Granada, monseñor Francisco Javier Martínez, tirado en el suelo cuan largo era, sin levantar la cabeza en señal de sincera contrición, acompañado de otros atormentados por el dolor del pecado. Quién iba a decir que veríamos algo así. Hoy, además, el juez encargado de investigar el caso ha ordenado la detención de los curas pederastas. Bravo. Los tiempos de solucionar el problema simplemente trasladando a los implicados a otro internado o a otra parroquia han terminado. Todo gracias a que por fin hay un papa que se toma en serio el problema de la pederastia amparada tras los hábitos y comprende que además de un pecado es un delito. Ya ha tomado medidas y entre otras actuaciones ha ordenado el arresto domiciliario, ejecutado por la gendarmería vaticana, de un exarzobispo al que ya había expulsado del sacerdocio por abusos a menores. Además, dentro de su cruzada contra la pederastia ha dictado que los religiosos que vayan a trabajar con niños, además de estar en paz con dios, han de tener un pasado legal y psiquiátrico intachable. Vuelvo a decir: por fin. ¿Era tan difícil?
Hasta ahora, parecía que se siguiera aplicando la costumbre que había en el inicio del cristianismo, según la cual,  en los ritos de consagración de un nuevo obispo se le pasaba por los cabellos un peine ritual capaz de eliminar los malos pensamientos y los demonios. Era la única manera de garantizar que la cabeza del nuevo purpurado no iba a albergar impurezas.

                                      


En España, ya por dar más datos inútiles, su uso fue aprobado en el IV Concilio de Toledo. Para que luego haya quien diga que la Iglesia no evoluciona.






domingo, 16 de noviembre de 2014

Determinismo







Cuando yo iba al colegio, en literatura se enseñaban muchas cosas, y entre ellas, la generación del 98, y recuerdo que había algo en esa lección que llamaba muchísimo mi atención aún infantil y dispuesta a sorprenderse por cualquier cosa que me pareciera llamativa. Era, y se me ha quedado como un epitafio, la frase: “el pesimismo de la generación del 98”. Según lo repetía una y otra vez el profesor, “el pesimismo de la generación del 98”, yo me imaginaba una España con todo el mundo deprimido, andando cabizbajos por las calles con una pena inmensa en su corazón, incapaces de ver las cosas buenas de la vida. “Sentíamos el destino infortunado de España, derrotada y maltrecha, más allá de los mares”, escribió Azorín. “España me duele” añadió Unamuno por si quedaba alguna duda del trago que estaban pasando las criaturas. Dudas no cabían: los españoles estaban tristes. Una pena que cíclicamente se repite, y ahora estos pensamientos me llevan a otros.


Cada persona es de una manera y los cambios que sufre (o disfruta) se producen a lo largo de mucho tiempo. Normalmente son muy pequeños, a veces más perceptibles, pero vamos, que en general, no cambiamos tanto. ¿Esto es bueno? Pues por un lado sí, porque nos reafirma en lo que somos, nos dota de identidad y de esencia, que dicen los filósofos, y nos define; claro que a veces, eso es un maldito inconveniente porque hay algunos que más les valdría dejar de ser como son y que cambiaran un poco. En cualquier caso no es algo que esté a nuestro alcance, pues si los cambios inconscientes son tenues, los que nos proponemos son imposibles. El que es vago lo va a seguir siendo por mucho que madrugue; quizá durante los primeros días de haber hecho el propósito de cambio, se muestre más activo, pero poco a poco volverá a su ser, regresará a su esencia que siguen diciendo los filósofos, ya que estos tampoco cambian. De esta forma tenemos personas que SON antipáticas, otras cariñosas, tacañas, ambiciosas, sensibles, generosas, depresivas, expansivas, sociales, hurañas, maleducadas, mentirosas, francas, sinceras, embaucadoras, honradas, criminales, pacíficas, violentas… una variedad que por ejemplo no se da en las cornejas, que vista una, vistas todas. ¿O quién diferencia un pulpo de otro?
Es lo que tenemos los humanos: complejidad. Pues bien, y aquí entran las matemáticas sin que tenga que irse la filosofía: las personas, cuando se juntan por debajo de una cantidad, que vamos a llamar masa crítica, conservan cada una su personalidad intacta, con  el resultado de que ese grupo es amorfo, heterogéneo y sin ningún rasgo que lo diferencie de otro grupo que esté formado también por un número por debajo de la masa crítica, pero… y aquí viene lo bueno porque a las matemáticas y filosofía se une la sociología: cuando el número de miembros del grupo es francamente grande y excede en mucho a esa masa crítica, el grupo se ve dotado de una personalidad propia y exclusiva que lo distingue de otros grupos también formados por un número exagerado de personas, y curiosamente, esa personalidad única que adopta el grupo, como grupo, no es necesariamente la suma de las personalidades individuales de las personas que lo componen, pues cada cual tiene la suya propia aunque, y esto es lo malo, parte de la personalidad del grupo trasciende al individuo.  Este hecho resulta fascinante, pues explica que los españoles sean diferentes a los ingleses, los italianos a los alemanes y los cubanos de los franceses, sin que elimine la posibilidad de que un español determinado sea exactamente igual en su comportamiento que un canadiense dado, o un australiano igualito que un noruego.
Ahora vamos a añadir la química a todo este follón que ya tiene filosofía, sociología y matemáticas: ¿un grupo grande, por encima de la masa crítica, tiene las mismas propiedades que una parte muy pequeña del grupo, incluso una molécula, es decir una persona? (una molécula de agua tiene las mismas propiedades químicas que un océano, por ejemplo) Pues me temo que sí, y esto significa que si las personas no podemos cambiar, los grupos de personas, tampoco pueden hacerlo, de modo que por mucho que se empeñen, los ingleses van a seguir siendo como son, y también los italianos van a seguir siendo como han sido hasta ahora y los alemanes serán alemanes por muchísimo tiempo, y todos, todos mantendrán su esencia. Esta es una regla a la que tampoco podemos escapar nosotros, los españoles. Por mucho que lo intentemos.
Ahora viene lo gordo y que enlaza con el inicio de este artiblog. ¿Cómo somos?
Que cada cual se responda a si mismo.


Nota: tengo por norma hacer artiblogs muy cortos, y en esta ocasión me he excedido. Es lo que tienen los momentos bajos, que no atinas.






lunes, 10 de noviembre de 2014

El babuino sentado









En un viaje que hice, no hace mucho, a Etiopía, a las montañas Simien, me llamó poderosamente la atención un tipo de mono enorme  que te mira impasible, satisfecho, e indiferente a todo. Había muchísimos. Son los babuinos y da gusto verlos siempre en la misma pose, recortados en el paisaje, con su melena al viento y sin que ninguna preocupación los afecte lo más mínimo. Nada parece importarles y observan sus dominios con superioridad, apaciblemente sentados sobre sus nalgas y sin decir ni mu. Nada los perturba. De vez en cuando se levantan, dan un paseo, nunca demasiado largo, se alimentan con indolencia y  vuelven a sentarse. Los babuinos se pasan media vida sentados.
Viendo, ya en España, a Rajoy, vuelvo a ver a los Babuinos. Rajoy es un enorme babuino permanentemente sentado en sus mullidas nalgas. No hace nada, absolutamente nada que pueda alterar su imagen recortada sobre el paisaje. Ante el conflicto, por ejemplo, que se está cociendo en Cataluña y que afecta a todos los españoles, catalanes o no, el presidente babuino no ha hecho nada, tan solo repetir una vez y otra que la ley está para cumplirla. Esa es toda la aportación de quien se supone que tiene que buscar soluciones políticas y no decir obviedades, pero es que a Rajoy le gusta lo obvio, y siempre elige la salida más cómoda para poder seguir sentado sobre su gordo culo. Es el funcionario perfecto, la pesadilla de Larra, la norma aplicada sin creatividad ni imaginación ni nada que signifique levantarse y mirar más allá de sus narices.
Los babuinos comparten con la mayoría de los humanos el 91% de los genes, y digo la mayoría, porque claramente, con Rajoy la proporción es mayor. Es más, yo creo que la totalidad de sus genes son de babuino, al menos, los que le obligan a permanecer siempre sentado.
El escritor Juan Villoro, cuenta que en un certamen literario, después de su intervención, ya en el turno de las preguntas, un anciano jovial levantó la mano y preguntó con sinceridad:
    -¿Por qué soy Borges?
El desconcertado Villoro tuvo la curiosidad de indagar quién era ese señor y se enteró de que se trataba de un hombre que realmente se llamaba Borges, pero que por culpa de un golpe sufrido en la cabeza no recordaba nada salvo su apellido, y no siempre, tanto era así, que en una taleguilla de tela llevaba una botella de aceite Borges para recordarle constantemente quién era.
Pues bien, de la misma manera, Rajoy debería hacerse la pregunta, “¿por qué soy presidente?”



Por cierto, y aunque no venga al caso, el viernes pasado presenté El Ladrón de Nubes en Huelva. Nunca me cansaré de hacer publicidad de esta novela, no sé qué tendrá.




domingo, 2 de noviembre de 2014

Burkina Faso











He oído noticias de un escolar furioso que ha disparado contra sus compañeros en un pueblo de Wisconsin, sin conseguir herir a nadie, del que se ha dicho hasta el nombre del alcalde. En Burkina Faso, hasta ahora, van 47 muertos, y no se ha mencionado ni el nombre de la capital del país, que para que todo el mundo se entere, se llama Uagadugú.
Burkina Faso es el cuarto país más pobre del mundo, lo cual le sitúa fuera del interés general por todo lo que le pueda pasar. Si fuera un país rico, o con materias primas ricas, no pararíamos de oír lo que está sucediendo. Estos días se está montando la marimorena porque el actual presidente quería reformar la constitución para volver a ser elegido y pasar otros cinco años chupando del bote. Esto se ha dicho en las noticias, pero así, un poco de pasada, sin entrar en detalles. Y lo que pasa es que Blaise Campaoré lleva ya 27 años de presidente (con lo que lo de reformar la constitución para volver a presentarse es una vieja tradición), pero le han sabido a poco y quiere estar más tiempo, a ver si consigue igualar a Obiang Nguema que lleva en el poder desde 1979.
Campaoré, mató a Sankara, para ocupar su puesto y Sankara fue un presidente breve, pero reformador, que quería situar a BF en el mapa por sus propios méritos con una reforma agraria y social y la eliminación de la corrupción. Reconocía los derechos de la mujer y acabó con la fea costumbre de la ablación de clítoris. Era conocido como un revolucionario de corte marxista, panafricanista y que tenía un gran carisma, una especie de Che Guevara del Sahel. Pero esto es desviarse del asunto que quería tratar, que no es otro que difundir lo que está pasando en este pequeño país.
Yo me he enterado de muchas cosas por dos razones, una de ellas porque veo France 24, y ahí dan continuamente noticias sobre lo que está pasando, más que nada, porque Burkina Faso, antes Alto Volta, fue colonia francesa hasta 1958. Pero sobre todo, porque tengo un amigo mío que vive allí desde que decidió dejarse la salud y la fortuna en ayudar a los burkineses. Ya he hablado de él en este blog, se llama Félix y somos amigos desde que íbamos al cole, lo cual, es remontarnos la pleistoceno. Félix, ha construido una biblioteca, mejor dicho, un centro cultural, y ahora es posible que tenga problemas, pues como es natural, para poder hacer todo lo que ha hecho tuvo que contar con las anteriores “autoridades”. Ahora, el ansia revolucionaria y vengativa puede llevar a tomar decisiones extremadamente injustas. Él vive en la tercera ciudad del país, Ouygouya, y de momento ya se han cargado al alcalde, han quemado su casa con él dentro, y se supone que los incontrolados seguirán  descontrolando. Félix lleva regularmente contenedores desde España a Burikina Faso con todo tipo de material para ayudar a los burkineses, desde bicicletas, balones de fútbol, juguetes, ordenadores… todo lo que aquí nos parece de obligatoria presencia en nuestras vidas y allí es un sueño. Cada envío lo paga de su bolsillo. Lleva allí seis años y se empeña en seguir, como Campaoré, otros tantos. ¿No es admirable?.

Aquí podéis escucharlo en una entrevista que le hizo su amigo Nicolás Castellano, periodista de la cadena SER.

Cuídate mucho, Félix.