lunes, 29 de octubre de 2012

Alea iacta est



Cruzó la calle y nada más cruzar pasó un coche a toda velocidad. No lo vio venir, pero sí vio cómo se alejaba pasando por encima del mismo charco que segundos antes él mismo había pisado. Un par de segundos, sólo un par de segundos era la diferencia que había entre estar vivo o no. Después siguió andando por la acera, sacudiéndose el agua y el barro del charco y maldiciendo al conductor por haberle salpicado. Parece que lo único molesto del suceso se pudiera remediar en una tintorería.
Dos segundos y una tintorería es todo lo que necesita la vida para continuar su curso imperturbable. Y el conductor del coche ni eso,  ni siquiera tuvo que pagar  40 euros en limpiar ningún traje para seguir exactamente igual. No se enteró de que estuvo a punto de arruinar una vida, la suya, y mucho peor, acabar con otra. Dos segundos es cuestión de suerte y el azar es así, discreto, desapercibido, silencioso y extremadamente cruel.
El ejemplo que he puesto del coche y el charco me lo he inventado, pero podía contar el caso real de una prima mía muy lejana, tan lejana que vivía en Búfalo, que según iba a su trabajo le cayó un avión del ejército encima. Ni que decir tiene, que la muerte fue instantánea. ¿Qué le pasaría a mi prima de Búfalo por la cabeza, avión aparte, en el momento del impacto? Nada, absolutamente nada. A mí eso me da mucha envidia. No digo que lo desee para ahora mismo, pero sí como sistema para cuando sea necesario aplicar un sistema. Y es que la muerte instantánea como idea está pero que muy bien. Sin embargo quedarte a medias de forma permanente está muy mal. 
Llevo tiempo dando vueltas a un relato que algún día escribiré en el que el protagonista se pone en contacto con un asesino a sueldo, el mejor del mundo, para hacerle un encargo. Le da las señas del tipo al que tiene que apiolar, su descripción exacta y todos los detalles necesarios para que lo pueda identificar sin problema. Luego le manda el dinero pactado y espera a que cumpla su trabajo que ha de ser, según sus órdenes, cualquier día del siguiente año. La víctima era él mismo, claro, que se enteró de que le quedaba eso, un año de vida como mucho, según su médico, que naturalmente se equivocó en el diagnóstico y, qué risa, cuando le da la buena noticia, el prota se da cuenta de que ha perdido el teléfono del mejor asesino a sueldo que había en el mundo. Eso es mala suerte, y mira que el hombre hizo todo lo que estaba a su alcance por arreglar lo que sin duda era una mala  noticia, producto de la mala suerte. Una enfermedad también es cuestión de suerte.
Yo, esta mañana he ido a cortar un poco de chorizo para el aperitivo pero lo había gastado en las lentejas, entonces he visto una tarrina de foie gras y cuando la tenía en la mano me he acordado de que lo tengo boicoteado y la he dejado. Al final he cogido una lata de mejillones que era lo único que me quedaba,  y claro, me he cortado un dedo a lo bestia instantáneamente, intentando abrirla. Que cada cual saque sus conclusiones. Eso sí, cuando he vuelto de urgencias me he comido mis mejillones que estaban más rojos que de costumbre.


lunes, 22 de octubre de 2012

Pesadillas (sin Geezenstacks)




 Las pesadillas son terraplenes por los que la imaginación se despeña sin voluntad. Terraplén de por sí, ya es algo que da cosa; un terraplén siempre entraña el riesgo, como poco, de romperte una pierna. Además, transmite la sensación de abandono por parte de la naturaleza, como si se tratara de algo que lo hubiera hecho a patadas o con desgana, sin poner ningún interés en lo que estaba haciendo. Eso no pasa con un valle o una colina, que parece que se ha mirado hasta el último detalle, y si queda bien poner una vaca, pues se pone una vaca, o un potrillo amamantando de mamá yegua (de quién si no va a amantar, claro). Por eso, uno tiene bonitos sueños en los valles o correteando por colinas, y pesadillas cayéndose por los terraplenes. Aún peor son los barrancos. Un barranco es un terraplén en el que te puedes encontrar cosas desagradables, como un cadáver o algo así. Una pesadilla normal, te lanza por un terraplén; una realmente mala, lo hace por un barranco.
Todo esto es para decir que últimamente no paro de tener pesadillas (por eso se tanto de ellas). No se cómo quitármelas de encima. He cambiado la orientación de mi cama 360 veces, es decir, he explorado todas las posibilidades que ofrece la rosa de los vientos y como si nada. He puesto una pirámide pequeñita debajo de la cabecera, y ahí ha estado hasta que la descubrió mi gato. Ahora cada día está en un lugar distinto de la casa pero yo sigo teniendo pesadillas. He probado a cenar menos, a cenar muy poco, a no cenar nada y el resultado ha sido eso, nada de nada. He ido a que un chino me agujeree con la acupuntura, me he comprado una pulsera con dos bolitas en los extremos, me he santiguado con agua bendita, llevo colgada mi piedra astral, que por cierto es simplemente cuarzo, vaya decepción, y tomo regularmente jalea real. Ya no sé a qué poderosa fuerza de la naturaleza o sobrenatural invocar ni a qué remedio acudir, parece que estoy condenado a tener una vida normaducha despierto y terriblemente intensa dormido. Hago más cosas en sueños que en vigilia y pongo más veces en peligro mi vida estando dormido.
En un intento desesperado por resolver mi problema me he comprado un colchón especial que para poder pagarlo he tenido que vender mi coche y el resultado ha sido terrible. De hecho empecé a tener mi acostumbrada pesadilla antes de quedarme dormido. Al principio todo iba bien pero de repente noté que los bordes del colchón estaban por encima del nivel en el que yo me encontraba, lo que significaba que me estaba hundiendo. Después fui devorado literalmente por el colchón que me engulló con la misma facilidad que una ameba captura una partícula alimenticia. Tras angustiosos momentos de lucha conseguí salir por una vacuola sin necesidad de romper la membrana celular, pero sé que algo hice al Aparato de Golgi pues mi colchón al día siguiente dejó de dar señales de vida. Aún tengo restos de citoplasma en mi pijama. Ahora ya no se cuando estoy dormido y cuando despierto y no encuentro ninguna pista que me permita distinguir los dos mundos.
Sueño que no puedo dormir y ese sueño se me ha hecho realidad. Mientras, un moscardón de abdomen metalizado revolotea en el fondo del terraplén. O del barranco.


lunes, 15 de octubre de 2012

Como un libro






Ayer, buscando recuerdos con los que torturarme encontré una fotografía en la que aparecía yo en la calle, joven  y melenudo en compañía de otro joven y melenudo, pero eso no es lo importante. Lo importante es la calle. Era la misma calle por la que había pasado antes de ser un joven melenudo, cuando era un simple adolescente escrofuloso y la misma por la que también había pasado mucho antes, siendo un colegial escuchimizado, y aún en épocas muy anteriores,  dentro de un cochecito de bebé, en mi etapa de eso, de bebé. Una calle limpia, amplia, con árboles y bien pavimentada, pero sobre todo limpia. Había comercios con sus cierres metálicos flanqueados por placas de mármol, que era lo que se llevaba. Posiblemente había permanecido así durante miles de años, pero ahora, y llego ya al meollo del asunto, esa misma calle está vilmente pintarrajeada. Lo llaman grafiti y el nombre parece que da importancia a lo que no deja de ser una gamberrada. Arte urbano, también he llegado a escuchar. Incluso he oído en la radio a algunos autores del pintarrajeo hablando con solemnidad de su “obra”, teorizando sobre las necesidades de expresión de la sociedad moderna y miles de pamplinas vacuas que parecían encandilar al entrevistador que no paraba de darle la razón. Al entrevistador le gusta ver las puertas de los bancos de su calle rubricadas por el rastro de un aerosol de pintura fosforescente, y también los bancos donde sentarse, las farolas, los cierres de las tiendas, las paredes de los edificios, sus portales, las paradas de autobús, las entradas al metro, los kioscos de prensa, las farmacias, los chirimbolos publicitarios… todo tiene una huella de arte urbano, algún signo de expresión social, no se si necesaria, pero sí imperecedera. Ahí sigue durante años, lustros, desde que el artista tuvo la inspiración, acumulándose pintada sobre pintada pues el genio artístico se renueva y cada vez aparecen nuevos adscritos a este movimiento de modernidad aceptada.
A mi nunca me ha gustado ver las páginas de los libros garabateadas (supongo que a nadie, excepto al entrevistador de antes, al que me lo puedo imaginar, incluso recortándolas) y ahora que veo así mi barrio natal, más bien la ciudad entera, me revuelve el estómago porque una ciudad es como un libro donde sus calles son las páginas. Todos habitamos en un libro, lo queramos o no. Un libro nunca real y siempre verdadero. Cuantas veces hemos utilizado la expresión, lo que tienes que hacer ahora es pasar página y olvidarte de Luisa. Pasar página, Pedrito es como un libro abierto, Don Matías está ya en el epílogo, su hazaña es un capítulo aparte en la historia del deporte, su descubrimiento está escrito con letras de molde,… es tan obvio que nuestras vidas se desarrollan dentro de los libros que no entiendo como puede haber alguien que no se haya dado cuenta. Entonces, si todos somos conscientes, hasta los analfabetos, por qué a nadie le importa que se llene de garabatos las páginas donde vivimos. Somos personajes, y los habrá que sean estupendos personajes, condenados a interpretar nuestro papel sobre un fondo sucio y hortera.
Un libro así está condenado a que se lo coma una cabra, y luego la pobre, se volverá tarumba, más de lo que su asumida condición de cabra puede llegar a imaginar. Las vacas no comen libros porque ya tienen uno en su estómago, pero sobre todo porque nos conocen y saben todo lo que podemos llegar a hacerles para que resulten indigestos.


N.del A. Es cierto que hay murales fantasiosos y magníficos en sitios ad hoc que se incluyen en este fenómeno de pintura al aire libre, pero obviamente no es a lo que me refiero y todos sabemos a lo que me refiero. Incluso el entrevistador de la radio descrito con tanto cariño anteriormente, sabía a lo que yo me refiero mucho antes de que llegara a escribirlo. Si será listo el muy imbécil.




lunes, 8 de octubre de 2012

Un país lejano




Yo no se qué pensaran los finlandeses del resto del mundo, pero para nosotros son desconocidos y extraños, como los australianos. Los australianos nos resultan así de raros porque tienen bichos completamente diferentes a los que uno está acostumbrado (probablemente sean de otro planeta) y los finlandeses porque han conseguido ser uno de los países más prósperos del mundo simplemente invirtiendo en educación. Tanto Australia como Finlandia están en nuestras antípodas, Finlandia más aún que Australia.
Lon finlandeses hablan el finés (o finlandés) que es una de las pocas lenguas de la UE que no desciende de la familia indoeuropea, pero eso no es lo más raro. A mi me llama mucho más la atención que apenas exista corrupción (quizá como consecuencia de su sistema educativo), con la cantidad de simpatizantes y adeptos que tiene por el mundo, precisamente con nosotros en lugar destacado. Una de las profesiones más respetadas y con prestigio es profesor de primaria o secundaria, para cuyo ejercicio es imprescindible tener un título superior y un master en magisterio (a mi esto me impresiona mucho, pero es porque mis profesores fueron simplemente curas, menos el de Formación del Espíritu Nacional, que era falangista). Además, lo habitual entre los estudiantes universitarios es compaginar sus estudios con un trabajo a tiempo parcial, pues viven emancipados de sus padres desde que empiezan los estudios superiores. Una delicia, me imagino mientras también me imagino a unos hijos imaginarios apoltronados en mi sofá real y cabal.
Un país así es que dan ganas de ir a allí a perderse, porque además, como son tan eficientes, tienes la seguridad de que te van a encontrar. Y si eres finlandés, hasta te puedes encontrar tú mismo. Precisamente eso le pasó a una señora que se bajó del autobús en el que viajaba camino de  Jyväskylä y que se despistó momentáneamente, apenas cinco minutos tomando un segundo café. El caso es que fue tiempo suficiente para activar la alarma. El conductor del autocar al ver que faltaba una pasajera, llamó a la policía que enseguida puso en marcha el sistema de búsqueda que empieza por emisiones en la radio y TV anunciando la desaparición de la persona y reclamando la cooperación ciudadana. Allí no hay problema con la cooperación ciudadana, pues todo el mundo está dispuesto a cooperar, tanto es así que hasta la propia desaparecida, sin saber que se referían a ella, aprovechando que casualmente se encontraba en la zona donde se había producido la desaparición, empezó a buscar a alguien que respondiera al perfil. Al cabo de media hora de entregada búsqueda por todos los rincones imaginables, se dio cuenta de las asombrosas coincidencias que había entre ella misma y la persona descrita por la radio, por lo que decidió personarse en el lugar indicado en los mensajes. Al llegar, todo el mundo celebró su aparición, y si serán raros, que tampoco les chocó que fuera ella misma la que se había encontrado. Después de los abrazos y otras manifestaciones sinceras de alegría, la señora perdida y encontrada, volvió a subir al autobús que prosiguió su viaje con todos los pasajeros contentos y, probablemente, cantando alguna canción típica lapona.
Si no fuera por el frío, ¿verdad?



lunes, 1 de octubre de 2012

Impedancia



Estaba yo escuchando las noticias, oyendo los Presupuestos para el 2013,  atendiendo los avisos del apocalipsis y el resonar de sus trompetas, y sin darme cuenta mi cuerpo sufrió una increible mutación. Repentinamente empecé a crecer de forma incontrolada. Crecía y crecía y según iba creciendo, mi espesor, por decirlo así, disminuía. Es decir, aumentaba mi altura, pero solo eso; mi masa corporal seguía siendo la misma. El resultado es que me estaba alargando como una barra de plastelina sobre la que hacemos pasar un rodillo. Cada vez más. Mientras, en la TV salían imágenes en blanco y negro, más negro que blanco. Y yo, poniéndome largo y fino, tanto que ya me resultaba imposible mantenerme en pie. Me había convertido en una especie de espaguetti larguísimo, y nadie ha visto un espaguetti de cinco metros de altura capaz de conservar una posición erguida. Claro, si no podía estar de pie, tendría que buscar otra posición, pero el caso es que el fenómeno, lejos de detenerse, continuaba a un ritmo cada vez mayor, de modo que ahora era aún más fino que antes y por supuesto más largo. Ya ni sentado ni tumbado podía estar, en vista de lo cual hice lo único que podía hacer en esas circunstancias: enrollarme. Me enrollé como pude, que he de decir que me pude enrollar muy bien, tan bien que estaba disfrutando con lo que me pasaba. Empecé a girar sobre mi mismo como si fuera una bobina de hilo y al cabo de diez minutos, más o menos, se detuvo el proceso. En ese momento, calculo yo que mi longitud total podía estar cerca de los cientocincuenta metros, aunque al estar tan divinamente enrollado apenas ocupaba veinticinco centímetros.
La TV seguía con su constante cantinela pero había dejado de prestarle atención, apenas me producía ningún efecto.
Entonces entendí que me había transformado en una resistencia. Llevaba tiempo intentando que no me afectara la intensidad de los acontecimientos,  pero no había manera, enseguida me entraba la depresión, una profunda depresión. Ahora, sin apenas darme cuenta, tan solo con un embobinado pertinente sobre mi mismo, había alcanzado el ansiado estado. Por fin volvería a dormir tranquilo, feliz, si acaso un lligero calambrillo antes de cerrar los ojos.
Felices sueños.




lunes, 24 de septiembre de 2012

Mensajes







La mente humana, simbólica y todo eso, se anticipa a la realidad y representa por su cuenta escenas que luego pueden ser así o no. En este proceso, no es necesario decirlo, la imaginación tiene un papel protagonista. Esta mañana he leído el siguiente titular:

UN MENSAJE EN UNA BOTELLA… DE HACE 98 AÑOS.

Tienes que ser de otro planeta para no lanzarte en picado sobre la noticia y descubrir qué ponía en el mensaje. Pero, y aquí está lo más interesante,  antes de hacerlo tu mente ya se ha imaginado uno por su cuenta. Uno o varios. En mi caso, antes de leer la primera línea yo ya había supuesto tres posibles escenarios: 

1.- Que se trataba (lo obvio) de un náufrago que desesperadamente lanza la botella con su mensaje de auxilio indicando su situación, probablemente una pequeña isla rodeada de tiburones. 
2.- Un individuo secuestrado a bordo de un barco pirata rumbo a la Conchinchina. 
3.- Una carta de amor imposible, arrojada desde lo alto de un acantilado segundos antes de hacerlo el propio amante cuyo corazón dejó de latir antes de escribir su legajo.

Un mensaje de hace 98 años puede incluso revelar secretos históricos, confesiones de asesinos que nunca fueron descubiertos, proyectos de alguna invasión (alemana) que no llegó a producirse,… mil cosas diferentes y sugestivas,  pero la realidad, una vez más, decepciona.

La botella de hace 98 años, encontrada por un pescador escocés, después de estar casi un siglo a la deriva recorriendo los mares (la botella, no el pescador), resulta que forma parte de un lote de otras dos mil botellas diseñadas para hacer un estudio de las corrientes marinas. ¿Dónde está el romanticismo en intentar averiguar si el flujo de agua alrededor de una isla escocesa gira así, o lo hace asao? Y el mensaje que aparecía en el interior de la botella no podía tener menos encanto: por favor, indique dónde y cuándo encontró esta carta y llévela a la oficina de correos más cercana. Luego los agradecimientos de la Escuela Escocesa de Navegación y ahí se acabó todo el misterio y la magia. Pues vaya. Y para quitarle todo el valor que pudiera quedarle, la botella estaba numerada.

Pero ahí no ha acabado todo. A continuación puse en la tele el canal Al Jazeera buscando noticias remotas (dentro de lo que cabe, pues con la globalización todos hablamos de lo mismo), y me encuentro con Artur Mas españoleando (muy a su pesar) desde los confines de Catar. ¿Por qué una emisora de Oriente Medio, tan lejos, incluye entre sus noticias a este señor exponiendo sus razones independentistas y la serie innumerable de problemas que ha planteado, principalmente a los propios catalanes?

Pues eso, otra vez la realidad decepcionando. La segunda vez en el día. Si lo se ni me levanto.





lunes, 17 de septiembre de 2012

Las máquinas del tiempo






He de reconocer que muchos sábados, después de comer, la molicie me vence y, ahí, semisentado (esparrancado, vamos) en mi sofá, puedo quedarme frito en un decir jesús. Precisamente me pasó ayer. Estaba viendo la tele y leyendo un artículo científico al mismo tiempo. En la tele ponían una peli de nazis y el artículo hablaba del teletransporte. Teletransporte no material, pero sí de información. La cosa es así: en virtud de un fenómeno que lo llaman entrelazamiento, un fotón puede conocer el estado cuántico de otro que está en un lugar muy distante. Es decir, que tengo un fotón en mi casa, y si hay otro que está “entrelazado” con el mío en Boston, los dos adoptan el mismo estado cuántico, que es tanto como decir, que se ponen idénticos. Lo que hace uno, lo replica el otro como dos monitos de repetición. Esto sin duda tiene muchas aplicaciones que ya habrá tiempo de pensar, pero de momento se les ha ocurrido que puede servir para que la información llegue de mi casa a Boston instantáneamente, por seguir con el mismo ejemplo de antes. Si esto lo hacemos con muchos fotones “entrelazados”, podré teletransportar más información que si tengo escuetamente uno, es obvio. Y yo no se qué tienen las cosas obvias que me dan sueño, y por eso, presa de la molicie a la que hacía referencia al principio me quedé frito.
Durante media hora estuve flotando en el mundo de los sueños y cuando volví al real, ya estaban con el juicio de Nüremberg en la peli de nazis, y como la quería ver, cogí el mando y di marcha atrás hasta situarla en el punto en que me quedé dormido. Entonces me acordé de mi fotón entrelazado con el de Boston y me di cuenta de que mientras ellos se pasaban información instantáneamente, yo también había hecho lo mío, pues estaba en el mismo punto de la peli que media hora antes. Me sentí bastante fotón y miré a mi tele comprendiendo que estábamos entrelazados. Éramos una bonita pareja de fotones entrelazados en la misma cuerda, pero lo nuestro tenía trampa, pues realmente sí había pasado media hora. Treinta minutos que no existían en ningún sitio, y que nadie, salvo yo, tenía constancia de que hubieran transcurrido, pero el caso es que ahí estaban. Mejor dicho, ya no estaban. Cosas del tiempo.
Heráclito de Éfeso, decía que no te puedes bañar dos veces en el mismo río y si viviera ahora, diría que no puedes leer dos veces el mismo periódico en Internet. En cuanto lo terminas, la portada ya ha cambiado. Y el resto también, claro. Es terrorífico, resulta imposible leerlo entero, enseguida unas noticias reemplazan a otras (salvo que sea el mes de agosto) y puedes estar poniéndote al día durante todo el día, lo cual es un disparate en si mismo.
Pero donde más se nota el valor del tiempo es en las llamadas operaciones de alta frecuencia en bolsa. Resulta que hay un programa informático que permite realizar transacciones en milisegundos (MILISEGUNDOS) y beneficiarse de los desfases de los precios. Si antes me parecía que debería estar prohibido comprar, y vender al rato siguiente, como medida obvia para acabar con la especulación improductiva, ahora que el rato son milisegundos, ni te cuento. ¿Qué ventaja económica sale de estas operaciones, salvo para el que las realiza? ¿Dónde está el beneficio para las empresas o para la sociedad que las nutre comprando sus productos?
Y mientras tanto, casi todos los gobiernos se oponen a la Tasa Tobin. Pues qué bien, que viva la pepa, y al  mismo tiempo, que viva el tiempo, que cada vez más, está claro que es oro.




lunes, 10 de septiembre de 2012

Volver




Hay verbos que nada más verlos dan miedo, como hendir o heder, y es porque nadie sabe cómo se conjugan. Pero esos no son los peores, hay otros, que están chupados en todos sus tiempos y personas, y sin embargo se te encoge el alma en cuanto aparecen. Ese es el caso de volver. Es un verbo que no admite matices: o vuelves o no vuelves. Tienes que decidir. Casi siempre, volver representa un desengaño, pese a lo cual es la opción más elegida. Por otro lado, volver implica que hay un punto en el que estás parado, que dejas de moverte, y eso nunca es bueno. La forma más gráfica de ver esto, para quien necesite ver esto de una forma gráfica, es lanzar una piedra hacia arriba: llega un momento en que la fuerza de la gravedad supera al impulso inicial y la piedra vuelve hacia el suelo, pero justo, en el momento en que invierte su trayectoria, hay un instante en que la piedra está detenida. Su velocidad es cero.
Casi todos los verbos tienen su contrario (no lo he pensado en profundidad, pero yo creo que todos lo merecen) y el opuesto a volver, es avanzar.
Hay quienes eligen, cuando se presenta la encrucijada, por avanzar y los hay que no esperan siquiera a que surja la disyuntiva y hacen todo lo posible para volver, mejor dicho, para que todo vuelva. No les basta con ser ellos los que vuelven, quieren que todos les acompañemos y volvamos todos juntos, así, en unión. Gallardón quiere que vuelva el orden natural de todo y que los matrimonios homosexuales dejen de ser una opción legal y aceptada socialmente. También quiere que la ley del aborto vuelva a sus inicios más restrictivos. Esperanza Aguirre quiere que volvamos a emponzoñarnos los pulmones los unos a los otros en bares y restaurantes. De momento va a pujar para que al menos se pueda fumar en los nuevos casinos que finalmente se construirán en su Taifa. Por cierto, digo yo, que entonces también se podrá fumar en los casinos ya existentes, ¿no?, ¿o a esos, como no forman parte del lote Sheldon, no les queda más remedio que acatar la ley? Ya veremos, pero volvamos, volvamos hacia atrás (quiero decir a lo que estaba diciendo, que nadie vea en esta expresión un intento de jugar con los conceptos). El ministro Wert quiere que volvamos a estar los niños con los niños y las niñas con las niñas y Rajoy que las fábricas y empresas vuelvan a ser los amos indiscutidos de los que allí van a trabajar.
No voy a poner más ejemplos, que luego me llaman ateo. Yo creo que está claro lo que quería decir al principio con que volver es un verbo terrible, pero para terminar, solo voy a hacer una especial mención que resume todo lo anterior: han vuelto los toros a televisión española. Sí. Precisamente ahora que la tele había dejado de ser la caja tonta para convertirse en todo lo contrario, una caja de lo más lista, con conexión a Internet, la posibilidad de ver programas que emitieron hace una semana, charlar mientras ves un partido de fútbol con tu primo que está en las chimbambas y otra serie de jolgorios tecnológicos, van y vuelven los toros. Vuelven los toros después de seis años de ausencia. Y lo hacen en horario de protección infantil, pero claro, eso qué más da, lo importante es recuperar la tradición de la peineta y la mantilla. Vuelven los toros, sí, por la puerta grande: vulnerando la ley. Exactamente el artículo 7 de Ley General de la Comunicación Audiovisual.
Como decía el tango, volver con la frente marchita. Snif.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Mi gato



Había un filósofo que establecía tres niveles de conversación. En el más bajo, el que no aporta nada interesante para nadie, es cuando hablamos de nosotros mismos. Cada intervención suele empezar siempre de la misma manera: a mí lo que me pasa… lo que a mí me gusta,… yo no soporto,… Es una conversación en la que por riguroso turno cada participante cuenta asuntos intrascendentales para el resto, pero que todos escuchan porque saben que es la única manera de asegurar que luego van a ser escuchados. Ninguno presta atención, por supuesto, pero eso es lo de menos, lo que importa es tener la oportunidad de hablar de uno mismo.
En el segundo nivel de conversación, hablamos de los demás, y aunque eso tiene mucha más gracia, sobre todo si desvelamos algo que debería permanecer oculto, sigue siendo una conversación de bajas exigencias intelectuales.
Finalmente, decía el filósofo, está el nivel más alto de conversación posible y es cuando hablamos de las ideas. Cada cual ha de argumentar, documentar, ilustrar su particular punto de vista de forma que resulte interesante, convincente y siempre de forma amena. Total nada. Por eso yo siempre prefiero quedarme en el primer nivel y hablar solo de mí, y eso es lo que voy a hacer ahora mismo. Es que me pasa cada cosa que no es para menos.
Tengo un gato al que me unen muchas cosas, pero nunca sospeché que también íbamos a compartir la trivalente felina, una vacuna, como casi su propio nombre indica, que entre otras cosas, previene contra la panleucopenia, o eso creo yo.
El caso es que llevé a Renato, que así se llama mi gato,  para que le pusieran la inyección y lo primero que me hizo pensar que las cosas no iban bien, es que una vez dentro de la consulta, el veterinario me pidió que me remangara la camisa. Yo, aún ignoro por qué, le hice caso. Después me puso la gomita elástica, me pidió que abriera y cerrara el puño un par de veces y sin preguntar si tenía algún síntoma del retrovirus de la panleucopenia, me puso la vacuna tan ricamente. Renato me miraba entre fascinado y satisfecho dentro de su jaula. El veterinario se apartó con profesionalidad y según tiraba a la papelera la inyección desechable, me comentó ufano:
    -Tiene usted unas venas que son una delicia. Tan salientes, tan localizables, tan fáciles de ver,… ojalá todos mis gatos fueran como usted.
    -Ya, pero es que yo no soy un gato –protesté.
    -Va, va, tonterías. No se puede imaginar el trabajo que da poner una inyección a un bicho de esos. No hay quién les pille la vena, con tanto pelo. Y luego se ponen hechos unas auténticas fieras. Ande, tómese usted estas pastillas después de cada latita por si le hace reacción, y vuelva por aquí dentro de cuatro meses que le toca la antirrábica.
Yo, guardé las pastillas en un bolsillo, cogí a Renato y nos fuimos de la clínica veterinaria, bastante desconcertados los dos. Hasta dentro de cuatro meses.


lunes, 27 de agosto de 2012

Frontera D





Hoy encontraréis mi artiblog (artículo para blog) en otra dirección.

La culpa es de mi amigo Félix (que de vez en cuando se deja ver por estos pagos) colaborador habitual de la revista digital Frontera D, y que me propuso mandar un artículo que respondiera a la pregunta de la sección QUÉ HACER. Dado que en ese momento no tenía otra cosa que hacer, pues lo hice.

Espero que os guste. Está en fronterad.com y la sección se encuentra arriba a la derecha.
Para los que quieren ir al grano, basta con que pinchen aquí


jueves, 23 de agosto de 2012

Banco malo


A mí, esto del banco malo me lo tienen que explicar mejor. En primer lugar, ¿seguro que es un banco? Estoy convencido de que lo llaman así porque no han encontrado otra forma para denominar ese invento, pero de banco nada. Vamos a ver, todos sabemos qué es un banco, y que buenos buenos, no hay ninguno, pero ¿quién va a ser tan imbécil que vaya a guardar sus ahorros, domiciliar su nómina, suscribir un plan de pensiones  o simplemente buscar sartenes en un banco que de momento, todo el mundo está de acuerdo en que es un banco malo, hasta sus fundadores? Es que habría que estar loco.
Yo tengo un primo que es dentista, bastante malo, de esos que te hacen una escabechina irreparable por no menos de 3.000 €, y nunca se le ha ocurrido decir: tengo una clínica mala, o mi consulta es bastante birria. Es más, yo lo veo orgulloso y satisfecho de tenerla y no lo creo capaz de poner en entredicho su profesionalidad. Porque esa es otra, el banco malo estará atendido por cajeros malos, y en el consejo de administración se sentarán malísimos consejeros. Digo yo. Nadie podrá decir, fulanito de tal es un crack de las finanzas, imagínate, ¡es el presidente del banco malo, que va de culo! Por cierto, ¿tendrá una sucursal en cada provincia, como cualquier otro banco, o de puro malo, solo estará la central y gracias?.
Resulta muy confuso llamarlo banco, es evidente, porque además, no debe de ser tan malo cuando hay un montón de gente interesada en él, incluso muy interesada. Muchísimas empresas que están sufriendo de lo lindo por el estancamiento inmobiliario contemplan al banco malo como su única salvación. Una auténtica bendición del cielo, vamos, y nadie del sector (ladrillo) quiere dejar pasar la oportunidad. Todo el mundo está postulando para que el banco malo cuente con él para lo que sea. Los promotores inmobiliarios reclaman su participación y las tasadoras, por supuesto, y las consultoras, y las auditoras y los promotores inmobiliarios. Y lo más llamativo de todo es que los grandes brokers internacionales también quieren entrar a formar parte del negocio, para salvar a España de la hecatombe, obviamente. Algunos presumen de su experienca demostrable en Irlanda. Hasta las cajas de ahorros, que muchas han sido los centros de generación del espanto, quieren entrar a su manera.
No, si al final, el banco malo va a ser un chollazo. Esto no hay quien lo entienda.
Si esto va bien (o mal, qué lío), podíamos trasladar el concepto a otros sectores. Por ejemplo, una fábrica de lavadoras mala, una cadena de supermercados mala, o una central eléctrica mala. Lo que está bien para un banco, no veo porqué no lo va a estar para otro tipo de empresa.
La idea puede extenderse hasta el infinito, verás la que liamos.

lunes, 20 de agosto de 2012

Energía potencial


Recuerdo al profesor de física explicando en qué consistía la energía potencial. Yo estaba en el colegio, que es el sitio donde se debe aprender qué es la energía potencial pues nosotros mismos representamos el mejor ejemplo de lo que eso significa. Imaginaos un arco, decía mi profesor, antes de disparar la flecha. Ese arco puede dar a una manzana, a un árbol, a una gacela en movimiento… hay una infinidad de dianas a su alcance. Tiene energía potencial. Una vez que se ha disparado la flecha, ya no tiene nada. Lo normal es que sea simplemente un intento fallido.
Creo que así explicado, todo el mundo entiende qué es la energía potencial. Por ejemplo, yo, cada vez que juego a la loteria soy potencialmente millonario, aunque la verdad es que no me sirve para nada. Pero me gusta. Tanto, que alargo todo lo que puedo el momento de mirar la lista de los premios, pues así, me siento rico (potencialmente) durante más tiempo. Pues bien, ese mismo profesor, o uno muy parecido, lo debió de tener mi amigo Matías, al que fui a ver el jueves pasado por un asunto que no viene al caso. Era la primera vez que lo visitaba en su domicilio, por lo que cumpliendo con un protocolo del que yo nunca he sido partícipe, me enseñó cada una de las habitaciones de la casa, como si fuera la presentación de los miembros de su familia: aquí está el comedor y eso de ahí, es un aparador que me regaló mi abuela, ahora pasamos al salón donde podrás ver un muble-bar de estilo modernista que compré en un anticuario hace tres o cuatro años en Barcelona. Síguéme por aquí que te voy a enseñar mi despacho,… total, que el bueno de Matías me hizo un recorrido por toda la casa y dejó para el final, lo que el consideraba su objeto de mayor valor.
    -Y este es el paquete –me dijo orgulloso señalando un paquete.
Yo lo miré sin descubrir nada que lo convirtiera en algo extraordinario, por lo que no tuve más remedio que poner cara de pez. Matías descubrió mi perplejidad, y lejos de aliviarla, la intensificó, acercándose el paquete a la cara como si fuera a olerlo y tras acariciarlo, lo depositó sobre la mesa con exagerada suavidad.
    -Lo tengo desde hace un par de años.
   -Fíjate –dije yo, por decir algo, pues no sabía qué decir.
    -¿Sabes qué contiene?
Mi gesto fue elocuente.
   -Yo tampoco –me dijo entusiasmado-.  Es un regalo que todavía no he abierto, ¿no es fantástico? –luego se arrellanó en el sillón y me habló como si fuera mi antiguo profesor de física-. Un paquete sin abrir contiene el mayor tesoro del mundo. Está lleno de magia, de sorpresa y mientras siga cerrado, contendrá lo que tú quieras imaginar. Una vez que le quitas el envoltorio descubres que solo contenía una realidad, casi siempre decepcionante y triste. Se acabó la maravilla.
     -¿Cuándo es tu cumpleaños?
Le hice esa pregunta porque repentinamente me imaginé el regalo perfecto para mi amigo, algo que le haría feliz por mucho tiempo. Se me ocurrió que le regalaría un paquete, sí, pero dentro, pondría otro paquete. Así, aunque lo abriera, seguiría siendo feliz con su contenido.
    -El dos de enero -me dijo. Yo tomé nota.





lunes, 13 de agosto de 2012

Autoridades


El otro día estaba viendo el final de una prueba de los Juegos Olímpicos, y tan final era, que solo llegué a la entrega de las medallas, pero fue revelador. Hasta entonces ese momento me había pasado bastante desapercibido y no había reparado en un hecho que es de suma importancia: ¿quién es el encargado de poner el trofeo a los vencedores? ¿Hay especialistas en poner medallas, de la misma forma que los hay en los cien metros vallas? Pues parece ser que sí, el otro día, ya digo, el misterio me fue desvelado. Después de sonar el himno nacional del merecedor del oro, el comentarista, con tono adecuado a las circunstancias, anunció que las autoridades iban a colocar las medallas a los campeones. Ya está, misterio resuelto, los encargados de colocar las preseas, como les ha dado por decir este año, son las autoridades. Pero ¿las autoridades en qué? ¿Autoridades en física cuántica, en matemáticas? Porque uno es una autoridad en algo, no así, en general. No me imagino a la madre de una autoridad diciéndole a una vecina a la que se ha encontrado en la escalera: 
    -Pues sí hija, el mayor ya ha terminado derecho, la pequeña ha empezado medicina y luego está Pablito que es una autoridad.
O Bien, que Pablito va a estudiar para ser una autoridad. O al mismo Pablito, cuando alguien le pregunta en qué trabaja, que diga:
    -¿Yo?, soy una autoridad.
Luego, me olvido de los JJOO y rebuscando en mi memoria, aparece la imagen repetida en las noticias, desde la época del NODO, en la que siempre, de alguna manera, “las autoridades” hacían acto de presencia. También me acuerdo de que cuando hay un acto público, y vemos una parcela vacía y espaciosa separada con un cordón rojo, generalmente de terciopelo, resulta que está reservada “para las autoridades”. Y digo yo, ¿por qué no llamar las cosas por su nombre y poner directamente, espacio reservado para los políticos?  Porque eso, político, sí se puede ser de forma general, de la misma forma que uno puede ser de forma general cualquier otra cosa a la que se dedique. Pablito es político, y ya está. No hay necesidad de apabullar a nadie. Se es político como se es asesor financiero, no hace falta ir presumiendo de que es una autoridad, título que nadie, salvo ellos mismos, les ha otorgado. Luego, eso sí,  la historia los pone en su sitio, y hablan de don fulano de tal, gran político y pensador de principios de siglo, olvidando por completo el tratamiento de autoridad, que hasta da un poco de miedo. O menganito, político y jurista en el reinado de Alfonso XII. A nadie se le ocurre decir, don fulano, autoridad en el gobierno de zutano, destacó por su nulidad (que a su vez, Zutano sería otra autoridad, claro).
Entonces quedamos, que para evitar que se les suban los humos (solo les faltaba esto), vamos a poner, espacio reservado a los políticos, donde hasta ahora ponía reservado para las autoridades, o mucho mejor, como pone en otros lugares, espacio restringido a personal de obra. A fin de cuentas no paran de repetir lo mucho que trabajan.




lunes, 6 de agosto de 2012

f(x) = senx


Agosto en Madrid, otro agosto en Madrid. Digo, esta vez va a ser diferente, pero sé que no, que por mucho que me empeñe, será como otros agostos anteriores. Entonces me fijo en que esto es una norma universal, y que no sólo me afecta a mí, sino a todo el mundo, y no sólo al mes de agosto sino a cualquier partición convenida del tiempo. Los seres humanos despiezamos el tiempo como quien parte una tarta, y todos los trozos nos salen cuidadosamente iguales, si no, fijaos en que todos los lunes son idénticos. También, un sábado es igual a otro sábado, pero un domingo no tiene nada que ver con un martes. Los días se repiten con disciplinado orden, de la misma forma que las estaciones. Incluso las horas: las 9 de la noche de un miércoles es igual a las nueve de la noche de otro miércoles pero diferente a las nueve de la noche de un viernes, o las doce del medio día del mismo miércoles. Por supuesto, esto es más notorio en fechas señaladas, a nadie se le escapa que entre un día de Navidad y el siguiente y el anterior, no existe ninguna diferencia. Podemos decir que nuestras vidas siguen funciones trigonométricas, son ondas que se propagan siguiendo una pauta cíclica. Un máximo, un punto de inflexión, un mínimo, un máximo, un punto de inflexión, un mínimo,…
Esto es así y tenemos que aceptarlo, diréis todos, pero resulta que no, que se puede hacer algo para conseguir que  cada vez que nos levantemos no sepamos ni donde estamos ni qué va a ser de nosotros. ¿Cómo?, pues la cosa no es nada fácil, la verdad, además entraña sus riesgos, y la cooperación de todos. La idea consiste básicamente, en ir cambiándonos unos por otros, de modo que, por ejemplo,  yo tomo el lunes de otra persona y le cedo el mío, y así sucesivamente. Es decir, un día salgo de casa y entro como siempre a desayunar en la cafetería de la esquina, me siento a una mesa y después de tomarme un café con porras, me levanto y atiendo la mesa de al lado. Entonces, Matías, el camarero, se quita el delantal y acude a mi oficina. Yo después de despachar un par de mesas, me voy con una señorita ejecutiva de una multinacional que ha pedido un cruasán a la plancha y dejo a su acompañante atendiendo la barra que a esas horas se pone imposible. Asisto a una reunión en la que mantengo firme mi postura de no aceptar el plan de marketing presentado, y salgo a la calle, cojo un taxi, pero nada de pasajero como siempre, sino de taxista, y llevo a un señor a Manuel Becerra y ahí lo dejo, con el taxi. Yo subo a su casa, me siento en un sillón comodísimo, tras apartar a un perro de lanas, y su mujer me ofrece una cerveza con unas peladillas que yo acepto encantado.
A la mañana siguiente, ya veremos.

lunes, 30 de julio de 2012

El hombre que estaba delante de la ventana



El hombre estaba sentado en su sillón preferido. No leía, sólo pensaba. Miró hacia la ventana y vio una borla  erizada de sol jugando en el cristal. El viento, suave pero insistente, creaba una coreografía haciendo que pequeñas cosas que nunca había visto se movieran levemente. También la cortina bailaba a su son inaudible. Entonces el hombre se fijó en algo que había sobre la mesa; era una caja de madera de sándalo, o quizá de cedro, abierta, mostrando su interior vacío a excepción de una pequeña figurita de porcelana que apenas era visible. Representaba a un pato, hecho en barro y coloreado de forma admirable para el tamaño que tenía. No sabía quien podía ser el propietario de la caja, nunca la había visto ahí. Entonces se le ocurrió que podía ser de un ángel. A fin de cuentas, nunca se había oído que los ángeles no pudieran tener cajas de sándalo o de cedro.
El hombre, que jamás había sentido plenamente la felicidad, tan solo estremecedores momentos, casi eléctricos, y siempre muy distantes entre sí, supo, en cuanto vio la caja con la figurita en su interior, que ahí podía guardar uno de esos instantes y conservarlo para siempre. De esta forma, cuando quisiera sentirse feliz, bastaría con abrir la tapa y elegir el momento que quisiera. 
Entonces se abríó una gran zanja delante de él. Si saltaba al otro lado sin caerse ... podría alcanzar la caja. Midió sus fuerzas y se levanto de su sillón preferido con decisión.

Afuera, el sol seguía en el cielo en compañía del viento. El ángel miraba pero no hacía nada más.





lunes, 23 de julio de 2012

Too much


Parece mentira que todos los seres vivos procedamos del alga azul, me dijo mi gran amigo invisible con el que aún tengo interminables charlas. No sé qué decirte, le contesté. Entonces, añadió, déjame que te diga yo:
    -Verás, como sabes, todos los seres vivos hemos evolucionado de otras formas de vida anteriores hasta llegar a ser lo que somos y todos hemos partido del mismo bichejo inicial. A partir de ese inicio común, cada cual ha ido desarrollando lo que necesitaba para sobrevivir en su entorno, siempre muy competitivo y en el que tan solo los más capacitados y adaptados conseguían transmitir sus genes, es decir, reproducirse y establecerse. Ni qué decir tiene que en el camino se han quedado intentos malogrados, algunos, después de haber sido probadamente exitosos durante muchísimo tiempo, hasta millones de años. Fíjate si no en los dinosaurios.
Yo me fijé en los dinosaurios, mentalmente, claro, y le di la razón a mi amigo invisible que siguió con su discurso.
    -Las estrategias elegidas por cada especie son infinitas y opuestas. Algunas consiguen sobrevivir por ser grandes y otras por todo lo contrario, siendo minúsculas. Unos desarrollan siete filas de dientes, y otros se hacen chupóteros y no tienen ninguno,…
    -Ya, ya, -interrumpí a mi amigo invisible-  todo eso lo sé, es más, todo lo que tú puedas saber, antes lo he sabido yo, recuerda que tú eres un invento mío, mi amigo invisible de toda la vida, así que no trates de impresionarme.
No vi su gesto pero apuesto a que fue de fastidio.
    -Claro, pero yo arrojo luz sobre un lado que para ti está oculto. También, siempre ha sido así, es mi papel.
No tuve más remedio que darle la razón y con un gesto le invité a que siguiera con el rollo que me estaba soltando.
    -A donde quiero ir a parar es que los seres humanos estamos equivocados si pensamos que nuestra estrategia es la mejor, y además definitiva. Pensamos que nuestra gran inteligencia nos garantiza la permanencia en el planeta, y estamos convencidos de que hemos evolucionado de la mejor manera posible al desarrollar el pensamiento complejo, creyendo que ese es el mejor sistema de supervivencia. Un diseño ganador, nos hemos llega a autodenominar. Gran error.
    -¿Qué me dices? –pregunté incrédulo.
    -Te digo dos cosas, la primera, que para sobrevivir en este planeta no es preciso ser tan inteligentes. Hemos adquirido una inteligencia excesiva… nos sobra para mantenernos con vida en este mundo hostil. Y no es bueno tener algo que no es necesario, esa es la cuestión.
Me quedé mirando a mi amigo invisible, lo cual en si mismo es una pérdida de tiempo, y reconocí que podía tener razón: las cosas innecesarias son un estorbo. Alcé los hombros para indicar que estaba listo para escuchar su segunda observación.
     -Lo segundo, es consecuencia de lo primero: ese exceso de inteligencia es la razón por la cual despareceremos como especie.
Pensé en bombas nucleares, virus artificiales, primas de riesgo, guerra química,… y se me puso la piel de dinosaurio.
Luego mi amigo invisible me recordó que el tigre dientes de sable, precisamente se extinguió porque la característica que  en un principio le sirvió para sobrevivir, cuando creció desmesuradamente, le sirvió para desaparecer. 
Miré con envidia a un pequeño mono invisible que estaba al lado de mi amigo invisible. Se le veía, es un decir, feliz.






lunes, 16 de julio de 2012

Hierro y seda


Hierro y seda, una estrategia que no falla. Claro que hay que saber aplicarla. Los grandes campeones de motociclismo suelen tenerla muy en cuenta, tanto que llegan a grabar cada una de estas dos ideas en las manetas del freno y del embrague. Martillo y mantequilla, aparece en la moto de Joge Lorenzo. Perfecto. Rajoy también emplea esta estrategia. Se recortan las prestaciones por desempleo, y la amnistía fiscal libera de las obligaciones tributarias a los que han burlado la ley. Hierro y seda. Mientras trata de proteger a los responsables de engaños descomunales como el caso Bankia, se quita de encima a todos los mineros, que no paran de molestar. Se perdonan y se ocultan casos de corrupción infames (sí, Gürtel), pero ven normal y perfecto que al juez que trataba de poner un poco de orden en tan maloliente asunto sea inhabilitado. Se elimina la paga de navidad a los funcionarios y no se hace nada para evitar jubilaciones millonarias a los consejeros de entidades financieras que han necesitado dinero público para seguir funcionando. Se sube el IBI, las tasas de basura, los catastros, los trasportes públicos, pero la Iglesia mantiene su estatus divino, sin apechugar con el terrenal. Hierro y seda.

Se disminuyen prestaciones sociales básicas y no básicas, se aumenta la edad de jubilación, se reduce el tiempo de la prestación por desempleo (para evitar la molicie y hacer que los parados se tomen más en serio que tienen que buscar trabajo), se ajusta la ley de la dependencia a los nuevos momentos de crisis buscando la comprensión de todos los que se dejan su tiempo y su vida cuidando de personas que no se pueden valer por si mismas, se establece el requetepago de los medicamentos, se anulan convocatorias para opositar a maestro, se reduce el profesorado y se les exige más horas, los gastos (inversiones, los llamaría yo) en investigación y ciencia se reducen a niveles cuartomundistas, se reduce el número de médicos, … y sigue, y tras anunciar Rajoy mayores sacrificios absolutamente necesarios “porque no se puede hacer otra cosa”, toda la bancada del PP se deja las manos rojas (perdón, encarnadas) de aplaudir. Incluso, una entusiasmada parlamentaria, Andrea Fabra, llevada por la comprensible pasión del momento, se atrevió a gritar un clamoroso “que se jodan” según batía palmas. De casta le viene al galgo. Mientras a su padre no para de tocarle la lotería con una suerte verdaderamente envidiable, su retoña, disfruta de lo lindo con los recortes de Rajoy. Luego se mostró indignadísima por la torticera interpretación que hizo el PSOE del grito que le salió del alma. Me refería a un miembro del partido, aclaró visiblemente ofendida, pero sin decir a qué miembro se refería, no fuera a contestarla, aunque primero declaró que el “que se jodan” iba dirigido a todos los parlamentarios socialistas. Ya, pero es que los que se joden, no son los parlamentarios socialistas, sino todos los que nos veremos afectados por los recortes anunciados por lo que no hay correspondencia entre estímulo y respuesta. Pero no nos dejemos llevar por pequeñas incoherencias, y admitamos que era un “que se jodan” dirigido exclusivamente a los socialistas, dijera lo que dijera previamente su líder. Lo que ocurre es que la casualidad es perversa y coincidió justo cuando anunció la ruina del país. Qué gracia. Nadie de su partido ha recriminado el grito, fuera dirigido a quien fuera. Hierro y seda.
Rajoy aplica a rajatabla la estrategia de mano de hierro y mano de seda. Como los grandes campeones. Sólo que le falta el pequeño detalle de acertar. 
Mientras tanto, el IVA de los funerales ha subido 13 puntos, por lo que ya, hasta morirse va a ser un lujo.