Ya he hablado anteriormente de mi vecino, aquel tipo
con el que solía jugar al pádel hasta que decidió cambiar el pádel por extrañas
reuniones en las que teníamos que buscar hitos, y que me caía todo lo bien que
puede llegar a caerme un vecino. Es fácil recordar, lo mencioné la semana
pasada. Lo que no mencioné es que además de la manía que le entró por buscar
hitos, tiene otras peculiaridades dignas de contar. También le gusta charlar
sobre la teoría de la relatividad. En cierta ocasión me comentó que la primera
vez que se había emocionado en su vida fue cuando formuló, sin apenas darse
cuenta, las ecuaciones diferenciales que muestran que los campos magnéticos se
difunden en forma de ondas polarizadas y a la velocidad de la luz. Yo le entendí
perfectamente pues a pocas personas en el mundo se les ha concedido una
experiencia semejante, pero le corregí que se refería a ondas
electromagnéticas, no magnéticas a secas. Acuérdate de Maxwell, le dije. Me
preguntó sorprendido si yo estaba interesado en los estudios relativistas y
cuando le confesé afirmativamente (con cautela, no me gusta revelar mis
pasiones ocultas), se le iluminó el gesto con una sonrisa. Entonces me cogió de
la mano, y como un chiquillo en el recreo hizo que le siguiera hasta llegar a
la escalera que había en una esquina del salón.
-Te voy a descubrir algo que no le he enseñado ni a mi mujer ni a mis
hijos ni a nadie. Tú eres el primero.
Esta declaración hizo que me sintiera un tanto
turbado, pero aguanté expectante a lo que pudiera venir.
-vamos a subir al piso de arriba y lo comprenderás inmediatamente sin
más explicaciones –llegamos a la planta superior y mi vecino me soltó la mano
entusiasmado.
-¿Qué día es hoy? –preguntó. Martes respondí- No, mira el calendario:¡estamos
a miércoles!, martes era en la planta de abajo.
-¿Quieres decir…?
-¡Exacto! Quiero decir que si subimos una planta más estaremos a jueves,
y si bajamos tres plantas estaremos en lunes. ¿No es fascinante? Te preguntarás
cómo funciona pero a poca imaginación que le eches te darás cuenta enseguida de
que no es tan complicado. Ven, sígueme.
Mi vecino empezó a subir sin parar, pisos y más
pisos, en una enloquecida carrera que me estaba dejando sin respiración. Yo le
seguía pisándome los pulmones y cuando ya apenas podía dar un paso más se
detuvo en la planta doce de enero de 2013. Yo estaba exhausto. Y tendiendo en
cuenta que tanto mi vecino como yo vivimos en “pareados” de dos plantas, además de exhausto estaba confundido,
aún así aproveché para llamar por teléfono a mi madre y felicitarla por su
cumpleaños que precisamente es el doce de enero.
-Felicidades mamá –le dije-, espero que estés bien. Este año no me ha
dado tiempo a comprarte un regalo pero en cuanto baje las escaleras te busco
uno.
Dejé a mi madre con la misma opinión que siempre ha
tenido sobre mi salud mental y pregunté a mi vecino:
-¿Cómo pudiste aplicar las ecuaciones de Lorentz-FitzGerald en una
escalera?
-¿Bromeas?, eso fue lo más sencillo. Todo ocurrió un día en que estaba
desatascando las cañerías y ya ves, empecé a hurgar aquí y allá y una cosa me
llevó a otra y al final conseguí construir este bonito punto singular en el
universo. ¿Qué te parece?
-Estupendo. Mucho mejor que lo de los hitos, incluso mejor que el pádel.
-Sí, la verdad es que no está mal. Además con lo despistado que soy yo,
me viene fenomenal. ¿Qué se me olvida hacer algo un día? Pues bajo un piso, lo
hago, vuelvo a subir a mi planta, y santas pascuas.
Imaginé esa aplicación y reconocí que yo estaría todo
el día en la planta de abajo haciendo las cosas que habitualmente tengo que
hacer y nunca hago. Luego mi vecino me miró directamente a los ojos, me cogió
las dos manos y con solemnidad me hizo prometer que no revelaría a nadie su
secreto. A continuación se despidió de mi, se dirigió a la ventana y sin
pensárselo dos veces se arrojó al vacío desde la planta 12 de enero de 2013.
Supongo que moriría estrellado contra el momento de su nacimiento, por lo que
inmediatamente volvería a la vida.
Quizá no era la primera vez que lo hacía, pensé mientras bajaba las escaleras
lentamente.
