viernes, 31 de julio de 2026

No hay despedida sin dolor



    Últimamente estoy empezando a obsesionarme, y eso no es nada bueno. Uno no se obsesiona en general, claro, sino que se obsesiona con algo concreto. En mi caso me estoy obsesionando con el paso del tiempo y lo que eso significa para los que estamos vivos. 

    El hombre siempre ha tratado de encontrar la gran diferencia que le separa del resto de animales en una clara demostración de su convencimiento de superioridad, y todo lo que ha encontrado es que nosotros sí somos conscientes de que nos vamos a morir. Por lo visto, los demás seres vivos ignoran este dato, lo que les evita obsesionarse, como me estoy obsesionando yo. Tiene narices, la gran diferencia entre un chihuahua y yo, juega en mi contra, y mientras él es feliz hasta que estira la pata, yo me paso los últimos años en un sinvivir. Y luego decimos que somos superiores, hay que fastidiarse.

    Como pasa con cualquier obsesión, me veo impulsado a reservar cierto tiempo al día para pensar sobre la mía. Yo me tomo muy en serio esto de las obsesiones, quizá porque solo tengo una, y procuro dedicar, por lo menos, media hora diaria a darle vueltas al paso del tiempo. 

    En mi sesión de ayer llegué a la siguiente conclusión, que me parece que se va a convertir en otra obsesión. Pensé, que cuando me muera y me vaya al infierno (la otra opción queda  descartada por inconfesables motivos) voy a echar mucho de menos a mis vivos y eso me va a matar de pena. Porque se habla mucho de todo lo que los vivos lloramos cuando se nos muere un ser querido, pero nadie dice nada de lo mucho que llorará el muerto por el mismo motivo. El sentimiento de pérdida es recíproco. 

    En otras palabras, si yo me muero, me echarán de menos media docena de personas, pongamos por caso, pero quién sale perdiendo con la separación soy yo que echaré de menos, no a una persona, sino a seis. 

    La conclusión es que los muertos lloran a sus vivos lo mismo que los vivos a sus muertos, pero como cada muerto tiene más vivos que añorar, el sufrimiento será mayor. 

    Prefiero lo del chichuahua.






lunes, 27 de julio de 2026

Quicretor



    

El idioma español es, por lo visto, uno de os más complicados de aprender para un angloparlante por la dificultad que encierra la conjugación de sus verbos. Tenemos tres terminaciones, en ar, er e ir, y las tenemos como herencia fatigosa del latín que ya las tenía. En realidad, en latín hay cuatro, pues la terminación en er, se desdobla en er abierta y er cerrada. Más lío.

    Es curioso observar que la terminación más operativa de las tres, es la correspondiente a la primera conjugación: ar. De hecho, es siempre la que utilizamos cuando introducimos un neologismo verbal: googlear, tuitear, chatear... También recurrimos a ella cuando nos inventamos un nuevo verbo: podcastear, o lo que estoy haciendo yo ahora, bloguear. Parece lo mismo, pero hay una sutil diferencia: el primer caso, el de los neologismos, cuenta con la bendición académica, mientras que el segundo caso aún no ha pasado por ese tramite y es lo que nos sale de nuestro natural. Y de forma unánime. A nadie se le ocurre decir, ayer fui a tardeir con mi amiga Salomé.

    Esta situación es de una injusticia atroz detectable para cualquiera que tenga un mínimo sentido de la justicia. La justicia debe llegar a todos los rincones, no solo a los concernientes al comportamiento humano y ha de aplicarse también en asuntos semánticos, lexicológicos, y ya puestos, morfológicos. Por eso, propongo dejar de utilizar siempre la primera conjugación para acuñar verbos que los nuevos tiempos demandan. Y voy más lejos (total, no me cuesta ningún trabajo), propongo la formación de una nueva conjugación, la cuarta, para estos nuevos verbos, y hacerlos terminar en or.

    Esta propuesta no tendría ningún sentido si no la aplico a un caso en concreto y es lo que voy a hacer inmediatamente para eliminar cualquier sospecha de falta de fe en el proyecto.

    Atención,  el primer verbo en español, o castellano, no voy a entrar en esa polémica, de la cuarta conjugación, es...

QUICRETOR   

    Se conjugará siguiendo las normas de la primera conjugación para simplificar, de modo que diremos: Fulanito quicretea de lo lindo, o, menganito siempre está quicreteando. Este verbo, además de hacer justicia con su terminación innovadora, es de una utilidad inimaginable a día de hoy. Podemos decir sin riesgo a equivocarnos que la totalidad de la población no para de quicretor. Siempre se ha quicreteado bastante, las cosas como son, pero actualmente, con las redes sociales, que más bien son marañas, no se para de quicretor. La mayor parte de las veces de quicretea con tal pasión que la gente se vuelve idiota.

    Ahora, igual que cuando se descubre la placa en una inauguración, viene el momento más emotivo, desvelar el significado del nuevo verbo que sin duda gozará de una vida muy larga.

    Quicretor, atención, significa estar dispuesto a creerse todo lo que te digan y refuerce lo que ya pensabas antes de leer nada. Es la síntesis, correctamente formada de QUIero CREer TOdo. Quicretor. Está clarísimo. 

    Pues eso, espero y os deseo que no quicretéis.







sábado, 18 de julio de 2026

El gran partido


  

    Antes de que se juegue el gran partido que va a enfrentar a España contra Argentina, quiero remarcar precisamente eso: que se trata de España contra Argentina. Ya no es simplemente un deporte, un juego, es una batalla dónde habrá un país vencedor y un país vencido. Así es el fútbol, un remedo del enfrentamiento entres dos bandos: Barcelona contra Madrid, Canarias contra Valladolid, Inglaterra contra Escocia.... y en el campeonato mundial, es... la mundial.

    Yo soy un gran aficionado al tenis, y jamás he visto que cuando se enfrentaba Nadal contra Federer los espectadores nos tomáramos el partido como una contienda entre España y Suiza, pero con el fútbol eso sí pasa. El fútbol, por lo que yo puedo observar, apela al sentimiento de tribu de una forma apasionada, por eso es tan apasionado. Sus seguidores realmente sufren cuando pierde su equipo y lo celebran hasta el paroxismo cuando gana. Los más forofos llegan a llorar con la derrota y con la victoria se vuelven locos como si a ellos les afectara realmente en algo. Ese es el secreto del enorme éxito que tiene este deporte (supongo), que trasciende al espectáculo y toca la fibra del honor tribal que hay que defender. Rajoy, no ha podido dejarlo más claro con su racista comentario sobre los jugadores de la selección francesa.

Admitámoslo, un partido de fútbol, o te empapas de ese fervor, o resulta tedioso. Eso sí, como lo sientas como algo tuyo... nada va a resultar tan emocionante.

    Según he escuchado esta tarde, para la final de mañana la entrada tiene un precio que oscila entre los 7.125 € y los 83.639. La exactitud del precio también me ha sorprendido a mí, pero es lo que aparece en la web de Radio Televisión Española (creo que se debe a que el precio no es fijo sino que varía según la demanda. Anda que no son listos). Viendo las dimensiones del estadio dónde se va a celebrar la final, cabe esperar que desde la localidad de 7.125 €, si el espectador quiere ver el partido en detalle, más vale que se lleve una televisión portátil o lo siga por su teléfono móvil. Y ya no quedan entradas, se han agotado todas. 

    Otro dato interesante: según Bloomberg Intelligence, la FIFA obtendrá 9.000 millones de dólares en ingresos por esta copa de fútbol, lo que representa un incremento superior al 40% respecto al récord anterior de 6.300 millones registrado en el mundial de Qatar de 2.022.

    El fútbol cada vez  mueve más pasta. Sus organizadores y empresarios saben que el aficionado está dispuesto a todo porque la pasión es lo que tiene, que no entiende de razones, y van a seguir explotando esa mina con variadas estrategias. 

    Por ejemplo, esas pausas de hidratación, innovación de este mundial, que nos parecen tan humanas para evitar que los deportistas no se mueran en mitad del campo, están pensadas únicamente para poner anuncios de televisión que se pagan a precio de oro. 

     La presión que hay en los medios con noticias de fútbol hoy día llega a ser abrumadora; los que disfrutan con el fútbol no lo notan, pero yo siento que alguien está intentando por todos los medios que yo me sienta interesado por el fútbol. Me levanto con noticas de fútbol y sigo así todo el día, machacado por radio, televisión y prensa, hasta que por la noche me meto en la cama y ahí siguen, intentado que me aficione.  Los que hayan leído Trampa 22 de Joseph Heller me entenderán cuando digo que me siento como su protagonista, Yosariam, que está convencido de que  lo único que quieren los alemanes es matarlo a él. Y no le falta razón, eso es exactamente lo que querían los alemanes, matarlo a él y a todos los pilotos de bombarderos, pero claro, él veía el fenómeno desde su única perspectiva.

    En fin, estoy seguro de que mañana veré el partido y eso de que gane el mejor, nada: espero de corazón que  gane España y si es por goleada, mejor. Disfrutad del partido.











lunes, 6 de julio de 2026

Golazo por todo lo alto.

     



Voy a ser muy breve, sobre todo porque no tengo ni la menor idea de fútbol y una vez que diga lo que quiero decir, que lo toca de rebote, me quedo fuera de juego.

    Esta mañana he escuchado en la radio y luego lo he leído en dos periódicos, una noticia que a todos, espero, nos ha llenado de estupor. Se trata de lo siguiente: un jugador es sancionado durante un partido con la tarjeta roja, lo que por lo visto, le inhabilita para seguir participando en los torneos de la Copa del Mundo, peeeeeero, tras la pertinente llamada de Trum a la FIFA, se le retira la sanción por lo que podrá seguir jugando el siguiente partido. Como si la cosa no fuera con él. 

    Y así es: la cosa no va con él porque él es el jugador estrella de la selección de USA, y si Trump se salta las leyes internacionales que hablan de derechos humanos, y también se salta las propias que protegen a sus ciudadanos, como cualquiera puede entender, saltarse ahora las leyes del fútbol es una chorrada.

    Ya he dicho que el fútbol no me interesa pero es imposible no enterarse de noticias sobre este deporte, y me suena que la FIFA ya hizo el imbécil antes de empezar la Copa del Mundo, regalándole a Trump una medalla: la medalla de la FIFA de la paz, un sucedáneo chungo del Nobel, recién inventada este año para Trump. 

    Se levanta la veda al juego sucio. Joder, es que no se cansan...






Catástrofe natural

 Pues eso:


AQUÍ, EN NUEVA TRIBUNA


lunes, 29 de junio de 2026

Catástrofe natural


    

   

    No hay alivio para el dolor. Ya sé que la noticia no es de ahora, que va con retraso, pero bajo esos escombros el tiempo se ha detenido, ya no cuenta. Hubo un momento en que aún se podían salvar vidas, quedaba la lejana posibilidad de escuchar alguna señal que animara a escarbar hasta con las manos, pero ahora eso ya no es posible, no hay ni esperanza. 

    Igual que este edificio hay cientos, imposible conocer la cantidad exacta. Lo que sí se conoce es que muchos de sus moradores están muertos. Niños (siempre ponemos a los niños en primer lugar, porque la injusticia es mayor con ellos), ancianos, jóvenes, mujeres que atienden, atendían a sus familias, profesionales que iban a sus trabajos, comerciantes a sus negocios... todos han perdido sus casas, nadie está a salvo del horror.

    Donde hubo barrios llenos de vida, ahora es una montaña de edificios muertos y parece que la suerte, la mala, se ha cebado con los hospitales: el 92% está destruido. El panorama no puede ser más desolador: sin agua, sin electricidad, sin servicios de limpieza, sin policía, sin bomberos, sin profesores porque ya no hay colegios, sin comida, sin casas dónde vivir ni hospitales dónde morir ni siquiera cementerios dónde ser enterrados,... y lo peor de todo ¡sin ayuda!

    Nadie ha acudido a echar una mano porque no dejaban entrar a nadie, tan solo podía pasar el ejército más moral del mundo. Muchos lo han intentado y sus coches han sido bombardeados.

    Van más de 73.000 muertos y Netanyahu sigue matando con toda naturalidad. Es lo que tienen las catástrofes naturales.








sábado, 6 de junio de 2026

Casi


 

    El otro día leí de un sesudo escritor (los hay que no lo son, estoy seguro), que comparaba el acto de leer con el de caminar. Y no le falta razón (por eso era sesudo), pues en ambos casos transitas de un sitio a otro, el viaje enriquece y te da la posibilidad de visitar lugares interesantes o nuevos y por supuesto, interesantes y nuevos simultáneamente.

    Siguiendo con el símil, puede ocurrir, que en ese caminar tropieces con alguna palabra que sobresalía ligeramente en el camino. Vas andando distraídamente, admirando el paisaje y de repente... ¡zas! se produce el traspiés. Mi abuela decía que quién tropieza y no cae, avanza terreno; en el caso de los tropezones con palabras mientras lees, sin ninguna duda. Casi todo en la lectura es un avance en el terreno, incluyendo los traspiés.

    Puedes tropezar con una palabra desconocida y como eres curioso, a partir de ese momento deja de ser desconocida. La miras, te agachas, la tocas y a continuación la tienes en cuenta para no volver a tropezar en ella en posteriores paseos.

    También puede ocurrir que el tropiezo sea con una palabra sobradamente conocida, pero que por las razones que sean, sobresalía más de la cuenta y te hace trastabillar. En este caso, lo normal es que continúes con tu paseo sin darle mayor importancia, o... no.

    A mí me pasa continuamente con la palabra "casi". Sé de sobra lo que significa, pero cada vez que aparece en un texto, tropiezo en ella y me obliga a detenerme para ver qué ha pasado. Me he encontrado con personas casi dispuestas a todo, gatos casi cariñosos, madres casi abnegadas, profesionales casi perfectos, policías casi atentos, hijos casi respetuosos, y últimamente partidos (políticos, claro) casi intachables. Ni que decir que los políticos casi honrados abundan de la misma manera que abundan los casi corruptos, aunque afortunadamente sean mayoría los cien por cien honestos,

    Una de las palabras más imprecisas que existen, es una de las más utilizadas, por eso no paro de tropezar con ella. A veces nos basta con una aproximación, lo que casi demuestra que muchas veces preferimos conocer casi la verdad.






domingo, 24 de mayo de 2026

Peineta española



    Todos tenemos un lado oscuro. No voy a ser yo el único.  Hay una parte de mí que procuro mantener oculta porque, las cosas como son, me avergüenza cuando se desvela. Sí, amigos, albergo rincones a dónde no llega la luz de la razón, ni de la piedad ni de la ternura, ni de ningún rasgo que haga pensar que soy un tipo amable. 

    La sinceridad no exime de la culpa, lo sé, pero el poder purificador de la confesión es tan útil que sería una tontería no hacer uso de ella. Así pues, voy a hacer público la última manifestación de mi lado oscuro.

    Volvía yo a mi casa de hacer unos recados que no viene al caso detallar, cuando al entrar en una calle me encontré con un pequeño atasco de cinco o seis coches. Tengo que aclarar, que donde vivo, seis coches parados en una calle, es ya un gran atasco que merece una explicación.    

    Cuando detuve el coche, atisbé impaciente a ver si conseguía descubrir quién era el pelmazo que estaba originando el imperdonable embotellamiento. Tengo que decir en mi defensa que ese día me había levantado de un humor de perros, todos tenemos un mal día. Enseguida vi que se trataba de un coche detenido en mitad de la calzada, con las puertas abiertas, y alguien en su interior tratando afanosamente de salir sin conseguirlo de manera satisfactoria. Creo que eran unos doscientos niños, no estoy seguro del número, justo enfrente hay un colegio y caben todas las posibilidades.

    En la puerta del coche, un individuo, hacía señas a los coches detenidos detrás, para que pasaran de forma ordenada. Un detalle por su parte que trataba de compensar el trastorno de estar parado en mitad de la calzada cuando podía haberse detenido a un ladito, sin molestar a nadie. Lo que se dice a nadie.

    Pasa, el primer coche, pasa el segundo, el tercero... y cuando llega mi turno, me fijo en el individuo culpable de provocar el monumental atasco aunque intentara torpemente solucionarlo,  y con gran elocuencia le muestro mi mano derecha con el dedo medio bien tieso y visible, para dejar bien claro lo que yo pensaba de su espontánea actitud para organizar el tráfico.

    ¿Por qué le hice la peineta al buen señor? Pues sencillamente porque me pareció un capullo, no hay más razones. Pero claro, no se puede ir haciendo la peineta cada vez que te encuentras con alguien que te parece un capullo. A no ser, que te resulte imposible reprimir tu lado oscuro.

jueves, 21 de mayo de 2026

No te muerdas la lengua


    

 Mi preparador nacional de tenis me está enseñando a hacer malabares con tres pelotas (en tenis decimos bolas) con el fin de mejorar la coordinación. Es un lío, en serio. Parece sencillo pero es endiabladamente complicado. Me parece que con esto me va a pasar lo mismo que con el inglés, jamás lo dominaré. 

    Lo cierto es que me vendría fenomenal tener mejor coordinación, no solo para responder con rapidez cualquier paralelo que me lancen a traición, también a la hora de comer un estofado de carne con patatas. No trato de hacerme el gracioso, es que me muerdo la lengua muy a menudo.

    No nos damos cuenta, pero el hecho de comer sin comernos a nosotros mismos, es muy meritorio y sorprendente. Masticamos a un ritmo, tan rápido como decidido, a veces muy rápido y muy decidido apremiados por el ansia, sin ser conscientes del peligro que corremos. 

    Por lo visto, unos de los músculos más formidables que tenemos son los que accionan la mandíbula. Si atamos, ya sé que no es fácil imaginarlo, sesenta kilos a nuestra mandíbula con la boca abierta, seríamos capaces de cerrarla sin apenas esfuerzo. Levantamos mucho más peso, con solo cerrar la boca, que con los biceps. Esta imagen es una metáfora del poder del silencio y una descripción de la fuerza que tienen nuestros maseteros por no hablar de lo que hacen el  pterigoideo medial y el interno. 

    Ahora imaginemos que nos encontramos en medio de esa masticación enloquecida, accionada por unos músculos poderosísimos sin posibilidad de frenarlos, y tenemos que distribuir trozos de patata, carne, y otras mercancías para que sean trituradas entre las afiladas muelas. Muy peligroso, se necesitan nervios de acero, una agilidad impresionante y una coordinación sobrehumana. Cualquier error en el cálculo supone un desenlace fatal.  Pues eso es exactamente lo que hace nuestra lengua. La mía menos, pues no paro de morderme mientras como. 

    Tengo la lengua llena de cicatrices y los carrillos internos todos mordisqueados. Un auténtico desastre. Seguiré practicando los malabares a ver si de verdad mejora mi coordinación.

jueves, 14 de mayo de 2026

¿Dónde están las cerraduras?

 


    Una de las facetas de mi multipersonalidad es lo que podríamos llamar, ceguera por desinterés. Significa que las cosas que no me interesan no las veo. Es un defecto y a veces, una ventaja, aunque en este momento me vienen a la cabeza muchos casos que encajan en defecto y pocos (ninguno) en ventaja. 

    Desde hace más de veinte años utilizo el mismo llavero, uno de esos de publicidad, que colgando de un adorno pretendidamente bonito, hay una anilla en la que se introducen las llaves de uso cotidiano. Ahí tengo cuatro llaves, incluyendo la de la moto. Más de veinte años, repito, cogiendo ese llavero todas las mañanas y dejándolo de nuevo al volver a casa, en la bandeja del recibidor. Pues bien, ayer me di cuenta de que me sobra una llave. 

    Moto, portal, puerta... y otra llave que no tengo ni la menor idea de qué abre (y cierra). Esa llave de uso desconocido, me acompaña sin abrir ninguna puerta desde hace una eternidad, y yo sin darme cuenta. Sin ninguna duda, ha habido un tiempo en que la utilizaba cotidianamente, nadie pone en su llavero una llave que no es de ningún sitio. Esto alimenta dolorosamente mi curiosidad.

    Desde ayer, cuando cojo mi llavero, tengo la sensación de que esa llave me mira con superioridad porque ella sí conoce el secreto. Me muestra todos sus dientes con una sonrisa que asusta. Sabe que jamás averiguaré a qué puerta corresponde ni en qué momento dejé de necesitarla y eso le hace mucha gracia. He pensado en desprenderme de ella, pero por alguna razón me siento incapaz. Una fuerza misteriosa me lo impide. 

    Seguiré esforzándome por recordar de dónde es, aunque sé que jamás lo conseguiré, y mientras, ahí seguirá la llave maldita, colgando de la anilla de mi llavero de publicidad como si tal cosa.




miércoles, 6 de mayo de 2026

Siempre con energía

 



La mecánica cuántica ejerce sobre mí una extraña atracción, y digo extraña porque a pesar de que no entiendo absolutamente nada, no paro de interesarme en sus logros. Leo artículos sobre los últimos descubrimientos con un interés como si fuera a enterarme de algo y de lo único que me entero es de lo que ya sabía antes de empezar a leerlos: que es fascinante, sorprendente y que ofrece infinitas posibilidades para fantasear. 

Me meto en campos de la física cuántica como un cachorrillo en un bosque, olisqueando, persiguiendo una mariposa sin alcanzarla jamás, ladrando a un árbol caído... y al final acabo exhausto, rendido, pero con ganas de volver. 

La física newtoniana, la de toda la vida, está muy bien, no digo yo que no, pero se me queda corta. Es excesivamente racional, todo de una exactitud y precisión que empalaga, mecanicista a tope... buf, muy agobiante. Dónde esté un buen bosón que se quite cualquier polea, no fastidies.

Además, cualquier cosa que veas en la mecánica cuántica tiene un comportamiento homólogo, o muy parecido, en el mundo tangible que habitamos sin desdoblarnos en nada. No voy a poner ejemplos pues eso es algo que está prohibido dentro de la mecánica cuántica. Los ejemplos son intentos vulgares de representar lo sublime, una vana pretensión  de buscar analogías con lo inequiparable. 

Lo último que he leído y me ha llenado de alegría es que la energía de vacío o energía de punto cero, existe, no es ninguna fantasía. Viene a demostrar que el vacío nunca está vacío, siempre hay campos cuánticos que fluctúan constantemente. Estas fluctuaciones tienen energía real, y lo que hasta ahora era mera predicción teórica, hoy es una energía que se ha medido con asombrosa precisión.

No sé vosotros, pero yo estoy emocionado.






miércoles, 1 de abril de 2026

Como humo se va

     


Hay que ver la cantidad de cosas que dejamos de hacer con el paso del tiempo, de las que ni nos acordamos de cuando no parábamos de hacerlas. Esto es un pensamiento de viejos, pensarán algunos, pero no, en absoluto. Sé reconocer cuándo pienso como viejo y cuando lo hago como ser vivo sin entrar en detalles. Es la ventaja de ser viejo, que tengo dos cerebros: uno, el normal, y otro el de viejo. El cerebro normal es el que trato de utilizar siempre, el de viejo lo reservo para momentos de intimidad.

    Utilizando, ya digo, mi cerebro normal, me acuerdo de cuándo fumaba aunque lo tengo totalmente olvidado. Si me paro a pensar, la sensación que me llega es que no he fumado jamás, cuando la realidad es que he sido un fumador empedernido desde los dieciséis años hasta los cincuenta y cuatro. Treinta y ocho años de empedernidez fumadora. 

    Un fumador empedernido de verdad, no deja de fumar hasta que se muere, no como yo, pues eso significa empedernido. Es que decimos "empedernido" con demasiada alegría sin darnos cuenta de su significado. Empedernido describe un estado de endurecimiento ontológico donde fijamos una conducta (o una creencia) de tal manera que se vuelve inmutable. Etimológicamente, la mayor parte de la palabra la ocupa el término petra, y el conjunto significa una petrificación de la voluntad. Vamos, que no hay quién te baje del burro.

    Sin embargo, aquí estoy yo, para llevar la contraria al adjetivo empedernido, que por otro lado me parece precioso. Si me esfuerzo, recuerdo los momentos en que vivía esa terquedad ontológica y no paraba de fumar. Nada más levantarme, encendía un cigarrillo y el mejor del día era el que me fumaba después de desayunar. Sí, es una decepción, pues tiene fama de ser el mejor cigarrillo de todos el poscoital. De ese no me acuerdo, y ahora estoy utilizando mi cerebro de viejo.

    Luego estaban los cigarrillos continuos en el trabajo, en mi casa, en la calle, en el campo, en la playa, en el coche, en el avión, en los aeropuertos, en el tren, en el andén del metro, en los bares y restaurantes, en los hospitales... joder, no paraba de fumar en todo el día. Y ahora... como si no hubiera fumado en mi vida. 

    Pues esto que me pasa con el tabaco, me ocurre con un montón de cosas, y no, no estoy utilizando mi cerebro de viejo. Palabrita de honor.









domingo, 25 de enero de 2026

Con ese tumbao que tienen los guapos al caminar

    


    Lo de ser guapo tiene que estar muy bien. Uno no se hace guapo a base de esfuerzo y dedicación, sino que le sale sin querer. Nace ya hermoso, como un bebé de esos que aparecen en los botes de leche maternizada, y esa hermosura le dura toda la vida. Así, sin tener que mover ni un dedo, ¡plas! nazco y a continuación soy guapo. Un regalo de los dioses.

    Los guapos tienen sus propios gestos que comparten sin tener que aprenderlos, y que nos están vedados a los del montón. La sonrisa cautivadora les sale sin pensárselo, como esa caída de ojos, siempre arrebatadora, con la que consiguen ablandar el corazón más duro. Yo intento hacer uno de sus gestos y es para partirse de risa. ¿Cómo lo harán los malditos?  Arquean las cejas y en lugar de ponérseles cara de sorpresa, como a todo el mundo, parece que a continuación van a dar la fórmula de la vacuna contra el dengue. 

    Los guapos ya tienen bastante con ser guapos, pero es que además no se les pone cara de idiota nunca. Esto sí que es una gran ventaja. Todos tenemos algún amigo muy inteligente que en algún momento le hemos pillado con cara de no tener ni idea de qué pasa a su alrededor.  Esto es algo que jamás le va a pasar a un guapo. 

    No sé cómo se las apañan, pero siempre adoptan gestos la mar de interesantes. Tienen control en cada uno de los músculos de la cara y saben cómo elevar una ceja dejando la otra imperturbable y que el conjunto, añadiendo brillo, vete a saber cómo, a sus ojos verdes, resulte convincente. Si a continuación dicen: "yo tengo la solución", da igual lo que diga, todo el mundo le prestará atención. 

     Quiero resaltar que he utilizado todo el tiempo el adjetivo "guapo", no como genérico que engloba también a las guapas, sino como restrictivo a los hombres. Curiosa y lamentablemente, las guapas se quedan en guapas, guapísimas, bellezones... sin más. Incluso muchos, y muchas, tratarán de encontrar alguna conexión de la guapa con la triste frase de "no se puede ser guapa y lista a la vez".

    Pues no está bien.









martes, 13 de enero de 2026

El día entre paréntesis



    


    Todos los días hay que leer una poesía o dos. Lo recomendable es una por la mañana, antes del desayuno, y otra por la noche, justo antes de ir a dormir. Sientan fenomenal. 

    Se trata de un tratamiento, valga la redundancia, de comprobada eficacia para combatir, entre otras cosas, la vulgaridad. También viene muy bien para mantener la mente despierta y la imaginación activa. Estimula el apetito por la lectura y tiene la enorme ventaja, aunque suene a perjuicio, de crear dependencia. No se conocen contraindicaciones y su uso prolongado alarga la vida. Bueno, esto último de que alarga la vida, es una exageración que me he sacado de la manga.

    Puedo enumerar más ventajas sin necesidad de inventármelas, que conste. Por ejemplo, no necesita receta y se  puede y debe administrar también a niños, aunque actualmente no hay mucha oferta en el mercado. Gloria Fuertes detuvo su producción hace tiempo y se nota ese vacío. 

    Y ahora que cito a Gloria Fuertes me vais a permitir una reflexión: en España tenemos magníficos escritores de literatura infantil y juvenil, pero ya no tenemos magníficos poetas que dirijan sus rimas, sus asonancias o sus versos libres a niños y jóvenes. Seguro que ganas no faltan, pero claro, morirse de hambre no es un incentivo que atraiga a muchos talentos.

    Precisamente, hoy he estado en una libraría en la sección infantil buscando El perro que dijo miau (extremadamente recomendable también para niños) y me ha llamado la atención que entre esos magníficos escritores de literatura infantil, hay legión que escriben sobre el fútbol. Nada que objetar, Dios me libre, pero me ha llamado la atención, eso es todo.

    Que conste que cuando he empezado hablando de poesía, no tenía ni idea de que la cosa iba a acabar en fútbol. Como los telediarios y como casi todo. 



viernes, 2 de enero de 2026

Me voy a ir yendo


    

Me voy a ir yendo. El español, me refiero al idioma, merece la pena hablarlo solo por poder decir, me voy a ir yendo y que todo el mundo te entienda. Una expresión con cinco palabras, tres son el mismo verbo conjugado en tiempos diferentes, que tiene un significado único. Único y preciso, la frase no admite interpretaciones ni ambigüedades; imposible ser más claro.

    No conozco una forma más elegante para anunciar la inminente partida tratando de que nadie sienta demasiado la ausencia. Cualquier despedida conlleva un abandono, pero dicho así, va a ser un abandono sin dolor.  Es como dejar de fumar de forma gradual, pausada, mucho menos traumático que hacerlo de golpe. 

    Me voy a ir yendo... da la sensación de que me voy pero que al mismo tiempo me quedo. Me voy pero sin querer, poco a poco, de forma que tú, ni te vas a dar cuenta. Así da gusto irse; nadie va a echar de menos a nadie.

    A Galileo Galilei, ya saben, el de "eppur si muove", le preguntaron, ya añoso, cuántos años tenía y contestó que unos doce más o menos. Luego explicó, que da la misma forma que si te preguntan cuántas monedas tienes, no contestas con las que te has gastado sino las que te quedan en el bolsillo, él se refería a los años que estimaba que aún tenía por delante. Digna respuesta de un matemático.

    Hoy es mi cumpleaños y la sensación que he tenido durante todo el día es la que encierra esa frase de inicio. Una sensación de me voy a ir yendo. Se puede referir a mí mismo, no lo sé, o quizá, ese me voy a ir yendo, es la frase que subconscientemente escucho en mi interior. No la digo yo, la dicen un montón de cosas que hasta ahora me han acompañado obstinadamente durante toda mi vida. Hoy, por fin, algunas han empezado a decirme: me voy a ir yendo. Tomo nota.








    


viernes, 26 de diciembre de 2025

Parvitas hominis


     


  La humanidad ha sufrido dos grandes ultrajes a lo largo de su historia. El primero fue cuando la física renacentista demostró que la Tierra no era el centro del universo, ni siquiera el centro del sistema solar. Después llegó Darwin y puso al hombre en su sitio, al lado del mandril y de la zarigüeya: un producto más de la evolución animal.

    Pero ahí no acabaron los disgustos para el pobre Hombre. Luego llegó Sigmund Freud y asestó otro golpe a los que aún, convencidos de su superioridad emanada de ser la criatura elegida por Dios, esgrimían su libertad como bien inigualable. Pues... tampoco. 

    Resulta que el psicoanálisis dejó al descubierto que ni siquiera somos dueños de nosotros mismos. Freud descubrió el subconsciente y la consecuencia de tenerlo, que significa que de libres, nada monada, ya que por encima, o por debajo, o por detrás de la voluntad del consciente, se esconden los condicionantes que impone el subconsciente. 

    La mayor parte de las veces actuamos movidos por fuerzas que ni siquiera sospechamos que tenemos y que además son determinantes. Hay fuerzas inconscientes y. subconscientes que escapan de nuestro dominio. Muchas se han formado en la niñez, cuando nadie miraba, pero ahí quedan. 

    Esta tontería que tenía el Hombre con ser perfecto, es comprensible. ¿Cómo no iba a ser superior si había sido creado por Dios a su imagen y semejanza? Una vez más, la realidad se impone, incluso a Dios bendito. 

    Casandro le recordaba a Alejandro Magno que era mortal, y que después de sus hazañas y conquistas moriría como todos. Para dejar las cosas claras, según algunas teorías,  se lo cargó. Este desenlace no es unánime, pero de que murió no queda ninguna duda.

    ¿A qué viene todo este rollo? Pues no sé, puede ser que la Navidad es un buen momento para la humildad, y este año me veo yo muy navideño. Hasta he comprado turrón, algo que no había hecho jamás.







domingo, 21 de diciembre de 2025

Magia potagia


     


El mayor topicazo de las navidades, es, precisamente, hablar de todos los tópicos que acompañan a estas fiestas. Es una especie de metatópico. Podemos leer una noticia sobre un concurso de belenes, y en la página siguiente, un artículo que expresa el hartazgo de belenes, villancicos y turrones, aunque luego, todos acabamos comiendo roscón de reyes. Y uvas, con el consabido arranque de ingenio alegrándonos de que no sean melones o cocos. Es imposible escapar de los tópicos y también de quienes insisten en señalar amargamente su empacho por volver a sufrirlos, cayendo ellos mismos en otro tópico igual de coñazo.

    Pero... hay algo que flota por encima de toda esa salsa en la que chapoteamos, queramos o no chapotear, cuando llega la Navidad. Inatacable, irreprochable, fuera de toda crítica, respetada por todos y desapercibida por casi todos.

    Voy a dejaros unos segundos para que busquéis  en vuestros pensamientos y en todas las sensaciones que os provocan las navidades, para ver si coincidimos en qué puede ser eso que está por encima de la mera celebración de una determinada fecha.

    Obviamente no tenemos por qué estar de acuerdo, se trata de una  percepción y las percepciones pasan por diferentes filtros que cada uno pone antes de que el estímulo llegue a su consciente y saque sus conclusiones.

    En mi caso, ese algo supranavideño,  es la ilusión que mantienen los niños, discretamente durante todo el tiempo que duran las celebraciones, y explosivamente en momentos puntuales. Y solo por eso merecen la pena.

    Esta mañana hemos estado un grupo de magos haciendo magia solo para niños en una parroquia de la Vaguada, y según iban entrando los niños, ante la vista de la decoración, los dulces, las mesas donde estábamos sentados los magos... desprendían una nube invisible de felicidad de la que era imposible mantenerse ajeno. 

    Si no estáis de acuerdo, no pasa nada y si coincidís, ¡felices fiestas! y que la ilusión os siga acompañando siempre.





miércoles, 17 de diciembre de 2025

Silencio, se ruega

     




  Hay preguntas que no tienen respuesta; por ejemplo, por qué la FIFA se ha inventado un premio, el Premio de la Paz, para dárselo a Trump. Se lo ha entregado en el sorteo de grupos para el Mundial del 2026. Todo de una lógica sin fisuras.

    Sobre este personaje, Trump, hay muchísimas preguntas sin respuesta y la mayoría de las veces es porque quienes podrían responder, prefieren callar. El silencio es la prueba más sonora del sometimiento. Los empleados atemorizados por las injusticias del malévolo jefe, callan, igual que las mujeres sumisas ante la agresiva actitud de sus maridos maltratadores. Hasta que un día, hartas, y hartos, deciden alzar la voz y entonces... lo pagan caro.

    Es terrible que esto le ocurra a un padre de familia cuyo sustento depende de su trabajo, o a una mujer que se juega la vida si alza la voz, pero terrible, además de incomprensible, es que lo mismo le ocurra a un continente, y aún más, a un planeta. 

    Cuando alguien se pregunta cómo es posible tanta pasividad, tanta callada sumisión, tanto oneroso silencio, se encuentra con que no hay respuesta y sin respuestas no hay razones.

    Edmund Burke fue un escritor, político y filósofo irlandés, conservador liberal del siglo XVIII, que es conocido por su acertada frase que más tarde inspiró a Martin Luther King, y ya de paso, también a mí. Burke dijo: "para que el mal triunfe solo se necesita que los buenos no hagan nada". Luther King dijo:"no me estremece la maldad de los malos sino la indiferencia de los buenos". Y finalmente yo digo: "¿qué cojones tiene que hacer Trump para que Europa, la OTAN o el sursuncorda, le diga que se está pasando y que ni una más?

    Lo malo, es que al amparo de la impunidad de Trump, actúa una legión de segundones animados por su éxito.  

    Y el silencio de los corderos ahí sigue, extendiéndose como el culantrillo sin que nadie diga ni mú.



    

martes, 16 de diciembre de 2025

DE PAÑUELOS Y DE MOCOS

     




    Todos hemos dicho alguna vez "el mundo es un pañuelo", y es una verdad científicamente comprobable. Está respaldada por la teoría de los Seis Grados de Separación, que postula que cualquier persona del mundo puede estar conectada con cualquier otra a través de una cadena de no más de cinco intermediarios (es decir, seis enlaces en total).    

    Si no te lo crees, echa cuentas: si de media cada persona conoce a unas cien personas, la red crece exponencialmente, 100 X 100 = 10.000, y así sucesivamente, hasta que en seis enlaces se supera la población mundial.

    Esta teoría quedó confirmada por el psicólogo Stanley Lilgram a través de un experimento que podéis ver en Internet y así me ahorro explicarlo. A lo que voy, es a otra cosa.

    Esto significa que en seis pasos, como mucho, podemos conectar con Trump, con Putin o con la madre que los parió. ¿No es maravilloso?

    Animo a que todos mandemos un mensaje, cada cual a quién considere más oportuno, poniéndolo a parir. Pronto, según esta teoría, llegará a sus oídos. 

    Por supuesto, el mensaje también puede ser de felicitación, la teoría de los Seis Grados de Separación se cumple independientemente de lo que queramos decir, pero hombre... yo creo que tiene mucha más gracias aprovechar la ciencia para ciscarnos en un capullo que para darle palmaditas en la espalda. Para eso ya tiene a sus cien contactos directos.








  

domingo, 14 de diciembre de 2025

Chungo



Dicen que la gran diferencia entre humanos y resto de animales, es que nosotros (yo soy humano) somos sabedores del final que nos espera. Pues yo no me lo creo. Bueno, me creo la mitad, y de la otra mitad, me creo una quinta parte. Es decir, que del total me creo tres quintas partes; algo es algo. Me explicaré:

La mitad que me creo es que el resto de animales ignora que la muerte les va a llegar tanto si son cazados, como si no lo son. No saben que de nada les sirve escapar siempre de sus depredadores, porque aún en ese caso de extremada combinación de habilidad y suerte, la palmarán. Este es un ejemplo en que la ignorancia tiene más ventajas que el conocimiento, y no es el único.

De la otra mitad de la propuesta, que los humanos sí somos conscientes del final que nos espera, solo me creo una quinta parte. He dicho, y digo bien. Y para que se entienda mejor, ahora lo voy a decir de otra forma: durante las primeras cuatro quintas partes de nuestra vida, es decir, hasta que solo nos queda una quinta parte, somos totalmente inconscientes de que la muerte nos va a llegar en algún momento. Actuamos como si fuéramos a permanecer vivos toda nuestra vida, lo cual es correcto, la equivocación está en que pensamos que nuestra vida no tendrá fin. Esa convicción nos pone a salvo de sufrimientos innecesarios, impregnando a toda la humanidad de un estoicismo colectivo, que siempre viene bien, aunque solo dure cuatro quintas partes de nuestras vidas.

Nos damos cuenta de que hemos vivido equivocados cuando solo nos queda una quinta parte de vida (más o menos, esto depende de cada cual). Ahí, cuando ya vemos el final del recorrido cerca de nosotros, es cuando de repente decimos: coño, que me voy a morir en los próximos años. 

Da igual que te encuentres fenomenal de salud, en ese momento sabes que  es verdad, que eso que decían  de la inexorabilidad de la vida, se cumple. Chungo.

Algunos llaman a esta inevitabilidad, ley de vida, y vuelve a ser mentira. No es una ley, ni de vida ni de narices, pues yo estoy dispuesto a quebrantar cualquier ley con tal de seguir vivo, y aquí no hay nada que hacer. Muy chungo.

Algo me dice que volveré a hablar sobre este espinoso asunto, porque algo me dice que he entrado en esa reveladora quinta parte de la vida. Extremadamente chungo.