jueves, 14 de mayo de 2026

¿Dónde están las cerraduras?

 


    Una de las facetas de mi multipersonalidad es lo que podríamos llamar, ceguera por desinterés. Significa que las cosas que no me interesan no las veo. Es un defecto y a veces, una ventaja, aunque en este momento me vienen a la cabeza muchos casos que encajan en defecto y pocos (ninguno) en ventaja. 

    Desde hace más de veinte años utilizo el mismo llavero, uno de esos de publicidad, que colgando de un adorno pretendidamente bonito, hay una anilla en la que se introducen las llaves de uso cotidiano. Ahí tengo cuatro llaves, incluyendo la de la moto. Más de veinte años, repito, cogiendo ese llavero todas las mañanas y dejándolo de nuevo al volver a casa, en la bandeja del recibidor. Pues bien, ayer me di cuenta de que me sobra una llave. 

    Moto, portal, puerta... y otra llave que no tengo ni la menor idea de qué abre (y cierra). Esa llave de uso desconocido, me acompaña sin abrir ninguna puerta desde hace una eternidad, y yo sin darme cuenta. Sin ninguna duda, ha habido un tiempo en que la utilizaba cotidianamente, nadie pone en su llavero una llave que no es de ningún sitio. Esto alimenta dolorosamente mi curiosidad.

    Desde ayer, cuando cojo mi llavero, tengo la sensación de que esa llave me mira con superioridad porque ella sí conoce el secreto. Me muestra todos sus dientes con una sonrisa que asusta. Sabe que jamás averiguaré a qué puerta corresponde ni en qué momento dejé de necesitarla y eso le hace mucha gracia. He pensado en desprenderme de ella, pero por alguna razón me siento incapaz. Una fuerza misteriosa me lo impide. 

    Seguiré esforzándome por recordar de dónde es, aunque sé que jamás lo conseguiré, y mientras, ahí seguirá la llave maldita, colgando de la anilla de mi llavero de publicidad como si tal cosa.




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