miércoles, 6 de mayo de 2026

Siempre con energía

 



La mecánica cuántica ejerce sobre mí una extraña atracción, y digo extraña porque a pesar de que no entiendo absolutamente nada, no paro de interesarme en sus logros. Leo artículos sobre los últimos descubrimientos con un interés como si fuera a enterarme de algo y de lo único que me entero es de lo que ya sabía antes de empezar a leerlos: que es fascinante, sorprendente y que ofrece infinitas posibilidades para fantasear. 

Me meto en campos de la física cuántica como un cachorrillo en un bosque, olisqueando, persiguiendo una mariposa sin alcanzarla jamás, ladrando a un árbol caído... y al final acabo exhausto, rendido, pero con ganas de volver. 

La física newtoniana, está muy bien, no digo que no, pero se me queda corta. Es excesivamente racional, todo de una exactitud y precisión que empalaga, mecanicista a tope... buf, muy agobiante. Dónde esté un bosón que se quite cualquier polea, no fastidies.

Además, cualquier cosa que veas en la mecánica cuántica tiene un comportamiento homólogo, o muy parecido, en el mundo tangible que habitamos sin desdoblarnos en nada. No voy a poner ejemplos pues eso algo que está prohibido dentro de la mecánica cuántica. Los ejemplos son intentos vulgares de representar lo sublime, una vana pretensión  de buscar analogías con lo inequiparable. 

Lo último que he leído y me ha llenado de alegría es que la energía de vacío o energía de punto cero, existe, no es ninguna fantasía. Viene a demostrar que el vacío nunca está vacío, siempre hay campos cuánticos que fluctúan constantemente. Estas fluctuaciones tienen energía real, y lo que hasta ahora era mera predicción teórica, hoy es una energía que se ha medido con asombrosa precisión.

No sé vosotros, pero yo estoy emocionado.






No hay comentarios:

Publicar un comentario