El mayor topicazo de las navidades, es, precisamente, hablar de todos los tópicos que acompañan a estas fiestas. Es una especie de metatópico. Podemos leer una noticia sobre un concurso de belenes, y en la página siguiente, un artículo que expresa el hartazgo de belenes, villancicos y turrones, aunque luego, todos acabamos comiendo roscón de reyes. Y uvas, con el consabido arranque de ingenio alegrándonos de que no sean melones o cocos. Es imposible escapar de los tópicos y también de quienes insisten en señalar amargamente su empacho por volver a sufrirlos, cayendo ellos mismos en otro tópico igual de coñazo.
Pero... hay algo que flota por encima de toda esa salsa en la que chapoteamos, queramos o no chapotear, cuando llega la Navidad. Inatacable, irreprochable, fuera de toda crítica, respetada por todos y desapercibida por casi todos.
Voy a dejaros unos segundos para que busquéis en vuestros pensamientos y en todas las sensaciones que os provocan las navidades, para ver si coincidimos en qué puede ser eso que está por encima de la mera celebración de una determinada fecha.
Obviamente no tenemos por qué estar de acuerdo, se trata de una percepción y las percepciones pasan por diferentes filtros que cada uno pone antes de que el estímulo llegue a su consciente y saque sus conclusiones.
En mi caso, ese algo supranavideño, es la ilusión que mantienen los niños, discretamente durante todo el tiempo que duran las celebraciones, y explosivamente en momentos puntuales. Y solo por eso merecen la pena.
Esta mañana hemos estado un grupo de magos haciendo magia solo para niños en una parroquia de la Vaguada, y según iban entrando los niños, ante la vista de la decoración, los dulces, las mesas donde estábamos sentados los magos... desprendían una nube invisible de felicidad de la que era imposible mantenerse ajeno.
Si no estáis de acuerdo, no pasa nada y si coincidís, ¡felices fiestas! y que la ilusión os siga acompañando siempre.

Recuerdo (a medias, como verás) un historia con seguridad falsa que leí hace tiempo: Alejandro Magno fue a visitar a un filósofo griego al que admiraba mucho y le ofreció: "Pídeme lo que quieras". El filósofo, tras reflexionar unos segundos, le dijo: "Asómbrame". Y es que, si te paras a pensarlo, pocas emociones son tan plenas y embriagadoras como el asombro. Yo diría que el asombro es tan intenso como la felicidad, pero es que el asombro es una forma de felicidad. Ayer vi un video cortito en el que se te veía haciéndole un truco (ya sé que no se dice así) a un grupo de niños. Y vi sus caras de asombro, sus sonrisas de felicidad. Y vi tu cara y tu sonrisa, y también eran de felicidad. Es hermoso eso que haces, felicidades. Respecto a la Navidad, pues sí, es eso que no has logrado definir, porque es indefinible, pero que yo he entendido a la perfección. La Navidad es todos los tópicos que has citado, a favor o en contra, pero sobre todo es la ilusión de los niños, y el asombro. ¿O acaso no es asombroso que el día de Reyes, o de Navidad, aparezcan en tu casa, como por ensalmo, un montón de regalos para ti? Vale, somos mayores y ya no creemos en los Reyes ni en Santa Claus; pero sí podemos prestar atención a los niños, contagiarnos de su ilusión, y volvernos Reyes Magos y Santas, o magos sin reino, como es tu caso. Reconozco que el vídeo que nos mandaste me emocionó de una forma extraña, quizá porque respira Navidad. Te conozco de toda la vida, viejo jamelgo, te he visto hacer muchas cosas, con frecuencia equivocadas, y creo que lo más hermoso y poético que has hecho jamás, lo estás haciendo ahora. Asombrar a las personas, ahí es nada...
ResponderEliminarYa sabes, querido César, que si hay algo que no soporto, es darte la razón, pero en este caso no me queda más remedio que hacerte la ola.
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