martes, 23 de febrero de 2021

El gallipato



Casi siempre que alguien dice, "respetamos la decisión del juez" lo que realmente quiere decir es que acata la decisión, que no es lo mismo, y debería añadir, porque no queda más remedio. Seamos serios, hay decisiones judiciales que no merecen ningún respeto aunque de todas formas haya que acatarlas. Obedecer no es respetar aunque sería estupendo que lo primero siempre fuera consecuencia de lo segundo. 

También decimos que nunca segundas partes fueron buenas, en alusión a que más vale no insistir y también refiriéndose a secuelas de películas, y de eso nada monada, todos tenemos ejemplos de segundas partes que superan a las primeras. O que madre sólo hay una. Ya, ¿quién no tiene un amigo que ha pasado por varias en busca de la madre definitiva?

Frases así de estupendas hay a montones, que circulan por el mundo con la etiqueta de verdades incuestionables mirando por encima del hombro a las demás, sin darse cuenta de que en este mundo no hay nada que sea verdad incuestionable. Ni siquiera la constante de gravitación universal tiene un valor exacto reconocido, de hecho, nos manejamos con una aproximación con la que vamos tirando.

Últimamente me ha dado por meterme con la frase la naturaleza es sabia, dudando cada vez más de que eso sea cierto. ¿Qué tiene de sabio la existencia del tritón pleurodeles waltl, sobre el que hablaré dentro de un momento? o por ejemplo, lo que está haciendo el virus Covid, tan natural él. Resulta que para sobrevivir a los ataques que estamos lanzando para combatirlo, muta en una nueva versión de sí mismo. Hasta aquí, buena estrategia, pero resulta que las nuevas cepas son más mortíferas, de modo que cuando ocupa un cuerpo humano en el que vivir, va y lo mata en nada de tiempo. Oh, qué listo, cuánta sabiduría, ¿no se ha dado cuenta de que con la muerte del cuerpo en el que se mete él también dejará de existir?

Pero sobre el virus ya he escrito un libro (1), hablemos ahora del tritón pleurodeles waltl, más conocido por el simpático nombre de gallipato. Este sabio animalito ha desarrollado una estrategia de defensa de lo más chocante. Cuando se ve amenazado, muy amenazado, ya en las fauces del predador que lo quiere engullir, sus costillas salen al exterior perforando su piel con la esperanza de clavarse en algún lugar del atacante. Las costillas secretan un veneno, que para tranquilidad de aquellos que quieran comerse un gallipato en vivo, no afecta a los humanos.

Poco más tengo que añadir sobre el gallipato, salvo que está en peligro de extinción. No me extraña, la verdad.


(1) La sonrisa escondida, escrito a pachas con mi amigo Javier Pioz.






MI WEB

domingo, 7 de febrero de 2021

Manías que se pierden.

 




Todos tenemos manías, que no es otra cosa que costumbres que no estamos dispuestos a abandonar así como así. Mis amigos más cercanos coinciden en que una de mis manías más detestables es que no me gusta alargar demasiado las veladas después de cenar y que más allá de las doce y media empiezo a revolverme incómodo en mi asiento buscando la manera de abandonarlo sin resultar excesivamente descortés. Mi ídolo en este sentido, y en otros más evidentes, es Neruda, que según cuentan, cuando reunía a sus amigos en su casa llegaba un momento en que se levantaba, se dirigía al mueble bar y se ponía una bebida en otra copa diferente a la que había estado usando hasta ese momento. Esa era la señal que todos conocían, sabían que esa copa era la última y que antes de que diera cuenta de ella, todos deberían despedirse educadamente agradeciendo el buen rato que habían pasado. 

No sé qué motivos tenía Neruda para no alargar las reuniones nocturnas, en mi caso es porque me gusta madrugar. Todos los días me levanto sobre las siete y media de la mañana, independientemente de que sea festivo o no, invierno o verano, haga frío o calor, o tenga tareas que hacer o se me presente un día de absoluta holganza. Es una manía, supongo, pero es así, me gusta madrugar y no estoy dispuesto a sacrificar un amanecer por un par de horas de trasnoche. Pero..., pero hace un par de meses más o menos, cambié sin darme cuenta mis horarios y en lugar de levantarme a las siete y media me levantaba a las ocho, ocho y media, incluso a veces seguía dormido hasta las nueve. El más sorprendido era yo. Lo curioso es que me levantaba tan tarde manteniendo mi hora de acostarme inmutable, que es siempre a las once, o antes. Después, una vez fuera de la cama, seguía con mi maravillosa rutina de prepararme un desayuno digno de un rey, con parsimonia, casi desesperante lentitud, poniéndome al corriente de las noticias y disfrutando del frescor que a esas horas aún se mantiene. 

Un pequeño cambio, nada importante. Pero se trata de un cambio que ha continuado. Después de las nueve de la mañana, empecé a levantarme a las diez, y luego a las once. Ya no podemos hablar de sorpresa, ahora era presa del estupor. ¿Yo, levantándome como una vieja actriz de Hollywood? Eso no podía ser, pero era, y lo peor de todo es que la cosa empeoró. Pasé a levantarme a las doce del mediodía y como mis desayunos seguían siendo pantagruélicos, retrasaba mi hora de la comida, que siempre se había mantenido a la una y media en punto. Otra manía.

Vaya plan, qué forma tan penosa de desperdiciar el día, pero ahí no acabó la cosa. Pronto cogí la costumbre de, una vez terminado el desayuno, volver a la cama. Solo un ratito, lo justo para leer un poco, pero a veces me ocurría que me quedaba con el libro caído sobre el pecho profundamente dormido. 

En seguida empecé a levantarme a las dos de la tarde, seguía desayunando como un animal, y naturalmente ya no comía, de modo que volvía a la cama después del desayuno a echarme la siesta. Me levantaba de la siesta sobre las cinco de la tarde, me duchaba, miraba por la ventana y poco más. 

No es difícil imaginar lo que vino después. Empecé a levantarme más tarde de las tres o las cuatro de la tarde, desayunaba como siempre, volvía a la cama, me ponía el despertador a las siete de la tarde para que me diera tiempo a preparar la cena, cenaba y volvía a la cama antes de las once. Leía como he hecho toda mi vida, hasta que el sueño me hacía repetir la lectura de un párrafo tres y cuatro veces, resistiéndome a abandonar el mundo consciente, y finalmente  me quedaba dormido como un tronco durante dieciséis horas, que enseguida pasaron a ser veinte. En ese punto, ya no me duchaba, simplemente me levantaba, me preparaba un desayuno cada vez menos copioso, volvía a la cama y ya, sin leer más allá de un par de frases, me quedaba dormido durante veintitrés horas. Solo estaba despierto el tiempo de prepararme el desayuno y comérmelo silenciosamente con la cabeza hundida en los hombros preguntándome qué me estaba pasando.

Desde hace una semana ya he dejado de desayunar, también de levantarme, ¿para qué? Hoy me he despertado hace media hora y sé que en cuanto termine la última línea de lo que estoy escribiendo, me quedaré de nuevo dormido.

Hasta mañana. Espero.








martes, 19 de enero de 2021

Menuda trompa

 



El concurso Saber y ganar es  de las pocas cosas que veo en televisión, más que por interesante, porque me pilla indefenso en el sofá, en mitad de la digestión y tratando de descubrir alguna señal del paso del tiempo en Jordi Hurtado. Es un concurso de cultura general con algunas pruebas de rapidez mental donde siempre puedes aprender algo. Muchas veces lo que aprendes es realmente sorprendente. El otro día por ejemplo, me enteré de que la trompa de un elefante tiene 100.000 músculos. ¡Qué pasada! me dije aún suponiendo que tendría muchos, ¿pero 100.000? 

Mi curiosidad me obligó a consultar en Internet, el gran oráculo, y tras desechar las primeras informaciones, muy superficiales la mayoría, llegué por fin a una página que parecía seria y resulta que sí, el dato es correcto. Exactamente la cosa es así: la trompa está compuesta por 40.000 músculos divididos en seis grupos principales que están subdivididos en 100.000 unidades musculares. Esta estimación fue realizada por el naturalista francés Georges Léopold Chrétien Frédéric Dagobert Cuvier, más conocido como Baron de Cuvier, para ahorrar tiempo. Este señor vivió a caballo entre los siglos XVIII y XIX, y fue un gran promotor de la anatomía comparada y de la paleontología donde también destacó. Fue el primer científico en suponer que la extinción de los dinosaurios se debió a una catástrofe natural, y el primero también en clasificar el reino animal desde el punto de vista estructural o morfológico, pero nos estamos alejando de la senda de los elefantes y su proboscis. Sobra decir que la estimación del Barón de Curvier fue totalmente acertada.

Tanta complejidad en una nariz tiene sentido pues el elefante utiliza la trompa prácticamente para todo. Para oler, por supuesto, y cuando vemos a un elefante con la trompa levantada es que está buscando en el aire rastros de enemigos o de otros elefantes o de lo que sea, también elefantas en celo. También la usa para beber, para comer, para ducharse, para defenderse, para rascarse los ojos y las orejas, para tirar objetos, para levantar cosas pesadas, hasta 270 kilos y también para tratar con delicadeza otras... la trompa del elefante es como una navaja suiza multiusos a lo bestia, un órgano exploratorio, funcional e imprescindible cuyo manejo exige mucha práctica y experimentación. Los elefantes pequeños tardan muchísimo tiempo en aprender todas las posibilidades que les ofrece su trompa y eso que son muy inteligentes, pero es que manejar a la perfección un órgano con 100.000 músculos debe ser como aprender a pilotar un caza.

Todo esto nos enseña una cosa a los seres humanos que en total, en todo nuestro cuerpo sólo tenemos 639 músculos, algunos que da pena verlos. Nos ensaña algo muy importante, pero no seré yo quién lo diga, que cada cual saque su propia conclusión.



TiTo


viernes, 15 de enero de 2021

Generosidad

Lágrima congelada, no sé si de risa o de pena.



Según los datos de la Organización Nacional de trasplantes, nuestro país es ejemplo de generosidad en el mundo entero a la hora de dar desinteresadamente lo que ya no necesitamos; somos los que mayor número de trasplantes y donaciones hemos realizado durante los últimos 28 años. Una hazaña consecutiva de la que tenemos que sentirnos orgullosos. No nos duelen prendas a la hora de desprendernos de nuestras vísceras si con ello ayudamos a un prójimo a que siga con vida. Tanta solidaridad a mí me llena de patriótica satisfacción aunque he de reconocer que hasta la fecha yo no he contribuido en absoluto a mantener tan loable récord. Supongo que alguno de mis órganos, exceptuando el hígado que no se lo recomiendo a nadie, podría serle útil a quién ande necesitado cuando yo vaya camino del Valhalla, pero no sé cómo hacerlo, me enteraré a ver. Mientras tanto, me ofrezco a otro tipo de generoso comportamiento e invito a todos a que consideren la idea. Verás.

Hay una canción del grupo setentero Aguaviva cuya letra es una poesía de Gabriel Celaya que ha inspirado la idea que os voy a contar. Quizá no tenga demasiado que ver, por eso es inspiración, si no, sería plagio. 

En un momento dado, se lee o se escucha, el verso:

yo me alquilo por horas, río y lloro con todos.

Luego sigue:

pero escribiría un poema perfecto

si no fuera indecente hacerlo en estos tiempos.

Este par de versos ya no vienen al caso, los he puesto porque a mí particularmente me parecen estupendos aunque carezcan de importancia argumental para lo que voy a contar, que es lo siguiente:


Hay muchas personas que les falta algo, no vital pero si muy importante, quizá no tanto como el hígado o el corazón aunque más que el páncreas que en realidad no vale para gran cosa (Una persona sin páncreas puede vivir normalmente sin ningún problema, siempre y cuando se someta a un tratamiento de reposición de las hormonas y enzimas producidas por esta glándula). Me refiero a las emociones. Pues bien, yo me ofrezco a hacer donación de emociones y trasplante de lágrimas. 

La idea va mucho más allá de simplemente poner un hombro para quién necesite consuelo se apoye en él, eso ya está muy visto. Yo me refiero a algo mucho más físico, como donar un riñón. Hay muchas personas que son incapaces de sentir emociones, y esa insuficiencia es porque les falta algo en el hipotálamo, alguna pella de células especializadas en empatía que no funcionan correctamente o quizá nunca existieron. Pues bien, en estos casos yo me ofrezco a emocionarme por ellos, por supuesto sin tocar mi hipotálamo del que me siento particularmente orgulloso. Soy lo que se dice una persona de lágrima fácil, lloro con casi todo, al principio trataba de ocultar mi predisposición al moqueo disimulando como que se me había metido una pelusilla en el ojo, pero ahora, doy rienda suelta a mis mocos y lagrimas y lloro que da gusto. Pues bien, ya que yo tengo tanta facilidad para emocionarme por las cosas más insignificantes, me parecería un acto de egoísmo no compartirlo, de modo que estoy dispuesto a prestarme para llorar cuando alguien vea que la ocasión lo requiere pero le falta lo que hay que tener para conseguir un buen llanto desconsolado. Ojo, que puedo llorar tanto de pena como de risa, tengo lágrimas de los dos tipos y estoy dispuesto a donarlas a mis prójimos más firmes en mantener la compostura. 

Todo esto lo hago por generosidad sin esperar nada a cambio y garantizo sinceridad en mis emociones, nada de fingimientos. No soy una plañidera, sino una persona sensible que sabe llorar cuando es necesario, nada más eso.

Pues ya lo sabéis.

Os pongo el enlace a la canción de Aguaviva con letra de Celaya que decía antes. Merece la pena escucharla.



Ya he mirado cómo hacerse donante de órganos, si alguien está interesado se puede informar aquí:

    Organización Nacional de Trasplantes.






















sábado, 26 de diciembre de 2020

El esperado 2021

 




Somos animales de costumbres, al menos lo somos hasta que perdemos la costumbre. Yo antes siempre escribía un cuento de Navidad, por navidad casualmente, costumbre que inicié en el redondo año 2.000, pero mira tú por donde, desde el año pasado he dejado de hacerlo. ¿Por qué? por muchos motivos y el más importante es precisamente por falta de motivo. Me consta que no es necesario pues ahora si hay algo que realmente abunda son los cuentos de navidad, y de los otros ni te cuento. 

No, ya no escribo cuentos de Navidad, pero no puedo abandonar la costumbre de tener costumbres, y desde el año 2015 tengo la de escribir sobre el nuevo año que entra, de modo que hay un artiblog sobre los años 2016, 2017, 2018, 2019 y 2020, que fueron años nuevos en su momento.

Los enlaces los pongo a continuación por si alguien siente nostalgia de aquellos momentos.


AÑO 2016     AÑO 2017   AÑO 2018   AÑO 2019   AÑO 2020


Este año, fiel a mi costumbre, también hablaré del esperado 2021.

Por cierto, cabe decir en este momento hasta qué punto me equivoqué con 2020, su pastelera madre...





2021 es el año de la esperanza. Esperanza suena de maravilla pero ojo con esta palabra porque tiene su peligro, un peligro enorme si nos tomamos al pie de la letra su significado. 

Esperanza es el deseo de tener en el futuro  algo que no tenemos en el presente, que ignoramos si lo llegaremos a tener, y que tenerlo no depende de nosotros. Aquí, en esta parte de la definición está su peligro, pensar que sólo la providencia la suerte o alguien muy listo nos puede proporcionar lo que necesitamos. 

Así vamos de culo. Más vale que pensemos que nosotros SÍ podemos hacer algo para conseguir lo anhelado, podemos y debemos; tenemos que ser conscientes de que con la vacuna no es suficiente. Ese gran remedio que viene del cielo en el que hemos depositado nuestras esperanzas no nos librará de nada si no aportamos nosotros la parte que nos corresponde.

 No voy a insistir en qué consiste esa parte, ya somos todos mayorcitos y lo sabemos de sobra. Así que me callo y os deseo a todos de corazón un año 2021 que nos devuelva, dentro de lo que esté a su alcance, todo lo que su predecesor nos quitó.

Esperanza sí, pero poniendo de nuestra parte lo que nos corresponde.



                                                                                   TiTo



lunes, 14 de diciembre de 2020

¡POR FIN HABRÁ PRESENTACIÓN EL JUEVES 17! (ONLINE)

 



POR FIN, SIN MAYORES DILACIONES, JAVIER PIOZ Y EL QUE AVERGONZADO POR TANTA CONFUSIÓN CREADA ESCRIBE ESTAS LÍNEAS, VAMOS A PRESENTAR NUESTRO LIBRO LA SONRISA ESCONDIDA. 

SERÁ ONLINE, DE MODO QUE MÁS SEGURO  ES IMPOSIBLE. ESPERAMOS QUE OS RESULTE DIVERTIDO, TANTO EL LIBRO COMO LA PRESENTACIÓN.


AQUÍ ESTÁ EL ENLACE PARA INSCRIBIROS. MUCHÍSIMAS GRACIAS POR VUESTRA PACIENCIA.


SÍ,TENGO INTENCIÓN DE ASISTIR A PESAR DE QUE HABÉIS CONSEGUIDO ABURRIRME CON TANTA CANCELACIÓN.











sábado, 12 de diciembre de 2020

Ahora sí

 


No tratéis de leer este texto, es la contraportada de La sonrisa escondida y la he puesto porque estaba harto de poner siempre la portada. Cuando tengáis el libro en las manos os resultará mucho más sencillo saber qué pone.




Por fin ya tenemos fecha definitiva para la presentación de este libro que hace de su contenido su condena. Por culpa de los confinamientos que hemos sufrido los autores, Javier Pioz  y el que os escribe, en nuestra unidad básica de salud, hemos tenido que posponer dos veces la presentación. 

En un principio iba a ser en ESTART pero finalmente, por razones confinatorias, la vamos a hacer en un lugar diferente pero igualmente seguro que cuenta con todos los protocolos Covid. 

La fecha sigue siendo el próximo JUEVES 17, a las 19:00 de la tarde, en 


OPENTALK

C/ FRANCISCO RICCI, 11



Comprendemos que muchos de vosotros, aún con ganas de asistir a la presentación y ver cómo improvisamos una charla que trate de quitar importancia al hecho de encontrarnos  solos en una sala inmensa, prefiera abstenerse de tan maravilloso momento; lo comprendemos perfectamente. Nuestro editor tiene menos capacidad de comprensión y nos ha pedido que en la invitación añadamos el sutil detalle de que siempre se puede adquirir un ejemplar a través de su página web.


Aquí tenéis el enlace al sutil detalle:


QUIERO UN LIBRO



Os esperamos y si no, os entendemos.

               



TiTo

sábado, 21 de noviembre de 2020

¿De qué va La sonrisa escondida?






La fecha que aparece en este tarjetón ha cambiado al jueves 17 de diciembre por los mismos motivos  que han inspirado al libro.



El libro La sonrisa escondida, escrito al alimón entre Javier Pioz y yo, y otros cientos de desconocidos autores, va de cómo reacciona el ser humano en situaciones extremas para paliar la tensión que imponen las dificultades. La herramienta utilizada es su sentido del humor, bien llamado sentido, pues como la vista el olfato o el oído, el humor puede salvarnos de situaciones de peligro, o al menos, aliviar el padecimiento. Ante la adversidad, inmediatamente aparece este maravilloso sentido de defensa que si no nos libra de ser devorados por un tigre dientes de sable al menos nos permite reírnos de su aspecto.

La sonrisa escondida es la historia de la pandemia hasta el mes de septiembre contada a través de los memes que nos hemos enviado por whatsapp unos a otros en un intento de hacer sonreír dentro del infortunio.



                                   




Hemos utilizado 353 memes en total, repartidos en 291 páginas. Un documento que ya es historia y lo será más cuando todo esto haya pasado; entonces nos gustará coger este libro y hojearlo recordando cómo se hacía un bizcocho sin usar horno, los momentos en que asomados al balcón aplaudíamos casi devotamente con la canción “resistiré” que algún vecino ponía a todo volumen, o cuando salimos a la calle con frenesí a correr, a montar en bici o pasear aunque lloviera a cántaros. A pesar de todo el sufrimiento pasado sonreiremos al ver que alguien se preocupaba por decir a sus amigos cómo congelar el papel higiénico o daba ideas para ganar dinero, tal como alquilar el perro a los vecinos para que pudieran salir a pasear. Es un libro de humor y es un libro triste. Es la historia del payaso que hace reír a los demás  mientras él llora por dentro. 

Nuestra intención escribiendo este libro es que recordemos los momentos en que gracias a muchos creadores de memes que utilizaron su ingenio y su tiempo en intentar hacernos reír, lo consiguieron.




La presentación del libro estaba pensado hacerla el próximo jueves 26 de noviembre en EST ART, el maravilloso y amplísimo espacio dedicado al arte dirigido por Javier y Maite, pero paradójicamente o quizá metafóricamente, tendremos que aplazarla porque nuestro barrio permanecerá confinado desde el próximo lunes, catorce hermosos días.  Que sepamos estamos por debajo de la media usual de contagios por cada 100.000 habitantes, lo cual nos tiene a todos bastante sorprendidos, pero el hecho es que no podremos salir de nuestra unidad básica de sanidad, que por fin me he enterado de cuál es la mía. Incluye un supermecado, solo uno; no quiero pensar cómo se va a poner.


Que se aplace la presentación no significa que se anule, tan solo se pospone al día 17 de diciembre. El lugar sigue siendo EST ART, un espacio dedicado al arte y la cultura que merece la pena conocer pues a sus exposiciones temporales hay que sumar su amplísima colección permanente de cuadros, esculturas, cerámica y distintas piezas que son una tentación irresistible para los amantes del arte.


Javier y yo, y nuestro editor Francisco Rullán, somos pacientes por lo que os esperamos con las mascarillas puestas y mostrando nuestra mejor sonrisa, el 17 de diciembre en EST ART. 


Cuidaros mucho, no sea que para la fecha prevista, el barrio que confinen sea el vuestro.









WEB de EST ART                             WEB DÓNDE SE PUEDE COMPRAR YA EL LIBRO                          WEB PERSONAL
















domingo, 1 de noviembre de 2020

Próxima presentación

 





Es difícil encontrar mayor prueba de amistad hacia un escritor que asistir al acto de presentación de su último libro.  Por este motivo también es difícil encontrar mayor sinceridad en las palabras de un escritor que las empleadas para agradecer a todos los que han ido, precisamente eso, que hayan ido, porque si no hubiera nadie, la situación sería realmente terrible. 


Por supuesto hay amigos que no pueden ir a la presentación, y no por eso van a dejar de ser buenos amigos, incluso se dan casos en que la excusa empleada para no aparecer no es inventada. ¿Pero qué ocurre cuando todo el mundo tiene la misma excusa, que además es real, nadie se la ha inventado?


Imaginad que en el lanzamiento de una novela policiaca, ninguno de los que iban a ir a la presentación puede asistir porque todos están el la comisaría declarando como sospechosos de un crimen. O en la presentación de una novela de ciencia ficción, nadie acude porque han sido abducidos por una nave extraterrestre, o bien hay que cancelar la presentación de un interesantísimo  ensayo sobre el canibalismo en Guinea Papúa, porque los invitados se encuentran en ese momento dentro de una enorme marmita en el centro de un poblado Koroway.

Pues esto, exactamente esto, es lo que va a ocurrirnos a Javier Pioz y a mí a mediados de noviembre. No que nos coman, algo casi peor. 


Nuestro libro, La sonrisa escondida, que cuenta la historia del confinamiento pandémico desde el pasado mes de marzo  hasta el mes de septiembre, a través de todos los memes que nos hemos ido intercambiando por WhatsApp, sale dentro de quince días, y mucho me temo que a la presentación no va a poder asistir nadie precisamente porque todo el mundo estará confinado.


Todavía quedan quince o vente días, y la esperanza la tenemos muy entrenada, de modo que aún  sonreímos cuando alguien nos pregunta por nuestro libro. 


Os mantendremos informados, estamos pensando en diferentes e imaginativas formas de  presentación para que las limitaciones perimetrales, toques de queda y controles policiales no sean excusa.


Os pongo una parte del índice para que os hagáis una idea de qué ve la cosa.






















domingo, 11 de octubre de 2020

La sonrisa escondida

 






Se han escrito muchos libros sobre la pandemia, un suceso tan importante en nuestras vidas no puede escapar a la atención de escritores, periodistas, historiadores y analistas, de modo que tenemos de todo, desde novelas a ensayos pasando por crónicas y hasta libros de contenido político, cada uno de ellos contando a su manera lo que nos ha pasado. Nos está pasando. Pero hay un libro que se diferencia del resto, entre otras cosas, por el número increíble de colaboradores que ha necesitado para su terminación. Han participado más de trescientos involuntarios autores, nada menos, y muchos de ellos ni siquiera sabían puntuar correctamente una frase de seis palabras. Simplemente estaban ahí, viendo lo que pasaba, testigos no mudos de una situación en la que querían formar parte, no sólo como pacientes, sino también como reporteros. Son los autores de la infinidad de memes que han pasado por nuestros teléfonos móviles durante los meses que hemos estado, primero confinados, luego desescalados y finalmente normalizados. 


La sonrisa escondida es ese libro, es la historia de la pandemia hasta el mes de septiembre, que por fin entregamos el manuscrito a la editorial, contada a través de todos esos memes que nos hemos ido intercambiando y pasando unos a otros porque en ellos encontrábamos esa pequeña chispa de humor tan necesaria siempre y tan imprescindible en momentos de locura.


Javier Pioz y yo somos los autores y la idea la propusimos a varias editoriales, no muchas, las que encontramos en una visita a la FNAC buscando nombres de editoriales que publicaran este tipo de libros, y nos contestaron tres. Una de ellas para decirnos amablemente que no les interesaba el proyecto y otras dos para comunicarnos que les parecía una idea original, que cómo no se le había ocurrido a nadie, desconcertante pregunta, y que estaban dispuestos a editar el libro. Naturalmente, no nos lo dijeron el mismo día por lo que la primera en llamarnos es la que finalmente se hará cargo de la publicación de La sonrisa escondida. Francisco Rullán, el editor, cuando nos reunimos para la firma del contrato que nos hará millonarios a todos, demostró tener un fino sentido del humor de modo que tenemos al editor perfecto. Además pagó las cocacolas de después por lo que no hay ninguna duda.

Javier Pioz es amigo mío, imposible escribir un libro al alimón si no, y juntos hemos disfrutado mucho y sufrido poco escribiendo La sonrisa escondida, que según lo previsto saldrá a mediados de noviembre. Javier tiene doce títulos publicados sobre arquitectura, y este es su primer libro sobre memes, igual que me ocurre a mí. Yo creo que nos ha quedado redondo pero la mejor manera de comprobarlo es comprando un ejemplar cuando salga, algo a lo que animamos a todo el mundo que haga de manera compulsiva. Javier es un tipo estupendo, un excelente arquitecto y para mi desgracia, implacable y despiadado jugador de tenis que disfruta excesivamente ganándome.

Mantengo la esperanza de que un éxito exagerado de nuestro libro, aplaque su furia; aunque solo sea por esta posibilidad, os pido a todos vuestra colaboración.


Ya os informaré sobre la fecha definitiva de publicación de La sonrisa escondida para que no haya excusas.


Dentro de unos años, cuando la pesadilla que estamos viviendo sólo sea un amargo recuerdo en nuestras memorias, nos gustará echar un vistazo a cómo vivimos aquellos tristes días, y cómo el sentido del humor demostrado en los memes que intercambiamos, nos ayudó a superarlos. Quizá entonces, los que no hayan comprado La sonrisa escondida en su momento, traten desesperadamente de hacerse con algún ejemplar en librerías de viejo a precios exorbitantes. ¿Acaso merece la pena esperar hasta el último momento?



Por cierto, blogspot sigue siendo una mierda ¿Os habéis fijado el interlineado, el tamaño de letra incontrolable y los márgenes del texto? Gracias a mi amigo Franciso Mayoral he descubierto que se puede editar partiendo de "pages" pero ese detalle sólo proporciona comodidad, el resultado sigue siendo decepcionante. 




MI WEB


miércoles, 30 de septiembre de 2020

Empeoras

 





Ya sabemos que vivimos unos tiempos en que la regla es la obsolescencia. Cualquier cosa ha de durar poco en su configuración inicial, lo importante es que se produzcan cuanto antes cambios significativos. Es el triunfo de lo efímero, vaya tontería tan grande. Esta obsesión por la continua renovación, nos obliga, no solo a cambiar de teléfono cada poco tiempo, o de ordenador, tablet, lo que sea, sino a reescribir nuestras claves, bajar las actualizaciones, reacostumbrarnos, por ejemplo, a usar nuestro servidor de correo renovado, con lo bien que iba antes... nada, no hay nada que perdure, todo cambia y nada queda.

Ahora le ha llegado el turno a blogspot, la plataforma donde publicaba La tertulia perezosa, y empleo el tiempo pasado porque sus administradores han introducido unas empeoras que me desaniman a seguir escribiendo. Ahora estoy obligado a escribir "en directo", es decir, no puedo utilizar un procesador de textos como dios manda, y no la porquería que tiene acoplada blogspot, para luego, sencillamente, pegar el documento una vez corregido.

Un asco que no tiene ninguna ventaja sobre la versión anterior y que hace extremadamente incómodo la tarea de subir un nuevo artiblog al blog.

Dudo que en estas condiciones siga escribiendo, miraré otras fórmulas para seguir en contacto y de momento, no sé si como despedida, os pongo un relato muy corto que tenía por algún lado y que al ser corto, no tardaré mucho en reescribir. Como ha quedado claro, se acabó poder subir un documento escrito con anterioridad y archivado en el caos que cada cual tenga en su ordenador.


VAYA CORTE


Yo me encontraba en el lado de la piscina que más cubre; miré al otro extremo y vi una ola avanzando sin hacer ruido hacia mí.

Antes escuché un suave chapoteo, como si se hubiera tirado alguien con sumo cuidado tratando de no salpicar, y después el silencio roto por el aleteo de un par de palomas levantando el vuelo.

el ruido que hacen las mandíbulas de un cocodrilo destrozando huesos y tendones después de atravesar la carne resulta aterrador...


...Nada, lo dejo pues al hacer el punto y aparte separa los párrafos como le da la gana, esto es un suplicio... 




                                                                                          http://www.leonciolopezalvarez.eu/


martes, 22 de septiembre de 2020

Día internacional de la Paz

 




Me acabo de enterar de que hoy es el día internacional de la Paz, así con mayusculas. Yo quiero celebrarlo, pero creo que no da ni para celebrar el día nacional de la paz, con minúsculas, sin presumir. Cada vez nos llevamos peor, me da la sensación.

Antes, para que no hubiera paz, se necesitaba algún motivo que justificara el enfrentamiento; no tenía por qué ser un motivo importante, con que existiera, era suficiente. Podía ser económico, de religión (económico), de expansión (económico), de ideología (económico)..., pero ahora no es necesario ser enemigos para llevarse mal. Hoy día, cualquiera puede tener una trifulca con el paisano que tiene al lado sin que haya diferencias entre ellos, es una cuestión de actitud, la actitud de estar dispuesto a discutir. Cualquier excusa en válida y si vas conduciendo ni te cuento.

Precisamente esta mañana estaba pensando por qué España es uno de los países en que más despiadadamente se está portando el virus con la población. Nueve de nuestras Comunidades Autónomas figuran entre las diez regiones más castigadas de Europa. Uyyyyy, sólo por una no hacemos pleno. A día de hoy hemos superado a Estados Unidos en eso de ir de culo con la Covid. ¿Por qué? ¿Por qué somos el país de Europa que peor ha gestionado la pandemia, y uno de los peores del mundo? Se me ocurre una razón: desde el principio, nuestros políticos, tanto gobernantes como oposición, se ocuparon más en tirarse los trastos a la cabeza entre ellos que en arrimar el hombro juntos buscando ideas para superar la pandemia lo mejor posible. Eso no es bueno para el país, pero lo peor es que esa beligerancia traspasó a la población y discutíamos tan encarnizadamente como veíamos que lo hacían nuestros representantes, que hay que ser idiota.

Lo lógico es que si el gobierno lo está haciendo mal, por los motivos que sean, lo lógico digo, pero quería decir lo deseable, es que los que están al lado le den ideas para que nos salvemos todos, en lugar de señalar con el dedo dónde la han pifiado, sin aportar nada, diciendo lo burros que son. Esto me recuerda que hace muchos años, Fraga le dijo a Felipe González que él tenía la solución para acabar con ETA. Coño, pensé yo, pues dísela. Pero no, prefería protestar porque el gobierno no era capaz de acabar con tan terrible problema. Pues seguimos igual, los políticos se pelean en lugar de unirse para buscar soluciones a un problema que afecta a todos los ciudadanos independientemente de su voto. Renta más políticamente, deben pensar, o bien es más cómodo porque criticar exige menos esfuerzo que discurrir, pero el caso es que esa actitud de enfrentamiento es una catástrofe para el país.

No, no creo que hoy podamos abrir muchas botellas de champán (de cava, ni de coña, claro), para celebrar el día de la Paz. El pobre ha pasado totalmente desapercibido, ¿por qué será?

Hala, os dejo en paz, queridos amigos, yo sí quiero celebrarlo a pesar de todo y esta noche os prometo que brindaré por todos nosotros.























sábado, 5 de septiembre de 2020

La política y los políticos

 



Si un gobernante no tiene habilidad para ejercer eficazmente su función, puede hundir tanto al Estado como a los ciudadanos. Platón.




      Cuando voy a escribir algo con cierto sesgo político, siempre digo que no me gusta hacerlo y añado que no es un tema que suela tratar en La tertulia perezosa, pues estamos en una sociedad en que la discrepancia política se interpreta como ofensa, y no quiero ofender a ninguno de los amigos que me leen. Así, que aviso, voy a tratar un asunto con cierta carga política, aunque la elegancia con que está escrito elimina la posibilidad de que alguien pueda sentirse incómodo, a no ser que se dedique a la política.

 

Para empezar quiero dejar clara mi profunda decepción sobre los políticos, no hay ninguno que se salve, me parece que todos cometen los mismos dos grandes errores: su inutilidad y su egoísmo.

Me refiero a los políticos actuales, yo, como aspirante a abuelo cebolleta, me acuerdo de cuando los había buenos. Auuuuuuuuu.

 

Empecemos por el primer atributo identificativo, su inutilidad. La sensación de que no dan una en el clavo está basada, como decimos los racionalistas, en la estricta observación de la realidad, nada de suposiciones ni opiniones, es un hecho constatable. Y esta inutilidad cubre tanto a los gobiernos autonómicos como al de la nación.

En los primeros, la cantidad de patanes es abrumadora, gente que no llega al nivel mínimo exigible para la gestión de una pequeñísima empresa ocupa los puestos más altos dentro de la administración de las mayores que tiene el Estado con presupuestos que sobrepasan lo que sus limitadas y poco formadas cabecitas pueden asimilar. Da miedo ver sus anteriores puestos de trabajo antes de ocupar los de mayor responsabilidad, o echar un vistazo a sus historiales laborales. No quiero dar nombres, porque para empezar, la lista no se limita a una sola persona. También los hay que, precisamente en oposición a esta categoría de inútiles, tienen un brillante currículo académico con deslumbrantes expedientes pero que de política, nada de nada. Tampoco me sirven. Yo admiro a los astronautas, que conste, pero solo como astronautas, y a los grandes filósofos ni te digo, pero sólo como grandes filósofos. Y luego están los que ocupan un puesto de altísima responsabilidad porque el poder se entiende como un goloso pastel que hay que repartir entre aquellos que acceden a él. Tampoco tengo nada en contra de brillantes sociólogos autores de sesudos libros.

 

Esta carencia de preparación para la cosa pública pasa desapercibida si no ocurre nada y la gran nave de la Nación sigue su curso sin ninguna amenaza, funcionando por la bendita inercia que se encuentra en las aguas tranquilas, pero…, amigo, como salte la alarma de “todos a sus puestos” porque hay un iceberg a la vista, entonces estamos perdidos. ¿Por qué? Porque en esos momentos de crisis es cuando se necesita a gente con experiencia, preparación, capacidad de decisión y sobre todo con ideas, y los botarates de exhibición, lo único que hacen es estorbar, molestar y cagarla. Un avión moderno es muy fácil pilotarlo siempre que no surjan problemas, pero si aparece alguno,  más vale que a los mandos se encuentre un experimentado piloto que no solo sepa pedir cafelitos a las azafatas y ajustar los controles automáticos. Y esto, en mi modesta opinión, es lo que ha pasado en España. La Covid nos ha sorprendido como a todos los países, cierto, pero somos los que más estamos sufriendo sus consecuencias, no como se dice, porque los españoles seamos unos cachondos que sólo pensamos en abrazarnos en los bares, sino porque no hemos tenido a nadie que supiera cómo afrontar con decisión, buenas ideas, experiencia y formación, una catástrofe de esta magnitud. Ni en el Gobierno de la nación, ni en los gobiernos autonómicos.

 

Pero aún no he terminado de desanimar a ningún político para que se haga amigo mío, todavía me queda hablar de su egoísmo, la otra característica que según mi modesta opinión, comparten todos.

Los políticos deberían pensar en el bien común, ¿a qué sí? Supuestamente esa es su vocación. Así lo veía al menos Platón, y Platón era listo donde los haya. De la misma forma que la vocación de los médicos, profesión que admiro sinceramente y cada vez más, es ayudar al enfermo, la del político es ayudar a que el ciudadano viva en una sociedad justa. Y seguro que lo intenta…, hasta que tiene que elegir entre el ciudadano y su partido, o lo que es lo mismo entre el ciudadano y él mismo, pues el político sin partido no es nada.

Los partidos políticos ansían el poder, todos por igual y a cualquier precio, pero tienen duros competidores que son los otros partidos con las mismas motivaciones, de forma que la pugna entre ellos prevalece por encima de la búsqueda de lo que mejor le conviene a la sociedad a la que supuestamente han de servir. Esto se traduce en que un partido determinado se opone a otro porque es su adversario sin fijarse en la propuesta que tenga. Es decir, cuando surge el debate sobre asuntos de importancia nacional escuchamos cosas del siguiente pelo: yo no puedo ir con Coalición Norteña porque han demostrado que llevan el pelo sucio, en lugar de decir: yo no puedo apoyar EL PROYECTO de Coalición Norteña porque no ha incluido la defensa del derecho a un buen afeitado. Los partidos argumentan en función de ideologías, no en función de propuestas. ¿Por qué actúan así? porque son egoístas y no les importa solucionar problemas a los ciudadanos, pero sí les preocupa que sus competidores sí los solucionen porque entonces se ponen por delante en la carrera hacia el poder.

 

Joder, si es que da asco, pero es así, son como adolescentes que tratan de impresionar a la chica guapa (nosotros, el pueblo, somos la chica guapa), y para conseguirlo no paran de hablar de lo tonto y torpe que es su contrincante, en lugar de ver quién le recita las poesías más hermosas, o  le invita a las mejores gambas.

 

Y lo peor es que esta forma de actuar trasciende a la sociedad y entre los ciudadanos seguimos la misma conducta, enfrentándonos unos con otros, gritándonos y rompiendo amistades porque uno dice que rojo y el otro que azul.

 

Lo que últimamente me preocupa mucho es descubrir que la chica guapa, además de guapa sea tonta.

 

 


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