martes, 30 de marzo de 2021

Abrazo





El valor de las cosas lo encontramos cuando dejamos de tenerlas. Somos así de tontos, necesitamos perder algo para apreciarlo. Nadie le da importancia, por ejemplo, a que con un simple giro de muñeca caiga sobre nuestras cabezas un profuso chorro de agua caliente. Que te corten el suministro y verás si le das importancia. Así con todo, lo que pasa es que algunas ausencias, como el ejemplo del agua caliente, se hacen notar en seguida, mucho más que otras que al principio pasan desapercibidas.

Hemos cortado el suministro de abrazos y besos y aunque no hayan sido inmediatos los efectos del corte, ya han aparecido con claridad. Todo el mundo habla de la crispación que existe en todos los ambientes, sobre todo en la política donde sus protagonistas nos ofrecen diariamente su comportamiento patán y grosero; quizá su crispación la transmiten al resto de ciudadanos que estúpidamente imitamos su comportamiento deleznable. En cualquier caso, esa crispación puede ser efecto del corte en el suministro de abrazos y besos que estamos padeciendo. A mí no me extrañaría y por eso aquí me tenéis, escribiendo sobre los abrazos y su ausencia.

Existen muchos tipos de abrazos, el más elemental es parte de un ritual cotidiano, nada más un gesto dentro de la comunicación no verbal sin mayor alcance pero que también tiene su importancia. En este grupo podemos incluir el abrazo social que damos en los pésames y momentos de infortunio y el abrazo de bienvenida cuando nos encontramos con alguien que hace un moderado tiempo que no vemos.

Luego está, subiendo en la escala de la involucración emocional, el abrazo de complicidad con el que mostramos nuestro apoyo de paso que nuestro afecto. Por supuesto también existe el abrazo falso, un intento de engaño, inevitable en cualquier expresión humana pero ese nadie lo echa en falta.

Por fin llegamos al abrazo verdadero, el que ni se compra ni se vende porque no hay en el mundo dinero para comprar los quereres. Unirse con las cabezas muy pegadas, apretando el pecho, el cuello ensortijado en brazos ajenos, enroscados uno en el otro durante unos segundos con la respiración contenida, ese abrazo, la madre de todos los abrazos, es un tesoro, y también nos lo estamos quitando.

Según todos los psicólogos los efectos beneficiosos de los abrazos están fuera de toda duda, se desatan ciertos neurotransmisores y aumenta el nivel de oxitocina, la hormona llamada de la felicidad porque desencadena efectos de tranquilidad y dicha. Yo creo que es obvio que vivimos en una sociedad con carencia de oxitocina.

Ahora, cuando nos vemos o despedimos nos damos un breve codazo, con cariño, pero no deja de ser un codazo y jamás puede sustituir a un abrazo sin que tenga fatales consecuencias.

Para terminar, citaré  a Edward Paul Abbey, un curioso escritor estadounidense que además era guarda forestal: 

"Sólo creo en lo que puedo besar o abrazar, el resto es humo".




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jueves, 18 de marzo de 2021

Ser uno mismo

 




Hace poco he estado en el veterinario, ningún motivo personal, ha sido por mis gatos, y me dijo que eran buenísimos, igual de buenos que mis dos gatos anteriores a los que también trató. Casualidad, dije yo y él enseguida me corrigió. No, verás, me dijo, los gatos son según son sus dueños y el trato que reciben de ellos. Me acordé de Ortega y Gasset y de su célebre frase y luego me acordé de mi madre.  Todo el mundo dice que yo soy como mi madre, lo cual no es de extrañar y me enorgullece, sin embargo el sentido del humor es de mi padre. También son de él otros rasgos de mi carácter que me definen como persona y que no voy a detallar por formar parte de los secretos de familia. Mis ojos pertenecen a mi abuelo paterno y de mi abuela tengo la forma de sonreír y los andares. Me gusta el vino desde hace exactamente los mismos años que hace que conocí a mi mujer, debido a que fue ella quién me introdujo en ese fantástico mundo, yo antes no salía de la cerveza. Los chipirones en su tinta me encantan gracias a un amigo mío vasco que los prepara de maravilla y soy entusiasmado lector de ciencia ficción por un amigo del colegio que no paraba de recomendarme las mejores novelas del género.

De mi tía es mi amor por los animales y mi repulsa por la salsa alioli. Mi madre me decía que reacciono exactamente igual que su padre, mi abuelo materno a quién no conocí, frente situaciones de injusticia y también comparto con él el amor por la ciencia. No soporto a los niños, igual que no los soportaba otro tío mío que jamás me aguantó y hasta que cumplí los veinte años nunca me dirigió la palabra. 

Mi falta de tenacidad no sé de quién será pero tal como están las cosas hay muchas probabilidades de que también sea prestada, aunque a estas alturas de mi vida la considero ya regalada. 

Si sigo analizando todas las características que conforman mi personalidad, mi pura esencia, me doy cuenta de que nada es mío, mío. Entonces, ¿quién coños soy yo?

Bueno, me queda el consuelo, la esperanza más bien, de que quizá mi falta de tenacidad sí sea exclusivamente mía y nada más que mía. Algo es algo.





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viernes, 12 de marzo de 2021

Punto limpio

 




Últimamente estoy frecuentando muchísimo el punto limpio y he sacado algunas conclusiones sobre estos lugares de reciclaje que entran más en el terreno de la filosofía que de la ecología. Un punto limpio, bajo su aparente funcionalidad para deshacerse de los trastos viejos, oculta una intención mucho más profunda. Y no solo es intención lo que oculta, tampoco quedan a la vista las conclusiones que se pueden sacar observando a la gente que acude a desprenderse de aquello que considera que ya no le va a ser de utilidad, hay que estar atento para descubrir toda la información que se puede sacar. 

Para empezar, cuando alguien lleva cosas que podría dejar en el cuarto de las basuras o directamente en la calle, ya podemos decir que se trata de gente educada, pues es más cómodo tirar el aceite que queda de la lata de mejillones por el fregadero o los cartuchos de la impresora al cubo de la basura, incluso abandonar un colchón de aspecto miserable en la acera cuando nadie te ve, que molestarse en ir la punto limpio, en adelante P.L. Entonces podemos decir que el P.L. ejerce una función discriminatoria, eligiendo a los más cuidadosos y respetuosos con el medio ambiente y dejando fuera a los sucios e insensibles ciudadanos. 

Tambien el P.L. segmenta a sus usuarios por estratos sociales, de modo que según la birria que llegue a sus contenedores, podemos deducir el nivel de vida de quien lo ha arrojado. Marcas de ordenadores y el estado en que se encuentran, por ejemplo, varían mucho según la pasta de quien lo haya estado utilizando hasta el momento en que ya pasan a mejor vida. La sección de papel también ofrece una información valiosísima sobre los que vacían bolsas llenas de revistas, papeles, documentos e incluso libros. Puedes saber hasta la edad y a qué se dedican los recicladores. 

Es fácil seguir sacando conclusiones de este tipo así que paro, la idea ya ha quedado suficientemente clara. Pasemos ahora al otro punto, mucho más importante, sobre los P.L. que decía al principio, sus consideraciones filosóficas.

Como ha quedado claro, últimamente visito mucho el P.L., con amargura he de añadir, pues pocas cosas que abandono allí realmente me molestaban. He dicho "abandono" a conciencia. A un P.L. hay que ir a tirar cosas, no a abandonarlas, la diferencia está en el vínculo que cada cual ha creado con esas cosas, y por tanto la sensación cambia de sentir alivio, a notar dolor de conciencia. 

Los últimos 26 años de mi vida he estado viviendo en una casa en la que he ido acumulando cosas, muchas cosas he de confesar, que ahora tengo que desprenderme de ellas pues me mudo a otra casa, y ya sabemos que las mudanzas hay que aprovecharlas para romper con el pasado. No sé por qué, pero eso es lo que todo el mundo me dice y aconseja, entiendo que con la mejor intención. Puede ser que tengan razón. Yo lo veo de la siguiente manera. A medida que nos movemos por la vida, nos pasa como a los barcos navegando por los siete mares, exactamente lo mismo, a ellos en el casco y a nosotros en nuestras casas: acumulamos adherencias. Siento que se me han ido pegando un montón de lapas, percebes, mejillones, algas y pequeños crustáceos por todo el cuerpo y ahora no me queda más remedio que desprenderme de todos esos viejos compañeros. Según se mire puede ser un alivio, es lo que me repiten los que me ven cargando cajas en el coche camino del P.L. pero yo no puedo evitar sentir que estoy abandonando una parte importante de mí mismo, esos percebes estaban tan incrustados en mi viejo casco que los voy a echar de menos. 

Y eso que aún me quedan miles de cajas por llevar al P.L. quizá millones, no sé.

En fin.








martes, 23 de febrero de 2021

El gallipato



Casi siempre que alguien dice, "respetamos la decisión del juez" lo que realmente quiere decir es que acata la decisión, que no es lo mismo, y debería añadir, porque no queda más remedio. Seamos serios, hay decisiones judiciales que no merecen ningún respeto aunque de todas formas haya que acatarlas. Obedecer no es respetar aunque sería estupendo que lo primero siempre fuera consecuencia de lo segundo. 

También decimos que nunca segundas partes fueron buenas, en alusión a que más vale no insistir y también refiriéndose a secuelas de películas, y de eso nada monada, todos tenemos ejemplos de segundas partes que superan a las primeras. O que madre sólo hay una. Ya, ¿quién no tiene un amigo que ha pasado por varias en busca de la madre definitiva?

Frases así de estupendas hay a montones, que circulan por el mundo con la etiqueta de verdades incuestionables mirando por encima del hombro a las demás, sin darse cuenta de que en este mundo no hay nada que sea verdad incuestionable. Ni siquiera la constante de gravitación universal tiene un valor exacto reconocido, de hecho, nos manejamos con una aproximación con la que vamos tirando.

Últimamente me ha dado por meterme con la frase la naturaleza es sabia, dudando cada vez más de que eso sea cierto. ¿Qué tiene de sabio la existencia del tritón pleurodeles waltl, sobre el que hablaré dentro de un momento? o por ejemplo, lo que está haciendo el virus Covid, tan natural él. Resulta que para sobrevivir a los ataques que estamos lanzando para combatirlo, muta en una nueva versión de sí mismo. Hasta aquí, buena estrategia, pero resulta que las nuevas cepas son más mortíferas, de modo que cuando ocupa un cuerpo humano en el que vivir, va y lo mata en nada de tiempo. Oh, qué listo, cuánta sabiduría, ¿no se ha dado cuenta de que con la muerte del cuerpo en el que se mete él también dejará de existir?

Pero sobre el virus ya he escrito un libro (1), hablemos ahora del tritón pleurodeles waltl, más conocido por el simpático nombre de gallipato. Este sabio animalito ha desarrollado una estrategia de defensa de lo más chocante. Cuando se ve amenazado, muy amenazado, ya en las fauces del predador que lo quiere engullir, sus costillas salen al exterior perforando su piel con la esperanza de clavarse en algún lugar del atacante. Las costillas secretan un veneno, que para tranquilidad de aquellos que quieran comerse un gallipato en vivo, no afecta a los humanos.

Poco más tengo que añadir sobre el gallipato, salvo que está en peligro de extinción. No me extraña, la verdad.


(1) La sonrisa escondida, escrito a pachas con mi amigo Javier Pioz.






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domingo, 7 de febrero de 2021

Manías que se pierden.

 




Todos tenemos manías, que no es otra cosa que costumbres que no estamos dispuestos a abandonar así como así. Mis amigos más cercanos coinciden en que una de mis manías más detestables es que no me gusta alargar demasiado las veladas después de cenar y que más allá de las doce y media empiezo a revolverme incómodo en mi asiento buscando la manera de abandonarlo sin resultar excesivamente descortés. Mi ídolo en este sentido, y en otros más evidentes, es Neruda, que según cuentan, cuando reunía a sus amigos en su casa llegaba un momento en que se levantaba, se dirigía al mueble bar y se ponía una bebida en otra copa diferente a la que había estado usando hasta ese momento. Esa era la señal que todos conocían, sabían que esa copa era la última y que antes de que diera cuenta de ella, todos deberían despedirse educadamente agradeciendo el buen rato que habían pasado. 

No sé qué motivos tenía Neruda para no alargar las reuniones nocturnas, en mi caso es porque me gusta madrugar. Todos los días me levanto sobre las siete y media de la mañana, independientemente de que sea festivo o no, invierno o verano, haga frío o calor, o tenga tareas que hacer o se me presente un día de absoluta holganza. Es una manía, supongo, pero es así, me gusta madrugar y no estoy dispuesto a sacrificar un amanecer por un par de horas de trasnoche. Pero..., pero hace un par de meses más o menos, cambié sin darme cuenta mis horarios y en lugar de levantarme a las siete y media me levantaba a las ocho, ocho y media, incluso a veces seguía dormido hasta las nueve. El más sorprendido era yo. Lo curioso es que me levantaba tan tarde manteniendo mi hora de acostarme inmutable, que es siempre a las once, o antes. Después, una vez fuera de la cama, seguía con mi maravillosa rutina de prepararme un desayuno digno de un rey, con parsimonia, casi desesperante lentitud, poniéndome al corriente de las noticias y disfrutando del frescor que a esas horas aún se mantiene. 

Un pequeño cambio, nada importante. Pero se trata de un cambio que ha continuado. Después de las nueve de la mañana, empecé a levantarme a las diez, y luego a las once. Ya no podemos hablar de sorpresa, ahora era presa del estupor. ¿Yo, levantándome como una vieja actriz de Hollywood? Eso no podía ser, pero era, y lo peor de todo es que la cosa empeoró. Pasé a levantarme a las doce del mediodía y como mis desayunos seguían siendo pantagruélicos, retrasaba mi hora de la comida, que siempre se había mantenido a la una y media en punto. Otra manía.

Vaya plan, qué forma tan penosa de desperdiciar el día, pero ahí no acabó la cosa. Pronto cogí la costumbre de, una vez terminado el desayuno, volver a la cama. Solo un ratito, lo justo para leer un poco, pero a veces me ocurría que me quedaba con el libro caído sobre el pecho profundamente dormido. 

En seguida empecé a levantarme a las dos de la tarde, seguía desayunando como un animal, y naturalmente ya no comía, de modo que volvía a la cama después del desayuno a echarme la siesta. Me levantaba de la siesta sobre las cinco de la tarde, me duchaba, miraba por la ventana y poco más. 

No es difícil imaginar lo que vino después. Empecé a levantarme más tarde de las tres o las cuatro de la tarde, desayunaba como siempre, volvía a la cama, me ponía el despertador a las siete de la tarde para que me diera tiempo a preparar la cena, cenaba y volvía a la cama antes de las once. Leía como he hecho toda mi vida, hasta que el sueño me hacía repetir la lectura de un párrafo tres y cuatro veces, resistiéndome a abandonar el mundo consciente, y finalmente  me quedaba dormido como un tronco durante dieciséis horas, que enseguida pasaron a ser veinte. En ese punto, ya no me duchaba, simplemente me levantaba, me preparaba un desayuno cada vez menos copioso, volvía a la cama y ya, sin leer más allá de un par de frases, me quedaba dormido durante veintitrés horas. Solo estaba despierto el tiempo de prepararme el desayuno y comérmelo silenciosamente con la cabeza hundida en los hombros preguntándome qué me estaba pasando.

Desde hace una semana ya he dejado de desayunar, también de levantarme, ¿para qué? Hoy me he despertado hace media hora y sé que en cuanto termine la última línea de lo que estoy escribiendo, me quedaré de nuevo dormido.

Hasta mañana. Espero.








martes, 19 de enero de 2021

Menuda trompa

 



El concurso Saber y ganar es  de las pocas cosas que veo en televisión, más que por interesante, porque me pilla indefenso en el sofá, en mitad de la digestión y tratando de descubrir alguna señal del paso del tiempo en Jordi Hurtado. Es un concurso de cultura general con algunas pruebas de rapidez mental donde siempre puedes aprender algo. Muchas veces lo que aprendes es realmente sorprendente. El otro día por ejemplo, me enteré de que la trompa de un elefante tiene 100.000 músculos. ¡Qué pasada! me dije aún suponiendo que tendría muchos, ¿pero 100.000? 

Mi curiosidad me obligó a consultar en Internet, el gran oráculo, y tras desechar las primeras informaciones, muy superficiales la mayoría, llegué por fin a una página que parecía seria y resulta que sí, el dato es correcto. Exactamente la cosa es así: la trompa está compuesta por 40.000 músculos divididos en seis grupos principales que están subdivididos en 100.000 unidades musculares. Esta estimación fue realizada por el naturalista francés Georges Léopold Chrétien Frédéric Dagobert Cuvier, más conocido como Baron de Cuvier, para ahorrar tiempo. Este señor vivió a caballo entre los siglos XVIII y XIX, y fue un gran promotor de la anatomía comparada y de la paleontología donde también destacó. Fue el primer científico en suponer que la extinción de los dinosaurios se debió a una catástrofe natural, y el primero también en clasificar el reino animal desde el punto de vista estructural o morfológico, pero nos estamos alejando de la senda de los elefantes y su proboscis. Sobra decir que la estimación del Barón de Curvier fue totalmente acertada.

Tanta complejidad en una nariz tiene sentido pues el elefante utiliza la trompa prácticamente para todo. Para oler, por supuesto, y cuando vemos a un elefante con la trompa levantada es que está buscando en el aire rastros de enemigos o de otros elefantes o de lo que sea, también elefantas en celo. También la usa para beber, para comer, para ducharse, para defenderse, para rascarse los ojos y las orejas, para tirar objetos, para levantar cosas pesadas, hasta 270 kilos y también para tratar con delicadeza otras... la trompa del elefante es como una navaja suiza multiusos a lo bestia, un órgano exploratorio, funcional e imprescindible cuyo manejo exige mucha práctica y experimentación. Los elefantes pequeños tardan muchísimo tiempo en aprender todas las posibilidades que les ofrece su trompa y eso que son muy inteligentes, pero es que manejar a la perfección un órgano con 100.000 músculos debe ser como aprender a pilotar un caza.

Todo esto nos enseña una cosa a los seres humanos que en total, en todo nuestro cuerpo sólo tenemos 639 músculos, algunos que da pena verlos. Nos ensaña algo muy importante, pero no seré yo quién lo diga, que cada cual saque su propia conclusión.



TiTo


viernes, 15 de enero de 2021

Generosidad

Lágrima congelada, no sé si de risa o de pena.



Según los datos de la Organización Nacional de trasplantes, nuestro país es ejemplo de generosidad en el mundo entero a la hora de dar desinteresadamente lo que ya no necesitamos; somos los que mayor número de trasplantes y donaciones hemos realizado durante los últimos 28 años. Una hazaña consecutiva de la que tenemos que sentirnos orgullosos. No nos duelen prendas a la hora de desprendernos de nuestras vísceras si con ello ayudamos a un prójimo a que siga con vida. Tanta solidaridad a mí me llena de patriótica satisfacción aunque he de reconocer que hasta la fecha yo no he contribuido en absoluto a mantener tan loable récord. Supongo que alguno de mis órganos, exceptuando el hígado que no se lo recomiendo a nadie, podría serle útil a quién ande necesitado cuando yo vaya camino del Valhalla, pero no sé cómo hacerlo, me enteraré a ver. Mientras tanto, me ofrezco a otro tipo de generoso comportamiento e invito a todos a que consideren la idea. Verás.

Hay una canción del grupo setentero Aguaviva cuya letra es una poesía de Gabriel Celaya que ha inspirado la idea que os voy a contar. Quizá no tenga demasiado que ver, por eso es inspiración, si no, sería plagio. 

En un momento dado, se lee o se escucha, el verso:

yo me alquilo por horas, río y lloro con todos.

Luego sigue:

pero escribiría un poema perfecto

si no fuera indecente hacerlo en estos tiempos.

Este par de versos ya no vienen al caso, los he puesto porque a mí particularmente me parecen estupendos aunque carezcan de importancia argumental para lo que voy a contar, que es lo siguiente:


Hay muchas personas que les falta algo, no vital pero si muy importante, quizá no tanto como el hígado o el corazón aunque más que el páncreas que en realidad no vale para gran cosa (Una persona sin páncreas puede vivir normalmente sin ningún problema, siempre y cuando se someta a un tratamiento de reposición de las hormonas y enzimas producidas por esta glándula). Me refiero a las emociones. Pues bien, yo me ofrezco a hacer donación de emociones y trasplante de lágrimas. 

La idea va mucho más allá de simplemente poner un hombro para quién necesite consuelo se apoye en él, eso ya está muy visto. Yo me refiero a algo mucho más físico, como donar un riñón. Hay muchas personas que son incapaces de sentir emociones, y esa insuficiencia es porque les falta algo en el hipotálamo, alguna pella de células especializadas en empatía que no funcionan correctamente o quizá nunca existieron. Pues bien, en estos casos yo me ofrezco a emocionarme por ellos, por supuesto sin tocar mi hipotálamo del que me siento particularmente orgulloso. Soy lo que se dice una persona de lágrima fácil, lloro con casi todo, al principio trataba de ocultar mi predisposición al moqueo disimulando como que se me había metido una pelusilla en el ojo, pero ahora, doy rienda suelta a mis mocos y lagrimas y lloro que da gusto. Pues bien, ya que yo tengo tanta facilidad para emocionarme por las cosas más insignificantes, me parecería un acto de egoísmo no compartirlo, de modo que estoy dispuesto a prestarme para llorar cuando alguien vea que la ocasión lo requiere pero le falta lo que hay que tener para conseguir un buen llanto desconsolado. Ojo, que puedo llorar tanto de pena como de risa, tengo lágrimas de los dos tipos y estoy dispuesto a donarlas a mis prójimos más firmes en mantener la compostura. 

Todo esto lo hago por generosidad sin esperar nada a cambio y garantizo sinceridad en mis emociones, nada de fingimientos. No soy una plañidera, sino una persona sensible que sabe llorar cuando es necesario, nada más eso.

Pues ya lo sabéis.

Os pongo el enlace a la canción de Aguaviva con letra de Celaya que decía antes. Merece la pena escucharla.



Ya he mirado cómo hacerse donante de órganos, si alguien está interesado se puede informar aquí:

    Organización Nacional de Trasplantes.






















sábado, 26 de diciembre de 2020

El esperado 2021

 




Somos animales de costumbres, al menos lo somos hasta que perdemos la costumbre. Yo antes siempre escribía un cuento de Navidad, por navidad casualmente, costumbre que inicié en el redondo año 2.000, pero mira tú por donde, desde el año pasado he dejado de hacerlo. ¿Por qué? por muchos motivos y el más importante es precisamente por falta de motivo. Me consta que no es necesario pues ahora si hay algo que realmente abunda son los cuentos de navidad, y de los otros ni te cuento. 

No, ya no escribo cuentos de Navidad, pero no puedo abandonar la costumbre de tener costumbres, y desde el año 2015 tengo la de escribir sobre el nuevo año que entra, de modo que hay un artiblog sobre los años 2016, 2017, 2018, 2019 y 2020, que fueron años nuevos en su momento.

Los enlaces los pongo a continuación por si alguien siente nostalgia de aquellos momentos.


AÑO 2016     AÑO 2017   AÑO 2018   AÑO 2019   AÑO 2020


Este año, fiel a mi costumbre, también hablaré del esperado 2021.

Por cierto, cabe decir en este momento hasta qué punto me equivoqué con 2020, su pastelera madre...





2021 es el año de la esperanza. Esperanza suena de maravilla pero ojo con esta palabra porque tiene su peligro, un peligro enorme si nos tomamos al pie de la letra su significado. 

Esperanza es el deseo de tener en el futuro  algo que no tenemos en el presente, que ignoramos si lo llegaremos a tener, y que tenerlo no depende de nosotros. Aquí, en esta parte de la definición está su peligro, pensar que sólo la providencia la suerte o alguien muy listo nos puede proporcionar lo que necesitamos. 

Así vamos de culo. Más vale que pensemos que nosotros SÍ podemos hacer algo para conseguir lo anhelado, podemos y debemos; tenemos que ser conscientes de que con la vacuna no es suficiente. Ese gran remedio que viene del cielo en el que hemos depositado nuestras esperanzas no nos librará de nada si no aportamos nosotros la parte que nos corresponde.

 No voy a insistir en qué consiste esa parte, ya somos todos mayorcitos y lo sabemos de sobra. Así que me callo y os deseo a todos de corazón un año 2021 que nos devuelva, dentro de lo que esté a su alcance, todo lo que su predecesor nos quitó.

Esperanza sí, pero poniendo de nuestra parte lo que nos corresponde.



                                                                                   TiTo



lunes, 14 de diciembre de 2020

¡POR FIN HABRÁ PRESENTACIÓN EL JUEVES 17! (ONLINE)

 



POR FIN, SIN MAYORES DILACIONES, JAVIER PIOZ Y EL QUE AVERGONZADO POR TANTA CONFUSIÓN CREADA ESCRIBE ESTAS LÍNEAS, VAMOS A PRESENTAR NUESTRO LIBRO LA SONRISA ESCONDIDA. 

SERÁ ONLINE, DE MODO QUE MÁS SEGURO  ES IMPOSIBLE. ESPERAMOS QUE OS RESULTE DIVERTIDO, TANTO EL LIBRO COMO LA PRESENTACIÓN.


AQUÍ ESTÁ EL ENLACE PARA INSCRIBIROS. MUCHÍSIMAS GRACIAS POR VUESTRA PACIENCIA.


SÍ,TENGO INTENCIÓN DE ASISTIR A PESAR DE QUE HABÉIS CONSEGUIDO ABURRIRME CON TANTA CANCELACIÓN.











sábado, 12 de diciembre de 2020

Ahora sí

 


No tratéis de leer este texto, es la contraportada de La sonrisa escondida y la he puesto porque estaba harto de poner siempre la portada. Cuando tengáis el libro en las manos os resultará mucho más sencillo saber qué pone.




Por fin ya tenemos fecha definitiva para la presentación de este libro que hace de su contenido su condena. Por culpa de los confinamientos que hemos sufrido los autores, Javier Pioz  y el que os escribe, en nuestra unidad básica de salud, hemos tenido que posponer dos veces la presentación. 

En un principio iba a ser en ESTART pero finalmente, por razones confinatorias, la vamos a hacer en un lugar diferente pero igualmente seguro que cuenta con todos los protocolos Covid. 

La fecha sigue siendo el próximo JUEVES 17, a las 19:00 de la tarde, en 


OPENTALK

C/ FRANCISCO RICCI, 11



Comprendemos que muchos de vosotros, aún con ganas de asistir a la presentación y ver cómo improvisamos una charla que trate de quitar importancia al hecho de encontrarnos  solos en una sala inmensa, prefiera abstenerse de tan maravilloso momento; lo comprendemos perfectamente. Nuestro editor tiene menos capacidad de comprensión y nos ha pedido que en la invitación añadamos el sutil detalle de que siempre se puede adquirir un ejemplar a través de su página web.


Aquí tenéis el enlace al sutil detalle:


QUIERO UN LIBRO



Os esperamos y si no, os entendemos.

               



TiTo

sábado, 21 de noviembre de 2020

¿De qué va La sonrisa escondida?






La fecha que aparece en este tarjetón ha cambiado al jueves 17 de diciembre por los mismos motivos  que han inspirado al libro.



El libro La sonrisa escondida, escrito al alimón entre Javier Pioz y yo, y otros cientos de desconocidos autores, va de cómo reacciona el ser humano en situaciones extremas para paliar la tensión que imponen las dificultades. La herramienta utilizada es su sentido del humor, bien llamado sentido, pues como la vista el olfato o el oído, el humor puede salvarnos de situaciones de peligro, o al menos, aliviar el padecimiento. Ante la adversidad, inmediatamente aparece este maravilloso sentido de defensa que si no nos libra de ser devorados por un tigre dientes de sable al menos nos permite reírnos de su aspecto.

La sonrisa escondida es la historia de la pandemia hasta el mes de septiembre contada a través de los memes que nos hemos enviado por whatsapp unos a otros en un intento de hacer sonreír dentro del infortunio.



                                   




Hemos utilizado 353 memes en total, repartidos en 291 páginas. Un documento que ya es historia y lo será más cuando todo esto haya pasado; entonces nos gustará coger este libro y hojearlo recordando cómo se hacía un bizcocho sin usar horno, los momentos en que asomados al balcón aplaudíamos casi devotamente con la canción “resistiré” que algún vecino ponía a todo volumen, o cuando salimos a la calle con frenesí a correr, a montar en bici o pasear aunque lloviera a cántaros. A pesar de todo el sufrimiento pasado sonreiremos al ver que alguien se preocupaba por decir a sus amigos cómo congelar el papel higiénico o daba ideas para ganar dinero, tal como alquilar el perro a los vecinos para que pudieran salir a pasear. Es un libro de humor y es un libro triste. Es la historia del payaso que hace reír a los demás  mientras él llora por dentro. 

Nuestra intención escribiendo este libro es que recordemos los momentos en que gracias a muchos creadores de memes que utilizaron su ingenio y su tiempo en intentar hacernos reír, lo consiguieron.




La presentación del libro estaba pensado hacerla el próximo jueves 26 de noviembre en EST ART, el maravilloso y amplísimo espacio dedicado al arte dirigido por Javier y Maite, pero paradójicamente o quizá metafóricamente, tendremos que aplazarla porque nuestro barrio permanecerá confinado desde el próximo lunes, catorce hermosos días.  Que sepamos estamos por debajo de la media usual de contagios por cada 100.000 habitantes, lo cual nos tiene a todos bastante sorprendidos, pero el hecho es que no podremos salir de nuestra unidad básica de sanidad, que por fin me he enterado de cuál es la mía. Incluye un supermecado, solo uno; no quiero pensar cómo se va a poner.


Que se aplace la presentación no significa que se anule, tan solo se pospone al día 17 de diciembre. El lugar sigue siendo EST ART, un espacio dedicado al arte y la cultura que merece la pena conocer pues a sus exposiciones temporales hay que sumar su amplísima colección permanente de cuadros, esculturas, cerámica y distintas piezas que son una tentación irresistible para los amantes del arte.


Javier y yo, y nuestro editor Francisco Rullán, somos pacientes por lo que os esperamos con las mascarillas puestas y mostrando nuestra mejor sonrisa, el 17 de diciembre en EST ART. 


Cuidaros mucho, no sea que para la fecha prevista, el barrio que confinen sea el vuestro.









WEB de EST ART                             WEB DÓNDE SE PUEDE COMPRAR YA EL LIBRO                          WEB PERSONAL
















domingo, 1 de noviembre de 2020

Próxima presentación

 





Es difícil encontrar mayor prueba de amistad hacia un escritor que asistir al acto de presentación de su último libro.  Por este motivo también es difícil encontrar mayor sinceridad en las palabras de un escritor que las empleadas para agradecer a todos los que han ido, precisamente eso, que hayan ido, porque si no hubiera nadie, la situación sería realmente terrible. 


Por supuesto hay amigos que no pueden ir a la presentación, y no por eso van a dejar de ser buenos amigos, incluso se dan casos en que la excusa empleada para no aparecer no es inventada. ¿Pero qué ocurre cuando todo el mundo tiene la misma excusa, que además es real, nadie se la ha inventado?


Imaginad que en el lanzamiento de una novela policiaca, ninguno de los que iban a ir a la presentación puede asistir porque todos están el la comisaría declarando como sospechosos de un crimen. O en la presentación de una novela de ciencia ficción, nadie acude porque han sido abducidos por una nave extraterrestre, o bien hay que cancelar la presentación de un interesantísimo  ensayo sobre el canibalismo en Guinea Papúa, porque los invitados se encuentran en ese momento dentro de una enorme marmita en el centro de un poblado Koroway.

Pues esto, exactamente esto, es lo que va a ocurrirnos a Javier Pioz y a mí a mediados de noviembre. No que nos coman, algo casi peor. 


Nuestro libro, La sonrisa escondida, que cuenta la historia del confinamiento pandémico desde el pasado mes de marzo  hasta el mes de septiembre, a través de todos los memes que nos hemos ido intercambiando por WhatsApp, sale dentro de quince días, y mucho me temo que a la presentación no va a poder asistir nadie precisamente porque todo el mundo estará confinado.


Todavía quedan quince o vente días, y la esperanza la tenemos muy entrenada, de modo que aún  sonreímos cuando alguien nos pregunta por nuestro libro. 


Os mantendremos informados, estamos pensando en diferentes e imaginativas formas de  presentación para que las limitaciones perimetrales, toques de queda y controles policiales no sean excusa.


Os pongo una parte del índice para que os hagáis una idea de qué ve la cosa.






















domingo, 11 de octubre de 2020

La sonrisa escondida

 






Se han escrito muchos libros sobre la pandemia, un suceso tan importante en nuestras vidas no puede escapar a la atención de escritores, periodistas, historiadores y analistas, de modo que tenemos de todo, desde novelas a ensayos pasando por crónicas y hasta libros de contenido político, cada uno de ellos contando a su manera lo que nos ha pasado. Nos está pasando. Pero hay un libro que se diferencia del resto, entre otras cosas, por el número increíble de colaboradores que ha necesitado para su terminación. Han participado más de trescientos involuntarios autores, nada menos, y muchos de ellos ni siquiera sabían puntuar correctamente una frase de seis palabras. Simplemente estaban ahí, viendo lo que pasaba, testigos no mudos de una situación en la que querían formar parte, no sólo como pacientes, sino también como reporteros. Son los autores de la infinidad de memes que han pasado por nuestros teléfonos móviles durante los meses que hemos estado, primero confinados, luego desescalados y finalmente normalizados. 


La sonrisa escondida es ese libro, es la historia de la pandemia hasta el mes de septiembre, que por fin entregamos el manuscrito a la editorial, contada a través de todos esos memes que nos hemos ido intercambiando y pasando unos a otros porque en ellos encontrábamos esa pequeña chispa de humor tan necesaria siempre y tan imprescindible en momentos de locura.


Javier Pioz y yo somos los autores y la idea la propusimos a varias editoriales, no muchas, las que encontramos en una visita a la FNAC buscando nombres de editoriales que publicaran este tipo de libros, y nos contestaron tres. Una de ellas para decirnos amablemente que no les interesaba el proyecto y otras dos para comunicarnos que les parecía una idea original, que cómo no se le había ocurrido a nadie, desconcertante pregunta, y que estaban dispuestos a editar el libro. Naturalmente, no nos lo dijeron el mismo día por lo que la primera en llamarnos es la que finalmente se hará cargo de la publicación de La sonrisa escondida. Francisco Rullán, el editor, cuando nos reunimos para la firma del contrato que nos hará millonarios a todos, demostró tener un fino sentido del humor de modo que tenemos al editor perfecto. Además pagó las cocacolas de después por lo que no hay ninguna duda.

Javier Pioz es amigo mío, imposible escribir un libro al alimón si no, y juntos hemos disfrutado mucho y sufrido poco escribiendo La sonrisa escondida, que según lo previsto saldrá a mediados de noviembre. Javier tiene doce títulos publicados sobre arquitectura, y este es su primer libro sobre memes, igual que me ocurre a mí. Yo creo que nos ha quedado redondo pero la mejor manera de comprobarlo es comprando un ejemplar cuando salga, algo a lo que animamos a todo el mundo que haga de manera compulsiva. Javier es un tipo estupendo, un excelente arquitecto y para mi desgracia, implacable y despiadado jugador de tenis que disfruta excesivamente ganándome.

Mantengo la esperanza de que un éxito exagerado de nuestro libro, aplaque su furia; aunque solo sea por esta posibilidad, os pido a todos vuestra colaboración.


Ya os informaré sobre la fecha definitiva de publicación de La sonrisa escondida para que no haya excusas.


Dentro de unos años, cuando la pesadilla que estamos viviendo sólo sea un amargo recuerdo en nuestras memorias, nos gustará echar un vistazo a cómo vivimos aquellos tristes días, y cómo el sentido del humor demostrado en los memes que intercambiamos, nos ayudó a superarlos. Quizá entonces, los que no hayan comprado La sonrisa escondida en su momento, traten desesperadamente de hacerse con algún ejemplar en librerías de viejo a precios exorbitantes. ¿Acaso merece la pena esperar hasta el último momento?



Por cierto, blogspot sigue siendo una mierda ¿Os habéis fijado el interlineado, el tamaño de letra incontrolable y los márgenes del texto? Gracias a mi amigo Franciso Mayoral he descubierto que se puede editar partiendo de "pages" pero ese detalle sólo proporciona comodidad, el resultado sigue siendo decepcionante. 




MI WEB


miércoles, 30 de septiembre de 2020

Empeoras

 





Ya sabemos que vivimos unos tiempos en que la regla es la obsolescencia. Cualquier cosa ha de durar poco en su configuración inicial, lo importante es que se produzcan cuanto antes cambios significativos. Es el triunfo de lo efímero, vaya tontería tan grande. Esta obsesión por la continua renovación, nos obliga, no solo a cambiar de teléfono cada poco tiempo, o de ordenador, tablet, lo que sea, sino a reescribir nuestras claves, bajar las actualizaciones, reacostumbrarnos, por ejemplo, a usar nuestro servidor de correo renovado, con lo bien que iba antes... nada, no hay nada que perdure, todo cambia y nada queda.

Ahora le ha llegado el turno a blogspot, la plataforma donde publicaba La tertulia perezosa, y empleo el tiempo pasado porque sus administradores han introducido unas empeoras que me desaniman a seguir escribiendo. Ahora estoy obligado a escribir "en directo", es decir, no puedo utilizar un procesador de textos como dios manda, y no la porquería que tiene acoplada blogspot, para luego, sencillamente, pegar el documento una vez corregido.

Un asco que no tiene ninguna ventaja sobre la versión anterior y que hace extremadamente incómodo la tarea de subir un nuevo artiblog al blog.

Dudo que en estas condiciones siga escribiendo, miraré otras fórmulas para seguir en contacto y de momento, no sé si como despedida, os pongo un relato muy corto que tenía por algún lado y que al ser corto, no tardaré mucho en reescribir. Como ha quedado claro, se acabó poder subir un documento escrito con anterioridad y archivado en el caos que cada cual tenga en su ordenador.


VAYA CORTE


Yo me encontraba en el lado de la piscina que más cubre; miré al otro extremo y vi una ola avanzando sin hacer ruido hacia mí.

Antes escuché un suave chapoteo, como si se hubiera tirado alguien con sumo cuidado tratando de no salpicar, y después el silencio roto por el aleteo de un par de palomas levantando el vuelo.

el ruido que hacen las mandíbulas de un cocodrilo destrozando huesos y tendones después de atravesar la carne resulta aterrador...


...Nada, lo dejo pues al hacer el punto y aparte separa los párrafos como le da la gana, esto es un suplicio... 




                                                                                          http://www.leonciolopezalvarez.eu/