sábado, 21 de junio de 2014

Una de salmón






Siempre que me quiero deprimir (en mi caso las depresiones son voluntarias como medida para frenar tanta felicidad), pienso en los salmones. El salmón es un animal que goza de todas mis simpatías, o de casi todas, que tampoco quiero exagerar. Me gusta de él, lo andorrero que es, que no para quieto: nace en la parte más alta de los ríos, luego, tras dos años de infancia, si consigue que nadie se lo coma, se va nada menos que hasta el mar, y finalmente, como si de repente se acordara de algo de suma importancia que se dejó al salir de la guardería, vuelve al mismo lugar donde nació. Esto dicho así parece cualquier cosa, pero tiene un mérito enorme, pues en su regreso al lugar donde nació tiene que superar obstáculos impresionantes. Para empezar, a los osos, que no es cualquier tontería, luego a las águilas, y por supuesto al propio cansancio de remontar contra corriente (no hay otra forma de remontar) ríos muy caudalosos, a veces dando saltos de hasta 3,7 metros de altura. Por añadir un mérito más a su deportiva existencia, recorre 6,5 kilómetros diarios cuesta arriba, y yo, que soy montañero de altura, sé de qué estamos hablando. Encima, él lo hace sin porteadores.
Hay varios tipos de salmones (los del atlántico tienen una vida menos azarosa), pero al que yo me refiero, el del Pacífico, es tal cual lo he contado. Llegado este punto, podemos hacernos la siguiente pregunta: ¿y por qué pienso en los salmones cuando busco deprimirme? Por lo que he contado de su existencia, está claro que llevan una vida llena de emociones, rodeados de paisajes fantásticos, en entornos naturales lejos de las aglomeraciones urbanas, y saltando de acá par allá, ¿qué tiene todo eso de deprimente? (podemos comparar esa vida con la del escarabajo pelotero, más apacible, menos riesgos, sí, pero siempre acarreando mierda). Pues tiene  de deprimente, que este animalito, que además está riquísimo, al final de sus días presenta un aspecto lamentable, que hasta da un poco de asco verlo. De repente se le pone el pico ganchudo, le sale joroba en el dorso, y sus colores siempre discretos, cambian a unos ronchones colorados, síntoma clarísimo de mala circulación o de abusar del orujo, no sé. Además, en sus últimos momentos, ya va el pobre como si tuviera la cadera rota, a trompicones, despacito y de lado, por no decir que  va de culo. Es, junto al hombre, el animal al que más se le nota la vejez.
Pues eso, para deprimirse.





viernes, 13 de junio de 2014

¡Vaya pelotas!






El fútbol es un deporte que a mí, por lo menos, me tiene fascinado. Fascinado en el sentido de dejarme estupefacto, que no lo entiendo, vamos. No entiendo su adicción social. Todas las semanas, hay dos o tres días en que la totalidad de las emisoras de radio (en España, al menos) están dedicadas a transmitir partidos de fútbol, que en el 98% de los casos, ignoro qué equipos juegan. Esta invasión exagerada tiene el efecto, en mi caso, de resultarme, por abusiva intromisión, un deporte insoportable. Y es una pena, porque no lo es. Es un deporte que en el caso de tener una preferencia clara para que gane uno de los dos contendientes, puede resultar muy excitante. Yo he mirado este invierno, creo que unos tres partidos, que me han mantenido atrapado en el sillón, sufriendo y disfrutando, según el pelotón estuviera en un bando o en otro, y lo he pasado en grande, como cualquier otro aficionado, supongo. Es decir, que el fútbol en si, está bien, lo que no está bien es su abuso. Y ahora viene una temporada de no parar, y la temo.
Ya hay tres himnos oficiales del mundial (lo cual tiene la ventaja de repartir el hastío), espacios diarios para hablar de lo que está pasando en Brasil, anuncios con el mundial de protagonista, promociones, ofertas de televisiones, camisetas y advertencias de que comprar la que no es oficial, es delito también para el comprador (manda pelotas, y yo qué sé si me están vendiendo la buena), y por supuesto, polémicas. Parece que el pueblo brasileño no tiene muy claro eso de gastarse una animalada de dinero en estadios, infraestructuras despejadas y trenes, y pide que se atiendan antes otras necesidades más acuciantes. Para evitar que las protestas vayan más lejos, las calles de las ciudades donde se celebran los encuentros están tomadas por la policía. No quiero ni pensar, qué puede pasar si la selección brasileña es eliminada en la primera fase. Entonces, ya no habrá nada que detenga a los que no aceptan los fastos, pues ni siquiera podrán disfrutar de la emoción de ver a su país metiendo goles.
Aquí, tenemos nuestra particular guerra con las primas que se van a llevar los jugadores por participar. Según vayan pasando de fase, van cobrando más pasta (la primera son 60.000 € y la victoria final, 720.000€). Es una barbaridad,  y esta es otra de las particularidades del fútbol que me tiene fascinado: el dinero que ganan, y el dinero que deben. Por lo visto no hay club en España que tenga sus cuentas en paz con hacienda, y los que más dinero deben (mucho), son los que más dinero reparten a sus jugadores. Tampoco entiendo que se les permita seguir debiendo tanta pasta a las arcas públicas mientras se pagan esas primas y esos fichajes. Ignoro si eso también sucede en otros países.
El fútbol es capaz de unir a los pueblos, y los une tanto que hasta puede conseguir que renuncien a su independencia (cualquier adiccióun esclaviza, queridos niños). Según he leído, la noticia de que el Barsa dejara de jugar en la liga española, en caso de la independencia de Cataluña, junto a que Francia ha dicho que no va a aceptar que juegue en la suya, ha creado más desafectos a las ridículas pretensiones de Mas que cualquier razonamiento bien argumentado. Lo que la razón y el sentido común, no pueden conseguir, la perspectiva de quedarse sin el “clásico” arrasa.

Sí, el fútbol me tiene fascinado.

Por cierto, si queréis que parte de las primas de los jugadores vayan a parar a comedores escolares, en caso de que ganen, podéis intentarlo firmando  AQUÏ.




jueves, 5 de junio de 2014

Gin&tonic








Me acuerdo de cuando yo bebía gin-tonic. En realidad yo bebía casi todo, pero más que nada gin-tonic, y he de decir que dejé de beberlo porque llegó un momento en que me cansé de repetir siempre mis exigencias, que casi nunca eran atendidas, y siempre me miraban como a un bicho raro al solicitarlas. En aquella época gloriosa era una lucha perdida cualquier intento de disfrutar de ese combinado mágico. Supongo que también sucedería algo parecido con su hermano de taberna, el cuba libre, pero dado que en mi vida lo he probado, me trae sin cuidado lo que hicieran con él.
Me cabe el honor de ser de las primeras personas en exigir que me sirvieran el gin-tonic en una copa, no en esos ridículos vasos de tubo diseñados para no se qué, pero desde luego, no para beber un combinado. Primero, porque no cabe en sus proporciones canónicas (siempre quedaba la mitad de la tónica dentro de su botella), luego porque es tan estrecho que la nariz está excluida en un momento tan sumamente delicado como es el de saborear, y por si todo eso fuera poco, para rematar su inutilidad para el trasiego de una bebida fría, la única forma de sujetarlo es poniendo la manaza, siempre caliente, a su alrededor.  Pero ese era el vaso que siempre te ponían al pedir un gin-tonic, independientemente de la categoría del establecimiento. La diferencia es que en los de mayor fuste, sí tenían copa de balón cuando la solicitabas.  Claro, que aún con copa de balón, el gin-tonic seguía siendo una porquería. ¿Por qué? porque la tónica la ponían caliente, jamás estaba fría, con el efecto de que nada más servirla, la mitad del hielo se convertía en agua y el resultado era que te bebías un gin-water-tonic. Pero yo, una vez más, precursor, exigía la tónica fría, y aquí sí que siempre, siempre, incluso en el Ritz, me topaba con un muro imposible de sortear. La reacción era invariable a mi pregunta de si podían ponerme la tónica fría: el camarero, con un destello de superioridad en la mirada, me respondía como si me estuviera revelando el misterio más insondable del universo: “no se preocupe, le pongo más hielo”.
Así es como yo dejé de tomar gin-tonic. Ahora también dejaría de tomarlo, pero por todo lo contrario. Digo yo que entre la mierda que había antes, y el vaso de macedonia que te ponen ahora, tiene que haber un punto intermedio. Resulta que el gin-tonic está de moda, y las cosas que están de moda, no sé que tienen, pero acaban infectadas de estupidez y eso me produce casi tanto rechazo como el vaso de tubo.
¿Quién me iba a decir a mí, después de tantas peleas mantenidas con diferentes camareros, que aún había una forma de tomar un gin-tonic que me iba a resultar más irritante que la acostumbrada?
Afortunadamente, ahora bebo tal cantidad de vino en la cena, que el gin-tonic es completamente innecesario para acabar una buena velada. Si acaso, una infusión, que tampoco. Precisamente el otro día estaba con mi vecino en un bar de supermoda oye, y el pobre infeliz se pidió un gin-tonic. Mi sorpresa (él estaba acostumbrado) es que traía una bolsita de infusión que tintaba de colorines la mar de vistosos la bebida arrebatándole su sobria presentación y yo diría que su dignidad. Ufano, me dijo: ahora, lo que se lleva es poner los botánicos en bolsa de infusión.
No entiendo qué hago con mi vecino tomando copas, la culpa es mía.
Así es mucho más cool, me dijo para rematar la faena.






jueves, 29 de mayo de 2014

Feria del libro de Madrid









Todos los años por estas fechas me pasa lo mismo: se me parte el corazón. La culpa la tiene la feria del libro, que me produce sentimientos contradictorios, con el resultado de que no voy.  Me gustan los libros pero no me gustan las ferias. Será porque a las ferias va mucha gente, demasiada. Para mí, buscar, rebuscar, hojear, mirar y toquetear libros, requiere cierto aislamiento, es un placer íntimo que es más placer cuanto más íntimo. Incluso agradezco el silencio. Por eso me gusta meterme en las librerías cuando menos público hay, es entonces cuando más disfruto. Y la feria del libro del Retiro, en Madrid, es precisamente todo lo contrario, tanto que hacer lo mismo delante de tanta gente me parece hasta un poco obsceno, si seré rarito.
Curiosamente, esto no me ocurre con la feria del libro antiguo del Paseo de Recoletos.  Todos los años voy, por lo menos una vez. También es cierto que acudo movido por un afán de coleccionista, y para satisfacerlo, nada mejor que las ferias. Hago colección de libros científicos y técnicos, cuánto más antiguos, mejor, y más caros, claro, pero eso es harina de otro costal.
Y según digo esto, me pregunto cómo serán las ferias del libro dentro de unos cuantos años, y me respondo que todas las ferias serán ya, del libro antiguo, por lo que entonces no me perderé ninguna. No me imagino, más que nada porque no tiene sentido, una feria de eBooks. 
Sí, eso es a lo que vamos, nos guste o no. Sin darnos cuenta, de una manera sutil, casi oculta,  nos estamos digitalizando en todo lo que hacemos. Alguien nos está digitalizando. Incluso nosotros mismos, nuestros cuerpos me refiero, también se están digitalizando. Nos estamos reduciendo a ceros y unos, que es la mínima expresión de todo.  Yo cada vez veo más ceros andando por la calle, y de vez en cuando, algún uno que destaca entre tanta nadez. Mucha gente está aún en proceso y los hay que se les ve claramente que van camino de acabar siendo orondos ceros, y otros, los menos, en estirados unos.
El que no me crea que se pase por la feria del libro del retiro de Madrid uno de estos días, a ver si no.


Y ya que estamos de feria, yo también voy a vender mi novela, El Ladrón de Nubes. Arriba a la derecha, podéis ver el libro y si pincháis encima, ¡zas!, lo podéis comprar.  Sin hacer colas ni aguantar aglomeraciones. No se puede pedir más. De hecho, aunque sea una tontería, ahora mismo yo me voy a comprar un par de ejemplares, a ver si quedan.




miércoles, 21 de mayo de 2014

Europa y no sé qué






El día 24 son las elecciones a no sé qué de Europa. No, perdón, ese día es el partido entre el Real Madrid y el Atlético de Madrid para disputar la copa de la Champions (vaya nombre hortera para una copa), donde los “hastags” (este nombre es aún peor) para apoyar a cada equipo son #HalaMadrid o #AupaAtleti. Se juega en el estadio Da Luz en Lisboa y el Cholo Simeonoe se las verá con Ancelotti, cada uno con su alineación, cuyas bajas ya conoce todo el mundo y yo desde luego no voy a repetir. Además, nuestro presidente (me refiero al del país, no al del equipo) irá, porque según él, es parte de su trabajo.
Un momento, un momento, gritará un exaltado, ¿cómo que es parte del trabajo del presidente (del país) ir a la final entre dos equipos en un partido que no es ni de la Copa del Rey, ni de la Liga Española?  Si fuera la selección podría llegar a entender que fuera parte de su trabajo, pero así, de ninguna manera… ¿iría también si la final se jugara entre El Logroñés y El Numancia? Hombre claro, el trabajo es el trabajo. Ya.
Entonces, si el partido es el 24, las elecciones a no sé qué son el 25. Tenemos que votar, eso está claro, pero lo que no está nada claro es para qué. ¿Cuáles son los programas que presenta cada partido? Y  no solo los nuestros, sino los de los otros países europeos para ver si podemos hacer algo para equilibrar. ¿De estas elecciones qué va a salir y qué consecuencias va a tener? ¿Tendrán incidencia en el terreno legislativo? Por ejemplo, ¿existe la posibilidad de que no prospere la reforma del aborto por anticuada, machista  y meapilas, y no ser aceptable en una Europa moderna? Más preguntas: ¿Cuáles serán sus consecuencias en los grandes acuerdos comerciales? ¿Será determinante para decidir el presupuesto de la Unión Europea? ¿Nos darán pasta (esta pregunta tarde o temprano tenía que salir, además, formulada así) para, por ejemplo,  apoyar los derechos de la mujer, aunque gane Cañete y olé?
En fin, que de la misma forma que lo del fútbol está clarísimo, que hasta yo, que no me interesa lo más mínimo conozco cada detalle, de esto de las elecciones a no sé qué, no pillo una.
Bueno, sí, solo tengo una cosa clara, muy clara después de escuchar el otro día lo único que parece ser interesante de las elecciones a no sé qué: hay que impedir que ese babuino gane por la sencilla rezón de que sería una vergüenza para todos los españoles ver que su representante al Parlamento Europeo es semejante mandril. Sí, ya sé que es el mejor y que su superioridad intelectual está fuera de toda duda y que cuenta con el voto de todas las mujeres, sumisas, eso sí, de su partido que parece que ninguna se sienta aludida. Todo eso es cierto, pero aún así, preferiría que no saliera de su pueblo. Estrasburgo le queda lejos y muy grande.
Por cierto, no puedo evitar que mi alma de publicitario aflore de vez en cuando regalando bonitos eslóganes, claims o titulares de campaña, así que le brindo el siguiente al PP que espero sepa aprovecharlo:

¡EUROPA, CAÑETE Y OLÉ!

Última hora: parece ser que cañete y olé ha pedido rápidamente disculpas por sus declaraciones de hace 6 días, y según una mujer intelectualmente superior como él, ha dicho que sigue siendo el mejor y que pedir disculpas le honra. La mujer es Ana Botella.


Artiblog relacionado: La Fraternidad de Babel 



miércoles, 14 de mayo de 2014

Vida inteligente








El ordenador de muñeca revisó la composición del aire, como hacía cada diecisiete segundos, y en esta ocasión recomendó con un lacónico mensaje de voz el uso de la máscara AD (antidead). PedroH21 hizo caso y se la puso inmediatamente, satisfecho de haber mandado que la revisaran hacía apenas una semana, pues aunque nunca pasara nada, últimamente las autoridades estaban advirtiendo de que los niveles de SPPCT (sustancias peligrosas para casi todo), estaban subiendo de forma alarmante en la ciudad donde PedroH21 vivía.
Tenía un trabajo estupendo en una de las plantas recicladoras y aunque no tuviera vacaciones en todo el año, apenas llegaban a las diez horas diarias la duración de su jornada laboral. En realidad, el hecho de tener trabajo era ya una gran suerte de la que tan solo una parte muy pequeña de la población podía disfrutar.  Había terminado sus estudios con unas notas brillantes, y aunque el esfuerzo había sido enorme, la recompensa era aún mayor. Hizo una carrera que en realidad no le interesaba en absoluto, más bien le desagradaba,  pero era la que le habían recomendado cinco años antes en el Instituto para la Colocación, y todo el mundo sabe que lo que te recomienda el IC, es lo que hay que hacer sin plantearte otras opciones.
PedroH21 cogió su vehículo, un viejo autodeslizante de hacía un par de temporadas, pero aún en buen estado, y se dirigió a su nicho en una de las mejores zonas de la ciudad. Tenía casi seis metros cúbicos de espacio, y daba a una de las calles más frecuentadas, con vistas a un edificio de nichos totalmente moderno que apenas hacía ruido por la noche, con lo que había veces que podía dormir sin necesidad de tomarse un par de pastillas de OPM (estas siglas corresponden a complicadísimas sustancias químicas, sintetizadas en prestigiosos laboratorios, que permiten mantenerse con vida en ambientes en los cuales tal cosa es una remota posibilidad, y además, conciliar el sueño cuando todo tipo de frecuencias conocidas y desconocidas andan revoloteando a tu alrededor). Una vez que llegó pudo descansar con toda comodidad después de darse un buen homenaje en la cena a base de dos tabletas de la conocida Foodgreen, la mejor marca de ECPNMD (elementos comestibles para no morirse desnutrido). Después, enchufó su ordenador de pulsera en la salida de TSS (telesueños sintéticos), y antes de dormirse pensó en la suerte que tenía por pertenecer a la especie animal más inteligente del planeta. En realidad, era la única que quedaba.



                                                                          FIN 




martes, 13 de mayo de 2014

injurias y desavenencias








Ayer asesinaron a tiros a la que fue, entre otros importantes cargos, presidenta de la Diputación de León, Isabel Carrasco. Dios la tenga donde se merezca, que para eso es dios y por tanto infinitamente justo. Yo, sin ser tan justo, lamento que alguien esté tan ofuscado, cabreado, indignado, encolerizado, enajenado, decepcionado, perturbado, etcetereado, como para pegar cuatro tiros a otra persona. Es terrible y jamás debería haber ocurrido. Todo parece indicar que la víctima tenía muchos enemigos, no solo los que fueron sus verdugos, y por tanto, a la hora de su muerte no todo el mundo la ha llorado de la misma manera. Incluso habrá personas que se han llevado una alegría y esto, aunque sea abominable,  es algo con lo que un personaje que se dedica a la política debe contar y nadie debe escandalizarse porque así suceda; no es el primer caso en que alguien celebra que la espiche el poderoso que te ha hecho la vida imposible. Es humano y comprensible, no todo va a ser “era una bellísima persona que supo granjearse la simpatía y cariño de cuantos le conocieron”, fórmula políticamente correcta, usada y abusada en cada entierro.
Esto, que resulta evidente para todo el mundo, no lo admite el ministro del interior, Fernández Diaz, que ha dado orden (madre mía, si es que da hasta miedo) a la policía y la guardia civil para que investigue y, en su caso, lleve ante la justicia las decenas de mensajes injuriosos que se propagan por las redes sociales, sobre la muerte de su presidenta en León. Lo voy a repetir: el ministro ordena investigar los mensajes de Twiter por si hay delito. Caramba, yo creo que aquí el ministro, una vez más se ha excedido en su pretensión de limitar la libertad de expresión, la libertad de sentimientos y la libertad de que cada cual lamente o se alegre de la muerte de quien le venga en gana. ¿También habrá puesto micrófonos ocultos en el entierro para detectar desafectos a Carrasco? Ya puestos, también vale. 
Una concejala de Vilagarcia de Arousa, escribió en Face Book: “no voy a comentar pero quien siembra vientos recoge tempestades”. Su partido, el PSOE, le exigió la dimisión inmediata por su comentario, y ella ha aceptado la decisión y ya ha entregado el acta. Además ha pedido disculpas públicamente, también a través de la radio; ha pedido disculpas a la familia de Carrasco, al PP y al PSOE. Ahora le queda lo peor: la condena de nuestro opusiano ministro del interior, a cuyos ojos espero que jamás llegue este blog, porque algo encontrará para empurarme también a mi.

Y otra cuestión importante, quizá la más importante de todas: exijo que esta orden de rastrear las redes sociales se mantenga, como mínimo, hasta que yo me muera. ¿O  a caso, el ministro vería con buenos ojos que a mi muerte todo el mundo al que le caigo mal me pusiera a parir? Si a Isabel Carrasco se le garantizan comentarios elogiosos de su persona y obra, no veo por qué no hemos de tener el mismo derecho el resto de españoles. Solo se muere una vez.



NOTA ACLARATORIA: este artiblog lo he escrito a raíz de haber leído la noticia de que el ministro del interior había puesto a la policía y guardia civil a buscar en Twitter y Facebook comentarios que fueran injuriosos sobre Isabel Carrasco, lo cual me sigue pareciendo una medida desafortunada. No obstante, he de decir que no había leído ninguno de los comentarios que se han escrito; ahora, por curiosidad, he estado leyendo algunas de las cosas que aparecen y he de decir que son simplemente impresentables y de una gran bajeza moral. Nadie debería escribir cosas así y menos de forma anónima. No tienen defensa de ningún tipo: una cosa es declararse enemigo y otra las barbaridades que aparecen.

para más de lo mismo, ver: La Virgen censura Twitter











viernes, 9 de mayo de 2014

La táctica del camaleón






Papá camaleón miró con cariño a su pequeñín pensando que ya era hora de dejarle salir al mundo exterior. Ya había crecido lo suficiente para desarrollar su sistema de supervivencia, el mejor que existía,  pero antes tenía que enseñarle cómo funcionaba.
   -Verás –le dijo al tiempo que lanzaba su lengua contra un moscardón despistado que engulló rápidamente-, para sobrevivir no basta con comer, también tienes que evitar que te coman.
Entonces, empezó a andar por la habitación en la que había una pared pintada de rojo y otra de azul, con pasos lentos y renqueantes. Según hacía el recorrido el color de su cuerpo cambiaba de acuerdo con el color que tenía detrás.
    -¿Ves?, mi color cambia según el entorno en el que me encuentre, de modo que me hago invisible a los ojos de mis depredadores –hizo una pequeña pausa para que el efecto fuera evidente-. De esta forma evito ser comido,  ¿qué te parece?
El pequeño camaleoncín no estaba muy seguro, por lo que papá camaleón buscó otra forma de convencerlo.
    -Te advierto que este sistema es insuperable, tan solo el pulpo, uno de los animales más inteligentes que existe junto con el camaleón, tiene algo parecido.
    -Ya, pero ¿no sería mejor tener unos grandes colmillos y unas garras bien afiladas?
Papá camaleón se esperaba esa pregunta y tenía la respuesta preparada, la misma que en su momento le dio su padre cuando preguntó lo mismo hacía ya mucho tiempo.
    -En absoluto. Si tienes armas, estarás obligado a luchar, y seguro que en algún momento te encontrarás con un enemigo más fuerte que tú. Sin embargo, si eres invisible, siempre serás el vencedor sin sufrir ningún rasguño.
El pequeño camaleoncín seguía sin estar del todo convencido.
    -¿Y qué tal tener unas piernas muy fuertes para correr a toda velocidad y así no tener que luchar?
    -Con unas piernas como las que dices, puedes correr a gran velocidad, sí, pero entonces necesitarás comer mucho para tener la suficiente energía, y de todas formas tarde o temprano te llegará el cansancio, por lo que no podrás volver a correr si eres de nuevo atacado –hizo otra pausa, esta vez ya un poco harto de tanta explicación-. Te aseguro, pequeño camaleoncín tocapelotas, que el mejor sistema para sobrevivir es cambiar de color. Si estás en un fondo rojo te pones rojo, si estás en uno azul te pones azul, si es verde tú eres verde, si amarillo… creo que no es tan difícil, ¿no? todo lo que tienes que hacer es fijarte bien y hacer el cambio oportuno.
Con gran resolución abrió la puerta de la madriguera y con un gesto le indicó a su hijo que saliera.
    -Anda, venga, ya puedes salir sin ningún peligro ahora que sabes cómo sobrevivir –hizo otro intento de calmar a su hijo- . ¿No te fías de tu padre?
El pequeño camaleoncín miró a su padre con expresión de “mejor pregúntame otra cosa” y finalmente salió al mundo exterior, no demasiado convencido. Cada paso que daba lo repetía con un pronunciado movimiento de vaivén que le hacía parecer indeciso y titubeante, cuando la verdad es que sencillamente estaba cagado de miedo.
Papá camaleón le acompañaba a muy poca distancia observando cómo cambiaba de color según iba pasando por distintos entornos.
Llegaron a una zona en la que había varios gatos, dos búhos reales, tres zorros, un perro y dos niños coleccionistas de animales, en la que el único color presente era un verde intenso, sin matices. Entonces, el padre de la criatura se dio cuenta de que el daltonismo, también era algo que podía sucederle a un camaleoncito.





jueves, 1 de mayo de 2014

Mis personajes famosos- 1








Carlos Peralta, poeta, profesor de latín, coleccionista de sellos y alguna otra cosa igual de inútil que no recuerdo, cuando se emborrachaba, lo cual sucedía con notable frecuencia, se convertía en una auténtica bestia. Podía despedazar con sus manos a quién se pusiera por delante, solo necesitaba, además de la ayuda del alcohol, una razón que le moviera a la acción. La única razón que existía era no caerle bien.
No soportaba a cierto tipo de personas: Aduladores, banqueros, soldados (especialmente paracaidistas), periodistas (especialmente deportivos), mentirosos, timadores, aprovechados, pederastas, curas (los curas pederastas se llevaban doble paliza), fanáticos del futbol, y sobre todo, por encima de todos los grupos anteriormente mencionados, no toleraba a los admiradores de Arturo Pérez Reverte. Es que Arturo Pérez Reverte me pone enfermo, sentenciaba sin separar los dientes, antes de liarse a mamporros con el desdichado que aseguraba haber disfrutado leyendo Alatriste.
En una ocasión en que estaba compartiendo unas botellas de vino con otros parroquianos y la influencia del alcohol ya era evidente, entró en el establecimiento el mismísimo Arturo Pérez Reverte. Todas las conversaciones se fueron apagando según la gente se iba dando cuenta de quién era el visitante y el camarero corrió a parapetarse detrás de la barra. Todo el mundo, como si fuera una película del oeste, se echó a un lado dejando un enorme pasillo de silencioso vacío entre Arturo Pérez Reverte y el poeta Carlos Peralta. Las dos miradas se cruzaron, una asesina y la otra con incierta placidez. Se acercaron silenciosamente estudiando cada uno los movimientos del otro. Lentamente, el poeta se dio la vuelta sabiendo que algo iba a pasar.
El poeta, profesor, coleccionista de sellos, y por cierto, también jugador de ajedrez, se acercó lentamente a la barra dando la espalda al autor de tantos libros de éxito. Cogió su vaso de vino y lo apuró sin prisas. Después cayó de rodillas, aún con el vaso en la mano, sobre un charco de la sangre que manaba de sus pulmones. Detrás, Arturo Pérez Reverte, mantenía con firmeza una pistola humeante. La guardó en su espalda, entre el cinturón y el pantalón, y sin prisas salió del local.
Poco a poco la gente se fue arremolinando alrededor del cadáver del poeta sin poder hacer ya nada por él.
Realmente se llevaban mal, dijo el camarero y cogió el teléfono para llamar a la policía.





viernes, 25 de abril de 2014

Busca lo más vital









Esta mañana he tenido una regresión a mi infancia, que por lo visto es bastante normal a partir de los noventa años. Siempre he sido muy precoz. El desencadenante ha sido volver a escuchar, después de un par de siglos, la canción que cantaba el oso Baloo a Mowgli en la película El Libro de la Selva.
Busca lo más vital. Qué jodio oso, cuanta razón tiene.

Busca lo mas vital, 
lo que es necesidad, 
y olvídate de la preocupación. Tan solo lo muy esencial 
para vivir sin batallar, 
y la naturaleza te lo da.

La regresión a mi infancia ha empezado, porque el libro de Rurdyad Kipling en el que se basa la película, me fascinó pese a que lo leí porque era lectura obligatoria en mi colegio. Luego, cuando vi la peli, también la disfruté de lo lindo lo cual no me impidió iniciarme en el inevitable comentario de “no está mal, pero el libro está mucho mejor”.

Doquiera que vaya, 
doquiera que estoy,
 soy oso dichoso soy oso feliz.

Luego, ya dieciochoañero yo, me hice definitivamente fan de la canción, al ver lo bien que la cantaba y bailaba una amiga mía, de singular belleza, cuyo recuerdo está unido indisolublemente a mi época hippie, gloriosa por numerosas razones (la época, no la amiga, aunque también). Y es que la letra es un tratado de filosofía vital, la antítesis de lo que ha sido la obsesión de una generación de agresivos ejecutivos con hambre de comerse el mundo, poderosos yupies y afanados American Psycho. Todos empeñados en hacerse ricos y en ganar mucho sin darse cuenta de que perdían mucho más. La década de los ochenta, sobre todo, fue el delirio para estos workholics (el inglés es obligado) y luego poco a poco se fueron calmando, como si descubrieran de repente que la reducción de la jornada laboral, la vida familiar y las excursiones al campo, también tienen su lado bueno, mucho mejor que el estrés y los dopajes para soportarlo. Algunos lo han descubierto a partir de encontrarse en el paro, y hombre, no es la mejor manera, pero peor es morirse sin haberse dado cuenta.

Busca lo mas vital, lo que has de precisar, pues nunca del trabajo hay que abusar.

La vida es demasiado corta como para tomársela en serio, lo cual no significa que nadie trabaje, ni muchísimo menos, sino que todo el mundo disfrute. Tengo un amigo, bastante oso también, que divide a las personas en “disfrutonas” y en “no disfrutonas”, y tiene toda la razón, es una cuestión de actitud. MI vecino, por ejemplo, es un caso clarísimo de actitud positiva y siempre está de excelente humor aunque no pare de comerse sapos. Su cuñada, en cambio, está todo el día con insufribles problemas, cuando la realidad es que no tiene ninguno, pero da igual porque se los inventa; se inventa dolores, se inventa fatigas, se inventa cansancios, y al final, aunque todo sea mentira, el caso es que la pobre mujer sufre una barbaridad.

Cuando tomas un fruto
 con espinas por fuera 
y te pinchas la mano, te pinchas en vano.

Seamos todos osos dichosos y osos felices y vamos a tomarnos las cosas siempre de forma positiva. Da gusto estar con “disfrutotes”, en cambio, los “no disfrutotes” te amargan.

Es lo que tiene la primavera, que te hace escribir tonterías.






miércoles, 16 de abril de 2014

Y yo, con cara de gilipollas.








Esta mañana me he levantado como todos los días, pero al mirarme en el espejo he descubierto que tenía una cara de imbécil impresionante. Madre mía, me he dicho a mí mismo, lo de hoy es ya para nota. Luego he estado a punto de deprimirme, pero mi gran autoestima preparada para soportar situaciones de auténtica humillación, ha conseguido salvarme una vez más. No hay nada como tener un ego a prueba de todo, para afrontar la vida cotidiana que se empeña siempre en empequeñecerte.
He bajado a desayunar a la cafetería de la esquina y para mi sorpresa, Damián, el camarero de por las mañanas, tenía la misma cara de imbécil que yo. Un consuelo; espero que él también tenga la autoestima bien alta para evitar mayores sufrimientos.
Cuando he ido a comprar el periódico, mi quiosquero  me ha mirado con una expresión tan exageradamente bobalicona que me ha dado pena, y eso que parecía el más listo de todos los que estaban en ese momento allí. Sí, hoy, todo el mundo se ha levantado con cara de lelo, que es como levantarse con cara de gilipollas, pero casi peor. Luego he visto en la portada de un periódico la explicación al fenómeno,  en un  titular en cuerpo 14:

LA RECUPERACIÓN VA SOBRE RUEDAS.

Debajo del titular aparecían todas las declaraciones, que hizo ayer en Elche, Fátima Báñez, que es la persona que más información tiene sobre empleo en España, y por tanto sabe lo que dice, y lo que dice es que “España lidera la bajada del desempleo en Europa”, que “por primera vez desde la crisis, uno de cada dos nuevos parados menos en Europa es Español”. ¡Viva! Sigo: “HA SIDO una crisis económica dura, pero ahora estamos en un momento diferente en el que empieza la recuperación”. Y continúa sin cortarse un pelo: “España ha pasado de ser el epicentro de todos los problemas de Europa a ser el país que da estabilidad al Euro desde el sur”.  Y luego, por si todo eso no fuera suficiente para dejar bien claro que nos toma a todos los españoles por gilipollas, ha declarado que “tenemos el privilegio, junto a Japón, donde más crece el empleo. Esa es la nueva realidad española”. Para terminar, ha reclamado que tengamos “más confianza en España y más confianza en la sociedad, porque en el último año, y ahí están los datos de Eurostat, España lidera la bajada del desempleo en Europa”.
Luego, Alberto Fabra ha dado las gracias a la ministra y a Rajoy  por “tener el coraje y el valor de sacar adelante la reforma laboral… que ha propiciado la creación de puestos de trabajo, no escuchando a aquellos que no quieren que las cosas cambien por beneficio propio” (¿?).
No me extraña la cara que teníamos todos hoy al levantarnos. Sobre todo porque en el mismo periódico venía la noticia de que Eurostat sitúa a Andalucía, Ceuta, Melilla, Canarias y Extremadura, como las cinco regiones que sufren mayores tasas de paro de toda Europa. En todas estas regiones el desempleo supera el 33% de la población, algo que sabrá la Ministra de empleo, digo yo. Pero es que Castilla-La Mancha y Murcia completa la presencia española entre las 10 peores regiones de Europa. Es decir, tenemos SIETE regiones dentro de las diez regiones europeas con mayor tasa de desempleo. Las otras tres, ya por curiosidad, son Macedonia Occidental, Macedonia Oriental y la isla de Reunión de Francia, que a saber dónde está.
La alegría de la ministra de empleo, no es porque sean verdad las cosas que dice a bombo y platillo, sino porque piensa que todos somos gilipollas y nos las creemos. Bueno, parece que Fabra sí se lo ha creído, a ver si…





jueves, 10 de abril de 2014

Muerte natural







Hacía ya bastante tiempo que quería escribir sobre la muerte, y precisamente hoy, que está lloviendo a mares, se me ha ocurrido que era el momento. Ya que no puedo salir a broncearme a la piscina voy a escribir sobre la muerte, me he dicho.[1]
El doctor Jigoro Kano, a finales del siglo XIX inventó el Judo. Se basó en diferentes métodos de autodefensa utilizados por los samuráis  y antiguas escuelas de combate, pero sobre todo, se basó en la observación de la naturaleza. Dicen, o al menos, eso me dijeron a mí cuando empecé a practicar este deporte,  que la idea se le ocurrió caminando por un jardín un día en que había caído una gran nevada; se fijó en que había ramas que aguantaban, inclinadas,  el peso de la nieve, mientras otras estaban tendidas en el suelo, rotas, por no haber podido soportarlo. Solo sobrevivían a la gran nevada las que eran flexibles, las que se adaptaban al peso, pero las que se resistían y trataban de permanecer rígidas, indefectiblemente se rompían. Un sufrimiento para el árbol. De la misma forma, el judo, aprovecha la fuerza del contrario para salir airoso de su ataque, que es lo que quería decir antes de irme por las ramas.
Pues bien, esta enseñanza del doctor Jigoro Kano es algo que todos deberíamos tener muy presente en un asunto tan importante como es la muerte, y sobre todo deberían tenerlo muy presente los médicos. Cuando la muerte llega como esa nevada repentina, lo mejor que podemos hacer es aprovechar su impulso para salir airosos del trance sin quebrarnos. No tiene sentido mantener constantemente la idea de que la muerte es un enemigo contra el que hay que luchar, pues llegado un momento (que todos sabemos reconocer), se convierte en una lucha tan desigual que además de patético, resulta terriblemente  doloroso.
En general, podemos decir que la actitud que ancestralmente hemos mantenido los seres  humanos ante la certeza de la muerte es una actitud equivocada; nunca la hemos tomado como parte del proceso en el que involuntariamente  nos hemos visto involucrados, afrontándola como una condena ajena al hecho de vivir, y en muy pocas culturas se ha aceptado con la naturalidad que merece el momento. Curiosamente, nos pasa lo mismo con el sexo, que tampoco nos lo tomamos, a mi modo de ver, con el talante adecuado, y siempre le hemos dado mil vueltas con algún fin extraño. Hay que ver, que gran error, pues en ambos casos lo único que hemos conseguido es allanar el camino al sufrimiento.
En fin, sé que debería añadir algo más, pero ha dejado de llover y me han entrado unas ganas irresistibles de salir a corretear.
Como colofón, diré que en mis años mozos era cinturón marrón de judo, pero espero tener las habilidades de cinturón negro en el momento más apropiado para lucir ese color.





[1] Este artiblog fue escrito hace más de un año, y por lo que se ve, estaba lloviendo, circunstancia que he respetado ahora que lo he rescatado del archivo de escritos inútiles.