viernes, 9 de mayo de 2014

La táctica del camaleón






Papá camaleón miró con cariño a su pequeñín pensando que ya era hora de dejarle salir al mundo exterior. Ya había crecido lo suficiente para desarrollar su sistema de supervivencia, el mejor que existía,  pero antes tenía que enseñarle cómo funcionaba.
   -Verás –le dijo al tiempo que lanzaba su lengua contra un moscardón despistado que engulló rápidamente-, para sobrevivir no basta con comer, también tienes que evitar que te coman.
Entonces, empezó a andar por la habitación en la que había una pared pintada de rojo y otra de azul, con pasos lentos y renqueantes. Según hacía el recorrido el color de su cuerpo cambiaba de acuerdo con el color que tenía detrás.
    -¿Ves?, mi color cambia según el entorno en el que me encuentre, de modo que me hago invisible a los ojos de mis depredadores –hizo una pequeña pausa para que el efecto fuera evidente-. De esta forma evito ser comido,  ¿qué te parece?
El pequeño camaleoncín no estaba muy seguro, por lo que papá camaleón buscó otra forma de convencerlo.
    -Te advierto que este sistema es insuperable, tan solo el pulpo, uno de los animales más inteligentes que existe junto con el camaleón, tiene algo parecido.
    -Ya, pero ¿no sería mejor tener unos grandes colmillos y unas garras bien afiladas?
Papá camaleón se esperaba esa pregunta y tenía la respuesta preparada, la misma que en su momento le dio su padre cuando preguntó lo mismo hacía ya mucho tiempo.
    -En absoluto. Si tienes armas, estarás obligado a luchar, y seguro que en algún momento te encontrarás con un enemigo más fuerte que tú. Sin embargo, si eres invisible, siempre serás el vencedor sin sufrir ningún rasguño.
El pequeño camaleoncín seguía sin estar del todo convencido.
    -¿Y qué tal tener unas piernas muy fuertes para correr a toda velocidad y así no tener que luchar?
    -Con unas piernas como las que dices, puedes correr a gran velocidad, sí, pero entonces necesitarás comer mucho para tener la suficiente energía, y de todas formas tarde o temprano te llegará el cansancio, por lo que no podrás volver a correr si eres de nuevo atacado –hizo otra pausa, esta vez ya un poco harto de tanta explicación-. Te aseguro, pequeño camaleoncín tocapelotas, que el mejor sistema para sobrevivir es cambiar de color. Si estás en un fondo rojo te pones rojo, si estás en uno azul te pones azul, si es verde tú eres verde, si amarillo… creo que no es tan difícil, ¿no? todo lo que tienes que hacer es fijarte bien y hacer el cambio oportuno.
Con gran resolución abrió la puerta de la madriguera y con un gesto le indicó a su hijo que saliera.
    -Anda, venga, ya puedes salir sin ningún peligro ahora que sabes cómo sobrevivir –hizo otro intento de calmar a su hijo- . ¿No te fías de tu padre?
El pequeño camaleoncín miró a su padre con expresión de “mejor pregúntame otra cosa” y finalmente salió al mundo exterior, no demasiado convencido. Cada paso que daba lo repetía con un pronunciado movimiento de vaivén que le hacía parecer indeciso y titubeante, cuando la verdad es que sencillamente estaba cagado de miedo.
Papá camaleón le acompañaba a muy poca distancia observando cómo cambiaba de color según iba pasando por distintos entornos.
Llegaron a una zona en la que había varios gatos, dos búhos reales, tres zorros, un perro y dos niños coleccionistas de animales, en la que el único color presente era un verde intenso, sin matices. Entonces, el padre de la criatura se dio cuenta de que el daltonismo, también era algo que podía sucederle a un camaleoncito.





jueves, 1 de mayo de 2014

Mis personajes famosos- 1








Carlos Peralta, poeta, profesor de latín, coleccionista de sellos y alguna otra cosa igual de inútil que no recuerdo, cuando se emborrachaba, lo cual sucedía con notable frecuencia, se convertía en una auténtica bestia. Podía despedazar con sus manos a quién se pusiera por delante, solo necesitaba, además de la ayuda del alcohol, una razón que le moviera a la acción. La única razón que existía era no caerle bien.
No soportaba a cierto tipo de personas: Aduladores, banqueros, soldados (especialmente paracaidistas), periodistas (especialmente deportivos), mentirosos, timadores, aprovechados, pederastas, curas (los curas pederastas se llevaban doble paliza), fanáticos del futbol, y sobre todo, por encima de todos los grupos anteriormente mencionados, no toleraba a los admiradores de Arturo Pérez Reverte. Es que Arturo Pérez Reverte me pone enfermo, sentenciaba sin separar los dientes, antes de liarse a mamporros con el desdichado que aseguraba haber disfrutado leyendo Alatriste.
En una ocasión en que estaba compartiendo unas botellas de vino con otros parroquianos y la influencia del alcohol ya era evidente, entró en el establecimiento el mismísimo Arturo Pérez Reverte. Todas las conversaciones se fueron apagando según la gente se iba dando cuenta de quién era el visitante y el camarero corrió a parapetarse detrás de la barra. Todo el mundo, como si fuera una película del oeste, se echó a un lado dejando un enorme pasillo de silencioso vacío entre Arturo Pérez Reverte y el poeta Carlos Peralta. Las dos miradas se cruzaron, una asesina y la otra con incierta placidez. Se acercaron silenciosamente estudiando cada uno los movimientos del otro. Lentamente, el poeta se dio la vuelta sabiendo que algo iba a pasar.
El poeta, profesor, coleccionista de sellos, y por cierto, también jugador de ajedrez, se acercó lentamente a la barra dando la espalda al autor de tantos libros de éxito. Cogió su vaso de vino y lo apuró sin prisas. Después cayó de rodillas, aún con el vaso en la mano, sobre un charco de la sangre que manaba de sus pulmones. Detrás, Arturo Pérez Reverte, mantenía con firmeza una pistola humeante. La guardó en su espalda, entre el cinturón y el pantalón, y sin prisas salió del local.
Poco a poco la gente se fue arremolinando alrededor del cadáver del poeta sin poder hacer ya nada por él.
Realmente se llevaban mal, dijo el camarero y cogió el teléfono para llamar a la policía.





viernes, 25 de abril de 2014

Busca lo más vital









Esta mañana he tenido una regresión a mi infancia, que por lo visto es bastante normal a partir de los noventa años. Siempre he sido muy precoz. El desencadenante ha sido volver a escuchar, después de un par de siglos, la canción que cantaba el oso Baloo a Mowgli en la película El Libro de la Selva.
Busca lo más vital. Qué jodio oso, cuanta razón tiene.

Busca lo mas vital, 
lo que es necesidad, 
y olvídate de la preocupación. Tan solo lo muy esencial 
para vivir sin batallar, 
y la naturaleza te lo da.

La regresión a mi infancia ha empezado, porque el libro de Rurdyad Kipling en el que se basa la película, me fascinó pese a que lo leí porque era lectura obligatoria en mi colegio. Luego, cuando vi la peli, también la disfruté de lo lindo lo cual no me impidió iniciarme en el inevitable comentario de “no está mal, pero el libro está mucho mejor”.

Doquiera que vaya, 
doquiera que estoy,
 soy oso dichoso soy oso feliz.

Luego, ya dieciochoañero yo, me hice definitivamente fan de la canción, al ver lo bien que la cantaba y bailaba una amiga mía, de singular belleza, cuyo recuerdo está unido indisolublemente a mi época hippie, gloriosa por numerosas razones (la época, no la amiga, aunque también). Y es que la letra es un tratado de filosofía vital, la antítesis de lo que ha sido la obsesión de una generación de agresivos ejecutivos con hambre de comerse el mundo, poderosos yupies y afanados American Psycho. Todos empeñados en hacerse ricos y en ganar mucho sin darse cuenta de que perdían mucho más. La década de los ochenta, sobre todo, fue el delirio para estos workholics (el inglés es obligado) y luego poco a poco se fueron calmando, como si descubrieran de repente que la reducción de la jornada laboral, la vida familiar y las excursiones al campo, también tienen su lado bueno, mucho mejor que el estrés y los dopajes para soportarlo. Algunos lo han descubierto a partir de encontrarse en el paro, y hombre, no es la mejor manera, pero peor es morirse sin haberse dado cuenta.

Busca lo mas vital, lo que has de precisar, pues nunca del trabajo hay que abusar.

La vida es demasiado corta como para tomársela en serio, lo cual no significa que nadie trabaje, ni muchísimo menos, sino que todo el mundo disfrute. Tengo un amigo, bastante oso también, que divide a las personas en “disfrutonas” y en “no disfrutonas”, y tiene toda la razón, es una cuestión de actitud. MI vecino, por ejemplo, es un caso clarísimo de actitud positiva y siempre está de excelente humor aunque no pare de comerse sapos. Su cuñada, en cambio, está todo el día con insufribles problemas, cuando la realidad es que no tiene ninguno, pero da igual porque se los inventa; se inventa dolores, se inventa fatigas, se inventa cansancios, y al final, aunque todo sea mentira, el caso es que la pobre mujer sufre una barbaridad.

Cuando tomas un fruto
 con espinas por fuera 
y te pinchas la mano, te pinchas en vano.

Seamos todos osos dichosos y osos felices y vamos a tomarnos las cosas siempre de forma positiva. Da gusto estar con “disfrutotes”, en cambio, los “no disfrutotes” te amargan.

Es lo que tiene la primavera, que te hace escribir tonterías.






miércoles, 16 de abril de 2014

Y yo, con cara de gilipollas.








Esta mañana me he levantado como todos los días, pero al mirarme en el espejo he descubierto que tenía una cara de imbécil impresionante. Madre mía, me he dicho a mí mismo, lo de hoy es ya para nota. Luego he estado a punto de deprimirme, pero mi gran autoestima preparada para soportar situaciones de auténtica humillación, ha conseguido salvarme una vez más. No hay nada como tener un ego a prueba de todo, para afrontar la vida cotidiana que se empeña siempre en empequeñecerte.
He bajado a desayunar a la cafetería de la esquina y para mi sorpresa, Damián, el camarero de por las mañanas, tenía la misma cara de imbécil que yo. Un consuelo; espero que él también tenga la autoestima bien alta para evitar mayores sufrimientos.
Cuando he ido a comprar el periódico, mi quiosquero  me ha mirado con una expresión tan exageradamente bobalicona que me ha dado pena, y eso que parecía el más listo de todos los que estaban en ese momento allí. Sí, hoy, todo el mundo se ha levantado con cara de lelo, que es como levantarse con cara de gilipollas, pero casi peor. Luego he visto en la portada de un periódico la explicación al fenómeno,  en un  titular en cuerpo 14:

LA RECUPERACIÓN VA SOBRE RUEDAS.

Debajo del titular aparecían todas las declaraciones, que hizo ayer en Elche, Fátima Báñez, que es la persona que más información tiene sobre empleo en España, y por tanto sabe lo que dice, y lo que dice es que “España lidera la bajada del desempleo en Europa”, que “por primera vez desde la crisis, uno de cada dos nuevos parados menos en Europa es Español”. ¡Viva! Sigo: “HA SIDO una crisis económica dura, pero ahora estamos en un momento diferente en el que empieza la recuperación”. Y continúa sin cortarse un pelo: “España ha pasado de ser el epicentro de todos los problemas de Europa a ser el país que da estabilidad al Euro desde el sur”.  Y luego, por si todo eso no fuera suficiente para dejar bien claro que nos toma a todos los españoles por gilipollas, ha declarado que “tenemos el privilegio, junto a Japón, donde más crece el empleo. Esa es la nueva realidad española”. Para terminar, ha reclamado que tengamos “más confianza en España y más confianza en la sociedad, porque en el último año, y ahí están los datos de Eurostat, España lidera la bajada del desempleo en Europa”.
Luego, Alberto Fabra ha dado las gracias a la ministra y a Rajoy  por “tener el coraje y el valor de sacar adelante la reforma laboral… que ha propiciado la creación de puestos de trabajo, no escuchando a aquellos que no quieren que las cosas cambien por beneficio propio” (¿?).
No me extraña la cara que teníamos todos hoy al levantarnos. Sobre todo porque en el mismo periódico venía la noticia de que Eurostat sitúa a Andalucía, Ceuta, Melilla, Canarias y Extremadura, como las cinco regiones que sufren mayores tasas de paro de toda Europa. En todas estas regiones el desempleo supera el 33% de la población, algo que sabrá la Ministra de empleo, digo yo. Pero es que Castilla-La Mancha y Murcia completa la presencia española entre las 10 peores regiones de Europa. Es decir, tenemos SIETE regiones dentro de las diez regiones europeas con mayor tasa de desempleo. Las otras tres, ya por curiosidad, son Macedonia Occidental, Macedonia Oriental y la isla de Reunión de Francia, que a saber dónde está.
La alegría de la ministra de empleo, no es porque sean verdad las cosas que dice a bombo y platillo, sino porque piensa que todos somos gilipollas y nos las creemos. Bueno, parece que Fabra sí se lo ha creído, a ver si…





jueves, 10 de abril de 2014

Muerte natural







Hacía ya bastante tiempo que quería escribir sobre la muerte, y precisamente hoy, que está lloviendo a mares, se me ha ocurrido que era el momento. Ya que no puedo salir a broncearme a la piscina voy a escribir sobre la muerte, me he dicho.[1]
El doctor Jigoro Kano, a finales del siglo XIX inventó el Judo. Se basó en diferentes métodos de autodefensa utilizados por los samuráis  y antiguas escuelas de combate, pero sobre todo, se basó en la observación de la naturaleza. Dicen, o al menos, eso me dijeron a mí cuando empecé a practicar este deporte,  que la idea se le ocurrió caminando por un jardín un día en que había caído una gran nevada; se fijó en que había ramas que aguantaban, inclinadas,  el peso de la nieve, mientras otras estaban tendidas en el suelo, rotas, por no haber podido soportarlo. Solo sobrevivían a la gran nevada las que eran flexibles, las que se adaptaban al peso, pero las que se resistían y trataban de permanecer rígidas, indefectiblemente se rompían. Un sufrimiento para el árbol. De la misma forma, el judo, aprovecha la fuerza del contrario para salir airoso de su ataque, que es lo que quería decir antes de irme por las ramas.
Pues bien, esta enseñanza del doctor Jigoro Kano es algo que todos deberíamos tener muy presente en un asunto tan importante como es la muerte, y sobre todo deberían tenerlo muy presente los médicos. Cuando la muerte llega como esa nevada repentina, lo mejor que podemos hacer es aprovechar su impulso para salir airosos del trance sin quebrarnos. No tiene sentido mantener constantemente la idea de que la muerte es un enemigo contra el que hay que luchar, pues llegado un momento (que todos sabemos reconocer), se convierte en una lucha tan desigual que además de patético, resulta terriblemente  doloroso.
En general, podemos decir que la actitud que ancestralmente hemos mantenido los seres  humanos ante la certeza de la muerte es una actitud equivocada; nunca la hemos tomado como parte del proceso en el que involuntariamente  nos hemos visto involucrados, afrontándola como una condena ajena al hecho de vivir, y en muy pocas culturas se ha aceptado con la naturalidad que merece el momento. Curiosamente, nos pasa lo mismo con el sexo, que tampoco nos lo tomamos, a mi modo de ver, con el talante adecuado, y siempre le hemos dado mil vueltas con algún fin extraño. Hay que ver, que gran error, pues en ambos casos lo único que hemos conseguido es allanar el camino al sufrimiento.
En fin, sé que debería añadir algo más, pero ha dejado de llover y me han entrado unas ganas irresistibles de salir a corretear.
Como colofón, diré que en mis años mozos era cinturón marrón de judo, pero espero tener las habilidades de cinturón negro en el momento más apropiado para lucir ese color.





[1] Este artiblog fue escrito hace más de un año, y por lo que se ve, estaba lloviendo, circunstancia que he respetado ahora que lo he rescatado del archivo de escritos inútiles.







jueves, 3 de abril de 2014

Desayuno con cruasanes





Tras una noche de borrachera se despertó hablando en francés. Mais qu’est ce qu’il pase?, se dijo nada más abrir los ojos. Teniendo en cuenta que jamás había salido de Logroño, su ciudad natal, y que nunca había estudiado ningún idioma, el hecho resultaba de lo más chocante. Je ne comprendre rien. Se repitió de nuevo, con un dolor de cabeza que le atenazaba el cráneo. Decidió que lo mejor era seguir durmiendo la mona y esperar que todo fuera parte de una pesadilla.
No le resultaba fácil conciliar de nuevo el sueño, pues es imposible evitar tener pensamientos antes de caer dormido, y los pensamientos que tenía eran en francés. No sólo pensaba hablando en su interior un excelente y fluido francés, sino que además las imágenes que le venían a la cabeza pertenecían a lugares de Francia en los que no había estado jamás.
Intentó pensar en Logroño y apenas le venían recuerdos. Encendió la luz para comprobar que estaba en el dormitorio de siempre, en el que había dormido desde que se independizó de sus padres, y efectivamente, ahí estaba. Este detalle lo tranquilizó, pero sólo en parte, pues seguía sin poder expresarse en español. Volvió a apagar la luz y trató de pensar solo en imágenes, sin palabras, como si estuviera en una película muda, para no tener que utilizar ningún idioma. Hasta extrajo de su memoria una música para que el silencio no fuera absoluto. La música que le vino a la cabeza era una canción de Charles Aznavour, la boème. Se sabía la letra de memoria, por lo que pudo comprobar. Inmediatamente su consciente la rechazó y mandó trabajar a su subconsciente para que buscara otra música, sin letra esta vez. Le vino a los oídos una melodía que reconoció que estaba interpretada por la Orquesta Opal Sinfonietta, de Boulogne-sur-Mer. Inmediatamente acudieron a su mente imágenes de esa hermosa ciudad al borde del Canal de la Mancha. Reconoció la Porte des Dunes, la columna de Napoleón, sus calles, la Atalaya, y por supuesto la playa.
El despertador sonó. Era su despertador de siempre. A pesar de la resaca se levantó, fue al cuarto de baño, su cuarto de baño, y se aseó como todos los días. Se fijó en que todos los productos de aseo eran de marca francesa lo cual ya no le parecía tan extraño. Se vistió y se fue a trabajar.
No le sorprendió en absoluto ver que entraba en un edificio de oficinas de la Rue Sant Paul, en Boulogne sur Mer y que todo el mundo le saludó en francés.
De Logroño no volvió a acordarse nunca más. 




jueves, 27 de marzo de 2014

Soberbia actitud






En cierta ocasión me prometí no escribir sobre ciertas cosas que están sucediendo en este país para prevenir ataques de incontenible rabia, pues ya sabemos que escribiendo es como más rabia da todo. Una cosa es pensar, que todo queda de una forma más o menos confusa (por muy claro que nos parezca en ese momento),  otra es hablar, que ya va tomando forma  lo pensado y finalmente, está escribir, que exige un esfuerzo adicional pero que se ve compensado por la claridad de lo expuesto. Escribir requiere ordenar lo pensado y corregir lo hablado, por lo que no es de extrañar que sea la manera más precisa de manifestar lo que pensamos, y dicho esto, voy a hacer una excepción y voy a escribir de forma rápida lo que he pensado con absoluta claridad; por evitar que la indignación me haga tartamudear, como ya he dicho al principio.
Pero vamos a ver, pero vamos a ver, ¿cómo se puede tolerar que Correa, uno de los mayores infractores de todo, se permita acudir al juzgado y negarse a declarar ante el juez porque según sus propias palabras,  “ha perdido la confianza en la justicia”?
¿Cómo que ha perdido la confianza en la justicia? ¿Se está cachondeando de todo el mundo? De todas formas, pasado el estupor, yo le comprendo perfectamente.  Animalito, no hay derecho a decepcionarlo así; el pobre, que había puesto toda su confianza en la justicia al ver que inhabilitaban del caso al juez Garzón, resulta, que luego, en vez de archivar la causa, como él pensaba que iba a suceder, van y siguen haciendo preguntas. No me extraña que haya perdido la confianza, pero no en la justicia, sino en sus amiguitos del alma que les encantaría, por su propia seguridad, rescatarlo del infierno que algunos jueces desalmados pretenden llevarlo.
Pobre Don Vito, como le gustaba que le llamaran cuando estaba en la cresta de todo y de todos. Y su actitud, soberbia y  descarada, ha sido imitada por el bigotes, su alter ego en Valencia, que también se ha negado a declarar, éste, alegando que no se le había notificado de forma oficial la citación judicial. Bueno, al menos el bigotes parece que sí tiene confianza en el sistema legal, y se acoge a lo que puede, a ver qué pasa.
Pues eso, que no sigo, que enseguida se me sube la indignación y no tengo ganas. Prefiero ir a tomarme un vino con mi vecino, a ver qué se cuenta, que tiene cada cosa…



sábado, 22 de marzo de 2014

La rádiula que embrújula





Aquí podéis escuchar el programa de la Escóbula de la Brújula. Trata sobre la publicidad, por si no había quedado claro. Yo aporto mi grano de arena al debate.








jueves, 20 de marzo de 2014

La Escóbula de la Brújula





¿Qué es la Escóbula de la Brújula? Pues lo que su mismo nombre indica: un estupendo programa de radio que realizan mis amigos Jesús Callejo, Carlos Canales, Juan Ignacio Cuesta,  David Santinella, Miguel Zorita, Alberto Bernabeú, Javier Sánchez Barba y mi gran amigo y colega durante muchos años, Marcos Carrasco.

El programa lo realizan a través de Internet, y siempre tratan asuntos que indefectiblemente atrapan al escuchante, no solo por el propio contenido y la amena forma de llevarlo, sino porque son profesionales que se preparan cada programa como si fuera una conferencia: investigando, documentándose, buscando… y todo con el sentido del humor propio de la gente cultivada. Sí, es cierto, me invitaron a comer estupendamente.

En fin, aquí os pongo el enlace: La escóbula de la Brújula.

Lo emiten todos los viernes a las doce de la noche. También están disponibles las grabaciones de programas anteriores.

Os aviso, antes de que me reclaméis nada, de que en el programa del viernes 21, mañana, aparezco yo como invitado. Tuvieron ese gran detalle y espero que no les pese.






Mañana os contaré más cositas sobre este programa. Quizá.

Por cierto, aprovechando el contenido del programa, ya sabéis que si pincháis arriba,
en el libro El Ladrón de Nubes, podéis leerlo. Tras un pequeño trámite, eso sí.










jueves, 13 de marzo de 2014

Don't let me down







Auguste Comte, creo, aunque quizá fue algún seguidor suyo, decía que la humanidad (refiriéndose al pensamiento) ha tenido una primera etapa religiosa, luego le ha seguido otra metafísica, y finalmente se encuentra en la más interesante: la positiva. Yo, personalmente, conozco a mucha gente que sigue viviendo en la primera y creo que jamás llegarán al positivismo. Pero esa es otra cuestión. Yo quería utilizar el juego de las etapas, que da mucho juego, para desarrollar mi propia teoría: creo que el hombre (no la humanidad, sino el individuo) pasa por una primera etapa de ilusión, luego le llega otra de pragmatismo y finalmente entra en la de la decepción.
Es terrible, pero, sin abandonar del todo el pragmatismo ni por supuesto la ilusión, yo siento que acabo de entrar en un estadio de mi vida en que me siento decepcionado por muchísimas cosas. Y no solo yo; veo a muchos amigos míos que les pasa exactamente lo mismo, además es algo que enseguida se nota. Al menos yo lo noto; claro porque también lo sufro. Sin ir más lejos, mi propio vecino, del que ya he dado suficientes referencias en anteriores artiblogs, el otro día estaba claramente decepcionado. Yo se lo hice notar y me lo reconoció sin disimulos. Mi mujer, mis hijos, me dijo, todos me han decepcionado bastante. Por no hablar del PP, siguió confesándose, que como sabes yo los voto siempre, pase lo que pase. Yo puse cara de “vaya, lo siento”, y luego le reconocí que, salvo en lo del PP, que estaba cantado, yo también me sentía decepcionado por un montón de cosas, muchas más de las que podía haber imaginado, pongamos… un mes antes. Y es que es así: entras en la etapa de la decepción de repente, sin mediar un periodo de adaptación, y eso hace que la sensación resulte mucho más terrible. Un día te acuestas feliz y esperanzado y al día siguiente descubres por primera vez en tu vida, que te sientes decepcionado. Y a partir de ese día, la decepción estará siempre presente, dentro de ti, con mayor o menor intensidad, pero siempre ahí, un sentimiento de ligero desencanto, agazapado y dispuesto a hacerse grande en cuanto le des la menor oportunidad.
Luego, mi vecino me dijo poniendo cara de filósofo griego y voz de sentencia, que hay que tener mucho cuidado porque la decepción es la hermana pequeña de la traición y muchas veces es difícil discernir con cual nos quedamos ¿Estamos decepcionados por el comportamiento de un amigo –me preguntó como si yo tuviera la respuesta- o nos sentimos traicionados?
No sé. Le contesté, ¿qué te ha pasado que te sientes así? Y mi vecino simplemente me contesto:
-Nada, no me ha pasado nada. La vida.
Pues vaya, le dije yo, y nos fuimos a jugar al tenis.





viernes, 7 de marzo de 2014

La tormenta en un vaso





En el siguiente enlace encontraréis una crítica literaria sobre mi novela El Ladrón de Nubes. La firma nada menos que el último Premio Nacional de literatura juvenil, César Mallorquí. Como todo el mundo sabe, es amigo mío, pero además de amigo es un profesional de la literatura y no empeñaría su criterio por emociones. Por cigalas, quizá sí, pero he de decir que las últimas que nos comimos juntos las pagó él.


AQUÍ:


El blog donde se publican estas críticas se llama La Tormenta en un Vaso y se accede a través del suyo, La Fraternidad de Babel cuyo acceso lo tenéis aquí mismo, a la derecha.





viernes, 28 de febrero de 2014

Guerra









Los motores del viejo bombardero Whitley 683 bramaban tratando de impulsar al aparato a través de un aire denso, agitado y oscuro. John, acuclillado en una de sus torretas, escrutaba su alrededor buscando alguna forma sobre la que disparar su ametralladora M22. De vez en cuando, el fulgor de una explosión cercana le estremecía y le hacía encogerse  todo lo que un cuerpo humano puede llegar a hacerlo. El avión se retorcía con cada descarga como la bodega de una galera en medio de un temporal. Afortunadamente el ruido de los motores ocultaba el pavoroso crujir de las cuadernas. Luego, pasado el gran resplandor, John permanecía unos segundos con los ojos tan abiertos como los suelen abrir los ciervos abatidos segundos antes de morir; con la misma expresión de no comprender qué hacía agonizando. Entonces pensó que lo peor no es morir: lo peor es que te maten.


El mundo, 1000 metros más abajo, se abría en supurantes estallidos de tierra y barro. Los reflectores marcaban caminos de luz difíciles de seguir por las baterías antiaéreas que se movían en esperpénticos espasmos circulares. Johann esperaba su turno para salir. Por fin, una de las piezas necesitaba que alguien reemplazara a su artillero  que estaba pespunteado por las balas de un caza cumplidor de su deber. Johann salió de su refugio, apartó como pudo a su agujereado compañero, y se ajusto en el asiento  mirando hacia el cielo buscando, primero clemencia, y luego, algo que matar. De reojo contempló al soldado al que había sustituido y después al que esperaba turno en el refugio para sustituirle a él. Entonces pensó que lo peor no es que te maten: lo peor es no entender porqué te matan.


El comandante del avión trataba en vano de mantener la calma, pero era nuevo en ser bombardeado, y no paraba de temblar. Su copiloto, ocupado en desangrarse, ni decía ni aportaba nada. El artillero John, encogido en su tabuco, llamaba al sargento  insistentemente  sólo porque necesitaba ver a alguien. Mientras, las explosiones seguían sacudiendo el aire.


Johann, convulso y poseído por una vesania incontrolada, aferrado de forma epiléptica al disparador, acribillaba la nada. Hasta que agotó la munición. Entonces, se quedó inmóvil, echando de menos al sargento al que conocía desde apenas unas horas.


    -¿John, por qué no disparas?
    -¡Sargento, creo que nos han alcanzado!
    -Imposible chaval, esos de ahí abajo son incapaces de dar a la muralla china desde un metro de distancia.
Silencio.
    -Tengo frío. Mucho frío.


    -¿Te has quedado helado, muchacho?¿por qué no te mueves?
    -¿A cuántos he derribado, sargento?
    -Entre los que te has cargado tú y los que se caen solos, apenas quedan aviones en el aire.
    Una bomba reventó muy cerca de las líneas antiaéreas.
    -Ven a cubierto mientras traen más munición.


    -Sargento, no se vaya, creo que me he quedado sin munición.
    -No te preocupes, tenemos de sobra en el avión. Te la haré traer


    Llevaron más munición.


    Hizo que le llevaran más munición.


    Una explosión resquebrajó el suelo. Otra el aire. Ya no quedó nada.








Por cierto, El Ladrón de Nubes, también se vende en la librería Gaztambide de Madrid (C/ Gaztambide, 6) además de las que ya había. Lo digo por responder a varios estupendos visitadores que me lo han preguntado (uno, para ser exactos). Y por supuesto se puede pedir a la misma editorial en www.editorialonuba.es  (no poner.com porque sale otra cosa. Son así)




viernes, 21 de febrero de 2014

¿Quién mató a la estrella de la radio?






Hace tiempo escribí un artiblog en el que mostraba mi sorpresa ante el hecho de que diseños tan definitivamente malos, como la tetera de acero inoxidable omnipresente en bares y restaurantes, tuviera un éxito abrumador, tanto que aún se siguen encontrando modelos de reciente factura. Pues bien, de la misma manera, y en sentido contrario, hay objetos que eran, aparentemente, la mar de prácticos y justamente apreciados, y sin embargo han desaparecido de la circulación para siempre. Además, han desaparecido del planeta sin que otro objeto los haya sustituido haciendo lo mismo pero mejor, que es lo que habitualmente pasa. Nada, de repente hay aparatos que llegan a una vía muerta y ahí se quedan, sin continuidad y sin tener la oportunidad de evolucionar a un modelo que elimine los fallitos que pudieran tener los anteriores. Son neandertales tecnológicos, eliminados sin piedad por sus competidores, o quizá extinguidos porque nunca fueron lo que se dice necesarios. Por ejemplo, ¿qué pasó con los videotapes? ¿Ya nadie está interesado en grabar los documentales de leones de la dos, o el ciclo de cine negro que ya no ponen en ningún sitio? Sí, claro, si tienes canal plus, puedes grabar en el disco duro lo que quieras, pero es que antes, TODO el mundo tenía vídeo, y todo el mundo tenía alguna colección de películas o documentales o las actuaciones de Martes y Trece, en la boiserie. Ahora ya no queda ni la boiserie, lo cual es muy de agradecer, eso sí.
Esto solo puede significar dos cosas: o bien antes estábamos todos atontados por algo inútil, o bien ahora, todos estamos atontados por perdernos algo tan útil. Lo que no nos quita nadie es la tontería.
Lo mismo pasa con los contestadores automáticos. Lo normal en cualquier casa hace unos años, era ver el contestador, enorme armatoste, con su cassette, al lado del teléfono. Luego, esa función la suplantó un servicio de telefónica (evolución lógica, hasta aquí todo normal), y de repente, sin aviso previo, desapareció para siempre de nuestras vidas. Ya ni en los teléfonos móviles activamos la función de contestador. Hay que ver, con el buen papel que siempre han dado los contestadores automáticos en las novelas policíacas y en las pelis, que lo primero que hacía el detective al llegar a la escena del crimen era coger disimuladamente la cassette para escuchar todos los mensajes grabados. ¿Ahora cómo se resuelven los crímenes más espeluznantes?
También ha desaparecido el chándal como prenda para el fin de semana (excepto en Venezuela que lo lleva el presidente), o quizá lo que pasa es que sencillamente no lo vemos por la calle porque ya no hay videoclubs a los que ir a por la peli dominguera.
O tempora o mores.



viernes, 14 de febrero de 2014

El último correo






Hay días que solo traen disgustos, y últimamente cada vez son más los que tienen algo que ver con mi ordenador, con Internet, o con el correo electrónico. Quién me iba a decir a mí, que me iba a llevar un berrinche por peder mi lista de correo, pero sobre todo, quién me iba a decir a mí que yo iba a tener una lista de correo ¿Una lista de correo?, pero si hasta el nombre parece algo relacionado con algún negociado dentro de la maquinaria burocrática que entorpece el fluir de la vida. Bien, pues resulta que sí, que yo tengo (tenía, de ahí el disgustazo) una numerosa lista de correo y que ahora echo de menos como si con ella hubiera perdido también a una buena parte de mis amigos, clientes y proveedores. Y me temo que es así. Lo siento sobre todo por los clientes, que ahora van a pensar que no los escribo debido a que no me pagan.
Pero lo que más me encorajina es que he perdido mi valiosa lista sin que haya mediado una mala praxis, por decirlo de forma que parezca que incluso en el caso de haber sido metedura de pata mía, en el fondo la culpa era de otro. Yo no he hecho absolutamente nada, no he vertido una cocacola por el teclado (nunca me ha gustado la cocacola, así que dificilmente), ni he aporreado la pantalla… nada, mi ordenador siempre es tratado con excesivo mimo, consecuencia de un excesivo respeto y temor.
Esta mañana, sencillamente lo he conectado como siempre hago, después de dedicarle unas dulces palabras de sumisión, y a la hora de comprobar mi correo, nastis monastis. El administrador del mismo (Entourage, ojo a los que también lo tengáis) ha decidido que estaba harto de traerme noticias y de mandar otras, así que cada vez que intento acceder a él, incluyendo mi añorada lista de correo, se bloquea sin darme ninguna opción. He hablado con mi socio y sin embargo amigo, que de esto sabe un montón y con la frialdad de los que saben que saben más que el resto, me ha dicho que me despida de todo lo que había en mi administrador de correo. Por lo visto, Entourage está descontinuado (vaya palabra para referirse a algo) y que una vez que falla, ya es irrecuperable. Perfecto. Adios, bay, bay, au revoir, ciao, agur, no sé cuántos años de relaciones a la basura.
Al menos podía haberme enviado un último email como despedida.





jueves, 6 de febrero de 2014

Prueba de amor






La presente historia forma parte del Ramayana y está basada en un suceso real ocurrido en Occidente. Es de las pocas manifestaciones de la cultura hindú, e india en general, que tiene un claro origen en nuestra civilización y lejos de presentarse en el tono épico normalmente usado en estas obras de carácter religioso o filosófico, usa una narrativa fresca, casi coloquial, más acorde con la realidad a la que corresponde el contenido de la historia.
(N.del T.)


Elisa y Luis estaban profundamente enamorados y vivían juntos, muy juntos, desde que descubrieron que un solo minuto de sus vidas sin compartir, era un minuto desperdiciado. Cuando hacían el amor lo hacían de forma lenta, minuciosa, sin dejar un solo centímetro de piel sin que fuera recorrido por algún beso. Eran extremadamente felices, pero aún así, todos los días querían serlo aún más. Una vez, Luis, que era insaciable en sus pretensiones por complacer a Elisa, le preguntó qué necesitaba para que su dicha fuera completa y alcanzar el Nirvana, el éxtasis completo, la yuxtaposición con el universo infinito.(1 )  Elisa, que en el fondo tenía un sentido del humor bastante deleznable le dijo con un mohín que le gustaría tener un PiromioRex, sin saber exactamente que era un PiromioRex por la sencilla razón de que se acababa de inventar la palabreja. Luis la miró hipnotizado, pues realmente esperaba que la contestación hubiera sido del tipo “tengo todo lo que necesito para estar en la gloria, cariño mío” o alguna frase por el estilo, pero lejos de arredrarse se puso en pie y salió raudo de la habitación, sin preguntarse qué diantre podía ser un PiromioRex, pero con la clara determinación de traer uno. Luis, sí, efectivamente, era un imbécil. El caso es que se prometió, según llamaba al ascensor, que no volvería a su casa hasta encontrar un PiromioRex, y de los buenos.
Para abreviar la historia, que por mucha paciencia milenaria(2) que nos acompañe no es cuestión de relatarla en toda su extensión, Luis partió de su casa y no volvió hasta pasados 15 años. Durante ese tiempo cruzó desiertos, naufragó en embravecidos mares, atravesó montañas, se despeñó por barrancos abruptos y resecos por un sol implacable, se sumergió en ríos de aguas turbulentas, fue violado por turcos enormes y sucios, envenenado por piratas malayos, secuestrado por contrabandistas, apaleado por criminales, engañado por chinos,... siempre buscando un PiromioRex para su amada. Al final, derrotado, infeliz y hecho unos zorros, llegó a su casa. Abrió la puerta Elisa y al verlo en tan lamentable estado le preparó un baño con sales. Luis confesó que no había conseguido el PiromioRex y su amada, tomándole la cabeza en el regazo para que descansara se preguntó: “¿Qué habrá querido decir con que no ha encontrado el PiromioRex?, ¿qué mierda es un PiromioRex?”.


La historia termina de esta forma, quizá algo abrupta, pero no se han encontrado documentos que la completen o arrojen alguna pista sobre qué pasó a continuación. Algunos investigadores de las teorías expuestas en  The Gravitation, tratan de encontrar alguna conclusión filosófica o moral, pero sin conseguirlo. O consiguiéndolo muy poco.
A fin de cuentas, dicen, no es lo nuestro.






1  Clara referencia a elementos del hinduismo tradicional (N. Del T.).
2 Yo creo que esto es otra referencia a las filosofías orientales que han podido alimentar diferentes mitos hindúes. Pero tampoco estoy muy seguro (N. Del T.).