jueves, 25 de febrero de 2016

Los últimos bisontes








Siempre he creído que la mayor tontería que han hecho los americanos en toda su historia, que tampoco es tan larga porque me refiero a los estadounidenses, fue la promulgación de la ley seca y todo lo relacionado con ella. Y no me equivoco, ésa fue objetivamente una de las peores ideas del  siglo XX, tanto por los motivos que la propiciaron como por sus consecuencias, sobre todo porque entre ellas no es posible encontrar ninguna que fuera beneficiosa para el pueblo americano. Eso sí, al crimen organizado le vino de maravilla, pues lo fortaleció, amplió y en definitiva consiguió que fuera su momento de mayor esplendor.
Sin embargo, de la misma forma que tengo clarísimo cuál ha sido la idea más tonta, no consigo encontrar cuál ha sido la más brutal. No quiero ofender a los Estados Unidos, es un país que tiene excelentes cualidades y multitud de cosas buenas que los demás deberíamos copiar, pero también cuenta con un lado oscuro que  es para echarse a temblar y es, lo siento, precisamente del que quiero hablar. Naturalmente todos los países a lo largo de su historia cuentan con sucesos de los que avergonzarse, la mayor parte cometidos cuando más poder tenían, y más fuertes eran. ¿Por qué será? La pregunta es pura retórica, naturalmente, pues la respuesta es evidente.
Todo esto viene a cuento por una foto que vi el otro día hojeando un libro de fotografías antiguas. Se trataba de una montaña de cráneos de bisonte cuya dimensión se podía apreciar por la presencia de un par de figuras humanas, minúsculas entre tanto hueso. La única razón por la que los bisontes no se extinguieron a finales del siglo XIX es por la enorme cantidad que había, no por la falta de empeño en sus aniquiladores. Fue el mismísimo ejercito de los estados unidos el encargado de la masacre en la década de 1870, momento en que fue tomada la fotografía, aunque ya antes se había reducido peligrosamente el número de ejemplares, exactamente desde que llegaron los colonos.
¿Por qué esta persecución de forma masiva a un animal que no había hecho nada, ni se había metido con nadie? La razón es aún más bestia que la matanza en si:  para acabar indirectamente con los indios, que se alimentaban y vestían gracias al bisonte. Si desaparecía el bisonte desaparecía el indio, una demostración de la lógica aplicada al mal.
El bisonte vivía en grandes manadas a lo largo y ancho de todas las planicies del norte de México, los Estados Unidos y Canadá, ocupando territorios desde las Montañas Rocosas al oeste hasta los Apalaches al este y desde los grandes lagos de Canadá hasta México. La cacería en plan masivo del bisonte se inició con la llegada de los ingleses a la costa este, por el valor de su piel, y provocó que grandes tribus nativas se desplazaran a otros territorios, lo cual fue la inspiración  para actuaciones posteriores.


En contraposición, el indio americano respetaba profundamente al bisonte y lo veneraba por sus cualidades, y no nos vamos a engañar, por todos los beneficios que aportaba. Sabemos que había cazadores indios que respiraban el último hálito del bisonte cazado como postrera señal de agradecimiento, admiración y a mi modo de ver las cosas, de afecto, pues tiene que haber mucho afecto para respirar el aliento de un moribundo. Y desde luego jamás cazaban una pieza que no se fueran a comer, sobre todo porque no sabrían qué hacer con el cadáver. Se estima que antes de la llegada de los europeos al continente, había entre 60 y 100 millones de bisontes ocupando todas las praderas disponibles. En el año 1890 quedaban 750 ejemplares. Actualmente es una especie en recuperación en varios parques naturales como  Yellowstone y otras reservas, y también en granjas de explotación para consumo de su carne, pues además de su valor nutritivo, tiene menos grasa y menos colesterol, aunque a juzgar por lo que yo he visto comer a los americanos, el colesterol no parece figurar entre sus grandes preocupaciones.


En cualquier caso, un saludo al amigo bisonte que se ha librado por los pelos de desaparecer, y al que los primeros conquistadores  españoles que llegaron a las grandes praderas, llamaban cíbolos. Bonito nombre.



jueves, 18 de febrero de 2016

Atando cabos en la Teoría de Cuerdas







Esta es la tercera entrega sobre la Teoría de Cuerdas que habíamos dejado en el interesante punto de dudar todo sobre ella. Curiosamente, durante este tiempo ha sido noticia en el mundo entero la confirmación, sin ningún género de dudas, de que Einstein tenía razón cuando hablaba de las ondas gravitacionales; ya no es una conjetura, sino que su validez se ha demostrado en laboratorio, precisamente lo que le falta a la teoría de cuerdas.

¿Cómo se ha detectado la presencia de ondas gravitacionales? Pues muy fácil (es un decir claramente inapropiado). Desde luego no ha sido casualidad, pues había varios científicos del Instituto de Tecnología de Massachusetts y del de California que andaban detrás de este asunto desde 1992, de modo que consiguieron convencer a alguien para que soltara una burrada de dinero para construir los instrumentos necesarios que pudieran detectar las famosas ondas.  ¿Cómo funciona ese “detector” de ondas gravitacionales? El concepto es maravillosamente familiar, pues consiste en fijarse en el efecto que tiene cualquier onda sobre cualquier objeto. Por ejemplo, si yo miro mis atractivas facciones reflejadas en la superficie tranquila de un estanque, y alguien deja caer una piedra, las ondas que se producen, en algún momento llegan a distorsionar mi imagen, de modo que la deforma; de repente la oreja derecha se hace más larga y la izquierda más corta. Pues eso exactamente es lo que ha pasado, y no solo en mis orejas, también en una extraña estructura o edificio que construyeron los científicos como detector. Se trata del LIGO (Observatorio de Ondas Gravitacionales de Interferómetro Láser, dicho en castellano). El LIGO consiste en dos brazos dispuestos en ángulo recto de 4 kilómetros de longitud cada brazo, escrupulosamente medidos con la inestimable ayuda de la luz láser. Pues bien, se ha observado que uno de los brazos a pasado a medir unas poquísimas micromicromicromicromicromilésimas menos, y el otro, unas micromicromicromicromilésimas más, es decir se han deformado, y se han deformado por efecto de unas ondas tal como le pasó a mis orejas en el estanque con la piedra que algún gracioso dejó caer. En este caso las ondas se han originado por la fusión de dos agujeros negros en uno solo, con una masa resultante capaz de crear unas ondas gravitacionales  tan intensas que se han podido detectar en el LIGO, situado en Washington que se encuentra aproximadamente a unos 1.300 años luz del nuevo agujero negro.

Esto está muy bien, pero estábamos hablando de la teoría de cuerdas, así que volvamos al punto en el que nos encontrábamos que no es otro que la necesidad de encontrar alguna pista  que demuestre que se trata de una teoría posible, pero antes de entrar en ese espinoso asunto hay que señalar algo de una importancia extraordinaria: si la gravedad se propaga, tal como ya se ha demostrado, a través de ondas de naturaleza electromagnética, ¿no es esto un paso fantástico hacia la unión de los campos de fuerzas G y EM, mencionado en   LOS DISGUSTOS DE EINSTEIN en este mismo blog? Parece que los intentos de Einstein por encontrar una teoría del todo, la gran ecuación unificadora, va por el buen camino, y no olvidemos que la Teoría de Cuerdas era eso precisamente lo que trataba de demostrar, una ley unificadora para todos los fenómenos de la naturaleza. Parecen buenas noticias, sin embargo no tenemos muchos más argumentos que apoyen su validez. Entonces, ¿la Teoría de Cuerdas es algo que debemos tomarnos en serio o es un trágico fracaso? Steven Weinberg, alguien muy respetado en este campo, de la Universidad e Austin es la persona que a mi juicio ha dado con la respuesta más acertada: pregúntenmelo dentro de cien años, seguro que tendré la respuesta, dijo.

La buena noticia es que las mentes más brillantes, los físicos teóricos más importantes que hay en este momento, están trabajando para encontrar indicios de que la Teoría de Cuerdas no es ninguna locura. 
Esperemos los cien años que dice Wienberg para ver si lo han conseguido.





lunes, 8 de febrero de 2016

Adoctrinamiento infantil






En general, me da mucha rabia prometerme algo a mí mismo y luego no cumplirlo, pero en esta ocasión lo hago encantado. Hace tiempo me dije que no escribiría en mi blog nada de contenido político, y lo cierto es que me he estado conteniendo todo el fin de semana, pero al final ya no puedo más  y o suelto lo que me está revolviendo el píloro o acabaré encerrándome en la cocina con una botella de vino intentando ahogar en solitaria embriaguez todas las penas que componen el actual panorama patrio.
¿Somos conscientes de que hay dos TITIRITEROS encerrados en la cárcel, a los que se les pide una condena de ocho años, por una función… de guiñol? ¿Pero es que nos hemos vuelto locos? ¿No hay nadie que esté en su sano juicio que impida semejante pasada de frenada? Porque vale, los dos titiriteros son unos gilipollas, quién los contrató un imbécil y de ahí para arriba lo que se te ocurra, pero joder, que están pidiendo ocho años de cárcel porque a la bruja mala la pillaron con una pancarta cutre escrita en un folio en la que ponía gora AlKa Eta. Yo la primera vez que lo leí, creí que se refería a un grupo terrorista contra el ardor de estómago. Y luego tenemos que escuchar a Cristina Cifuentes decir que “no puede ser que unas personas, con dinero público, se dedique a adoctrinar a los menores”. Nada menos que adoctrinar, como en las iglesias, y atención, con DINERO PÚBLICO, con lo mucho que les gusta administrarlo bien.
Mientras, el piadoso ministro del interior ha dicho que se trata de “enaltecimiento del terrorismo”; por parte de unas marionetas de trapo, aunque esto último no lo ha dicho. Alfonso Alonso pide “un castigo ejemplar” para los titiriteros. Se ve que ocho años de cárcel le parece poco al celoso guardián del orden. Luego ha añadido que la libertad de expresión "no ampara la apología del terrorismo ni la desprotección de la infancia", descartando que se pueda apelar a la libertad de expresión  en una obra satírica como atenuante.
También han salido en alguna televisión, célebre por su objetividad, testimonios de padres horrorizados por el contenido violento de la representación. ¿Más que los videojuegos que les compran por reyes? ¿Más que las películas de dibujos animados japonesas?
Vuelvo a repetir por si no había quedado claro, que la pieza de guiñol era completamente improcedente y que jamás debería haberse representado, menos para un público infantil, pero de ahí a llevarnos todos las manos a la cabeza pidiendo la hoguera… hombre, un poco de sensatez.
El juez que los mandó a la cárcel INMEDIATAMENTE, sin posibilidad de pago de fianza y además incomunicados, ni siquiera ha visto la representación pero aduce para mantenerlos en prisión, que existía peligro de que volvieran a representarla además de riesgo de destrucción de pruebas. ¿De dónde cojones salen este tipo de jueces?
Naturalmente no voy a hablar ahora de los evidentes agravios por comparación con otros casos; todos los tenemos en la cabeza.


Creo que es inevitable: me voy a encerrar en la cocina con una botella de vino. Este país es de locos, a ver si así lo llevo un poco mejor.





domingo, 7 de febrero de 2016

El precio de la salvación





Hace mucho tiempo que no hablo de mi vecino y me temo que ya nunca más volveré a hacerlo. No sé qué pasa con la gente pero no tiene término medio, o no se mueren nunca o no paran de hacerlo. No la misma persona, claro. El caso es que mi vecino es del último grupo y palmó el otro día. Era católico y según daba el pésame a su desconsolada viuda me anunció que la misa por la salvación de su alma se celebraría en la Iglesia de los capuchinos (parece más una cafetería), el martes a las siete y media. Un momento, protesté, a estas alturas Dios ya habrá tomado una decisión  de qué hacer con él, y o bien está en el cielo, en cuyo caso sobran misas, o bien ha sido condenado  y ya no hay nada que hacer. ¿Tu crees que dios va a cambiar de opinión así como así? Sinceramente –amonesté a mi vecina-  me parece muy reprobable tu intento de sobornar a dios. ¿Crees que por una misa que te cuesta menos de doscientos euros, puedes comprar su voluntad? Estamos hablando de dios, no de un concejal del PP –dije enfurecido recordando las últimas noticias sobre el ayuntamiento de Valencia-. Si tu marido está condenado, está condenado.
Mi vecina me miraba perpleja pero sin atreverse a protestar. Es que desde que os conozco –grité a la viuda-, siempre habéis actuado de la misma forma, siempre con chanchullos, buscando un trato de favor a base de sobres con dinerito. Has de saber –seguí sin dejar de mostrarme desagradable- que esto se llama tráfico de influencias y Rajoy ha dicho que ya no va a dejar pasar ni una más; se acabó y si tu marido ha cometido muchos pecados, y me consta que sí, y le han pillado, irá al infierno como cualquiera en su lugar, y por muchas misas que pagues para su salvación, ese será su destino. He leído que dios es infinitamente justo y si es infinitamente justo, no va a cambiar su veredicto aunque le dediques mil misas.
Recordé que esa fue la cantidad que Felipe II dejó pagadas a los Jerónimos antes de su muerte para asegurar su salvación.
Me alejé indignado de la viuda, que a la desventura de su pérdida tenía que añadir el bochorno de haber sido descubierta en un intento de soborno.

¿Es que ya ni siquiera va a ser cierto que la muerte nos iguala a todos?, farfullé mientras esquivaba a una señora con pamela que tenía aspecto de haberse equivocado de lugar.




miércoles, 27 de enero de 2016

La atrevida teoría de cuerdas









Los físicos teóricos es gente fantástica, imaginativa y con un sentido de la realidad, mejor dicho de las realidades, fuera de serie. Pero esta es la única manera de enfrentarse a la evidencia de que nuestro universo se basa en dos leyes que se contradicen, o mejor dicho, en dos constataciones totalmente opuestas (ver  LOS DISGUSTOS DE EINSTEIN): por un lado, a niveles subatómicos, vivimos en un mundo caótico del todo vale, pero al mismo tiempo nos encontramos en un universo ordenado, predecible y tan exacto como un reloj, que constituyen los planetas, estrellas y galaxias. Es necesario encontrar una teoría que abarque ambos mundos, la teoría del todo, y para encontrarla lo único que podemos hacer es confiar en los físicos teóricos y sus locuras.

Para empezar, tenemos que aceptar la existencia de universos paralelos y de más dimensiones de las que necesitamos. Exactamente 11. Naturalmente, la mayoría de estas dimensiones no las hemos percibido jamás pero eso no demuestra que no puedan existir. Como dicen los paleontólogos, la ausencia de evidencias, no es evidencia de la ausencia. Podemos imaginar un salchichón partido en muchas rodajas, en el que cada rodaja es un universo, de modo que aunque nos resulte duro admitirlo, nosotros vivimos en una rodaja de salchichón.
La siguiente pregunta es, ¿podemos pasar instantáneamente de un lugar a otro, o a  un momento diferente? Probablemente no, pero sabemos que la ciencia ha cambiado nuestro mundo de tal manera que ahora aceptamos como normal muchísimas cosas que no hace mucho nos parecían ciencia ficción. Así que, ¿quién sabe?
La teoría de cuerdas tiene mucho de ciencia y quizá también de ficción, pero es una teoría que cada vez cobra mayor número de adeptos entre los científicos. Se basa en que todo, planetas, protones, incluso la fuerza de la gravedad o la electromagnética, todo, está formado por unos hilos de energía llamados cuerdas. Si todos estos hilos están unidos de alguna forma, ya tenemos los cimientos para construir una teoría del todo. Por cierto, los hilos forman tejidos, membranas y lo menos que podemos decir de esto, es que es muy bonito, pero no quiero adelanterme.
Yo lo que tengo claro es que según la teoría de cuerdas el universo es mucho más extraño de lo que imaginábamos, pues asegura que estamos rodeados de dimensiones ocultas, lugares que van mucho más allá del espacio tridimensional que conocemos, y además que los tenemos aquí al lado. Lo que considerábamos hasta ahora nuestro universo puede ser una pequeña parte de algo mucho más grande. Quizá vivimos en una membrana que SÍ es tridimensional (nuestra rodaja de salchichón) que está flotando en una dimensión espacial mayor. Podría haber otros mundos a nuestro alrededor, pero completamente indetectables. Una vez más, universos paralelos.
¿Qué pintan en todo esto las cuerdas? Las cuerdas vibran de diferentes modos, y cada modo distinto constituye una partícula fundamental. Al unirlas todas tenemos el universo. Qué bien, lo malo es que existen 5 teorías distintas de cuerdas, cinco aspirantes a la gloria cada cual con sus defensores, y dado que lo que pretendemos es encontrar una explicación al universo, más nos vale tener solo una. Las  5 versiones se diferencian en sus razonamientos matemáticos, entonces, en medio de esta confusión llega Edward Witten, considerado el mejor científico vivo, y en su famosa conferencia de 1995 (famosa es un decir), consigue convencer a todos los asistentes de que en realidad solo hay una teoría de cuerdas, lo que pasa es que existen, por decirlo así, cinco espejos donde se reflejan 5 imágenes de lo mismo, 5 reflejos de la única teoría posible, que naturalmente es la que él plantea, que para eso se le ha ocurrido la idea. Tras unos momentos de expectación en que todos los científicos asistentes se miran con gesto de “no está mal pensado”, el auditorio estalla en una ovación de aprobación y por fin todo el mundo acepta una única teoría de cuerdas. Witten la llama la teoría M, sin que esté nada claro a qué corresponde la letra M. Cada  científico al que se le hace esta pregunta tiene a su vez su propia teoría. Se refiere a que es una teoría Magna, dicen unos. M de magia, dicen otros. Monstruosa, Magnífica, Misterio, es una W al revés.… cada cual da su opinión. Para mayor desconcierto, Witten de vez en cuando se refiera a su teoría M, como la teoría U.

UNA DIMENSIÓN MÁS, POR SI YA ERAN POCAS.

En todas las ecuaciones matemáticas que describen la teoría M aparecen 11 dimensiones, explicando que las cuerdas vibran en las cuatro dimensiones que conocemos pero también pueden hacerlo en otras siete más que no conocemos. Antes de la teoría M, las otras cinco teorías postulantes, hablaban de 10 dimensiones, una menos. La dimensión número 11, la que añadió Witter es de vital importancia y representó una auténtica revolución pues es la que permite (matemáticamente) a las cuerdas estirarse a lo ancho para formar membranas. Estas membranas pueden tener tres o más dimensiones y si tienen energía suficiente, pueden alcanzar un tamaño gigantesco. Tan grande como  nuestro universo. Esta es la gran aportación de Witter, poder hablar de membranas aunque se siga diciendo teoría de cuerdas, pues la existencia de membranas gigantes no excluye la de cuerdas insignificantemente pequeñas que constituyen las partículas elementales. Podemos imaginar montones de membranas gigantes y paralelas donde nuestro universo es solo una de esas membranas. Me temo que hemos vuelto a demostrar que vivimos en una rodaja de salchichón, con el añadido de que hay muchos salchichones,  no solo el que contiene nuestra rodaja.

A partir de este punto se puede utilizar la teoría M para muchísimas cosas: comunicarnos con otros universos paralelos, lo cual como aplicación parece muy interesante; para intentar explicar el big bang que sucedió en nuestra “rodaja de salchichón”, para entender por qué la fuerza de gravedad es tan insignificante comparada con, por ejemplo, la electromagnética, … incluso para reducir una ecuación con incontables términos en cada miembro a la breve expresión de fuerza igual a masa por aceleración.
Muchos científicos se preguntan si todo esto se trata solo de un entretenimiento matemático o realmente describe el universo. ¿Se puede probar que el mundo está hecho verdaderamente de cuerdas y membranas, de universos paralelos y dimensiones adicionales? ¿Se puede ver en un laboratorio? ¿Es esto ciencia o conjeturas de ciencia ficción? Si no podemos evaluar la teoría, no es ciencia sino filosofía. ¿Podemos encontrar pruebas de la existencia de las cuerdas, teniendo en cuanta que son de menor tamaño que cualquier partícula conocida?

La respuesta puede resultar emocionante o decepcionante, depende del espíritu de cada cual, pero en cualquier caso, vendrá dada en la siguiente entrega de mis artiblogs científicos, pues lo científico no quita lo literario, y en literatura siempre hay que mantener la expectación en el lector. Para que no se aburra.








sábado, 16 de enero de 2016

La caza





La ilustración es de mi amigo Jaime Gamboa, y ha salido así de rara porque se trata de un cuadro que he fotografiado pues no me cabía en el escáner. Cosas que pasan.






He descubierto que mi gato cuando tiene hambre me acecha para cazarme con la evidente intención de alimentarse. Primero me mira fijamente, sin moverse, sentado en mi sillón, trazando su plan infalible. De momento, todo lo que hace es seguir mis movimientos solo con la mirada, ya habrá tiempo para la acción. Entonces yo me pongo en marcha y observo por el rabillo del ojo que él ha bajado sin hacer ningún ruido del sillón y que empieza a deslizarse sigilosamente, como una sombra, detrás de mí. Si entro en el dormitorio, él entra a continuación siguiéndome a cierta distancia tratando de no ser descubierto. Cuando salgo, a los pocos segundos sale él con la cabeza gacha, casi a ras del suelo, moviendo los omóplatos exageradamente, de forma acompasada, como dos metrónomos que fueran marcando el ritmo pausado del ataque inminente. Entro en el salón, y observo que él también lo hace andando muy pegado a la pared; sortea la mesita de ajedrez y la lámpara que me regaló mi madre, salta silenciosamente al aparador y se esconde detrás de la televisión a la espera de mi próximo movimiento.
Yo sé qué va a pasar, conozco perfectamente cómo va a acabar todo y desde que decidí tener un gato en casa, asumí que esto iba a suceder.
Con decisión entro en la cocina y mi gato sale en mi persecución saltando de su escondite con increíble rapidez. Entonces llega hasta donde estoy yo y se coloca detrás de mí, sentado sobre sus cuartos traseros, maullando como un descosido para reclamar su comida. No va a parar hasta que vea que cojo una lata de la nevera, y que con rapidez la vacío en su plato con forma de ratón.

Así es como se alimenta mi gato, el eterno juego de la vida y la muerte.




domingo, 10 de enero de 2016

Los disgustos de Einstein







En una ocasión comenté que tenía ganas de escribir artiblogs sobre ciencia, exactamente cuando publiqué CARBONO 14. Tantas ganas tenía que fui a matricularme en un curso de periodismo científico, por aquello de hacer las cosas de forma colegiada, pero he de reconocer que el precio del master me desanimó bastante, no así a la universidad que lo impartía que me sigue acosando con emailes, incluso con llamadas telefónicas. Pues bien, las ganas no se me han pasado, de modo que voy a cumplir con mi amenaza. Recuerdo que consistía en divulgar todo lo que yo sé sobre la teoría de cuerdas.


EINSTEIN, MECÁNICA CUÁNTICA Y POR SI FUERA POCO, TEORÍA DE CUERDAS.

Encontrar una teoría capaz de explicar el universo en su totalidad es un anhelo compartido por muchísimos científicos que han visto como se escapaba su vida tratando de conseguirlo. En el caso de Stephen Hawking,  La Teoría del Todo, es incluso el título de la película biográfica que rodó James Marsh basándose en las memorias de Jane Hawking, exesposa del astrofísico (por cierto, muy recomendable; la película, claro). 

Por simplificar (de momento), digamos, que la teoría de cuerdas establece precisamente eso, que existe una conexión íntima entre todas las cosas que componen el universo. Es una forma de unir el mundo de los cuerpos grandes, tipo planetas y estrellas, con el de las partículas atómicas, que como veremos es una tarea que se las trae, muchísimo más complicada de lo que la intuición nos puede decir, en el extraño caso de que tengamos una intuición capaz de guiarnos en asuntos tan arcanos.
Expresado de una forma poética, podemos imaginar hilos que vibran de diferentes maneras, infinitas notas musicales, para formar todos los componentes de la naturaleza, y que esos hilos están unidos en un tejido único. El universo es una sinfonía cósmica que suena al compás que marcan esos minúsculos hilos de energía, que de manera tosca llamamos cuerdas.
Pero antes de entrar de lleno en la teoría de cuerdas, conviene que repasemos unos conceptos que aunque puedan parecer básicos, es preferible recordarlos, tal como me hubieran dicho en el master que no he llegado a hacer.
De momento, lo que puedo adelantar es que el universo es mucho más extraño con esta teoría, al menos, eso me parece a mí.

EINSTEIN Y  SU TEORÍA DE LA RELATIVIDAD GENERAL

Einstein también buscaba una teoría que explicara el funcionamiento de todo el universo, las ecuaciones de La Teoría de Todo. Una gran teoría unificadora capaz de aglutinar todas las leyes conocidas en una única ecuación, una ley que describiera todo lo que conocemos del universo, desde un neutrón a una estrella gigante. Murió antes de encontrarlo y como vamos a ver, bastante confuso.

La conocida y aceptada conclusión de que la velocidad de la luz es un límite cósmico que nadie puede superar, contradice la ley de la gravedad. Afortunadamente, solo en apariencia, pero veamos cómo es esa apariencia, porque no resulta nada evidente. Si desapareciera repentinamente el sol, ¿qué pasaría con todos los planetas que debido a la gravedad giran disciplinadamente alrededor de él? Pues es fácil suponer que saldrían todos desperdigados, pero, y aquí está lo bueno, no lo harían instantáneamente, sino que les llevaría un tiempo. Un tiempo, sí, de la misma forma que también la luz tarda un tiempo en llegar a cada planeta. ¿Cuánto?... eso es lo de menos, lo que realmente importa es saber que las ondas gravitatorias también viajan por el espacio tomándose su tiempo, y que no llega a los sitios, así, inmediatamente.  Es decir, las ondas gravitatorias se desplazan a cierta velocidad, y esa velocidad es precisamente la velocidad de la luz, que es una onda electromagnética como todo el mundo sabe desde que lo dijo Maxwell. Precisamente Maxwell fue el individuo que unificó el campo de fuerzas eléctrico con el magnético, de modo que eso ya supuso un avance en el camino hacia la unificación total. El siguiente paso, era unificar el campo de fueras electromagnético con el gravitacional. Al primero le vamos a llamar EM, y al segundo G, por aquello de simplificar. Einstein pensaba que si unificaba G con EM, daría con la ecuación única que explicaría el universo al completo. Pobre, anda que no le quedaba todavía. De momento, su primera meta era demostrar que la velocidad gravitacional era la misma que la de la luz, c (se le llama así, “c”, porque en latín, celeritas significa rapidez, y parece que es algo que se ajusta bastante a lo que se quiere representar). Su libro Gravitation trata sobre este espinoso asunto, entre otros, y a no ser que uno disponga de extensísimos conocimientos y mucho tiempo, no es una lectura recomendable.
Einstein descubrió al intentar unificar G con EM, que las diferencias entre ambas fuerzas superaban en mucho a sus similitudes. Vamos, que no veía por donde cogerlo. Para empezar, las fuerza EM es millones de veces superior a la de la gravedad, pero aún tenía barreras mucho más altas que superar en su camino hacía la unificación total.




A finales de 1920 se desarrolló un campo nuevo en la investigación científica que se ocupaba, no de los planetas, ni de las estrellas y galaxias, sino todo lo contrario, precisamente de los objetos más pequeñajos, los que están ahí fastidiando a nivel microscópico. Fue el nacimiento de la mecánica cuántica, que lo primero que hizo nada más llegar fue destruir el concepto de universo. Hasta entonces, el universo era un mundo estupendo, ordenado, predecible, donde las ecuaciones de Newton daban resultados exactos y precisos, y donde se podía observar como los planetas, cometas y demás objetos celestes seguían unos movimientos preciosos, casi de ballet, armónicos y conocidos. De no ser así, hubiera sido una tontería enorme mandar un cohete a la Luna o una sonda espacial a Marte. Sin embargo la teoría de la mecánica cuántica dibujaba todo lo contrario, el desorden, casi el disparate, donde una partícula puede pasar simultáneamente por dos agujeros diferentes y donde nada es predecible; es el triunfo del azar. Por hacer una comparación, el universo de Einstein era ordenado y predecible, y el de Neil Bhor, un caos donde reina la incertidumbre y donde lo único que podemos hacer es predecir las posibilidades que existen ante un desenlace u otro.

La verdad es que cuando uno trata de unificar campos de fuerzas, es muy mala noticia encontrarse con un mundo donde cualquier posibilidad puede darse, y para complicar más las cosas, si no se da en este universo, nada nos dice que no se pueda dar en otro universo paralelo, de modo, que todo puede ser. Por tanto, podemos suponer el cambió de humor que sufrió Einstein con todas estas noticias.
Para desesperación de los amantes del orden, la mecánica cuántica (mc, por seguir con las siglas) dice que es imposible predecir el resultado de un experimento, y para mayor inri, no se trata de algo que podamos pasar por alto, pues la mc describe el funcionamiento del mundo a escala subatómica. El problema está en que a ese nivel subatómico también existen fuerzas, fuerzas que será necesario unificar con EM y G que ya teníamos. Para complicar aún más las cosas, por si no fuera suficiente con una, existen dos tipos de fuerzas nucleares, que llamaremos S y W. Una es la fuerza nuclear fuerte, que se establece entre protones y neutrones, y permite a los quarks que se unan para formar hadrones, y la otra es la fuerza nuclear débil, que permite que los neutrones se conviertan en protones emitiendo una radiación en el proceso, pero esto es entrar en detalles que se escapan de esta visión rápida del asunto; lo importante es darse cuenta de lo mucho que se ha complicado todo y que ahora se trata de unificar G, EM, S y W. Por cierto, como dato añadido, en 1945 se consiguió liberar la fuerza nuclear fuerte en el desierto de Nuevo México. Al experimento podemos llamarlo, primera bomba atómica.

En nuestro camino hacia la teoría del todo, tenemos que decir que a escala subatómica, G no tiene ninguna influencia, de modo que no parece sencillo unificar la teoría general de la relatividad con la mecánica cuántica. Pero si las teorías de Einstein describiendo el mudo de los planetas se cumplen siempre, y las de la mc también se cumplen siempre, tenemos dos “siempres” distintos. Tenemos dos campos de la física: LA RELATIVIDAD GENERAL, que es el estudio de los objetos grandes, planetas, estrellas, galaxias,  donde la masa es protagonista, y la MECÁNICA CUÁNTICA, que solo se fija, de átomo para abajo, y por lo que vemos, lo que sucede en un campo no sigue las mismas leyes que lo que sucede en el otro. Es como tener dos familias que no se hablan ni se llevan bien viviendo bajo el mismo techo, con la certeza de que a la mínima se van a tirar los trastos a la cabeza. Entonces llega el abuelo y pretende que reine la armonía entre los dos bandos y que vivan felices juntos sin discutir, o al menos sin discutir demasiado.
Pues bien, el abuelo es la teoría de cuerdas. Ya solo queda ver cómo se las va a apañar el pobre para hacer que llegue la paz a ese hogar, que no es otra cosa que nuestro universo.

Eso es lo que veremos, pero de momento, ya sabemos entre quienes nos estamos jugando los cuartos.








miércoles, 23 de diciembre de 2015

Todo empezó una noche





                                                                 ilustración de mi amigo Jaime Gamboa







La noche era fría, desacostumbradamente fría, hasta el punto de que había caído una nevada, tan copiosa como inusitada, que cubría todo el valle. Debajo de la nieve había un desierto sorprendido. El cielo lleno de estrellas anunciaba que la borrasca ya había pasado, y un silencio ominoso anunciaba que ya era muy tarde para andar por la calle, más con un recién nacido. La madre lo llevaba amorosamente entre sus brazos, a lomos de un precioso borrico cuyas bridas conducía de muy mal humor un señor con barba y cayado que se seguía haciendo un montón de preguntas sobre los últimos acontecimientos.
Según bajaban al interior del valle, la nieve iba desapareciendo y el paisaje cobraba vida. El señor barbado con cara de mal humor levantó la mano en la entrada de una aldea y el borrico se detuvo, aliviado de tener un momento de descanso.
    -Yo creo que aquí encontraremos una pensión, o algún sitio donde podamos alojarnos, que ya estoy hasta las narices de la caminata.
    -No, Pepe, en una casa, no –la mujer hablaba con un tono melodioso y una voz muy agradable aunque un poco aflautada-. Podrían encontrarnos. Ya sabes… lo del sueño.
    -Cago en mi calavera con lo del sueño, ¿entonces qué hacemos?
    -Mira –la mujer señaló hacia una cuadra a escasa distancia- ese puede ser un buen lugar para descansar, ahí nadie mirará.
    -¿Una cuadra? ¿Y si los animales que hay dentro se comen a nuestro hijo?
    -No seas negativo, seguro que son muy amigables, incluso nos pueden dar un poco de calor.
    -También podían darnos un poco de sopa, porque tengo una gusa…
Lentamente se dirigieron hacia la cuadra que había señalado la madre del niño, una judía de muy buena familia, nada menos que descendiente del Rey David, que tuvo que casarse a toda prisa para no dar qué hablar en su círculo social. Su marido era un carpintero sin demasiada relevancia que aceptó el matrimonio con la heredera de la dinastía real, a pesar de lo precipitado de toda la operación y de no haber tenido un noviazgo en condiciones. Lo que no se esperaba el pobre es que a los pocos días de estar casados le anunciara que estaba embarazada. ¿Cómo que embarazada? Le preguntó él sorprendido, pero si no hemos hecho absolutamente nada… ya, ya, decía ella, esto ha sido un milagro, obra de… de el espíritu santo, se le ocurrió decir. José no estaba muy convencido, sobre todo porque hasta entonces él no había oído hablar nunca de la existencia del espíritu santo, pero aceptó a regañadientes la explicación, a pesar de la sonrisa que puso su rabino cuando se lo contó. Es importante señalar que el rabino tampoco tenía noticias de ningún espíritu santo.
Entraron en la cuadra agotados por el viaje y se dispusieron a pasar la noche allí lo más tranquilamente posible. Junto al pesebre había una mula, un cerdo y un buey. José se llevó al cerdo fuera por miedo a que se comiera al niño y dejó a los otros dos animales, aunque no les quitaba el ojo de encima por si acaso. Luego desensilló al borrico, le acercó al pesebre para que comiera y dispuso una cuna improvisada para el niño, que inmediatamente adoptó una postura inverosímil, con una regordeta pierna suspendida en el aire y una sonrisa encantadora que se perdía más allá de las paredes de la cuadra. José le contempló moviendo la cabeza de un lado a otro, se agachó para darle un beso como hacía todas las noches antes de irse a dormir, y preparó una cama para él y su mujer acumulando una buena pila de paja, que allí había de sobra.
Justo cuando ya estaban a punto de quedarse dormidos, de repente la cuadra se llenó de gente. Lo primero fue un fogonazo luminiscente que poco a poco fue perdiendo intensidad hasta mantener una iluminación blanca y brillante que llenaba la cuadra sin estar muy claro de donde salía tanta luz. Luego entraron dos pastorcillos que llevaban sendos corderos a los hombros como regalo.
    -¿Más animales? –gritó José- No, si al final, alguno acaba devorando al niño, verás.
Pero eso no fue más que el principio. Luego vinieron otros dos pastores más, también con corderos, y luego una lavandera que traía un pato, y un molinero, y el herrero con dos gallinas que llevaba colgando boca abajo asidas por la patas y que metían un jaleo terrible, y más pastores, ¿pero había tantos pastores en la comarca?… de repente parecía que el pueblo entero, y los de los alrededores, hubieran decidido congregarse allí para llevar todo tipo de bichos imaginables y otros regalos; incluso había un pastorcillo que llevó un tambor, ya ves tú qué clase de regalo es ese para un recién nacido. Todo esto con el agravante de que eran unas horas en las que todo el mundo debería estar durmiendo.
    --¿Pero puede saberse a qué viene todo este jaleo? –gritaba el pobre José elevando las manos al cielo totalmente desbordado- se supone que tenemos que pasar desapercibidos. Estamos huyendo, ¿entendéis? Ahora todo el mundo se va a enterar de que estamos aquí.
    -Venimos a adorar al niño.
    -¿Y no tenéis otro?
    -La verdad es que no.
    -Yo sí tenía uno, pero Herodes lo ha matado, no tengo ni idea de por qué. Parecía buen tipo y ya ves.
    -¿Buen tipo, dices? Para empezar es un pelele en manos de los romanos y además está loco. También ha matado a mi hijo, ¿te lo puedes creer? ¡lo ha degollado! ¿cómo se puede degollar a una criatura de dos semanas? Es repugnante
    -Al mío también le ha rebanado el pescuezo.
    -De hecho se han cargado a todos los niños, yo creo que éste es el único que queda vivo en la comarca, ¿no es como para adorarlo?
José no estaba para admitir nada por lo que seguía de muy mal humor pese a que su esposa trataba de apaciguarlo con palabras amables.
    -Vamos José, no seas así, es gente buena que lo único que quieren es adorar a tu hijo.
    -Mi hijo, ¿no? –José miraba a su esposa con los brazos en jarras y cara circunspecta.
    -Ay, Pepe, no vuelvas otra vez, creí que ya había quedado todo aclarado.
    -No, claro, si para ti todo es muy fácil pero es que… la historia se las trae.
    -Mira que eres pesado; cuando te da por un tema….
En ese momento una nueva algarabía anunciaba más visitantes. Todos los allí presentes se apartaron hacia un lado para dejar entrar a los recién llegados, que parecían gente principal. Precedidos de unos jóvenes pajes, con un aspecto bastante rarito, llegaron tres personajes vestidos con todo tipo de lujos. Dos de ellos portaban mantos de armiño y el tercero, una capa que era como unas cortinas imperiales, y un descomunal turbante. Hasta los camellos que montaban lucían gualdrapas enjoyadas. Todo el lujo oriental, en contraste con la miseria del medio oriente. Lentamente los tres nobles bajaron de sus monturas y ceremoniosamente depositaron unos regalos a los pies del niño que seguía en la misma postura inverosímil que adoptó nada más llegar a la cuadra.
    -Venimos del lejano oriente para adorar al niño dios –dijeron según depositaban los cofres con los presentes.
    -¿Niño dios?, ¿de qué están hablando los tres mosqueteros? –José con los hombros encogidos parecía no entender nada. Como siempre su esposa tuvo que salir al paso para explicarle algunos detalles que todavía no le había contado.
    -Sí, verás, es que tu hijo es dios.
    -¿Mi hijo es dios? ¿pero qué barbaridades se te ocurren? ¿Qué dirá el rabino?
    -Que siiiii… anda, ya te lo contaré luego, de momento coge los regalos.
    -Si ni siquiera son pollos, ¿qué clase de regalos son esos?
    -Oro.
   -Incienso.
    -Mirra.
    -¿Cuál es el del oro? -Preguntó José avanzando hacia los tres cofres.
A continuación, un estruendo de trompetas llenó el establo y todos salieron al exterior para ver de donde venía el prodigio. Arriba, a unos tres metros por encima del tejado, unos ángeles descomunales hacían sonar sus trompetas mientras sujetaban con la otra mano una pancarta.
    -¿Qué pone ahí? –preguntó alguien señalando la pancarta.
    -No se ve muy bien, espera a ver…
El comentario llegó a oídos de los ángeles y con un batir de alas, descendieron un poco para que todo el mundo pudiera leer sin problema el mensaje que traían.
    -Ah, ya, mira pone…. Paz entre los hombres de buena voluntad.
    -¿Y que quiere decir eso?
    -Ni idea. Bueno yo me voy que mañana madrugo.
Poco a poco todo el mundo se fue marchando, hasta que solo quedaron los tres personajes ataviados con ropas de lujo que aseguraban ser reyes sin que ninguno de los presentes acabara con una idea certera de qué país. Después de una conversación disparatada en que nadie entendía a nadie, pues lo que sí estaba claro es que venían de muy lejos, los tres monarcas y sus séquitos se despidieron y volvieron grupas hacía algún lugar incierto. Por lo visto habían conseguido llegar hasta allí porque una estrella mágica los había guiado, pero ya no había ni rastro del cometa, por lo que lo más probable es que se perdieran en el desierto tratando de volver a sus casas.
Por fin, la familia, agotada por la caminata que se habían dado desde que salieron huyendo de su casa y por todo el ajetreo final, pudo descansar sin que nadie les molestara. Tan solo hubo un momento de tensión cuando el cerdo trató de entrar de nuevo en la cuadra, aunque para alivio de José, no pudo pasar pues  ya no quedaba sitio para él, de tantos corderos, pavos, patos, gallinas y distintas mercancías que habían llevado.

     -Vaya noche buena –fue todo lo que dijo José antes de dormirse.





sábado, 12 de diciembre de 2015

XI Premio Onuba de Novela



                                                                   Con los ganadores, Pilar y Federico



Ayer se presentó en Madrid el XI Premio Onuba de Novela y tuve el placer de conocer a los ganadores, Pilar Gutiérrez Garzón y Federico Gómez de las Eras.  Los ganadores, sí, porque escribieron la novela a pachas. En la presentación explicaron cómo se puede hacer algo así, y desde luego que funciona su método, pues he de decir que ya me he leído la mitad (francamente entretenida) y no hay nada que delate la dualidad.

Pilar trabaja en dos ONG, por si hacerlo en una fuera poco, y José Luis es químico; ha trabajado en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, en el Instituto de Química Médica.  Ese debe ser el truco, saben cómo hacer buena química.


¡Felicidades!

                                        Con Manuel Ortega, el editor, y José Luis, amigo de los ganadores