Había un juego muy practicado en las pandillas de entonces (de entonces, es de cuando yo formaba parte de una pandilla), que llamábamos... no me acuerdo, porque ese entonces se pierde en la lejanía.
El juego, vamos a llamarlo X, consistía en que alguien pensaba en un personaje relacionado con la pandilla, y los demás tenían que adivinarlo a base de preguntas que compararan al personaje con cualquier otra cosa. Si fuera un animal qué animal sería, si fuera un libro qué libro sería, o si fuera un río, qué tipo de río sería...
Ya sabemos que las comparaciones son odiosas, por eso era un juego tan divertido; siempre había alguien que se enfadaba muchisimo, sobre todo si a la primera pregunta, qué animal sería, respondían que una cucaracha.
Pues bien, acabo de enterarme de que ese juego también lo practican, los libros, los animales, los ríos... es decir, las mismas cosas con las que nosotros comparábamos a nuestro colega, hacen lo mismo con nosotros: juegan a X en sus pandillas.
Por lo menos, los muebles sí lo hacen. Lo sé porque yo soy una cama. Supongo que un grupo de muebles, quizá en IKEA, aburridos, decidieron jugar a X, y quién tenía que proponer un miembro de la pandilla para ser adivinado, pensó en la cama. Lo sacaron a la primera; un armario de dos puertas y doble cajonera preguntó: ¿si fuera un humano, quién sería?, y la respuesta fue: Tito.
Qué tío, acertó de pleno, era yo.

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