domingo, 5 de noviembre de 2023

Eso son andares

 




Cuando en los colegios se estudiaba filosofía, los más aplicados sacábamos interesantes conclusiones de cada clase. Yo, por ejemplo, viendo a mi profesor,  me fijé en un detalle que esta mañana me ha vuelto a la cabeza. El detalle es el siguiente: los filósofos andan despacio. Y me ha vuelto a la cabeza esta mañana porque he visto a un filosofo andando por la calle (supongo que sería filósofo porque caminaba con elegante lentitud).

Hoy todo el mundo va muy rápido (salvo los filósofos). Lo fácil sería pensar que se debe a que todos llegan tarde a los sitios, pero eso no puede ser. Es prácticamente imposible que todo el mundo a todas horas tenga prisa. Yo me pongo como ejemplo y me veo caminando a toda leche aunque me sobre el tiempo. Esto se debe a que he cogido el hábito de caminar como si me persiguieran.  Y no soy el único, de hecho, cuando camino acompañado de alguien (rarísimas ocasiones), siempre me dejan rezagado cuatro o cinco metros por detrás. Puede ser porque mis acompañantes están menos predispuestos a la filosofía que yo.

Entonces, haciendo uso de la lógica (precisamente) he llegado a la conclusión de que dependiendo del grado de compromiso que tengamos con la filosofía, así serán de rápidos nuestros andares.

Podríamos pensar que los ancianos, achacados por diferentes dolencias, caminan despacio ... y sí, pero no. Sí y no, porque efectivamente van más despacio, pero su intención de andar cagando leches sigue viva.  Les pasa lo mismo con otros aspectos de su vida que no es el caminar, pero tampoco es de interés en este momento. 

Los ancianos tienen una prisa diferente, pero la siguen teniendo. Podemos decir que es una prisa que va despacio, una prisa envejecida.

Pasa lo mismo con los cojos, que van todo lo rápido que pueden aunque a nosotros nos resulte sencillísimo rebasarlos.

Volviendo al filósofo que me he encontrado esta mañana; sin saber por qué, he empezado a seguirlo. Había algo en él que me ha impulsado a tomar esta absurda decisión. Imposible resistirme. Naturalmente, seguirlo, me ha obligado a andar despacio, a su mismo ritmo, y entonces me he dado cuenta de que así, a esa velocidad, el mundo se ve de otra manera. 

Me ha gustado, me ha gustado tanto que me he prometido a mí mismo que a partir de hoy, siempre andaré como un filósofo aunque no lo sea. Se va mucho mejor yendo despacio, adónde va a parar. 


Leoncio López Álvarez

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