Hace mucho
tiempo leí una noticia sobre el amor que se profesaban dos perros (perro y
perra), hasta el punto de que uno de ellos sacrificó su vida por el otro, que me hizo llorar desconsoladamente.
No hay nada que temer pues no pienso
contar la historia, solo mencionarla. Aprovecho para decir que algo pasa con
los perros en cuanto a su capacidad de querer, porque se pueden contar millones
de historias de amor de perros hacia sus amos, aunque para mí, incluir la
palabra amo en una relación de amor
no encaja nada bien, a pesar de que ambas palabras comparten el 80% de sus
letras.
No sé qué tienen
las historias de amor, pero por lo general no suelen gustar a nadie. Que si son
cursis, que si resultan empalagosas, que no se las cree nadie, que si patatín
que si patatán, y por supuesto que son para chicas. Sin embargo, tengo que
confesar que a mí sí me gustan, incluso me emocionan; ojo, solo las de amor
auténtico.
De todas las
historias de amor que conozco hay una que impresiona por su autenticidad. Se
trata de la más larga de cuantas historias de amor se conocen, exactamente dura
seis mil años. Y los que te rondaré morena. No se sabe muy bien cómo ocurrieron
los hechos, imposible saberlo, pero el caso es que se han encontrado dos
esqueletos unidos en un abrazo, un abrazo eterno, que da testimonio de que o
bien murieron juntos, al mismo tiempo, o bien, la diferencia entra la muerte de
uno y otro es tan pequeña que sus seres queridos decidieron enterrarlos juntos.
Un amor que por
increíble que parezca, después de 6.000 años sigue como el primer día, mejor
dicho, como el último. Un amor para toda la muerte, que siempre es mucho más duradero que un amor para toda la vida. La tumba que contiene los restos de los dos enamorados se
encuentra en una necrópolis neolítica, un yacimiento arqueológico que tiene el
inapropiado nombre de Campo de Hockey. Está en San Fernando, en Cádiz.
Científicamente se trata de un varón de unos cuarenta años de edad que vivió hace seis mil años, y una hembra bastante más joven de la misma época. Literariamente se trata de un amor eterno, un amor en que cada uno estaba por los huesos del otro, y así siguen.
Científicamente se trata de un varón de unos cuarenta años de edad que vivió hace seis mil años, y una hembra bastante más joven de la misma época. Literariamente se trata de un amor eterno, un amor en que cada uno estaba por los huesos del otro, y así siguen.
Historias como
ésta son las que hacen pensar que el amor eterno sí existe. Felicidades.
He leído un artículo muy interesante en EL MUNDO sobre este tema del AMOR.
ResponderEliminarHola Rocosy, hoy no he leído El Mundo. Bueno, en realidad no lo leo nunca, tan solo cuando cae en mis manos casualmente porque es el que tienen donde voy a tomar alguna vez un café con leche por la mañana. Lo buscaré ahora en Internet para leerlo. Gracias.
EliminarEso convierte en literal el famoso dicho "morirse por sus huesos"
ResponderEliminarefectivamente, así está dicho
ResponderEliminar.
jajaja, sí, hay que estar al loro. Gracias Joaquín por estar ahí ;-))
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