Hay verbos que nada más verlos dan miedo, como hendir o heder, y es porque nadie sabe cómo se conjugan. Pero esos no son
los peores, hay otros, que están chupados en todos sus tiempos y personas, y
sin embargo se te encoge el alma en cuanto aparecen. Ese es el caso de volver. Es un verbo que no admite
matices: o vuelves o no vuelves. Tienes que decidir. Casi siempre, volver
representa un desengaño, pese a lo cual es la opción más elegida. Por otro
lado, volver implica que hay un punto en el que estás parado, que dejas de
moverte, y eso nunca es bueno. La forma más gráfica de ver esto, para quien
necesite ver esto de una forma gráfica, es lanzar una piedra hacia arriba:
llega un momento en que la fuerza de la gravedad supera al impulso inicial y la
piedra vuelve hacia el suelo, pero justo, en el momento en que invierte su
trayectoria, hay un instante en que la piedra está detenida. Su velocidad es
cero.
Casi todos los verbos tienen su contrario (no lo he
pensado en profundidad, pero yo creo que todos lo merecen) y el opuesto a
volver, es avanzar.
Hay quienes eligen, cuando se presenta la
encrucijada, por avanzar y los hay que no esperan siquiera a que surja la
disyuntiva y hacen todo lo posible para volver, mejor dicho, para que todo
vuelva. No les basta con ser ellos los que vuelven, quieren que todos les
acompañemos y volvamos todos juntos, así, en unión. Gallardón quiere que vuelva
el orden natural de todo y que los matrimonios homosexuales dejen de ser una
opción legal y aceptada socialmente. También quiere que la ley del aborto
vuelva a sus inicios más restrictivos. Esperanza Aguirre quiere que volvamos a
emponzoñarnos los pulmones los unos a los otros en bares y restaurantes. De
momento va a pujar para que al menos se pueda fumar en los nuevos casinos que
finalmente se construirán en su Taifa. Por cierto, digo yo, que entonces
también se podrá fumar en los casinos ya existentes, ¿no?, ¿o a esos, como no
forman parte del lote Sheldon, no les queda más remedio que acatar la ley? Ya
veremos, pero volvamos, volvamos hacia atrás (quiero decir a lo que estaba
diciendo, que nadie vea en esta expresión un intento de jugar con los
conceptos). El ministro Wert quiere que volvamos a estar los niños con los
niños y las niñas con las niñas y Rajoy que las fábricas y empresas vuelvan a
ser los amos indiscutidos de los que allí van a trabajar.
No voy a poner más ejemplos, que luego me llaman
ateo. Yo creo que está claro lo que quería decir al principio con que volver es
un verbo terrible, pero para terminar, solo voy a hacer una especial mención
que resume todo lo anterior: han vuelto los toros a televisión española. Sí.
Precisamente ahora que la tele había dejado de ser la caja tonta para
convertirse en todo lo contrario, una caja de lo más lista, con conexión a
Internet, la posibilidad de ver programas que emitieron hace una semana,
charlar mientras ves un partido de fútbol con tu primo que está en las
chimbambas y otra serie de jolgorios tecnológicos, van y vuelven los toros.
Vuelven los toros después de seis años de ausencia. Y lo hacen en horario de
protección infantil, pero claro, eso qué más da, lo importante es recuperar la
tradición de la peineta y la mantilla. Vuelven los toros, sí, por la puerta
grande: vulnerando la ley. Exactamente el artículo 7 de Ley General de la Comunicación Audiovisual.
Como decía el tango, volver con la frente
marchita. Snif.