lunes, 14 de agosto de 2017

Mente demente






El viejo profesor era conocido, entre otras cosas, por ser estricto con los horarios de sus clases, nunca llegaba ni un minuto tarde. Pero este celo en ser puntual solo lo aplicaba con sus alumnos, con el resto del mundo era un auténtico desastre; jamás acudía a una cita a la hora programada. También era conocido por esta falta de puntualidad fuera de las aulas.

Siempre había impartido su magisterio en la facultad de medicina, hasta que lo despidieron. Su especialidad era la neurociencia y supuestamente era el que más sabía sobre el cerebro humano. La mente humana, tal cómo él prefería referirse a este órgano. Cerebro, decía a sus alumnos, suena a masa viscosa y chorreante sin más gracia que un páncreas, mientras que mente, otorga la parte emocional que merece. La mente humana está por encima de un conjunto de células especializadas en transmitir impulsos eléctricos para almacenar, organizar y procesar información. La mente humana trasciende a la materia, está por encima de las ataduras impuestas por la química, la bilogía y la misma medicina. Ni neurotransmisores, ni axones, ni dendritas ni mielinas pueden modificar la grandeza de una mente, que tan solo son su mero soporte molecular. Éstas eran sus opiniones, que naturalmente eran consideradas escasamente científicas por sus colegas, mucho más por sus colegas enemigos, de modo que no resultó complicado destituirle de la cátedra.

Pero el viejo profesor, no solo era viejo, también era profesor, por lo que continuó dando clases. Si no podía formar a futuros médicos lo haría a futuros filósofos y empezó en la cátedra de ética como profesor adjunto, en la facultad de filosofía. Hasta que también lo despidieron.

Los motivos fueron los mismos, pues seguía insistiendo en que la mente humana era donde residía el alma. ¿Qué alma?, le preguntaban los catedráticos de filosofía, ¿acaso tenemos la certeza de su existencia? Más bien, la dualidad mente-cuerpo es algo superado y actualmente todas las líneas de pensamiento siguen en la dirección de que no hay supervivencia de una sobe el otro. Cuando muere el cuerpo, todo muere con él, incluyendo el cerebro. Cerebro no, gritaba el viejo profesor, estamos hablando de mente, y la mente no muere porque la mente es el alma.

Este individuo no ha superado a Aristóteles, decían unos. Desconoce a Spinoza, decían otros. ¿Cómo un profesor de esta facultad puede ignorar a Bertrand Russel? Tanta rigidez en sus planteamientos va en contra de nuestros principios. Encima llega tarde a todos los sitios. Sí, es un auténtico desastre, jamás ha venido a una reunión del claustro a su hora. Lo de menos son las tonterías que dice sobre la separación de la mente y el cuerpo, lo que resulta imperdonable es su impuntualidad. Estamos de acuerdo, siempre llega tarde a todos los lados, no se puede contar con él. Llegaría tarde a su propio funeral, sentenció el decano de la facultad antes de firmar el acta de su destitución.

Ya sabemos que la filosofía trata de encontrar la verdad, y el decano, sin saberlo, cuando lo despidió dijo la mayor verdad de todas. El viejo profesor, llegó tarde a su funeral.

Cuando lo despidieron, no pudo soportar la noticia con la suficiente entereza y se emborrachó en el bar de la facultad hasta el punto de no distinguir los colores de un semáforo, incluso, el mismo semáforo de una farola. Al salir, un conductor neoplatónico lo arrolló con su coche y el viejo profesor murió en el acto mientras evaluaba las conclusiones de la crítica de la razón pura. Según caía al suelo y se fracturaba el cráneo contra el asfalto, su mente se desprendió de forma repentina y ni siquiera el hilo de plata que la había mantenido unida al cuerpo durante toda la vida, la pudo sujetar. Salio despedida a demasiada velocidad, fue su conclusión mientras veía alejarse la imagen de su cuerpo yaciente sobre la calzada. En vano trató de volver, una fuerza desconocida lo mantenía a flote y otra, que además de desconocida era partidaria de los viajes, se lo llevaba cada vez más lejos. No podía hacer nada, solo estaba. No sentía dolor, no sentía el aire que lo rodeaba, no escuchaba ningún ruido ni podía oler ningún aroma, en realidad no podía hacer nada salvo estar. Estaba allí, suspendido, solo su mente.

Joder, si es que yo tenía razón, pensó. Luego se convirtió en fantasma.








lunes, 31 de julio de 2017

Verano en fiestas









Estamos en una época del año en que huele a pólvora, churros, algodón de azúcar y romería. En verano, todos los pueblos de España celebran sus fiestas patronales, y en todos se organizan ferias, romerías y procesiones con el santo patrón a la cabeza. Hay que agradecer la buena cosecha, o pedir que la del próximo año sea mejor; descansar de la labor del campo, aunque poco descanso hay, y disfrutar de los frutos de tanto esfuerzo. Las noches piden bailes en la plaza y la temperatura permite prolongarlos fuera de ella. Éstas son las grandes razones para celebrar las fiestas, y en casi todos los pueblos se acaban haciendo las mismas cosas.

Sin embargo, la religión da muchas más oportunidades para ser diferentes. Por ejemplo, para conmemorar la Semana Santa, los tambores de Calanda nada tienen que ver con las flagelaciones voluntarias de “los picaos” en San Vicente de la Sonsierra, salvo que los fieles acaban necesitando atención médica (en Calanda, los auténticos se desollan los nudillos). Son ritos penitenciales que se mantienen algunos desde el siglo XV sin que nadie se explique exactamente por qué, y cada pueblo elige su particular forma de expiar sus pecados.

Y como en todo, también en la forma de llamar la atención de Dios tiene que haber un ganador. De cuantas fiestas de contenido religioso que yo tengo noticias, vence por auténtica goleada la romería de Santa Marta de Ribarteme, que se celebra cada año en As Neves, un pequeño pueblecito de Pontevedra. La fiesta es para rendir culto a Santa Marta por interceder para curar enfermedades graves, y de las muchas formas que existen para mostrar agradecimiento por la intercesión, en As Neves han elegido la más llamativa sin ninguna duda. Consiste en que los paisanos que han conseguido, gracias al milagro de la santa, burlar a la muerte, se introducen en ataúdes que son llevados por sus seres queridos a hombros, hasta la ermita de la santa. Los féretros van abiertos, que todo tiene un límite, y para evitar el sofoco, los muertos de mentirijillas se van abanicando tan ricamente. Un golpe de calor repentino podría hacer que los funerales  pasaran a ser de veras  y el poder milagroso de la santa quedara en entredicho.



Santa Marta, la santa que consigue arrebatar del filo de la guadaña a sus fieles, es la Marta de Betania, hermana de Lázaro, el que resucitó por los poderes nigrománticos de Jesucristo. Vaya familia más rarita, diría yo.





Por supuesto, National Geogrphic ya está preparando un programa sobre esta fiesta, cuyo rodaje terminará en el mes de octubre.
Como dato adicional, está considerada como la segunda fiesta más rara del mundo. Por los ingleses, claro; me gustaría saber que necesitan para que sea la primera.



Para los que sientan curiosidad por los récords en asuntos religiosos, he encontrado la organización religiosa o cofradía,  con la denominación, que yo supongo, más larga de todas. Se llama: La Ilustre, Humilde y Fervorosa Hermandad y Cofradía de Nazarenos de la Flagelación de Nuestro Padre Jesús de la Bondad y María Santísima del Consuelo.
Está en Ciudad Real e ignoro cómo se refieren a ella sus cofrades, pero me imagino que tendrán algún término que lo resuma todo.















lunes, 17 de julio de 2017

Pues esto es lo que hay






Yo no sé qué me pasa, pero cada vez llevo peor escuchar de forma repetida y machacona frases que de repente se ponen de moda. Ahora no hay comentarista deportivo (o político) que no emplee varias veces el uso de  “hay que remar” para indicar lo necesario de esforzarse para conseguir algo. “Estar muy sólido” ha dejado de referirse a un estado de la materia para expresar constancia y seguridad. Si lo que se quiere es resaltar la velocidad de lo que se mueve, se dice “ir enchufado”, y “en clave de”, se utiliza prácticamente para cualquier cosa. El otro día escuché en la radio que la última versión de Madame Butterfly, “en clave de ópera” era genial. Los “a nivel de” se encuentran en claro declive, mientras que “sumar esfuerzos” sigue escalando posiciones y “poner en valor” se mantiene sin variaciones significativas. Lo mismo que “el relato de” y “como no podía ser de otra manera”. “En modo de” también está subiendo en popularidad, mientras que “este es el tema” está prácticamente olvidado.

Pero lo curioso es que el uso abusivo de estas expresiones, que pudieron estar bien empleadas las primeras trescientas veces, solo me afecta cuando las dicen los periodistas, políticos y locutores de radio y televisión. Creo que los profesionales de comunicar lo que sea, deberían ser más cuidadosos con su forma de hacerlo, y lo digo también por su propia imagen: en general, el uso de expresiones prefabricadas es habitual en personas de léxico limitado, lo que evidencia su falta de costumbre de leer antes de dormirse.

Pero tampoco quiero parecer implacable y me veo en la obligación de mostrar cierto grado de indulgencia. A veces estas frases se utilizan de forma automática, precisamente por haberlas escuchado cientos de veces, y salen descontroladamente. Qué le vamos a hacer, quién esté libre de pecado que tire la primera piedra,

Por otro lado, además de las expresiones que se ponen de moda y que son condenables, existen otras repeticiones cuyo uso forma parte de nuestra forma habitual de hablar, por lo que tampoco debemos ponernos exquisitos. Por ejemplo, repetir cuando se esta hablando como inicio de frase “..,esto” , o como final “¿vale?”, o “¿verdad?”, o decir, “o sea”, siempre que no se abuse, es algo con lo que se puede vivir. Estas expresiones tienen una finalidad diferente y son muy útiles, nos sirven para ocupar un vacío en la conversación mientras nuestro cerebro busca la palabra adecuada. Son las llamadas muletillas, también conocidas como bordones, estribillos, o coletillas, que existen en todos los idiomas del mundo y son empleadas tanto por gente de parla fluida como por otros de pobreza lingüística manifiesta.

Hay diferentes tipos de muletillas, a saber: empuñaduras, timos y latiguillos.
La empuñadura, a mi modo de ver, es irreemplazable. Es la fórmula  necesaria en determinados formatos. A este grupo pertenecen  el “se hace saber” de los antiguos pregoneros, o el fantástico “érase una vez” que nos preparaba para disfrutar de lo lindo con lo que venía a continuación cuando éramos pequeños.

Los timos son un tipo de muletillas chuscas y recogidas de la calle que también tienen su utilidad. Por ejemplo “tela marinera” o “vaya tela”. Los hay muy expresivos y otros muy expresivos  al tiempo que poco elegantes, como el “te cagas”, imprescindible cuando existe cierto nivel de confianza.

Por último están los latiguillos que son el tipo de muletillas que no aportan nada ni sirven para nada salvo para dejar ver cierta flojera en la forma de expresarse. Son las frases que se repiten por moda, de cuya variedad de ejemplos ya he dado cuenta al inicio del presente artiblog, y por si no ha quedado claro, me parecen detestables.

Para terminar diré que es mucho peor, si las leemos que si las escuchamos, porque quien escribe tiene la obligación, o al menos la oportunidad, de darse  cuenta de que está usando un latiguillo y aún puede evitarlo, mientras que hablando, nadie está exento de que involuntariamente se le escape alguno, como una ventosidad lingüística.

O sea, lo que quiero decir es que no es lo mismo hablar que escribir, ¿no? Esto, pues eso.


















jueves, 6 de julio de 2017

El día de




                                                                   DÍA INTERNACIONAL DE LAS PELEAS CON ALMOHADAS






Las ganas de fiesta que tenemos los seres humanos es algo que nos convierte en un tipo de animales que yo clasifico de simpáticos. Nos gusta inventar pretextos para organizar una fiesta y eso es algo que nos honra muchísimo pues significa que somos divertidos. Yo creo que es algo que tiene que ver con una de nuestras cualidades que yo más aprecio: el sentido del humor. A veces nos sale sin proponérnoslo, de la misma forma que el caballo pura sangre en cuanto se descuida se pone al galope tendido, sin siquiera darse cuenta.

Hace tiempo fui al Registro de la Propiedad Intelectual, y en los escasos tres segundos que estuve esperando mi turno, me fijé que en una de las paredes había un cartel que anunciaba con orgullo Día Mundial del Registro de la Propiedad Intelectual. Por cierto, si alguien tiene que felicitar en tal fecha a algún conocido, quizá porque ha rellenado con éxito el formulario para registrar una obra, se trata del 26 de abril. El caso es que debió de parecerme divertido y lo anoté en mi libreta, y hoy, buscando otra anotación que por supuesto no ha aparecido ni aparecerá jamás, la he encontrado. Entonces me he preguntado, ¿existirá también El Día del Inodoro? por decir algo extravagante, y resulta que sí, ese día existe y se celebra cada 19 de diciembre en China. Solo en China, así que de momento no podemos hablar de una celebración mundial, pero todo se andará.

Este descubrimiento me ha animado y he seguido buscando “días de” con algo de gracia y voy a señalar los más merecedores de celebración:

Existe El Día Internacional de la Hamaca, que se celebra el 22 de julio. En algunos países se lo toman tan en serio que está absolutamente prohibido levantarse de la hamaca ni para comer. De la bebida no dice nada, supongo que estará permitido, al menos la cerveza. El problema es que si todo el mundo  celebra el día, a ver quién las lleva de la nevera a la hamaca.

El 3 de abril es El Día Internacional del Número Pi. A mi modo de ver, está bien que sea  el 3, pero debería rotar y el siguiente año caer en 14 y al siguiente en  16. La primera fiesta pi se celebró en San Francisco en 1988. Como dato curioso, algunos seguidores de esta fiesta la celebran el 14 de marzo que es la fecha en que nació Einstein, aunque no creo que usara mucho el número pi, la verdad.

Para aquellos a quienes les guste levantar a su esposa por los aires, que sepan que el 4 de julio se celebra El Día del Levantamiento y Carga de la Esposa. Lo celebran en Finlandia y rememora una antigua tradición que consistía en llevarse a la esposa del prójimo en volandas, y supongo que muy deprisa para que no le cogieran. Una vieja tradición vikinga, por lo visto.

También está muy bien El Día Internacional de Peleas de Almohadas, que como es fácil de suponer se conmemora a base de darse almohadazos entre todos los celebrantes. La fecha de tan señalado día es 6 de abril y congrega a multitud de divertidos paisanos que con almohada en ristre ocupan las plazas de Nueva York, Londres, París, Berlín o Shangai, dispuestos a demostrar lo que vale una almohada.

Yo de momento he apuntado en mi agenda el 21 de diciembre, que es el Día del Orgasmo Femenino, y se celebra, claro, teniendo cada mujer un orgasmo, como mínimo. El objetivo de este día internacional va mucho más allá del puro placer, por lo que deberíamos sumarnos todos con generosidad sin esperar nada a cambio. Se trata de crear, según su fundador el concejal brasileño José Arimateio Dantas Lacerda, un cambio en el campo energético de la Tierra con la mayor oleada de energía humana posible a favor de la paz. Hombre, aunque solo sea por eso…

He dejado para el final, el Amtrak Mooning, porque es el más extraño de todos. Se trata de una tradición que mantienen en  Laguna Niguel, una población de Estados Unidos, que les lleva a enseñar el culo, cada segundo sábado de julio, a todos los trenes que pasen por la estación. La fiesta congrega a cientos de participantes frente a las vías con sus pantalones bajados y una juerga encima que ha obligado a las autoridades a prohibir el consumo de alcohol durante la celebración en vista de los desmanes que se produjeron en la última edición. No quiero imaginar cómo acabó para llegar a ese punto.



Creo que cuando publiqué La importancia de lo inútil, me quedé corto. Afortunadamente, hoy he dado la dimensión que merece tan importante asunto.













miércoles, 28 de junio de 2017

El rey de la creación








Desde que somos pequeñitos nos han dicho que el hombre es el animal más inteligente que existe, y es verdad. Pero se refiere al hombre como especie, no a cada uno de nosotros individualmente aunque haya algunos ejemplares que piensan que se refiere a ellos en particular, lo que a su pecado de soberbia hay que sumar un lamentable error de interpretación. Precisamente estos especímenes son los que bajan muchísimo la media, que sigue siendo muy alta gracias a otros individuos de brillantes cerebros que con sus descubrimientos no dejan de asombrar. Es decir, entre nosotros los hay con un hambre feroz de conocimientos que nos aprovecha a todos, y otros que no muestran ningún apetito, y aún así, la media nos mantiene como claros ganadores del reino animal.

Yo, quizá afectado por un exceso de modestia, siempre me ha parecido que aún siendo cierto que el hombre es el animal más inteligente, tampoco es necesario estar repitiéndolo constantemente, y menos delante de los chimpancés, los delfines y otros animaluchos que pueden sentir que se les hace de menos con tanto pavoneo sobre nuestro privilegiado cerebro. Además, aún siendo tan listos, pienso que distamos mucho de merecer la autodenominación de homo sapiens. Vamos a ver, Homo erectus, está muy bien traído: es breve, memorable, suena bien y describe a la perfección la principal característica de la especie. Sigamos: homo abilis, le pasa exactamente lo mismo, nada que objetar. Homo ergaster… pues a saber, démoslo por bueno, pero llegamos al final de los grandes momentos evolutivos y nos encontramos con homo sapiens. Veamos, aquí no tengo más remedio que mostrar mi total desacuerdo, creo que nos hemos dejado llevar por un exceso de vanidad y hemos confundido inteligencia con sabiduría. Deberíamos haber puesto de momento homo intelligentes, y más adelante, si conseguimos superar esta fase, quizá dentro de muchos años merezcamos la etiqueta de homo sapiens.

Reconozcámoslo, el hombre es un animal inteligente pero le falta sabiduría. Si el hombre, como especie, fuera sabio, no habría explotadores ni explotados. Si la sabiduría fuera nuestra principal característica (una vez más, como especie) no habría guerras, ni enfrentamientos, ni maltrato animal, ni violencia salvo casos patológicos que sabríamos cómo tratar; tampoco habría corridas de toros, ni manifestaciones contra el matrimonio gay, ni asociaciones LGTBI porque no serían necesarias. No habría machismos, ni corrupción, ni fascismos, ni marxismos, ni dictaduras. Y los futbolistas ganarían muchísimo menos de lo que ganan mientras que habría filósofos que podrían vivir de su trabajo. Tampoco habría ningún dios; ningún ministro pondría una medalla a ninguna virgen ni  nadie se creería esas tonterías tan enormes que nos cuentan las religiones, y en cambio sí creeríamos a nuestros vecinos. Si fuéramos la especie sabia que decimos, no habríamos pasado ese calor tan terrible hace una semana y el presidente de los Estados Unidos no sería Trump. Aquí también tendríamos otro presidente, con total seguridad. Una prueba más de que no somos una especie sabia, es que muchísimos individuos creen en la homeopatía, y lo que es mucho peor, los hay que están convencidos de que el cuerno molido de rinoceronte les devolverá la turgencia perdida de su órgano preferido, por delante incluso del cerebro.

En fin, yo creo que es muy fácil encontrar más pruebas de que distamos mucho de ser sapiens, yo solo he sacado las más evidentes.


Y una última reflexión: la inteligencia no excluye a la maldad, pero la sabiduría sí. De la misma forma, la inteligencia no es nada peligrosa para el poder, sin embargo la sabiduría sí lo es. Por eso, el poder tal como lo entendemos, de momento puede respirar tranquilo, tiene larga vida por delante.







jueves, 22 de junio de 2017

Y cuernos 3, o profesionalizarse es renunciar a la juerga









Con esta entrega terminamos la serie poner los cuernos a una profesión, que así empezó, o cómo pasar de aficionado a profesional, que así va a terminar.

Cualquiera que ame su profesión dirá que sí, que la ama muchísimo pero que se lo pasa mejor de vacaciones. Incluso los profesionales más conspicuos, aquellos que viéndolos hablar sobre lo que hacen transmiten la sensación de que preferirían perder un brazo antes de verse apartados de sus ocupaciones, admiten que se trata de trabajo. Trabajo, no entretenimiento.

Sobre Einstein, claro ejemplo de profesional que ha destacado abrumadoramente sobre el resto de sus colegas, se han escrito muchas anécdotas, algunas son exageraciones y otras reales y entre las reales hay una que me viene al pelo para explicar la evidencia de que la profesionalidad conduce a la renuncia del divertimento. Se trata de una entrevista que le hizo el poeta Paul Valéry. Por cierto, que el padre de la teoría de la relatividad sea entrevistado, no por un físico teórico sino por un poeta, me parece una idea maravillosa. Pues bien, el poeta, siguiendo sus propios esquemas, supongo, le preguntó si tenía un cuaderno para anotar las ideas que le venían a la cabeza, inspiraciones repentinas. Einstein puso cara de extrañeza e inmediatamente contestó: “¡ah, no, no necesito llevar un cuaderno conmigo, casi nunca me viene la inspiración”.

Está claro: la inspiración es para los aficionados; los profesionales se sientan a su mesa y trabajan. La inspiración te llega o no te llega y si no te llega no pasa nada, pues nada depende de que te llegue. En otras palabras: la inspiración es como la lotería, y como no puedes pretender que te toque todos los días, los profesionales jamás confiarían en su suerte para desarrollar su trabajo. Prefieren confiar en el esfuerzo.

¿A dónde conduce este hecho indiscutible? Cada cual sacará sus propias conclusiones y yo os voy a contar la mía: la actividad creativa es divertida, incluso muy divertida, mientras depende de la inspiración, pero si se convierte en trabajo, deja de serlo, al menos ya no lo es tanto.

En el caso de los escritores aficionados respecto a los que se profesionalizan, significa que los primeros escriben un relato, novela o drama porque se les ha ocurrido una idea que puede estar bien, y los segundos lo tienen que escribir aunque no se les haya ocurrido nada, de modo que lo primero que tienen que hacer es buscar esa idea que al aficionado le ha venido regalada del Parnaso. ¿Y cómo consigue el escritor profesional esa idea? Muy fácil: trabajando; se sienta a su mesa y trabaja y trabaja y no se levanta hasta que tiene algo de lo que tirar. Anda que no hay diferencia.

Este es el punto al que quería yo llegar y que doy por demostrado. Por cierto, hay otra versión sobre la entrevista que le hizo Paul Valéry a Einstein, que varía ligeramente. Según esta versión el poeta le preguntó: “maestro, cuando le viene una idea original a la cabeza, ¿la apunta en un cuaderno o en una hoja suelta?” a lo que Einstein dijo: “cuando me viene una idea original a la cabeza no la olvido”.

Está claro que esta segunda versión es inventada, pues no me imagino a ningún poeta haciendo una pregunta tan imbécil. Además, la primera apoya totalmente mi teoría, de modo que, sin ningún género de dudas, vamos a darla por buena.

En fin, ya todo el mundo sabrá distinguir a un escritor aficionado de otro profesional. Leyendo lo que ha escrito uno y otro es mucho más complicado, pues hay aficionados rematadamente buenos y profesionales rematadamente malos.













lunes, 19 de junio de 2017

Cuernos 2, o diferencias entre afición y profesión.






Hay personas que se ganan la vida haciendo lo que más les gusta, dicen. No estoy de acuerdo aunque me lo dijera un actor porno. Yo más bien creo que hay personas que se ganan la vida haciendo cosas que se parecen muchísimo a lo que más les gusta. Pero no tiene nada que ver. Cualquiera de estos afortunados mortales que supuestamente disfrutan una barbaridad trabajando, puede explicar la gran diferencia que existe entre hacer algo por afición, a tener que hacerlo porque en eso consiste su trabajo. Por ejemplo, conozco pilotos que parte del dinero que ganan volando aviones lo emplean en alquilar aviones para volarlos en sus días libres. ¿Es lo mismo volar pagando dinero que cobrando? Para nada. ¿Cuál es la diferencia? Muy fácil: desde el momento en que hay alguien que está poniendo oro en la palma de tu mano para que hagas algo, se establece una clara relación de posesión que elimina el encanto de hacerlo porque eso es lo que más te gusta. ¿Y qué es exactamente lo que posee el pagador? Pues lo más valioso que tenemos: el tiempo. Puede haber otras exigencias, pero todas de escasa importancia frente al plazo en que tenemos que hacer aquello por lo que nos pagan. Cuando el duque de Milán, Dominico Sforza, encargó a Leonardo da Vinci que pintara La última cena, no tenía ni la menor idea del sufrimiento por el que iba a pasar el artista para tenerlo acabado en el tiempo exigido. Al final, ya con amenazas del duque, fueron tres años lo que tardó Leonardo. No hay que decir que al principio se lo tomó con bastante, quizá excesiva, calma.

El que paga, marca un horario, un plazo, una fecha para hacer el encargo. Desde ese momento, la afición se convierte en trabajo. Por ejemplo, yo escribo estos artiblogs porque me gusta escribir (afición). Nadie me paga un duro por hacerlo, ni siquiera Google AdSense por permitirles poner sus estúpidos anuncios en terreno tan sagrado (creo que acabaré por denunciarlos). ¿Los escribiría con el mismo ánimo si tuviera que hacer uno semanal porque he firmado un contrato con alguna publicación? Ya digo yo que no, que ni de coña, los escribiría muchísimo más contento, sería feliz sin ninguna duda, hasta… hasta que al cabo de tres semanas o cuatro me diera cuenta repentinamente del compromiso que he adquirido, de que tengo que entregar un artiblog el viernes, que estamos a jueves y que no se me ha ocurrido una maldita palabra. En ese momento seré consciente de que mi trabajo consiste en escribir artiblogs y empezaré a odiarlos.

Cualquier actividad creativa, supuestamente, se realiza por propia satisfacción. Cierto, así se empieza, y si solo fuera por eso, tendríamos que admitir que en el caso de ser actividades creativas remuneradas, efectivamente tendríamos a gente ganando dinero haciendo lo que más les gusta. Pero demostraré que esto no es así.


Lo demostraré dentro de dos o tres días, de momento me voy a jugar al tenis. Pagando, ¿eh?