sábado, 21 de noviembre de 2020

¿De qué va La sonrisa escondida?






La fecha que aparece en este tarjetón ha cambiado al jueves 17 de diciembre por los mismos motivos  que han inspirado al libro.



El libro La sonrisa escondida, escrito al alimón entre Javier Pioz y yo, y otros cientos de desconocidos autores, va de cómo reacciona el ser humano en situaciones extremas para paliar la tensión que imponen las dificultades. La herramienta utilizada es su sentido del humor, bien llamado sentido, pues como la vista el olfato o el oído, el humor puede salvarnos de situaciones de peligro, o al menos, aliviar el padecimiento. Ante la adversidad, inmediatamente aparece este maravilloso sentido de defensa que si no nos libra de ser devorados por un tigre dientes de sable al menos nos permite reírnos de su aspecto.

La sonrisa escondida es la historia de la pandemia hasta el mes de septiembre contada a través de los memes que nos hemos enviado por whatsapp unos a otros en un intento de hacer sonreír dentro del infortunio.



                                   




Hemos utilizado 353 memes en total, repartidos en 291 páginas. Un documento que ya es historia y lo será más cuando todo esto haya pasado; entonces nos gustará coger este libro y hojearlo recordando cómo se hacía un bizcocho sin usar horno, los momentos en que asomados al balcón aplaudíamos casi devotamente con la canción “resistiré” que algún vecino ponía a todo volumen, o cuando salimos a la calle con frenesí a correr, a montar en bici o pasear aunque lloviera a cántaros. A pesar de todo el sufrimiento pasado sonreiremos al ver que alguien se preocupaba por decir a sus amigos cómo congelar el papel higiénico o daba ideas para ganar dinero, tal como alquilar el perro a los vecinos para que pudieran salir a pasear. Es un libro de humor y es un libro triste. Es la historia del payaso que hace reír a los demás  mientras él llora por dentro. 

Nuestra intención escribiendo este libro es que recordemos los momentos en que gracias a muchos creadores de memes que utilizaron su ingenio y su tiempo en intentar hacernos reír, lo consiguieron.




La presentación del libro estaba pensado hacerla el próximo jueves 26 de noviembre en EST ART, el maravilloso y amplísimo espacio dedicado al arte dirigido por Javier y Maite, pero paradójicamente o quizá metafóricamente, tendremos que aplazarla porque nuestro barrio permanecerá confinado desde el próximo lunes, catorce hermosos días.  Que sepamos estamos por debajo de la media usual de contagios por cada 100.000 habitantes, lo cual nos tiene a todos bastante sorprendidos, pero el hecho es que no podremos salir de nuestra unidad básica de sanidad, que por fin me he enterado de cuál es la mía. Incluye un supermecado, solo uno; no quiero pensar cómo se va a poner.


Que se aplace la presentación no significa que se anule, tan solo se pospone al día 17 de diciembre. El lugar sigue siendo EST ART, un espacio dedicado al arte y la cultura que merece la pena conocer pues a sus exposiciones temporales hay que sumar su amplísima colección permanente de cuadros, esculturas, cerámica y distintas piezas que son una tentación irresistible para los amantes del arte.


Javier y yo, y nuestro editor Francisco Rullán, somos pacientes por lo que os esperamos con las mascarillas puestas y mostrando nuestra mejor sonrisa, el 17 de diciembre en EST ART. 


Cuidaros mucho, no sea que para la fecha prevista, el barrio que confinen sea el vuestro.









WEB de EST ART                             WEB DÓNDE SE PUEDE COMPRAR YA EL LIBRO                          WEB PERSONAL
















domingo, 1 de noviembre de 2020

Próxima presentación

 





Es difícil encontrar mayor prueba de amistad hacia un escritor que asistir al acto de presentación de su último libro.  Por este motivo también es difícil encontrar mayor sinceridad en las palabras de un escritor que las empleadas para agradecer a todos los que han ido, precisamente eso, que hayan ido, porque si no hubiera nadie, la situación sería realmente terrible. 


Por supuesto hay amigos que no pueden ir a la presentación, y no por eso van a dejar de ser buenos amigos, incluso se dan casos en que la excusa empleada para no aparecer no es inventada. ¿Pero qué ocurre cuando todo el mundo tiene la misma excusa, que además es real, nadie se la ha inventado?


Imaginad que en el lanzamiento de una novela policiaca, ninguno de los que iban a ir a la presentación puede asistir porque todos están el la comisaría declarando como sospechosos de un crimen. O en la presentación de una novela de ciencia ficción, nadie acude porque han sido abducidos por una nave extraterrestre, o bien hay que cancelar la presentación de un interesantísimo  ensayo sobre el canibalismo en Guinea Papúa, porque los invitados se encuentran en ese momento dentro de una enorme marmita en el centro de un poblado Koroway.

Pues esto, exactamente esto, es lo que va a ocurrirnos a Javier Pioz y a mí a mediados de noviembre. No que nos coman, algo casi peor. 


Nuestro libro, La sonrisa escondida, que cuenta la historia del confinamiento pandémico desde el pasado mes de marzo  hasta el mes de septiembre, a través de todos los memes que nos hemos ido intercambiando por WhatsApp, sale dentro de quince días, y mucho me temo que a la presentación no va a poder asistir nadie precisamente porque todo el mundo estará confinado.


Todavía quedan quince o vente días, y la esperanza la tenemos muy entrenada, de modo que aún  sonreímos cuando alguien nos pregunta por nuestro libro. 


Os mantendremos informados, estamos pensando en diferentes e imaginativas formas de  presentación para que las limitaciones perimetrales, toques de queda y controles policiales no sean excusa.


Os pongo una parte del índice para que os hagáis una idea de qué ve la cosa.






















domingo, 11 de octubre de 2020

La sonrisa escondida

 






Se han escrito muchos libros sobre la pandemia, un suceso tan importante en nuestras vidas no puede escapar a la atención de escritores, periodistas, historiadores y analistas, de modo que tenemos de todo, desde novelas a ensayos pasando por crónicas y hasta libros de contenido político, cada uno de ellos contando a su manera lo que nos ha pasado. Nos está pasando. Pero hay un libro que se diferencia del resto, entre otras cosas, por el número increíble de colaboradores que ha necesitado para su terminación. Han participado más de trescientos involuntarios autores, nada menos, y muchos de ellos ni siquiera sabían puntuar correctamente una frase de seis palabras. Simplemente estaban ahí, viendo lo que pasaba, testigos no mudos de una situación en la que querían formar parte, no sólo como pacientes, sino también como reporteros. Son los autores de la infinidad de memes que han pasado por nuestros teléfonos móviles durante los meses que hemos estado, primero confinados, luego desescalados y finalmente normalizados. 


La sonrisa escondida es ese libro, es la historia de la pandemia hasta el mes de septiembre, que por fin entregamos el manuscrito a la editorial, contada a través de todos esos memes que nos hemos ido intercambiando y pasando unos a otros porque en ellos encontrábamos esa pequeña chispa de humor tan necesaria siempre y tan imprescindible en momentos de locura.


Javier Pioz y yo somos los autores y la idea la propusimos a varias editoriales, no muchas, las que encontramos en una visita a la FNAC buscando nombres de editoriales que publicaran este tipo de libros, y nos contestaron tres. Una de ellas para decirnos amablemente que no les interesaba el proyecto y otras dos para comunicarnos que les parecía una idea original, que cómo no se le había ocurrido a nadie, desconcertante pregunta, y que estaban dispuestos a editar el libro. Naturalmente, no nos lo dijeron el mismo día por lo que la primera en llamarnos es la que finalmente se hará cargo de la publicación de La sonrisa escondida. Francisco Rullán, el editor, cuando nos reunimos para la firma del contrato que nos hará millonarios a todos, demostró tener un fino sentido del humor de modo que tenemos al editor perfecto. Además pagó las cocacolas de después por lo que no hay ninguna duda.

Javier Pioz es amigo mío, imposible escribir un libro al alimón si no, y juntos hemos disfrutado mucho y sufrido poco escribiendo La sonrisa escondida, que según lo previsto saldrá a mediados de noviembre. Javier tiene doce títulos publicados sobre arquitectura, y este es su primer libro sobre memes, igual que me ocurre a mí. Yo creo que nos ha quedado redondo pero la mejor manera de comprobarlo es comprando un ejemplar cuando salga, algo a lo que animamos a todo el mundo que haga de manera compulsiva. Javier es un tipo estupendo, un excelente arquitecto y para mi desgracia, implacable y despiadado jugador de tenis que disfruta excesivamente ganándome.

Mantengo la esperanza de que un éxito exagerado de nuestro libro, aplaque su furia; aunque solo sea por esta posibilidad, os pido a todos vuestra colaboración.


Ya os informaré sobre la fecha definitiva de publicación de La sonrisa escondida para que no haya excusas.


Dentro de unos años, cuando la pesadilla que estamos viviendo sólo sea un amargo recuerdo en nuestras memorias, nos gustará echar un vistazo a cómo vivimos aquellos tristes días, y cómo el sentido del humor demostrado en los memes que intercambiamos, nos ayudó a superarlos. Quizá entonces, los que no hayan comprado La sonrisa escondida en su momento, traten desesperadamente de hacerse con algún ejemplar en librerías de viejo a precios exorbitantes. ¿Acaso merece la pena esperar hasta el último momento?



Por cierto, blogspot sigue siendo una mierda ¿Os habéis fijado el interlineado, el tamaño de letra incontrolable y los márgenes del texto? Gracias a mi amigo Franciso Mayoral he descubierto que se puede editar partiendo de "pages" pero ese detalle sólo proporciona comodidad, el resultado sigue siendo decepcionante. 




MI WEB


miércoles, 30 de septiembre de 2020

Empeoras

 





Ya sabemos que vivimos unos tiempos en que la regla es la obsolescencia. Cualquier cosa ha de durar poco en su configuración inicial, lo importante es que se produzcan cuanto antes cambios significativos. Es el triunfo de lo efímero, vaya tontería tan grande. Esta obsesión por la continua renovación, nos obliga, no solo a cambiar de teléfono cada poco tiempo, o de ordenador, tablet, lo que sea, sino a reescribir nuestras claves, bajar las actualizaciones, reacostumbrarnos, por ejemplo, a usar nuestro servidor de correo renovado, con lo bien que iba antes... nada, no hay nada que perdure, todo cambia y nada queda.

Ahora le ha llegado el turno a blogspot, la plataforma donde publicaba La tertulia perezosa, y empleo el tiempo pasado porque sus administradores han introducido unas empeoras que me desaniman a seguir escribiendo. Ahora estoy obligado a escribir "en directo", es decir, no puedo utilizar un procesador de textos como dios manda, y no la porquería que tiene acoplada blogspot, para luego, sencillamente, pegar el documento una vez corregido.

Un asco que no tiene ninguna ventaja sobre la versión anterior y que hace extremadamente incómodo la tarea de subir un nuevo artiblog al blog.

Dudo que en estas condiciones siga escribiendo, miraré otras fórmulas para seguir en contacto y de momento, no sé si como despedida, os pongo un relato muy corto que tenía por algún lado y que al ser corto, no tardaré mucho en reescribir. Como ha quedado claro, se acabó poder subir un documento escrito con anterioridad y archivado en el caos que cada cual tenga en su ordenador.


VAYA CORTE


Yo me encontraba en el lado de la piscina que más cubre; miré al otro extremo y vi una ola avanzando sin hacer ruido hacia mí.

Antes escuché un suave chapoteo, como si se hubiera tirado alguien con sumo cuidado tratando de no salpicar, y después el silencio roto por el aleteo de un par de palomas levantando el vuelo.

el ruido que hacen las mandíbulas de un cocodrilo destrozando huesos y tendones después de atravesar la carne resulta aterrador...


...Nada, lo dejo pues al hacer el punto y aparte separa los párrafos como le da la gana, esto es un suplicio... 




                                                                                          http://www.leonciolopezalvarez.eu/


martes, 22 de septiembre de 2020

Día internacional de la Paz

 




Me acabo de enterar de que hoy es el día internacional de la Paz, así con mayusculas. Yo quiero celebrarlo, pero creo que no da ni para celebrar el día nacional de la paz, con minúsculas, sin presumir. Cada vez nos llevamos peor, me da la sensación.

Antes, para que no hubiera paz, se necesitaba algún motivo que justificara el enfrentamiento; no tenía por qué ser un motivo importante, con que existiera, era suficiente. Podía ser económico, de religión (económico), de expansión (económico), de ideología (económico)..., pero ahora no es necesario ser enemigos para llevarse mal. Hoy día, cualquiera puede tener una trifulca con el paisano que tiene al lado sin que haya diferencias entre ellos, es una cuestión de actitud, la actitud de estar dispuesto a discutir. Cualquier excusa en válida y si vas conduciendo ni te cuento.

Precisamente esta mañana estaba pensando por qué España es uno de los países en que más despiadadamente se está portando el virus con la población. Nueve de nuestras Comunidades Autónomas figuran entre las diez regiones más castigadas de Europa. Uyyyyy, sólo por una no hacemos pleno. A día de hoy hemos superado a Estados Unidos en eso de ir de culo con la Covid. ¿Por qué? ¿Por qué somos el país de Europa que peor ha gestionado la pandemia, y uno de los peores del mundo? Se me ocurre una razón: desde el principio, nuestros políticos, tanto gobernantes como oposición, se ocuparon más en tirarse los trastos a la cabeza entre ellos que en arrimar el hombro juntos buscando ideas para superar la pandemia lo mejor posible. Eso no es bueno para el país, pero lo peor es que esa beligerancia traspasó a la población y discutíamos tan encarnizadamente como veíamos que lo hacían nuestros representantes, que hay que ser idiota.

Lo lógico es que si el gobierno lo está haciendo mal, por los motivos que sean, lo lógico digo, pero quería decir lo deseable, es que los que están al lado le den ideas para que nos salvemos todos, en lugar de señalar con el dedo dónde la han pifiado, sin aportar nada, diciendo lo burros que son. Esto me recuerda que hace muchos años, Fraga le dijo a Felipe González que él tenía la solución para acabar con ETA. Coño, pensé yo, pues dísela. Pero no, prefería protestar porque el gobierno no era capaz de acabar con tan terrible problema. Pues seguimos igual, los políticos se pelean en lugar de unirse para buscar soluciones a un problema que afecta a todos los ciudadanos independientemente de su voto. Renta más políticamente, deben pensar, o bien es más cómodo porque criticar exige menos esfuerzo que discurrir, pero el caso es que esa actitud de enfrentamiento es una catástrofe para el país.

No, no creo que hoy podamos abrir muchas botellas de champán (de cava, ni de coña, claro), para celebrar el día de la Paz. El pobre ha pasado totalmente desapercibido, ¿por qué será?

Hala, os dejo en paz, queridos amigos, yo sí quiero celebrarlo a pesar de todo y esta noche os prometo que brindaré por todos nosotros.























sábado, 5 de septiembre de 2020

La política y los políticos

 



Si un gobernante no tiene habilidad para ejercer eficazmente su función, puede hundir tanto al Estado como a los ciudadanos. Platón.




      Cuando voy a escribir algo con cierto sesgo político, siempre digo que no me gusta hacerlo y añado que no es un tema que suela tratar en La tertulia perezosa, pues estamos en una sociedad en que la discrepancia política se interpreta como ofensa, y no quiero ofender a ninguno de los amigos que me leen. Así, que aviso, voy a tratar un asunto con cierta carga política, aunque la elegancia con que está escrito elimina la posibilidad de que alguien pueda sentirse incómodo, a no ser que se dedique a la política.

 

Para empezar quiero dejar clara mi profunda decepción sobre los políticos, no hay ninguno que se salve, me parece que todos cometen los mismos dos grandes errores: su inutilidad y su egoísmo.

Me refiero a los políticos actuales, yo, como aspirante a abuelo cebolleta, me acuerdo de cuando los había buenos. Auuuuuuuuu.

 

Empecemos por el primer atributo identificativo, su inutilidad. La sensación de que no dan una en el clavo está basada, como decimos los racionalistas, en la estricta observación de la realidad, nada de suposiciones ni opiniones, es un hecho constatable. Y esta inutilidad cubre tanto a los gobiernos autonómicos como al de la nación.

En los primeros, la cantidad de patanes es abrumadora, gente que no llega al nivel mínimo exigible para la gestión de una pequeñísima empresa ocupa los puestos más altos dentro de la administración de las mayores que tiene el Estado con presupuestos que sobrepasan lo que sus limitadas y poco formadas cabecitas pueden asimilar. Da miedo ver sus anteriores puestos de trabajo antes de ocupar los de mayor responsabilidad, o echar un vistazo a sus historiales laborales. No quiero dar nombres, porque para empezar, la lista no se limita a una sola persona. También los hay que, precisamente en oposición a esta categoría de inútiles, tienen un brillante currículo académico con deslumbrantes expedientes pero que de política, nada de nada. Tampoco me sirven. Yo admiro a los astronautas, que conste, pero solo como astronautas, y a los grandes filósofos ni te digo, pero sólo como grandes filósofos. Y luego están los que ocupan un puesto de altísima responsabilidad porque el poder se entiende como un goloso pastel que hay que repartir entre aquellos que acceden a él. Tampoco tengo nada en contra de brillantes sociólogos autores de sesudos libros.

 

Esta carencia de preparación para la cosa pública pasa desapercibida si no ocurre nada y la gran nave de la Nación sigue su curso sin ninguna amenaza, funcionando por la bendita inercia que se encuentra en las aguas tranquilas, pero…, amigo, como salte la alarma de “todos a sus puestos” porque hay un iceberg a la vista, entonces estamos perdidos. ¿Por qué? Porque en esos momentos de crisis es cuando se necesita a gente con experiencia, preparación, capacidad de decisión y sobre todo con ideas, y los botarates de exhibición, lo único que hacen es estorbar, molestar y cagarla. Un avión moderno es muy fácil pilotarlo siempre que no surjan problemas, pero si aparece alguno,  más vale que a los mandos se encuentre un experimentado piloto que no solo sepa pedir cafelitos a las azafatas y ajustar los controles automáticos. Y esto, en mi modesta opinión, es lo que ha pasado en España. La Covid nos ha sorprendido como a todos los países, cierto, pero somos los que más estamos sufriendo sus consecuencias, no como se dice, porque los españoles seamos unos cachondos que sólo pensamos en abrazarnos en los bares, sino porque no hemos tenido a nadie que supiera cómo afrontar con decisión, buenas ideas, experiencia y formación, una catástrofe de esta magnitud. Ni en el Gobierno de la nación, ni en los gobiernos autonómicos.

 

Pero aún no he terminado de desanimar a ningún político para que se haga amigo mío, todavía me queda hablar de su egoísmo, la otra característica que según mi modesta opinión, comparten todos.

Los políticos deberían pensar en el bien común, ¿a qué sí? Supuestamente esa es su vocación. Así lo veía al menos Platón, y Platón era listo donde los haya. De la misma forma que la vocación de los médicos, profesión que admiro sinceramente y cada vez más, es ayudar al enfermo, la del político es ayudar a que el ciudadano viva en una sociedad justa. Y seguro que lo intenta…, hasta que tiene que elegir entre el ciudadano y su partido, o lo que es lo mismo entre el ciudadano y él mismo, pues el político sin partido no es nada.

Los partidos políticos ansían el poder, todos por igual y a cualquier precio, pero tienen duros competidores que son los otros partidos con las mismas motivaciones, de forma que la pugna entre ellos prevalece por encima de la búsqueda de lo que mejor le conviene a la sociedad a la que supuestamente han de servir. Esto se traduce en que un partido determinado se opone a otro porque es su adversario sin fijarse en la propuesta que tenga. Es decir, cuando surge el debate sobre asuntos de importancia nacional escuchamos cosas del siguiente pelo: yo no puedo ir con Coalición Norteña porque han demostrado que llevan el pelo sucio, en lugar de decir: yo no puedo apoyar EL PROYECTO de Coalición Norteña porque no ha incluido la defensa del derecho a un buen afeitado. Los partidos argumentan en función de ideologías, no en función de propuestas. ¿Por qué actúan así? porque son egoístas y no les importa solucionar problemas a los ciudadanos, pero sí les preocupa que sus competidores sí los solucionen porque entonces se ponen por delante en la carrera hacia el poder.

 

Joder, si es que da asco, pero es así, son como adolescentes que tratan de impresionar a la chica guapa (nosotros, el pueblo, somos la chica guapa), y para conseguirlo no paran de hablar de lo tonto y torpe que es su contrincante, en lugar de ver quién le recita las poesías más hermosas, o  le invita a las mejores gambas.

 

Y lo peor es que esta forma de actuar trasciende a la sociedad y entre los ciudadanos seguimos la misma conducta, enfrentándonos unos con otros, gritándonos y rompiendo amistades porque uno dice que rojo y el otro que azul.

 

Lo que últimamente me preocupa mucho es descubrir que la chica guapa, además de guapa sea tonta.

 

 


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miércoles, 5 de agosto de 2020

Adios gato ¡Adios gato!




Adios gato ¡Adios gato!, es uno de los cuentos que aparece en mi libro El astrofísico que era poeta y otras cosas peores. Lo escribí hace mucho tiempo, tanto que Toffee era un cachorrín y el centro de atención lo ocupaba Renata, otra gata que me acompañó durante toda su vida, líder indiscutido de Toffee. Creo que es un buen momento para ofrecerlo a quien lo quiera leer sin tener que comprar el libro.

Pensaréis que soy un tarado de los gatos y acertaréis de pleno. Y eso que solo he tenido dos en toda mi vida...





Toffee hace un par de días. El que ronronea detrás soy yo.



 

    -Gato Gabriel –empezó Heracles- es uno de los tipos más curiosos que conozco.

Cuando Heracles deja caer una frase de este estilo ya sabes que debes prepararte para una historia inverosímil, así que apuré mi primera jarra de cerveza y haciendo un gesto a Damián para que la reemplazara, puse la cara que siempre le pongo a Heracles para que siga.

    -Nos conocimos en Puerto Ayacucho, un sitio absurdo en la frontera con Colombia, y digo absurdo, porque aunque se llame Puerto Ayacucho está a unos cuantos cientos de kilómetros de la costa –Heracles hizo una pequeña pausa para dar un definitivo trago a su jarra-. Se trata de una zona de Venezuela carente de cualquier interés, y que a decir verdad no tengo nada claro qué hacía yo por aquellos lugares, pero eso no es relevante. El caso es que acabé con mis cansados huesos en una arepería tomándome unas cuantas lisas – levantó su jarra señalándola con la otra mano en claro gesto de que en Puerto Ayacucho llaman lisas a las cervezas -, cuando entró en el garito Gato Gabriel. Le seguía un gato precioso.

    -¿Un gato? –pregunté yo, que aunque había entendido perfectamente que fue un gato lo que entró, me apetecía decir algo.

    -Sí, un gato, ya sabes a qué clase de animal me refiero.

    -Claro, un gato, como Renata –Obviamente, Renata es una gata, exactamente mi gata.

    -Eso es, un gato como puede ser el tuyo, aunque este que yo te digo, como verás, tenía unas particularidades que lo hacía, desde luego, único. O a su dueño, no se...

En este momento llegó Damián y puso las dos nuevas jarras de cerveza sobre la barra. A su lado dejó un platito con dos canapés de salmón y volvió a sus tareas.

    -“Un cerveza muy fría, y un platito con leche, por favor”. Fue todo lo que dijo Gato Gabriel cuando entro en la cantina. Naturalmente –Heracles inauguró su nueva cerveza con un sonoro sorbo- la cerveza era par él, que la apuró de un trago y la leche para su minino que demostró mejores modales pues se lo bebió con recatada parsimonia, sin prisas ni excesivo interés a pesar de que estaba hambriento. Todo un aristócrata en una mesa de gala, el jodio gato.

    -Sí, los gatos son increíbles, una vez Renata,...

Heracles detuvo mi intervención con una mano en alto de la que sobresalía su puntiagudo índice. Luego continuó con su historia:

    -Este sí era increíble, créeme –hizo una de sus pausas para crear un punto de tensión en la narración y continuó-. Pues bien, el caso es que me hizo gracia ver en mitad de la selva a un tipo tan duro como aquel dando de beber a su gatito que le seguía como si fuera su hermano mayor y sin más, empecé a charlar con él. Estuvimos hablando y bebiendo cerveza y leche hasta que cerraron la arepería. Para entonces él, su gatito y yo, ya éramos viejos conocidos, unidos por una fuerza que sólo se ha visto anteriormente en el caso de Robinson Crusoe cuando se encontró con Viernes. Ese tipo de fuerza que ata a las personas que comparten un ambiente hostil para la vida, ya sabes.

    -Sí, la verdad, es que no es para menos –dije por decir algo.

    -En efecto.

Heracles se quedó mirando su cerveza con la mente raptada por algún lejano pensamiento sin decir nada y moviendo la cabeza lentamente de un lado para otro como un elefante enjaulado. No parecía muy feliz con lo que estuviera recordando.

    -Supongo que pasaría algo más, ¿no?

    -Pues no. No pasó nada más.

Mi cara tomó la forma de la desilusión. Me sentía como un niño que acaba de descubrir que su huevo Kinder no trae sorpresa.

    -Al menos, no ese día.

Recobré la ilusión con un suspiro de alivio seguido de un trago de cerveza.

    -Nos despedimos al amanecer algo estragados por el alcohol y no volví a ver a Gato Gabriel hasta dos semanas después.

Permanecí en solemne silencio aguardando a que mi amigo siguiera con su historia. Lo hizo pasados unos segundos.

    -¿Conoces las costumbres de los indios Piaroas?

    -La verdad es que no. Debo de ser de las pocas personas que las ignoran.

    -Sí, supongo, pero no te preocupes porque yo te pongo al tanto. Resulta que son bastante primitivos y sus costumbres les llevan a comer casi todos los días. Claro, que ellos incluyen en el apartado de comida prácticamente todo lo que les rodea, con preferencia sobre las cosas que se mueven.

       -La lucha de la vida –dije filosófico.

    -Y de la muerte –sentenció mi amigo-. El caso es que andaba yo buscando un sitio conocido como El Tobogán, en una de las márgenes del Amazonas cerca de Puerto Ayacucho, cuando, sin saberlo, me metí en el hábitat natural de los Piaroas. Ahí descubrí todo el ingenio que se puede desarrollar a la hora de poner trampas para capturar pequeñas presas. Iba más pendiente de no meter el pie en un cepo que de orientarme, con lo que me perdí definitivamente. Empezaba ya a preocuparme, cuando de repente, apareció ante mí un calvero que era como una isla en aquel mar de vegetación. Un círculo perfecto sin sombras, un agujero seco en medio de la espesura más agobiante. Un alivio, vamos.

    -Ya, pero el caso es que seguías perdido, ¿no?

    -Sí, claro que seguía perdido, pero al menos el paisaje ya no era el mismo.

Este tipo de reacciones son muy normales en Heracles. Da por sentado que todos compartimos su estrafalaria lógica.

    -¿Y sabes quién estaba en el centro del calvero, arrodillado, con alguna cosa entre sus brazos?

Negué con la cabeza.

    -¡Estaba Gato Gabriel y tenía abrazado a su gato! Por la postura y el gesto de preocupación entendí que algo irreparable le pasaba al minino por lo que me acerqué a él sin hacer ninguna fiesta y silenciosamente hice notar mi presencia. Gato Gabriel levantó la cabeza para mirarme; tenía los ojos inundados en lágrimas y ahuecando ligeramente sus brazos me dejó ver a su gatito.

Mi amigo Heracles hizo una pausa, agarró su jarra de cerveza con fuerza y de un formidable trago la terminó. No podía disimular el nudo que tenía en la garganta. Yo le imité.

    -Aún le quedaba algo de vida –continuó Heracles-. En sus ojos había una tranquilidad increíble a pesar de que los malditos cepos le habían partido el espinazo. Parecía que le estuviera diciendo a su amo, “mientras tú estés conmigo nada malo va a pasarme, y sé que no me vas a dejar”. Comprendí que era un momento de intimidad entre mi amigo y su gato y discretamente me alejé. Gato Gabriel permaneció más de una hora sin moverse, abrazado a su gato, hasta que murió. Bueno, supongo que murió.

La extrañeza tiró de mi ceja izquierda hacia arriba.

    -¿Supones? –pregunté.

    -Amigo –empezó Heracles-, me conoces bien y sabes que uno de mis mayores defectos es no mentir jamás, y menos a un amigo, y menos sin necesidad, y menos sin que la mentira me reporte beneficios, y menos si quedo en peor situación con la mentira que diciendo la verdad. Es decir que lo que voy a decirte, es lo que pasó, una verdad sin interpretaciones, pero extraña –Heracles se acomodó en el taburete todo lo que pudo y continuó tratando de resultar natural-. Al cabo de una hora, como ya te he dicho, de estar abrazado a su gato, mi amigo levantó la cabeza muy despacio, aún con los brazos cruzados sobre el pecho. Tenía los ojos enrojecidos por el llanto pero increíblemente vivos. Poco a poco se incorporó y lentamente dejó caer las manos adormecidas sobre sus costados. Y ahora viene lo fascinante: el gato no estaba. No quedaba ningún rastro de él. Gato Gabriel lo había absorbido y ahora eran una sola cosa.

Mi mandíbula estaba algo más abajo que mi esternón.

    -Puedes pensar lo que quieras. Yo te cuento lo que vi. Luego, Gato Gabriel, clavándome unos ojos intensos y brillantes me preguntó: “¿sabes qué es el alma, amigo mío?”  Yo estaba mudo y supongo que no moví ni un músculo. Él mismo se respondió: “alma es algo que sólo tienen los que son amados”. No entendí lo que quería decir y sigo sin ver ninguna relación con lo que acababa de ver, pero no pude pedirle más detalles. No dijo nada más. Luego se internó en la selva y no he vuelto a verlo.

Después de unos minutos de mirar fijamente nuestras jarras vacías, pregunté de la manera más natural posible:

    -¿Nos tomamos otras dos cervezas?

    -Yo creo que es lo más aconsejable.








 

 


Toffee



Toffee dejando sus legañas incrustadas en mi barba en una clara manifestación de afecto





Ayer se fue mi gran amigo a la colina de los ratones. Pido perdón a todos mis amigos humanos a los que sé que no lloraré tanto como a mi gato.