martes, 22 de marzo de 2016

100 años para escribir


                                                                 caricatura de la revista La Flaca representando a la familia Borbón de Isabel II





El siglo XIX español  fue extenuante, siempre cuesta arriba, y aunque este hecho sea un maldito inconveniente para los que lo vivieron, representa una oportunidad estupenda para escribir sobre él. Coges cualquier periodo de ese siglo plagado de revoluciones, bandos enfrentados, intrigas y guerras, sitúas ahí con cierto cuidado una trama coherente con el tiempo, y ya tienes una novela.
Las historias se hacen más interesantes cuanta menos tranquilidad haya alrededor y si esa inestabilidad es sobradamente conocida por el lector, pues eso que se ahorra el escritor en descripciones. Digamos, que ya tiene la salsa preparada para el guiso sin tener que hacerla.
Uno de los personajes más interesantes que se movieron en ese caldo de continuas revueltas, hasta que lo mataron para que dejara de moverse, fue el General Prim, pero antes quiero enmarcar el contexto histórico.



El siglo XIX fue crucial para todos los países para posicionarse cara a un futuro que ya estaba a la vuelta de la esquina, y así lo hicieron Inglaterra y Francia, pero no así España que ya antes de empezar el XIX andaba papando moscas. El cambio entre el antiguo régimen y la modernidad llegó con tanto retraso como la entrada del pensamiento culto liberal.  América española y España iniciaron un retraso cuyos sucesivos gobernantes supieron como mantener incluso encontraron la forma de aumentarlo, a base de mucho poder y pocas luces. Cuando ocasionalmente salía un dirigente que daba la talla y pretendía colocar al país en el puesto que por historia merecía, algo sucedía que inmediatamente era eliminado. Visto con perspectiva, da la sensación de que hubiera una voluntad de mantener a España alejada de toda posibilidad de progresar, con un pueblo inculto y encima encantado con su burricie pues siempre se representa a la sociedad de entonces como gente alegre que no paraba de pasárselo bomba entre verbenas, toros, fiestas, campechanismo palurdo, panderetas y vino. Supongo que esto no fue así, y que más bien lo que abundaba era el sufrimiento.

                                                        

En este inconmensurable marco de miseria, ya en la segunda mitad del siglo XIX aparece un hombre renovador, inteligente, que quería modernizar a España, y que sin duda lo hubiera conseguido de no haber sido asesinado. Hoy se sabe perfectamente a pesar de los intentos que hubo por ocultarlo, que en el magnicidio estaban involucrados importantes personajes que supieron como aprovecharse de la desaparición del general, entre ellos, el propio general Serrano, en cuya memoria lleva su nombre una de las calles más importantes de la capital del reino. Para qué veas el castigo ejemplar que sufrió el urdidor.
Las ideas liberales de Prim hubieran favorecido la integración de España en una Europa moderna, pero… no pudo ser.
Se han escrito muchos libros sobre Prim, y también alguna novela ambientada en esa época, pero siempre queda espacio para añadir otra.


Dentro de poco os hablaré de esa nueva novela.


                                                           



4 comentarios:

  1. ¡Ops! ¿Nueva novela a la vista? Si así es, ¡qué gran noticia! La esperaremos con impaciencia.
    Y sobre el General Prim no tengo mucho que decir, sólo que le dedicaron una rambla muy cerca del lugar donde me crié, en la ciudad de Barcelona. A ver si con un poco de suerte nos enteramos más de sus correrías...

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    1. Muchas gracias Mazcota por tu disposición a leerla. No sabes cuanto me alegra saber que al menos tendrá un lector.
      No me extraña que el general Joam Prim i Prats tenga una calle en Barcelona, ya que él era catalán, nacido en Reus. Lo que me parece de una injusticia histórica feroz que no haya más calles con su nombre en más sitios. En Estados Unidos mataron a Lincoln en 1865, cinco años antes que a Prim y fíjate si se le recuerda por todas partes, y por supuesto en los libros de historia escolares. En fin...

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  2. dos, ya tienes dos lectores

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