viernes, 31 de julio de 2026

No hay despedida sin dolor



    Últimamente estoy empezando a obsesionarme, y eso no es nada bueno. Uno no se obsesiona en general, claro, sino que se obsesiona con algo concreto. En mi caso me estoy obsesionando con el paso del tiempo y lo que eso significa para los que estamos vivos. 

    El hombre siempre ha tratado de encontrar la gran diferencia que le separa del resto de animales en una clara demostración de su convencimiento de superioridad, y todo lo que ha encontrado es que nosotros sí somos conscientes de que nos vamos a morir. Por lo visto, los demás seres vivos ignoran este dato, lo que les evita obsesionarse, como me estoy obsesionando yo. Tiene narices, la gran diferencia entre un chihuahua y yo, juega en mi contra, y mientras él es feliz hasta que estira la pata, yo me paso los últimos años en un sinvivir. Y luego decimos que somos superiores, hay que fastidiarse.

    Como pasa con cualquier obsesión, me veo impulsado a reservar cierto tiempo al día para pensar sobre la mía. Yo me tomo muy en serio esto de las obsesiones, quizá porque solo tengo una, y procuro dedicar, por lo menos, media hora diaria a darle vueltas al paso del tiempo. 

    En mi sesión de ayer llegué a la siguiente conclusión, que me parece que se va a convertir en otra obsesión. Pensé, que cuando me muera y me vaya al infierno (la otra opción queda  descartada por inconfesables motivos) voy a echar mucho de menos a mis vivos y eso me va a matar de pena. Porque se habla mucho de todo lo que los vivos lloramos cuando se nos muere un ser querido, pero nadie dice nada de lo mucho que llorará el muerto por el mismo motivo. El sentimiento de pérdida es recíproco. 

    En otras palabras, si yo me muero, me echarán de menos media docena de personas, pongamos por caso, pero quién sale perdiendo con la separación soy yo que echaré de menos, no a una persona, sino a seis. 

    La conclusión es que los muertos lloran a sus vivos lo mismo que los vivos a sus muertos, pero como cada muerto tiene más vivos que añorar, el sufrimiento será mayor. 

    Prefiero lo del chichuahua.






4 comentarios:

  1. Yo no tengo una obsesión, pero sí una hipótesis: El tiempo no transcurre, está inmóvil, y somos nosotros los que nos desplazamos en el tiempo. Hagamos un experimento mental: Supongamos que el universo se congela hasta alcanzar el cero absoluto (ya sé que eso es imposible, pero es un simple experimento mental). No se mueve nada, ni siquiera los electrones. ¿Transcurre el tiempo? Es imposible medirlo, así que no, el tiempo también se congela. Por tanto, el tiempo está ligado al movimiento. Conclusión: túmbate en tu mullido sofá y quédate muy, pero que muy quieto. Así vivirás para siempre.

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    1. Ya lo he probado, estoy la mayor parte del día así, como dices... y nada, que no se me pasa la obsesión ;.))

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