viernes, 18 de julio de 2014

Relato de verano 2










El gato permanecía quieto sin decir nada a pesar de que era de ese tipo de gatos que no se callan fácilmente. Nunca se había encontrado en una situación como aquella. De repente todo adquirió un tono diferente y el universo entero se transformó. En la cocina, la criada seguía muda por el espanto y el policía se mantenía circunspecto y callado como el mismo gato. Llamaron a la puerta.

Año y medio no es mucho, pero es el tiempo suficiente para coger cariño a un jefe si éste se lo ha sabido ganar. Desde que vino de Sosúa, su pueblo natal en la República Dominicana, Nelsa había trabajado en tres casas diferentes y en la que más a gusto se encontraba era en la última. El trabajo no era excesivo, tenía más tiempo libre y como inconveniente sólo cabía destacar la presencia de un horrible gato que se subía por todas partes llenando todo de pelos. Lo malo era que una vez encaramado a donde fuera, optaba o bien por maullar de forma insistente, o aún peor, defecar mefíticas bolas de mierda reconcentrada. Afortunadamente para todos, esta última opción era menos frecuente, por lo que a su amo, no parecía preocuparte mucho mientras fuera Nelsa la encargada de limpiar lo que debería estar, según las reglas establecidas, en un cajón lleno de arena.
Nelsa siempre pensó que el amo del gato y señor de la casa, en el fondo estaba un pelín trastornado, pero mientras fuera buena persona, lo demás no tenía que importarle.

Su mejor amigo, que además era psiquiatra, sabía que estaba atravesando una crisis, y se alarmó al ver un coche de policía a la puerta de la casa cuando fue a visitarlo.

Era agosto, hacia mucho calor, y al día siguiente se suponía que empezaban sus vacaciones. Qué mala suerte, se dijo a si mismo, mientras tomaba nota de todo el desaguisado que había en la cocina. Mandó al fotógrafo que tomara un par de instantáneas más desde fuera de la casa y también del jardín, donde aparentemente, todo estaba en orden. De forma profesional buscó alguna pista oculta a los ojos de los profanos. Su mirada se cruzó con la de la criada, una mulatita que estaba la mar de buena, pensó para si. El gato, enorme, parecía estar de acuerdo.

Un par de horas antes, cuando todo empezó, entró en la cocina con el ánimo por los suelos. Como todas las mañanas estaba retrasando todo lo que podía el momento de ponerse a trabajar, y no es que no le gustara escribir novelas de misterio, que además se las pagaban generosamente, es que su naturaleza era incompatible con el esfuerzo a quema ropa. Pero en esta ocasión además, notaba la presión de un problema irresoluble.

Entró su gato, al que llamaba Tetris por la facilidad con que se metía en cualquier hueco, y enseguida notó, con esa perspicacia que solo tienen los gatos, que algo extraño pasaba.
Se preparó para lo peor; esta vez poco más podía hacer.

Cuando oyó la detonación se subió a la cortina. Tenía que maullar.





4 comentarios:

  1. Un final sorprendente. Y no por la detonación, que ya se veía venir, sino porque el gato optara por maullar. Si llego a ser yo, con ese tremendo estallido, me cago encima. Aunque supongo que le pudo más la pena de perder a su cuidador que el susto en sí.

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    1. creo que el gato también se cagó encima ;-))

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  2. me gusto el relato de verano 1 y me hagustado el 2. No te demores en el 3. Estan muy bien para leer en el movil en la pisci. Gracias

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