lunes, 27 de marzo de 2017

Too late






Tengo la terrible sensación, toda mi vida la he tenido, de llegar siempre tarde a las cosas buenas. Por ejemplo, cuando había mili, todos los alumnos de la escuela de ingenieros aeronáuticos automáticamente la hacían en el ejército del aire, mucho más llevadera y encima con avioncitos alrededor, que la mili normal. Esta costumbre admirable fue eliminada justo unos pocos años antes de que yo empezara la carrera, qué mala suerte, con lo cual me perdí una oportunidad fantástica de volar la vieja Bucker, preferible a perder el tiempo de forma bastante penosa por todos los garitos de Lérida, casi siempre borracho (Me tocó Lérida, el punto más alejado de Madrid, de modo que me hubiera venido de maravilla tener un avión a mano). Llegué tarde, y sin duda este hecho cambió radicalmente mi vida.
Simplemente haber hecho la mili confirma ya el trágico desfase que tengo con las cosas buenas cuando aparecen, pues a los dos años de haberla terminado yo, la eliminaron. Lo único beneficioso que hizo Aznar, a mi me llegó tarde.

Luego empecé a trabajar en publicidad como creativo publicitario animado por mi eterno amigo César, con el contundente argumento de que por las chorradas que yo decía gratis, había gente que pagaba mucho dinero siempre que esas chorradas se ordenaran de la manera adecuada. Pues bien, en ese fascinante mundo de la publicidad aparecí en un momento que estaba bien, pero mejor hubiera estado de haber empezado antes; cuando llegué los mejores anuncios ya los había hecho alguien, qué listos.

Después de haber pasado unos años estupendos trabajando en las agencias multinacionales más apetecibles y ver cómo desaparecía de la faz de la tierra la última en la que estuve, me monto por mi cuenta con otros socios y pasa lo mismo: estuvo bien, pero llegamos un poco tarde: podía haber estado mucho mejor.

Ahora la mayor parte de mi tiempo la dedico a jugar al tenis y a escribir. Como tenista, es obvio que tarde es algo que se queda corto; también se queda corto tardísimo, ni siquiera tardérrimo expresa suficientemente bien hasta qué punto es tarde, y en cuanto a lo de escribir..., cada vez que lo hago me alegro muchísimo de que mi ilusión no haya sido nunca ser bailarín. Aunque, ¿quién sabe?








jueves, 23 de marzo de 2017

Escribir es mi trabajo



                                                                     simpático bloguero regalando lo que no le pertenece





Hace muchos años, exactamente 9, yo trabajé como director creativo en una campaña publicitaria del Ministerio de Cultura contra la piratería. La campaña constaba de tres spots para TV, además de distintas piezas de publicidad exterior, revistas, prensa y una acción online que consistía en una especie de concurso con testimonios sobre la piratería. Yo he trabajado en campañas para Renault, Volvo, detergentes Ariel, más blanco no se puede, refrescos, alimentos congelados… he participado en campañas ganadoras alguna con un premio internacional, y otras que sin ser la bomba han cumplido con las expectativas del cliente, pero tengo que decir que  jamás he trabajado en ninguna con tantas críticas recibidas como la mencionada de hace 9 años contra la piratería. Se dijo de todo para denigrarla: que mostraba las mentiras más difundidas sobre la propiedad intelectual, que quién se podía creer que bajar archivos de Internet fuera un robo, que era lo más ridículo que habían visto, que si en eso se gastaba el dinero el Ministerio de Cultura más valía que se fueran todos a fumar porros a la playa (que por cierto no veo por qué tiene que ser una cosa o la otra)… naturalmente quién decía todo esto eran los que participaban de la piratería, bien beneficiándose de bajar archivos de la Red para su uso particular o bien siendo el webmaster de los portales piratas que no paraban de traficar información. España, creo recordar, era el país con mayor número de bajadas ilegales en toda Europa (ignoro el ranking actual). Todo un mérito ganado con el sudor del trabajo de los demás.
He de confesar que hasta ese momento yo no fui plenamente consciente de que las descargas ilegales implican que estás robando algo a alguien, de hecho, yo también participaba de la juerga. Por eso era necesaria esa campaña de divulgación emprendida por el Ministerio de Cultura dirigido por César Antonio Molina, para que zoquetes como yo nos diéramos cuenta de que robar está pero que muy feo. En mi caso caló plenamente el mensaje que yo mismo redacté y jamás he vuelto a descargar ningún contenido de forma pirata.
 Lo que yo no sabía entonces es que años más tarde volvería a ser protagonista de la piratería, en esta ocasión como víctima, pues uno de mis libros, El Astrofísico que era poeta y otras cosas peores, está a disposición libre en un portal pirata, junto con otros cientos de títulos. Se ve que no hice del todo bien mi trabajo entonces y ahora lo estoy pagando en mis propias carnes. Y me duele mucho más por los otros escritores que por mí mismo, no porque vaya de colega ideal sino porque en mi caso me roban muy poco pero hay cientos, miles de escritores que viven de su trabajo que sí se ven profundamente afectados porque les roben todos los días unos cuantos libros.
Me he sumado a la iniciativa de un nutrido grupo de escritores coordinada para que hoy bajo el título “escribir es mi trabajo”, difundamos en nuestros blogs el mensaje de que cada vez que alguien se baja un libro de forma pirata, le está robando al autor, al editor, a la librería, al distribuidor, al maquetador, al corrector, al diseñador de portada… está robando a mucha gente, no solo a ese pedante escritor rico y poderoso.
Ahora, hay un bloguero, que está difundiendo enlaces a páginas piratas para que la costumbre de robar libros no decaiga. Espero que mi pequeña contribución contribuya a neutralizar su mala acción.

Gracias y siento la chapa que he soltado porque además sé que entre los lectores de La Tertulia Perezosa, no hay ninguno que piratee libros, y en caso de que hubiera alguno, ahora le habrá pasado lo que a mí en 2008, que no lo volverá a hacer convencido de que perjudica a muchas personas que viven de los libros.


Gracias de nuevo, amigos.





Por cierto, quien quiera alguno de los míos (libros), solo tiene que pinchar en la portada del que prefiera, justo a la derecha. Irá directamente a la página de la editorial y a partir de ahí, yo ya no tengo nada que ver.




domingo, 12 de marzo de 2017

Yo sí estoy depre












Hay que ver la cantidad de cosas que se nos olvidó preguntar en su momento cuando estábamos en el cole. A mí, por lo menos. Recuerdo una en particular que iba dirigida a dos profesores, al de literatura y al de historia, y que por mi mala cabeza al final no se la hice a ninguno de los dos. Una lástima porque terminé el bachiller sin resolver la duda; luego entré  en la universidad pero ya no era el momento pues en mi carrera no había ningún profesor que diera literatura o historia, y más tarde la vida, esa gran maestra que enseña de todo, precisamente de lo mío, nada.

La pregunta que tenía entonces, me vuelve ahora a la cabeza. ¿Por qué estaban tan deprimidos los escritores ensayistas y poetas españoles de la generación del 98? Sí, la respuesta de libro ya me la sé, claro, lo de las pérdidas de Puerto Rico, Cuba, Filipinas… una lástima sí, pero a mí no me entraba en la cabeza que por perder unos territorios que en el fondo ya eran ajenos a nosotros, anduvieran todos sin levantar cabeza. Tenía que haber algo más y de eso me acabo de dar cuenta ahora. Por comparación. Azorín, los Baroja, los Machado, Menéndez Pidal, Blasco Ibáñez, Arniches, Villaespesa, Maeztu, Unamuno, Gavinet, Benavente, Valle Inclán, Juan Ramón Jiménez, Gabriel y Galán, los Álvarez Quintero… eran personas con un gran sentido de la decencia y sabían que la depresión es una disposición intelectual necesaria y ejemplar cuando no se puede hacer otra cosa. Su depresión no se debía al hecho de las derrotas contra los americanos como nos decían los libros, sino por verse parte de un país podrido por tanta mezquindad. Se encontraban en una España asolada por una crisis moral, política y social.  Un país dominado, sin llegar a los límites actuales, por la vulgaridad y la mediocridad. Ahora estamos peor todavía, pues además tenemos que añadir los mayores casos de corrupción de toda nuestra historia, el saqueo sin medida, la mentira como norma, fiscales comprados, jueces vendidos, políticos que no solo son ineptos también embusteros; manipuladores y separatistas aunque sepan que ni siquiera les respalda la mitad de la población ¿qué más da? Rescates a los bancos, amnistías a los defraudadores, libertad a los que deberían estar entre rejas, privilegios continuados, obras que se pagan pero no se construyen, obras que se pagan se construyen pero no valen para nada y nadie usa. Periodistas que ignoran cómo expresarse en medios públicos, faltones y palabroteros, prensa sectaria, sociedad con unos niveles de desigualdad que nos devuelven a momentos que ya habíamos superado hacía tiempo, juventud maleducada, adolescentes maleducados,  viejos maleducados, niños maleducados, padres encantados con que sus hijos sean así porque ellos también lo son…, y sin embargo todo el mundo está como si nos acabara de tocar la lotería. Con el fútbol, ya es suficiente. Y cada vez más fútbol y cada vez menos de lo demás. Y nadie, absolutamente nadie se deprime, una vez más el triunfo de la pandereta.

Actualmente todo el mundo está enloquecido con un puto autobús que  todavía no sé qué tiene para merecer ser portada de todos los periódicos durante los últimos diez días y ocupar todos los noticieros de todas las cadenas. Por no hablar de su repercusión en las RRSS y la cantidad de chistes que ha inspirado. No hay personaje destacado que no haya dicho algo, algunos realmente indignados, sobre el puto autobús…, y mientras tanto la casa sin barrer. ¿Pero nos hemos vuelto idiotas?
Me temo que sí, que eso es lo que pasa, que nos hemos vuelto idiotas.


Al menos, tengamos como nuestros abuelos del 98, la decencia de deprimirnos.





martes, 7 de marzo de 2017

La dama del lienzo









Marcos Carrasco además de ser un excelente ilustrador es un pintor aún mejor. Ha expuesto por toda España, también en Holanda, Bélgica y en Estados Unidos. Su obra decora las paredes de salas de reunión de grandes empresas, halls de hoteles y por supuesto, la mayor parte de las habitaciones de mi casa. Porque conozco a Marcos desde hace mucho tiempo. Lo conocí en Grey, mi primera agencia de publicidad, responsable de que yo me dejara atrapar por los irresistibles encantos de un trabajo que entonces era estimulante y divertido.  Cuando entró Marcos, yo ya era un viejo veterano con cerca de un año de experiencia y enseguida hicimos equipo. Yo como copy (creativo encargado de buscar ideas para vender paquetes de lo que sea, y en general lo que sea, y que suene bien), y Marcos como director de arte (creativo encargado de buscar ideas para vender paquetes de lo que sea, y en general lo que sea, y que quede bonito).

Luego, las hilanderas que tejen nuestros destinos decidieron separar nuestras carreras, lo que en modo alguno supuso que también nos separáramos nosotros, que somos mucho más obstinados que cualquier urdidora de futuros. Y aquí estamos otra vez los dos.
El próximo 31 de marzo (viernes) presentamos un libro que hemos hecho juntos: La dama del lienzo, una novela corta completamente impredecible a juzgar por quienes han tenido que leer el manuscrito. La idea nos vino a la limón y trata de un pintor… claro, que trata de un pintor, con ese título es lo menos que se puede esperar.

La dama del lienzo está escrita por mí, y tanto la portada como las ilustraciones son de Marcos. La editorial que ha confiado en el proyecto es Maluma y Marga, Lupe y Mariló, sus gentiles editoras. Además, La dama del lienzo cuenta con un prologuista de excepción, al que hemos conseguido convencer aún no sé cómo. Se trata de Jesús Callejo, investigador y prolífico escritor con más de treinta títulos publicados.


Si queréis saber más sobre La dama del lienzo, podéis visitar su pequeño rincón en FB, AQUÍ, y por supuesto, estáis invitados a la presentación que tendrá lugar en la Biblioteca Eugenio Trías, el 31 de marzo (en la antigua Casa de Fieras del Retiro). Pero sobre este asunto ya volveremos a hablar más adelante.







viernes, 3 de marzo de 2017

Un hombre bien acompañado










Estaba todo el día esperando a que él llegara. Sin salir de casa, sin protestar, sin hacer nada que no fuera ver pasar las horas en silencio. A veces él llegaba muy tarde, a altas horas de la madrugada, después de haber bebido más de la cuenta con sus amigos y acabar en algún burdel sórdido (todos los burdeles son sórdidos), pero nada de esto parecía importarle a ella. Llegara a la hora que llegara, le estaba esperando pacientemente, siempre con una sonrisa.

Lo que más le gustaba era observarlo mientras cenaba. Todas las noches repetía el mismo rito: primero abría la nevera cogía un par de cervezas, una de ellas se la bebía mientras picaba un aperitivo  y a continuación se iba al salón con su bandeja rebosante de comida. Allí se adocenaba viendo la televisión mientras daba cuenta con glotonería de su cena. Ella lo miraba con satisfacción, casi ternura.

Cuando se iba a la cama, ella devoraba todo lo que había dejado, hasta los trozos mordisqueados de pan, y por supuesto, el aperitivo abandonado en el fregadero.

Ser una rata en aquella casa era todo un lujo y por nada del mundo se iría a vivir a otro lugar. Ahí su comida estaba asegurada y a nadie le importaba su presencia.










miércoles, 1 de marzo de 2017

Prim sigue con vida







Hace casi un año, exactamente el 28 de abril, presenté La tabla de Prim en el salón de actos del EIE y a juzgar por la asistencia fue un éxito. Si tengo que fiarme de mis mejores amigos, cosa que me encanta hacer, la novela está  muy bien escrita con una prosa elegante, amena y envolvente, resultando en conjunto un libro la mar de interesante. Bueno, dicho con esas palabras exactamente no, pero esa era la idea que trataban de transmitirme. Comentarios en contra no he recibido ninguno, lo que me hace sospechar que solo la han leído mis mejores amigos.

El pasado 20 de enero hubo otra presentación de la novela en la biblioteca Juan de Mena de Torrelaguna. Yo me siento muy unido a este pueblo de la sierra desde que era un niño, de modo que tampoco tiene mucho mérito que también fuera muy concurrida la presentación.

Pero ahí no acaba la historia de Prim. La editorialOnuba que lanzó el libro y que es la misma editorial que publicó El ladrón de nubes a raíz de ganar el primer premio de novela convocado por la misma editorial, me ha invitado a hacer otra presentación. En esta ocasión es en Huelva, el día 8 de este mes, y la presentación será conjunta con otro escritor, Miguel Ángel Núñez Beltrán que presentará la suya.

Agradezco a Manolo Ortega, el editor, su renovada confianza en mí, y por supuesto a todos los que asistan el jueves a esta nueva convocatoria de Prim.
Aún no sé cómo ir a Huelva de modo que si alguien se apunta, que me lleve.

Por cierto, en las anteriores presentaciones, y no tiene por qué ocurrir algo diferente en la próxima, los asistentes se lo pasaron fenomenal, quizá porque no paramos de criticar al gobierno, incluso dijimos que el rey era el mayor capullo de la historia. Sin salirnos del siglo XIX, ciertamente.

Pues eso, los que viváis en Huelva no tenéis excusa.






                                                               (pinchando en esta portada o en la que aparece a la derecha, 
                                                                                             conduce a recibir la Tabla de Prim en tu casa. Piénsatelo)