jueves, 31 de octubre de 2013

Noche en Miragoane





Esta noche es Halloween (el upgrade del Día de los difuntos en sistema Android, o Día de todos los santos en el IOS), la noche en que salen los muertos a darse un garbeo para comprobar que tampoco se han perdido gran cosa por morirse.
Pensaba haber escrito un cuento para la ocasión, un cuento largo, meditado, trabajado, donde todas las piezas encajaran para producir un pequeño escalofrío en el lector, y he de decir que casi lo consigo: el escalofrío lo he sentido yo, al ver que ha llegado el día y no había escrito nada. Vamos, que se me ha caído el muerto encima.

Pero a grandes males pequeños remedios y voy a sacar de mi fondo de armario, para salir del trance, un microrrelato que escribí una noche de luna llena en Miragoane que espero que os microguste.

NOCHE EN MIRAGOANE

Me sentía exhausto. La brisa que cada noche recorre Miragoane, esta vez resultaba insuficiente para refrescarme. No podía más con mi cuerpo, mucho menos con el de otro. La Luna, gorda y clara como siempre aparece en el Caribe, me contemplaba burlona por las desgracias que me estaban pasando.
Miré una vez más mis manos entumecidas, ensangrentadas, sin entender cómo había tenido fuerzas para arrastrar de nuevo el cuerpo y cubrir el agujero de casi dos metros de largo. Era la quinta vez en esa terrible noche que enterraba al maldito zombi.




viernes, 25 de octubre de 2013

Celos






Los celos dan mucho de si para escribir una historia y la que voy a contar es una más con la diferencia de que le ha pasado a mi amigo Céfalo, que también vaya nombre. Resulta que Céfalo es de esas personas que confunden casi todo, incluso el cariño con  la posesión, lo que le lleva a ser extremadamente celoso hasta el punto de tener celos de si mismo. ¿Celos de uno mismo?, ¿cómo es posible que tal cosa pueda suceder? Siendo un imbécil claro, y Céfalo lo es sobradamente como voy a demostrar a continuación.
Resulta que mi amigo tenía clarísimo que Ana, su mujer, era un ejemplo de fidelidad y que jamás se había ido con otro hombre, pero como era un celoso de tomo y lomo, con eso no le bastaba (ya sabemos que las personas celosas no se satisfacen con casi nada) y entonces le vino a la cabeza, que eso era sencillamente porque nunca se había encontrado con la persona  idónea. Si es así, no tiene ningún mérito su fidelidad, se dijo a si mismo iniciando un proceso de autotortura estúpido e innecesario. ¿Qué pasaría si se topara con un tipo tan estupendo como yo? siguió pensando el muy cretino. Entonces se le ocurrió la peregrina idea de hacerse la cirugía estética para cambiar de aspecto,  y luego intentar ligar con su propia mujer haciéndose pasar por otra persona, a ver qué pasaba y si era auténtica su fidelidad.
Después de algunas calabazas,  consiguió finalmente que cediera a sus acosos, lo cual, lo encolerizó de tal manera que empezó a gritar como un salvaje que él ya sabía que eso iba a pasar, con el comprensible estupor de su amada. Ana, la pobre, no entendía nada y le mandó a la mierda, como es lógico.
El caso, es que había algo en él que me gustaba mucho, se dijo a si misma mientras desaparecía para siempre de su vida.
Céfalo sigue siendo un imbécil, y ahora, encima con la sensación de no haberse equivocado.




martes, 15 de octubre de 2013

Felicidades amigo




Hoy se ha dado a conocer el primer Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil que otorga el Ministerio de Cultura y lo ha ganado con sobrados merecimientos César Mallorquí. Es amigo mío y me da mucha alegría que sea él el ganador y quiero compartirlo con todos los que visitan este lugar, en cierto modo, dedicado a la cosa de escribir, por lo que confío que también os llevaréis una alegría.

De vez en cuando, César comenta poniendo cara de niño, algunas de mis intervenciones en La Tertulia Perezosa. Podéis  visitar su blog, La Fraternidad de Babel, pinchando directamente, aquí,  a la derecha. Os gustará.

Pues eso, César... MUCHAS FELICIDADES y sigue escribiendo novelas tan buenas como La Isla de Bowen, obra culpable de que hayas recibido el gran premio.

viernes, 11 de octubre de 2013

El niño soldado





Todos los días, al salir de mi casa, veía a un niño asomado a su ventana. Tenía un brillo extraño en la mirada como si además de estar ahí, en su habitación viendo pasar gente, estuviera también en otro lugar o en otro momento. Un día estaba vestido de húsar y se me ocurrió saludarle a la forma militar, llevándome la mano a la sien hasta tocarla con la punta de los dedos con una disciplina de juguete que él tomó como real. El niño me devolvió el saludo poniéndose firmes con gran solemnidad como si en ese momento le fuera a poner el mismo Napoleón la medalla al valor. El muchacho mantuvo la posición de firmes, el pecho fuera, y el codo a la altura del hombro, como tiene que ser, hasta que yo desaparecí de su campo de visión. Supongo que después se relajaría y seguiría jugando a que se encontraba en una carga de caballería. 
A partir de ese día, cada vez que nos veíamos nos saludábamos así, a la forma militar, llevándonos la mano hacia la ceja, yo con una sonrisa, él con más gravedad. Ya se sabe que los niños viven sus fantasías con un realismo que convierte lo imaginado en la única verdad.
Poco a poco el niño fue creciendo y llegó un día a partir del cual ya no volví a verlo. Supongo que se iría a estudiar fuera, más tarde a la universidad, después  se casaría…
Luego llegó lo que todos temíamos y sí, volví a ver al niño de la ventana. Se había convertido en un joven grande, fuerte y con toda probabilidad arrogante pero aún mantenía intacto aquel brillo en la mirada. Estaba vestido de militar, me reconoció y por un momento pensé que me saludaría como tantas veces habíamos hecho en el pasado. Pero no lo hizo; lentamente levantó la mano que empuñaba un sable y al bajarla, doce descargas de fusil estallaron al unísono rompiendo un silencio que ya empezaba a ser sepulcral.
Fue lo último que escuché.



jueves, 3 de octubre de 2013

Cada vez más moscas






Cada vez nos parecemos más a las moscas. Y no lo digo porque haya observado un curioso surgimiento de pelos en mi espalada, que también, lo digo porque sigo muy de cerca la trayectoria de la drosophila melanogáster, más conocida como mosca del vinagre, menos conocida como mosca de la fruta y desconocida totalmente como amante del rocío de vientre negro, que es la traducción literal de su nombre al castellano.
Resulta que nuestros genes son prácticamente idénticos a los de este insecto y desde luego sí lo son los mecanismos genéticos que operan en humanos y drosophilas. Estas circunstancias convierten a nuestra amiga la mosca en una invitada permanente en todos lo laboratorios de investigación, sobre todo porque su vida es aprovechablemente breve, lo que permite observar los resultados de las mutaciones provocadas en sus genes sin esperar mucho tiempo. De hecho, entre una generación de drosophilas y la siguiente sólo pasan 10 días. Un chollazo para los investigadores de la manipulación genética.
Este es precisamente el punto al que quería llegar: cada vez nos parecemos más a las drosophilas melanogáster porque cada vez somos observados con mayor atención. Salvando las distancias claro, por ejemplo no esperan a que pase una generación; precisamente nuestra utilidad estriba en nuestra longevidad. Pero sobre todo hay una gran diferencia: no manipulan nuestros genes, sino los genes de los distintos cacharritos (gadgets los llaman) que han invadido nuestras vidas hasta el punto de formar parte sustancial de nosotros. Ya nadie concibe la existencia sin un smartphone (que ha sustituido al teléfono móvil), una tablet y por supuesto el ordenador. Pues bien, cada uno de estos chismes tiene sus aplicaciones, sus programas y sus softwares que son modificados (manipulados genéticamente) con algún fin desconocido, salvo para sus creadores, en plazos muy cortos de tiempo. Estas actualizaciones (upgrades las llaman) son constantes, intrusivas y la mayor parte de las veces innecesarias. No pasa mes sin que tenga que descargar la última versión del FaceBook (que sigue haciendo las mismas cosas que antes), del Viber, de ITunes, de Skype, de iPhoto,… mi ordenador me sugiere constantemente que baje nosequé punto siete que es mejor que el nosequé punto seis que bajé la semana pasada. Luego resulta que lo bajas y tienes que actualizar la agenda de los microzombis porque no son compatibles con el gran avance que supone  la mejora en el chispúm recientemente adquirido.
Digo yo, que alguien estará observando nuestras reacciones ante los cambios impuestos y tomará buena nota de ellas para justificar la siguiente manipulación en los genes de nuestros órganos más vitales, los cacharritos.
Acabaremos como moscas encerradas en tubos de ensayo en una disolución gelatinosa de azúcar y levadura, con ojos en el ano, seis alas amarillas de forma exagonal, tres espiritrompas y dos abdómenes, con alguien estudiando nuestro comportamiento para ver si todas esas modificaciones sirven para algo.
Unos monstruos.